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México
Kevin Barrett
De joven, tuve un amigo llamado: Joaquín Carrasco. Él era de Oaxaca, México. “Juqui”, como le gustaba que le llamarán, solía contarme las historias de su país. Estas historias se las compartía a algunos estadounidenses, quienes me dijeron: ¡México es un país en desarrollo!

De izquierda a derecha: Kevin Barrett, bailarín y escritor; Carlos Jaime, director de teatro y actor; Xosué Martínez, fotógrafo y escritor. El 1 de agosto de 2015, participaron en la primera serie: “Diálogos con promotores culturales de México en el extranjero”; Casa de Cultura Diego Rivera, León, Guanajuato, México. Evento organizado por el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido. Fotografía: Eduardo Estala Rojas.
En aquel tiempo, no sabía la diferencia entre lo qué es un país en desarrollo y un país desarrollado. Busqué en el diccionario: la definición no reflejaba la idea de lo que yo tenía en la mente. Entonces, le pregunté a mi amigo Joaquín: ¿cuál era la razón? Él me explicó que un país en desarrollo, es otra forma de decir un país pobre. “Pero yo vengo de un barrio pobre”, le contesté. “Eres de un barrio en desarrollo”, respondió. Ambos nos reímos. Joaquín, con el tiempo, me invitó a visitar su país.
Durante mis viajes a México, he visto cosas maravillosas. La belleza natural y la arquitectura de las pirámides, me dejaron asombrado. En México, he conocido a la gente más sencilla, amable y de gran corazón. Cada plática con los mexicanos sobre arte, literatura, música, teatro y ciencia, cambió mi opinión de cómo veía al mundo. Sin embargo, lo más importante, es cómo me veía a mí mismo.
Hace 15 años conocí al mexicano Carlos Jaime, con quien he dialogado sobre diversos temas. Por ejemplo: mi experiencia de bailarín de ballet con técnica rusa. Estudié en la compañía del Sr. Alvin Alley. Por la influencia de Carlos, volví al teatro bailando el zapateado, el tradicional baile de Veracruz: el son jarocho. Participamos juntos en el tributo al poeta español Federico García Lorca, con su obra “Bodas de sangre”. Esta obra fue adaptada a un ambiente en las montañas de la huasteca veracruzana. Con un impresionante espectáculo folclórico, dirigido por la maestra mexicana Laura Crotte, en la ciudad de Chicago, Illinois, Estados Unidos.
Con todo esto, me di cuenta que el zapateado, tiene una relación palpable con la danza tap, influencia de la cultura afroamericana, un dolor expresado en el canto, muy similar al canto del evangelio o góspel. Recuerdo, que poco a poco aprendí a escuchar esa voz que habla en un lenguaje diferente, ese lenguaje en el cual yo crecí en los Estados Unidos. A través de esos zapateados y cantos, es donde me reconocí a mí mismo.
Kevin Barrett, estadounidense, es bailarín y escritor. Actualmente reside en Anchorage, Alaska.
¿Cuál es el trasfondo del TPP?
Adolfo A. Laborde Carranco
El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), es una iniciativa de los Estados Unidos, abanderada por el Presidente Barack Obama, que surgió en marzo de 2010, quien gracias a la capacidad de firmar acuerdos de libre comercio a través de una orden ejecutiva, podrá convertirse en el mecanismo de libre comercio más grande del mundo concentrado más del 40% del comercio global en caso de que los 12 países miembros (Estados Unidos, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunéi, Singapur, Vietnam, Canadá, y los latinoamericanos México, Perú y Chile) se pongan de acuerdo y logren dejar a un lado las discrepancias surgidas en algunos sectores (agrícola y servicio) en el proceso de negociación; sin embargo, en la última reunión de ministros de comercio de los países que lo integran llevada a cabo en Hawái a finales del mes de agosto de 2015, comenzaron a salir a flote las diferencias.
En sí, se trata de la ríspida agenda comercial entre Japón y los Estados Unidos. Si bien es cierto, Japón ha optado por tratados de complementación económica en los últimos años como el que tiene con México, en lugar de Tratados de Libre Comercio, el TPP tal y como se está diseñado cambiaría el espíritu de esa política comercial de la tercera economía más grande del mundo, dando paso a una más abierta y con un mayor énfasis a la liberalización en los sectores agrícolas de servicios. No estoy seguro de que grupos empresariales más conservadores japoneses lo acepten, empero, no les quedan muchas opciones. Primero porque si Japón quiere salir del proceso deflacionario que experimenta y de los bajos niveles de crecimiento económico, tendrá que jugar un rol más agresivo en la agenda comercial internacional; segundo, porque el TPP no solo tiene tintes geonómicos, sino geopolíticos. El TPP representa la renovación de la alianza con los Estados Unidos, especialmente en un contexto de disputas territoriales en Asia (con China y Corea) y ante el aumento de las tensiones debido a las huellas del pasado colonial de ese país en la región.
Prueba de ello es la reciente discusión en la cámara baja japonesa de cambiar el espíritu o reinterpretación del artículo 9 de la Constitución que estipula la renuncia a la guerra como medio de solución de disputas, permitiendo el uso de sus Fuerzas de Autodefensa (FA) en caso de ataque o riego del país. Con la nueva reinterpretación de la Constitución, la participación en operaciones de seguridad global y regional de las FA será posible. Este cambio va de la mano con la opinión de Japón sobre los asuntos de seguridad recientemente publicados en su Libro Blanco de seguridad donde se hace referencia a los problemas territoriales de Japón. Este reporte, aunque no lo explica a detalle, se refiere a los enfrentamientos con China por las islas Senkaku; con Corea, la isla Takeshima y con Rusia, con quien técnicamente se encuentra en guerra debido a la falta de un acuerdo de paz entre ambos países después de que los rusos al finalizar la guerra en el pacífico con la capitulación japonesa invadieran las islas Kuriles iniciando así la expulsión de ciudadanos japonesas de ellas.
Esto, no solo ha levantado la crítica de estos países, sino que ha despertado algunas críticas de países asiáticos que regularmente han mantenido una postura favorable hacia Japón. Si se consideran estos elementos en el análisis, es probable que los aspectos políticos presionaran para que Japón ceda y el TPP se firme y entre en vigor. Tanto Japón como Estados Unidos, no estoy seguro que todos los integrantes del TPP, pero al final lo harán, están empeñados a hacer un frente común ante el avance económico y, por su puesto, militar (naval) de China en los últimos años, por lo que el TPP es una especie de camisa de fuerza para ese país que busca aislarla comercialmente hablando mediante la dificultad para ingresar a los mercados de los miembros del TPP. Si muchos pensaron que Japón y Estados Unidos no harían nada con el avance del dragón oriental mediante la propuesta de la zona de libre comercio de Shanghái, el TPP es una muestra que la pasividad o la apatía, no son características de la política exterior de estos dos países.
Adolfo A. Laborde Carranco, mexicano, es internacionalista. Profesor Investigador de la Escuela Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales del Tec de Monterrey, México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), y del Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido. En la actualidad se encuentra realizando una estancia de investigación sobre las relaciones comerciales y económicas entre Corea del Sur y México en el Instituto de Política Económica Internacional de Corea del Sur (KIEP).
Lectura en Voz Alta en Tijuana, Baja California, México.
“Escuchar Fausto” de Ignacio Orendain y Alfonso López Monreal.
Que nada te perturbe ni te espante
por la miseria humana desatada,
si vemos la violencia cabalgante
la coercitiva norma maniatada.
Acaso en tu ruta descuidada
tropieces con incógnito maleante:
no resistas su voz porque la espada
del ángel del Señor va por delante.
No responder en el artero asalto
a quien blande cuchillo alevoso
y eriza la epidermis agredida.
Si al mal devuelves bien pondrás un alto
a tu agresor quien optará medroso
por las inmediaciones de la huida.
De “Escuchar Fausto” de Ignacio Orendain con un prólogo de Carlos IlIescas. Contiene 5 grabados de Alfonso López Monreal, realizados en el Belfast Printworkshop, Irlanda, y en el Taller Rinconada, Zacatecas, México. Editor: Mario del Valle. Se imprimieron 125 ejemplares numerados y firmados por los autores del 1 al 100 y del I al XXV, el día 13 de septiembre de 1996. ISBN 968-6657-61-4. Hecho en México e Irlanda.
30 aniversario del Grupo de Libreros Biblionia en Guanajuato Capital, México.
Exhibición de la “Colección Bibliográfica de Benito Juárez del Grupo Biblionia: 250 títulos”. 11-25 de agosto de 2015. Curaduría: Eduardo Estala Rojas, Director General del Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido. Lugar: Casa de Cultura de Guanajuato, México. Entrada libre.

Mural de José Chávez Morado, ubicado en la Presidencia Municipal de Guanajuato, México. Foto: Eduardo Estala Rojas.
En esta muestra bibliográfica de 250 títulos encontrarán el legado de Benito Juárez (1806- 1872), abogado y político mexicano, a través de sus cinco mandatos presidenciales (1858-1872): “Resistió la ocupación francesa, derrocó al emperador Maximiliano de Habsburgo y restauró la República, suprimió el fuero del clero y el ejército, decretó que los bienes de las iglesias pasarán a manos del Estado, declaró la libertad de cultos, inició el registro de nacimientos, matrimonios y defunciones por parte del Estado, secularización de hospitales y establecimientos de beneficencia. Fue declarado Benemérito de las Américas por el Congreso de Colombia en 1865, debido a su constancia en defender la libertad e Independencia de México”. El Estado mexicano actual está fundado en la idea juarista.
Durante 30 años, la ciudad de Guanajuato, ha tenido el honor de recibir al Grupo de Libreros Biblionia, quienes realizan una labor importante en la difusión y fomento a la lectura en México. Como una agrupación itinerante, viajan por todo el país distribuyendo los libros a precios accesibles al público, organizan eventos culturales, generan vinculaciones entre organizaciones civiles, instituciones oficiales, universidades y medios de comunicación. Por todo ello, esta colección de 250 títulos, es un ejemplo a seguir en la adquisición, almacenamiento y conservación de la historia de México. ¡Enhorabuena!
Para más información, visitar: https://librerosbiblionia.wordpress.com/
Jorge Domínguez Cruz
Publicamos en exclusiva en el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido, siete obras del artista indígena Jorge Domínguez Cruz, originario de Veracruz, México. Joven pintor que combina reflexiones filosóficas con motivaciones surrealistas. Los pintores que admira son Leonardo da Vinci, Turner, Salvador Dalí, Hieronymus Bosch y Pieter Brueghel the Elder. La técnica con la que se identifica es el óleo y acrílico. Actualmente radica en la ciudad de México.
De cómo los libros y las neuronas rescataron a los osos Yoguis
Fernando Quiroz Luna
Conferencia impartida en la ciudad de Guanajuato, en el II Simposio Interdisciplinario Arte y Educación, organizado por la Secretaria de Educación de Guanajuato (SEG), México. Acompañan a la ponencia cinco obras de arte de José Santos, artista visual mexicano-británico. Coordinación editorial y selección de obras de arte, a cargo del escritor y editor mexicano Eduardo Estala Rojas.
I. El flashback de un martes cualquiera

Art work by José Santos: http://www.jsantos.co.uk/
La primera experiencia docente que tuve en mi vida sucedió en la tierna infancia. Cuando tenía nueve años, mi primer educado asentía dispuesto y cortés todas mis enseñanzas. Él, de corbata y sombrerito, frente al pizarrón viejo que por alguna razón siempre estuvo en la casa (siempre verde y siempre viejo), sonreía mientras mi mano deslizaba el gis sobre la superficie dispareja que la humedad había provocado en la tabla aceitunada. Al finalizar la lección, el alumno lucía rebosante de entendimiento, sus ojos avispados y su sonrisa ancha lo demostraban y entonces, el maestro borraba satisfecho la lección que se iba espolvoreando sobre el piso y tiznaba de blanco sus zapatos con suela de goma. Aquel noble oyente era un oso, era de felpa y se llamaba Yogui.
Años después me estrené en un salón de clases real con un pizarrón real (que ya no era verde) y con alumnos reales, motivado por la ilusión y el afán de enseñar y de repetir aquella experiencia tan satisfactoria. En aquellos días, regresaba a mi casa contento de haber podido explicar tan claramente los temas que preparaba siguiendo el plan de la materia que me asignaban. Terminaba la clase con la garganta escocida, pero pleno de ver aquellos rostros preparatorianos tan llenos de juicio.
Conforme pasó el tiempo me fui dando cuenta de que efectivamente estaba repitiendo aquella experiencia de la infancia. Una tarde cualquiera de un martes cualquiera, en un flashazo retrospectivo, me vi rodeado no de uno sino de cincuenta osos Yoguis sentados en sus mesabancos, clavando sus miradas (no sé si avispadas) sobre mí. Asentían de igual forma y de igual forma parecían sonreír al escuchar mis palabras. Tristemente comprendí en ese momento, que su sonrisa también era de felpa. Pude darme cuenta del gran problema del que ya muchos otros han sido conscientes a lo largo de mucho tiempo: La apatía.
II. De la indolencia a moxear

Art work by José Santos: http://www.jsantos.co.uk/
Según la Real Academia de la Lengua, apatía es la impasibilidad del ánimo, la dejadez, la indolencia.[1] Y en efecto, detrás del gesto afelpado de los estudiantes que asienten mecánicamente a la pregunta: ¿Entendieron?, se esconde el desánimo y la indiferencia, la desconexión total del canal de comunicación, de tal forma que el asentimiento es una reacción preestablecida, una careta tras la que se oculta su indisposición consciente o inconsciente para edificarse.
Y puede que el problema no sea ese, es muy posible que la apatía no sea solamente dejadez, sino que quizá subyace, bajo ese aparente desánimo, la pasividad del alumno atada a la incapacidad subjetiva de transformar su entorno, quizá nos encontramos ante el supuesto de la indefensión aprendida. [2]
Con posterioridad a aquel momento revelador, las generaciones de osos yoguis siguieron entrando y saliendo del salón de clases. Las teorías pedagógicas y los modelos educativos se fueron adaptando. El Constructivismo fue cobrando popularidad en el ámbito académico y reclutando voluntades. Entonces la idea de apelar a la capacidad cognitiva más importante del alumno, la de poder transformar su propio conocimiento, vino desplazando a la idea de la educación bancaria. [3] En ese sentido, véase expuesto el estudiante a la inoculación arbitraria del anticuado maestro o bien, al couching del profesor contemporáneo, el problema de fondo y que en mi opinión ha permanecido inmutable, es no sólo la cuestión del ánimo desanimado, sino de éste como producto de la incapacidad del alumno para engendrar un vínculo entre el conocimiento que se le ofrece y su inherente potencialidad con la realidad de su propia existencia, con su mundo, con lo que él es y lo que puede llegar a ser. De esta manera el estudio en cualquiera de sus formas se revela estéril.
El panorama ensombrece aún más cuando ya en estos días, vuelvo la cara al grupo después de haber deslizado mi mano sobre el pizarrón (que ojalá fuera verde por pura nostalgia) y descubro que los osos ya ni siquiera me voltean a ver, los encuentro clavando sus avispadas pupilas no en otra cosa que en la pantalla de sus Aifons, Aipads, Aipods, o cualquier otro androide por el estilo y aunque ellos sonríen afelpadamente, yo francamente me deprimo. Ojalá alguno de estos artefactos posmodernos dieran cuenta de la utilidad práctica para la que fueron creados, sin embargo en los adolescentes y en la mayoría de los adultos se han constituido en objeto de culto, de veneración, y para la niñez, en el símbolo de una emancipación precoz.
El ensombrecimiento obedece al hecho de que tales chunches posmodernos no son sino partículas de la amalgama de la nueva conciencia colectiva que poco a poco se va conformando en un fenómeno que al que Lipovetsky denomina “hipermodernidad”.[4] Este concepto presenta un mundo que se caracteriza por la omnipresencia tecnológica y la consecuente modificación del concepto cultura. Vivimos rodeados por pantallas electrónicas que han roto el discurso narrativo a favor de la imagen que se ha convertido en ídolo. Se desmoronan las estructuras de sentido y el hedonismo y el consumismo antes contenidos, explotan con la intensidad de su abstinencia. Se libera el “Narciso cool”, un ente que se desvive en su gozo, un individuo que vive el presente, olvidado del pasado y sin ninguna preocupación por el futuro. Así pues, las grandes pantallas de LED’s iluminan el umbral que deja entrever, entre otras curiosidades, la “segunda revolución individualista” de los tiempos inmediatos y próximos, caracterizada por un hiperindividualismo narcisista. Y para muestra no hay más que ver a varios de nuestros alumnos, para quienes late más fuerte la motivación diaria de moxear en el baño y publicar sus selfies en el feis, que la de capitalizar sus horas de escuela en pro de un futuro (como diría mi abuelita) más prometedor.
Lo anterior no es cualquier cosa, presupone un problema enorme: si el individualismo nubla la visión del otro, el hiperindividualismo lo excluye de tajo. Es así, que otros no tienen cabida en mi espacio ni en mi concepción del mundo, en la cual sólo cabemos yo y mi androide. Amagando así, con sus terribles consecuencias, la posibilidad contenida en la célebre frase de Vygotski: “A través de otros llegamos a ser nosotros mismos”.
III. Leer es = a vivir

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Aquí, en el interior de nuestros cráneos, habitando el laberinto encefálico, se encuentran entre otras miniaturas, unas que no por diminutas son incapaces de edificar grandezas. En 1996 la chiripa y un macaco dieron luz a lo siguiente:
«cuando Fogassi, parado al lado de una frutera, tomó un plátano, observamos que algunas de las neuronas del mono reaccionaron, pero: ¿cómo podía suceder esto si el animal no se había movido? Al principio pensamos que era un error en nuestra técnica de medición o quizá un fallo del equipo; luego, comprobamos que todo funcionaba bien y que las reacciones de las neuronas ocurrían cada vez que repetíamos el movimiento». [5]
En aquél año, mientras Madonna hacía la Eva Perón del celuloide, Giacomo Rizzolatti, en trabajo conjunto con sus colegas neurocientíficos, experimentó colocando electrodos en la corteza cerebral de un chango macaco para estudiar las neuronas especializadas en el control motor de la mano. Durante cada experimento, registraban la actividad de solo una neurona en el cerebro del chango, mientras le ofrecían comida para que él la tomara y así poder registrar la respuesta de la neurona al estímulo. Para sorpresa de los investigadores, cuando el mono observó a Fogassi tomar el plátano del frutero, su cerebro mostró actividad en algunas otras neuronas que aparentemente no estaban siendo estimuladas. Resulta pues que habían dado por casualidad con las hoy ya afamadas: Neuronas Espejo.
Las neuronas espejo son las responsables de la mímesis y la empatía en los seres humanos y otros animales. Se les denomina “espejo” precisamente por su naturaleza copiona. “En las neurociencias se supone que estas neuronas desempeñan una función importante dentro de las capacidades cognitivas ligadas a la vida social, tales como la empatía y la imitación. De aquí que algunos científicos consideren que la neurona espejo es uno de los más importantes descubrimientos de las neurociencias en la última década.”[6]
La mímesis es importantísima para el hombre a un nivel de adaptación natural en un plano de supervivencia, ya sea para la selva, la sabana o la jungla de asfalto; sin embargo, la empatía lo es de igual forma en un plano que puede facilitarle no sólo la supervivencia, sino la posibilidad de relacionarse afectiva y efectivamente con la naturaleza de sus congéneres.
“Siempre que me confronto con otro ser humano, ocurre lo mismo. Primero, distingo ciertos ademanes, ciertas muecas, ciertas posturas; mis neuronas espejo se activan; repito exactamente esos mismos ademanes, muecas y posturas en mi interior, como si me pertenecieran y, al hacerlo, por fin sé lo que te pasa: estás agobiada o meditabunda o irascible. Y, al tú estarlo, lo estoy yo también. A continuación, según el caso, buscaré consolarte, te dejaré en paz o huiré de ti. Puedo equivocarme, por supuesto –las neuronas espejo no son infalibles-, y creer que estás enojada cuando estás triste o triste cuando sólo sientes vergüenza. Leer a los otros, es decir, leer sus cuerpos para tratar de leer sus mentes, es una actividad que se aprende y refina con el tiempo tras observar a cientos de miles de personas o, minuciosamente a una misma –a ti.”[7]
Jorge Volpi asegura que el arte de la ficción es realidad y que nos hace humanos. Estoy completamente de acuerdo con esta idea, de hecho estoy de acuerdo con esta idea desde antes de que él manifestara en su libro estar de acuerdo con la misma y, con total seguridad, estoy de acuerdo con la idea, desde mucho después que otros muchos antes de mí ya hayan estado de acuerdo con ella. El punto es que su propuesta restringe la posibilidad humanizante a una, sólo a una fracción de la literatura: la ficción.
En cambio, yo considero que todas las categorías literarias son capaces de humanizarnos, y no sólo eso, de educarnos al brindar la posibilidad de engendrar el vínculo que nos sitúe en el contexto de nuestra propia existencia y de lo que podemos ser, sentir, comprender y llegar a ser dentro de esa realidad particular y a la vez común que nos ofrece la literatura, pues al final, como lo dijo George Orwell: “Todos somos iguales, pero unos más iguales que otros”. [8]
Gerardo Oviedo ha descrito la función literaria en una frase bellísima: “Escribir es detener la vida para que, sin moverse, parezca que se mueve”. Bajo esta idea entonces, leer es darle cuerda a la vida y es en este punto en el que los diminutos espejos que forman parte de nuestro cerebro se disponen a reflejar grandes experiencias en nuestra mente al reproducir situaciones, momentos, sentimientos, matices, personajes y estructuras de conocimiento en nuestro interior, gracias a las cuales podemos percibir momentáneamente qué es lo que sentiríamos si las viviéramos en carne y hueso.
Ya en el siglo XIX, el filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein había señalado en su Tractatus, “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”[9] y aunque su planteamiento se encamina al hecho de que la realidad que apreciamos es una construcción cimentada propiamente en los recursos del lenguaje con los que contamos y con los que nos explicamos el mundo y que si queremos cambiarla habremos de cambiar nuestra propia narrativa, múltiples estudios actuales avalan el hecho de que en realidad, la narrativa modifica nuestra realidad inclusive a un nivel neurobiológico. Paul J. Zak, manifiesta en “The moral molecule”[10] que sus experimentos demuestran que una buena historia es capaz de producir cambios bioquímicos en el cerebro. Claro que una buena historia lo hará; pero también podría hacerlo una mala o una triste o una frustrante, porque como dice Volpi, “El cerebro se comporta frente a una novela o un cuento igual que frente al mundo, realizando millones de operaciones mentales –las conexiones sinápticas arrebatadas en una tormenta tropical-, midiendo cada situación, evaluándola, comparándola con patrones preexistentes (eso que llamamos memoria), a fin de prever a cada momento lo que ocurrirá a continuación. Por eso leer es tan fecundo y tan cansado –como vivir.”
IV. De la sonrisa de felpa al mundo de corazón y sesos

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La literatura es entonces una herramienta vitalizadora, es decir, capaz de quebrantar el letargo y hacernos vivir para aprender a existir. La literatura también es la vida y nos enseña. Habiendo señalado que la empatía no sólo nos acerca a los otros sino que nos pone en sus zapatos, me atrevo a asegurar que para que tanto la empatía como la mímesis a través de la literatura puedan ser catalizadores de una experiencia vitalizadora concreta, debería existir en quien se somete a la lectura, el desarrollo óptimo de una habilidad cognitiva imprescindible: el discernimiento.
En sus raíces etimológicas, discernir que se refiere al medio para distinguir [11] , es el elemento que a mi juicio, se perfila idóneo para promover la química perfecta entre la empatía y la apatía y provocar una reacción transformadora. Un alumno que no ha desarrollado la capacidad de discernir, no podrá concretar la experiencia edificadora que supone la literatura, puesto que el acto de discernir conlleva la responsabilidad de distinguir y distinguirse, de aclarar y aclararse, de percibir y percibirse, de saber y saberse, de entender y entenderse, de conocer y conocerse, de apreciar y apreciarse, de generalizar y generalizarse, de singularizar y singularizarse: en definitiva, de comprender y de comprenderse. Y es aquí donde late el corazón de la actividad docente, en poder irrigar y nutrir el desarrollo de las habilidades cognitivas que sean posibles, pero por sobre todas, en mi opinión, la del discernimiento.
Paulo Freire en su Pedagogía del Oprimido, señala que los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión y que el diálogo es un fenómeno humano por el cual se nos revela la palabra, de la cual podemos decir que es el diálogo mismo. En mi perspectiva, la literatura nos ofrece esa posibilidad puesto que los textos literarios, a pesar de la separación espacio-temporal existente entre el autor y el lector, son en esencia un acto de comunicación. Para Freire la palabra tiene dos fases constitutivas indisolubles: acción y reflexión. Ambas, en relación dialéctica establecen la praxis del proceso transformador. La reflexión sin acción, se reduce al verbalismo estéril y la acción sin reflexión es activismo.
La palabra verdadera es la praxis, porque los hombres deben actuar en el mundo para humanizarlo, transformarlo y liberarlo. Insisto entonces en que la literatura nos brinda esa posibilidad de diálogo, no en el sentido puramente Freiriano, sino en la probabilidad alternativa de obedecer a la acción interior que nos facilita la constitución neurobiológica a través de nuestras neuronas espejo y demás mecanismos naturales del cerebro y a la consecuente operación de un robusto discernimiento. De tal suerte que de la misma forma en que dos seres humanos que convergen en algún punto de la existencia pueden dialogar y fomentar la empatía para lograr una transformación activa, así de igual forma, un lector que aprovecha la oportunidad del acto comunicativo con el texto literario, empatiza y discierne para situarse conscientemente en el contexto de su propia realidad y ejecutar las acciones tendientes a edificar la humanización, transformación y liberación que supone la verdadera educación.
Con lo anterior no quiero decir con un optimismo desbocado que forzosamente la literatura produzca mejores hombres y mujeres; pero definitivamente quien no lee, tiene menos posibilidades de comprender el mundo, comprender a los otros y comprenderse a sí mismo. Es así como a través de la literatura, podemos reencausar el camino de nuestros osos Yoguis para ayudarles a vivir y no sólo a sobrevivir en este mundo de corazón y sesos como lo anhelaba Pinocho o dejarlos caer irremediablemente en el limbo hipermoderno donde sus almas esperarán, quien sabe hasta cuándo, la redención.
Es importantísimo recalcar en este punto el papel que tiene el maestro como auténtico custodio, pues la literatura contiene lo mejor y también lo peor de la naturaleza humana. Encontramos en la biblioteca universal obras tan luminosas como El Principito y con igual intensidad oscuras como el Martillo de las brujas, por decir algunas. “Frente a las diferencias que nos separan –del color de la piel al lugar de nacimiento, obsesiones equivalentemente perniciosas–, la literatura siempre anunció una verdad que apenas hace unos años corroboró la secuenciación del genoma humano: todos somos básicamente idénticos. Al menos en teoría, cualquiera podría ponerse en el sitio de cualquiera. (Aunque, como veremos, nuestra mente también es capaz de producir ideas que paralizan esta tendencia natural de la empatía: el racismo, el sexismo, la xenofobia, la homofobia, el nacionalismo, todas esas perversas exaltaciones de las pequeñas diferencias.)”[12]
Es por lo anterior que la figura del maestro está obligada a responsabilizarse de incorporar la función de la literatura al contexto de la realidad de sus aulas, con la finalidad de custodiar y procurar que el embrión de la transformación que se gesta en sus alumnos durante el proceso formativo de la educación, quede bien fijado en su matriz cognitiva para salvaguardar la posibilidad más o menos tangible de que en lo futuro la humanización, la transformación y la liberación humana puedan verse materializadas. Porque educar no es transmitir conocimiento, educar es construir juntos un mundo menos peor.
V. En conclusión

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La intención de este trabajo es recordar las posibilidades que nos ofrece el arte como una herramienta optima en el proceso educativo. Ya sea para efectos de los modelos constructivistas, de la educación liberadora o de cualquier otro que busque una verdadera emancipación intelectual, espiritual y humana, la apatía plantea un obstáculo innegable. La indolencia tanto en términos humanos como educativos será siempre un obstáculo latente pero no por eso invencible. Habrá que reconocerlo para hacerle frente y disolverlo en la medida de lo posible con las herramientas que tengamos a la mano, en este caso la que yo defiendo: la literatura.
No sugiero que sea la única ni la mejor, pero sí puedo asegurar que de todas las expresiones artísticas y discursivas, la literatura es la que nos permite una comunicación más profunda con la naturaleza de las cosas. A diferencia del cine, del teatro o lo multimedia, la literatura nos permite un contacto más cercano y profundo con las conciencias ajenas. Los otros al ser figurativos, imponen una representación ajena y externa que hay que atravesar, en cambio la literatura nos mete a las entrañas de la imagen, desde donde podemos comprenderlo todo de una forma libre y espontánea, autónoma.
No espero que la literatura produzca seres conformados y perfectos. Porque esto, además de poco realista, plantea el problema de la malversación ideológica: “La literatura, es cierto, parece degradarse cuando persigue un fin concreto, cuando soporta una ideología explícita. Porque cualquier ideología es de entrada, una forma excluyente de otras variedades de pensamiento. Cuando no descansa en un dogma, la ficción nos permite, por el contrario, ensanchar nuestra idea de lo humano. Con ella no sólo conocemos otras voces y otras experiencias, sino que las sentimos tan vivas como si nos pertenecieran.”[13]
Lo que sí espero es que la literatura apoyada en el discernimiento, sirva para que el estudiante no sólo adquiera un conocimiento sino que logre vivirlo a través de la lectura y pueda vincularlo a su realidad para así poder tomar las decisiones edificadoras de su propia vida, de modo que su estructura de pensamiento pueda proveerle, mientras habita el mundo, una existencia verdaderamente digna. Así como acción y reflexión en relación dialéctica establecen la praxis del proceso transformador para lograr la alfabetización en la teoría Freiriana, así la acción interior y el discernimiento en similar sinergia son capaces de promover la transformación en lo que yo llamo un proceso de vitalización a través de la literatura.
Hay que resquebrajar esa idea monolítica de que leer es aburrido y quitarle a los libros la mala fama. Hay que hacer que se disipe ese temor reverencial con el que el imaginario colectivo los ha revestido. Un buen libro es un buen amigo y nada más. Al quebrantar eso, en algún momento la barrera que todavía impide que la literatura contribuya a la formación de un ser que empatiza, discierne y vive, comenzará a desmoronarse y pondremos en el horizonte de nuestros alumnos, la posibilidad de saborear todas las variedades de la experiencia humana y de decidir si prefieren evolucionar o morir afelpados. Nadie experimenta en cabeza ajena, dice el dicho, nadie excepto aquel que lee, digo yo.
Fernando Q. Luna, mexicano, es licenciado en Derecho y maestro en el área de comunicación. Ha realizado estudios en filosofía y literatura, además en creación literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes. Es profesor de la Universidad de Guanajuato, México, en la división de Humanidades y Ciencias Sociales. Como escritor ha publicado algunos cuentos y artículos sobre temas de su interés en lo que él denomina “filosofía pop! la reflexión es apta para todo público”. Ha participado en diversos foros educativos y literarios. Ha sido coordinador de talleres literarios y programas de fomento a la lectura. También ha sido vocero de Greenpeace en su entidad y promotor de las causas proambientales. Es un activista en favor de la educación, la literatura y de un mundo menos peor.
Referencias
[1] Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, [Web en línea]. http://www.rae.es [Consulta: 2-06-2014]
[2] Seligman, M. E. P. (1975). Helplessness: On Depression, Development, and Death. San Francisco: W. H. Freeman. ISBN 071672328X.
[3] Freire Paulo, Siglo XXI de España, 1975 243 pp.
[4] Lipovetsky Gilles, Sebastien Charles, Los tiempos Hipermodernos, Editorial Anagrama 2006, 144 pp. ISBN 9788433962478.
[5] Giacomo Rizzolatti, en su investigación Premotor cortex and the recognition of motor actions, Cognitive Brain, 1996, 3 131-141 pp.
[6] V.S. Ramachandran, en su ensayo Mirror neurons and imitation learning as the driving force behind «the great leap forward» in human evolution hace referencia a su potencial importancia en el lenguaje y la imitación.
[7] Volpi Jorge, Leer la mente: El cerebro y el arte de la ficción, Editorial Alfaguara, México 2011, 163 pp. ISBN: 9786071109651
[8] Orwell George, Rebelión en la granja, Editorial Destino, 2006, 187 pp.
[9] Ludwig Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus, trad. Gilles-Gaston Granger, Gallimard, Paris, 2001, 121pp. ISBN 2070758648
[10] Paul J. Zack, The Moral Molecule now trust works, Penguin, 2012, 256 pp.
[11] Origen de las Palabras, [Web en línea]. http://www.etimologias.dechile.net [Consulta: 2-06-2014]
[12] Volpi Jorge, Ibid, 163 pp.
[13] Volpi Jorge, Ibid, 163 pp.
Lectura en Voz Alta en Tijuana, Baja California, México.
Farid Cruz López
Farid Cruz López, nace en la ciudad de Oaxaca en 1967. Vivió su niñez en la ciudad de México de 1967-1973. Por razones familiares, cambiaron su residencia a Puerto Escondido, Oaxaca, México, donde realizó sus estudios de primaria y secundaria de 1974-1980.
Sin embargo, su vida la desarrolló en la ciudad de Oaxaca, por el motivo de continuar con sus estudios medio superior y superior. A los 18 años ingresa al Ejército Mexicano de 1986-1989, donde trunca sus estudios. A base de esfuerzo y disciplina logra terminar la Licenciatura de Arquitectura (1989-1994) en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, México.
Hace su primer viaje a Japón en 1998. En el 2001 fue a vivir temporalmente a Japón y durante su estancia en Tokio logró trabajar en el Despacho de Arquitectura “Ars Nova”, donde quedó influenciado en otro punto de vista de la arquitectura. Todo esto lo motivó a regresar a México para establecer su taller y crear su propia firma “Tres Manos Arquitectura”. Terminó la Maestría en Diseño Arquitectónico por la Universidad Autónoma de Tamaulipas. En la actualidad, paralelo a su profesión, realiza con el “Colectivo Frijol Parado” instalaciones de arte.
‣ «Voces, Aromas y Sabores» [Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca].
‣ «La espera» [Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca].
‣ «Sendero» [Casa Cruz Sato, en colaboración con el artista plástico José Santos].
‣ «El panal» [Jardín Etnobotánico].
Traducción del español al japonés.
Farid Cruz López 1967年オアハカ市に生まれる。1967~1973年幼少期をメキシコシティにて過ごす。家庭の事情によりオアハカ州のプエルト・エスコンディドに転居。1974年~1980年の小学-中学時代をプエルト・エスコンディドにて過ごす。高校・大学進学のため再度オアハカ市に転居。高校卒業後18歳の時に学業を中断し、メキシコ国軍に入隊(1986~1989年)。除隊後、軍生活で培った規律と努力をもとに、オアハカ州立ベニト・フアレス自治大学にて建築を専攻、学士取得(1989~1994年)。
1998年最初の日本への旅行。2001年より日本に居住し、東京での滞在中にARS NOVA建築デザイン事務所にて勤務。この経験が建築を別の視点で捉えることに大きく影響する。それを実践すべく、メキシコに戻り、自分の建築事務所Tres Manos Arquitectura(三つの手・建築)を立ち上げる。
タマウリパス州立自治大学にて建築デザイン学の修士課程を修了。現在設計建築と並行してColectivo Frijol Padado(アート集団・立てた豆)を主宰しアートインスタレーションも手掛ける。
‣声・香・味(オアハカ現代美術館)
‣待つ(オアハカ現代美術館)
‣軌跡(自邸Casa Cruz Sato、José Santosとのコラボレーション)
‣ハニカム(オアハカ民族植物園)










