Mexikanische Digital-Diplomatie unter den Besten der Welt

von Eduardo Estala Rojas*

Übersetzt aus dem Spanischen ins Deutsche von Sven Ehlert**


Eduardo Estala Rojas, Gründungsmitglied und seither Leiter des Mexican Cultural Centre (MCC), Vereintes Königreich. Fotografie: Regionalmuseum in Guanajuato Alhóndiga de Granaditas, Mexiko.

Das Mexican Cultural Centre (MCC), das am 16. September 2013 in der englischen Stadt Nottingham gegründet wurde, ist das erste ehrenamtlich agierende und in Großbritannien registrierte virtuelle Zentrum, das sich zur Aufgabe erklärt hat, die mexikanische Kultur zu verbreiten. Dies geschieht im Rahmen internationaler Zusammenarbeit bei akademischen, kulturellem und künstlerischen Projekten. Der Beirat des MCC setzt sich zusammen aus Adriana E. Vera Pérez, Antonio Galván García, Carlos Jaime, Roma Díaz und Sven Ehlert.

Auf unserer Homepage veröffentlichen wir Artikel, Reportagen, Poesie, Kurzgeschichten, Essays, Übersetzungen und Bücher. Außerhalb der virtuellen Welt organisieren wir Seminare, akademische Konferenzen, Kolloquia, Buchvorstellungen, Filmvorführungen in Universitäten, Museen, Sprach- und Kulturzentren und auf Büchermessen. All unsere Tätigkeiten und Inhalte unterliegen einem hohen Qualitätsanspruch. Wir haben uns der Wissenschaft, Technologie und mexikanischen Kultur verschrieben und uns zum Ziel gesetzt, diese einem breiten Publikum zu präsentieren.

Wir kollaborieren mit der Academia Mexicana de Lógica (AML, Mexikanische Akademie der Logik), Mexiko; The London Latin American Film Festival (LLAFF), Vereinigtes Königreich; Latin American House (LAH), Vereinigtes Königreich; Der Gesellschaft mexikanischer Studierender in Edinburgh, Schottland (MexSoc UoE); der französischen Allianz in Guanajuato, Mexiko; der Universität von Guanajuato (Fakultät der hispanischen Schriften und Literaturen, der Fakultät der Philosophie und der Historischen Fakultät) Mexiko; dem Centro Cultural Tijuana (Kulturzentrum), México; Instituto Cultural de León (Kulturzentrum), México.

Gemäß der dreizehnten Studie über die Gewohnheiten der Internetnutzer in Mexiko aus dem Jahre 2017 des Verbandes Internet.mx gab es allein in Mexiko 70 Millionen Internetnutzer im Jahre 2016, dies entspricht etwa 63% der Gesamtbevölkerung. In der Publikation „El español: una lengua viva. Informe 2017“ (Die spanische Sprache. Eine lebendige Sprache. Bericht 2017) des Instituto Cervantes aus Spanien wird konstatiert, dass nur Mexiko als einzig spanischsprachiges Land unter den zwanzig größten Nationen nach Internetnutzern zu finden ist. Die spanische Sprache ist die am zweithäufigsten verwendete Sprache auf den Social Media-Plattformen Twitter und Facebook. Gleichwohl geht aus einer Veröffentlichung der Plattform on-line hervor, dass Mexiko sich unter den ersten zehn von insgesamt 210 Ländern befindet, die das Internet gekonnt als Mittel für Diplomatie einsetzt.

Aufgrund dieser wissenschaftlichen Erkenntnisse aus den Jahren 2016 und 2017 der Asociación de Internet.mx, dem Instituto Cervantes aus Spanien und der Publikation Digital Diplomacy Live der Onlineplattform on-line sind wir zu dem Entschluss gekommen, dass unsere seit nunmehr vier Jahren ausgeübte Tätigkeit als digitales Medium zur Verbreitung der mexikanischen Kultur im Ausland über das Internet zu legitimieren ist.

Wir sind das einzig virtuelle mexikanische Zentrum dieser Art auf dem Globus, das sich zum Ziel setzt, Mexiko akademisch und wissenschaftlich zu beleuchten und die Erkenntnisse leicht zugreifbar einem breiten Publikum zur Verfügung zu stellen. Außerdem soll die internationale Kommunikation, die digitale Diplomatie, technische Innovationen und der Gebrauch von Social Media-Plattformen verknüpft und vorangetrieben werden.

Zwischen 2013 und 2018 wurde unser Portal aus über 100 Ländern aufgerufen und zählt momentan 308 qualitativ hochwertige Beiträge. Hierzu zählen Übersetzungen in sieben Sprachen, 120 Kollaborationen aus über 30 Tätigkeitsbereichen, vier publizierte E-books, 120 Erwähnungen in Presseerzeugnissen, 77 Veranstaltungen an Universitäten, Museen, Sprachschulen, Kulturzentren und Buchmessen, 77 Seminare, Kultur-und-Sprach-Werkstätten, sowie 77 internationale Ehrungen für die Arbeit unserer Institution.

Konsultierte Studien:


* Eduardo Estala Rojas, Gründungsmitglied und seither Leiter des Mexican Cultural Centre (MCC), Vereintes Königreich.

** Sven Ehlert ist Lehrer für die Schulfächer Spanisch und Geschichte an einer deutschen Schule. Er studierte an der Universität Duisburg-Essen und neben seiner Lehrtätigkeit an einem Gymnasium beschäftigt er sich mit einem Dissertationsprojekt über die Entwicklung von Fußballvereinen im franquistischen Spanien.

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Emperatriz del Bolshoi

Emperatriz se deslizaba casi sin levantar sus lindos pies, como bailando o patinando sobre hielo, sirviendo de ilustración casi etrusca al piso destellante de mármol de Carrara, una especie de espejo descarado, de la casa del ingeniero Méndez-Gay Rivera: Tiene la elegancia y dignidad de una bailarina del Bolshoi, me dije. 


Trabajaba con disciplina y callada alegría de monja del santo suplicio: descalza, modesta y diligente, pero sin humillarse ni por un segundo. Cuando recibía alguna orden que no era de su agrado, levantaba sus ojitos de lince con un relámpago de luz furibunda en sus pupilas en una especie de muda protesta y formaba con sus labios una caprichosa trompita de niña enfurruñada. Ah, los labios de Emperatriz: hay que cantarlos: delgados y turgentes, de negra con rasgos de blanca fina, aunque el color de su piel fuera del más oscuro y feroz, feraz, como oscura y nutritiva tierra, negro que se pueda imaginar, su nariz perfecta de huequitos muy redondos y graciosos, toda ella una obra maestra de ingeniería divina.

Su uniforme de mucama estaba formado por un pantalón amplio que soslayaba cualquier ilusión de forma y una blusa de algodón al 100%, que usaba sin brasier y sin reservas de malicia, como de limpia enfermera, los dos de color azul pálido, beige o gris perla, según el día, discretos atuendos que aceptó de mala gana cuando recibió la encomienda del oficio de la casa el primer día que se presentó a trabajar. Lo que no estuvo dispuesta a aceptar, me dijeron, fueron las alpargatas, las sandalias o las chinelas semi chibchas que le quiso imponer la consorte de Méndez Gay-Rivera. Señora –dijo la mujercita en voz muy baja pero con serena e implacable energía y una musicalidad simpática, casi infantil- yo le trabajo todo lo que quiera, hasta el más alto trasnocho, sincluso, pero sin zapatos. Pronunció el bello neologismo, “sincluso” con leve pedantería de negrita que sí pudo terminar su primaria y leer algún libro fuera del programa.

Y es que así, dijo, la acostumbró su ruda madre en Puerto Tejeda. Puerto Tejeda, pueblo de negros duros, trabajadores y honrados, eso se sabe, y Emperatriz no cesa de recordarlo más con su ejemplo que con palabras, de las que es bastante parca. La señora Martha Cristina porfió: Cuándo se ha visto en la santa vida de este país que una sirvienta quiera imponer condiciones antes del primer día de trabajo, eh; pero el ingeniero, buen tasador de mujeres y diplomático previsor de futuros goces, viendo aquellos pies de oscura princesa con sus uñitas blancas muy bien cuidadas, y sin duda imaginando el resto de la historia y relamiéndose los bigotes, logró negociar: Que trabaje descalza la negrita, qué mal puede haber, y cuando haya invitados, que se ponga lo que ella quiera; y lo que Emperatriz quería lucir en días de visitas era precisamente sus tenis Nike Air, siempre limpios, cuidados hasta el extremo.

La señora Marta Cristina aceptó apretando los labios y rechinando para sí los dientes, sabiendo que al ceder tenía otro as para negociar –Todo en esta vida es dinero, querida; cuando entiendas esto podrás vivir conmigo en eterna paz y felicidad el resto de tu existencia, le dijo tras las primeras escaramuzas de acomodo conyugal el ingeniero, un sibarita sin par desde que lo conozco.

Y Martha Cristina pronto sabría que su esposo con esa frase había cavado la fosa del matrimonio y levantando un altar a la soterrada armonía al mismo tiempo. Para cuando Emperatriz llegó a aposentar su imperio en casa de los Méndez Pérez-Gay, la señora Martha Cristina ya había cobrado milimétricamente cada una de sus concesiones y gracias a ello tenía cuentas bancarias paralelas y, suponía secretas, con abundantes dólares. Eso me contó.

Pasé el fin de año en casa de los Méndez Etcétera disfrutando de cuanto podía ofrecer aquella que se podría calificar sin desdoro como inmodesta mansión, particularmente de la piscina, construcción de apenas cuatro carriles construidos en un terraplén del paisaje del Valle del Cauca para que entrenara el ingeniero, que a más de potentado importador de insumos era ex campeón latinoamericano de aguas abiertas y ya llevaba casi una década luchando contra el avance de un vientre poco común a sus sesenta años. Pasé los días de ocio –un fin de año en el que acepté la invitación ya añeja del viejo amigo de tiempos universitarios- Mi casa que es tu casa, querido Valentín; como debes imaginar es de cinco estrellas y media, dijo- disfrutando del yakuzi al aire libre desde el que se ven las montañas circundantes y del whisky Dalmore Selene –precio 18 750 dólares- que fluye descaradamente y que está presente en todas las estancias sociales y privadas de su casa (exceso reprobable y ostentoso que me cuidé de reprocharle).

Pero todas aquellas comodidades, amigos míos, no eran comparables al disfrute estilita de ver pasar a Empera –apócope del pomposo “Emperatriz”- rumbo al cuarto de lavado y secado, trayendo y llevando el café en finas y diminutas tazas de Marruecos, barriendo, trapeando, puliendo el piso de la sala con un donaire de prima dona, atendiendo a la señora Martha Cristina que no cesaba un instante de solicitarle la toallita celeste para desmaquillarme, ¿has visto la crema exfoliante?, ¿sabes dónde está mi collar de perlas, el que compré en Panamá, ¿recuerdas que te traje una copia, Emperita?, que ya no hay papel higiénico en el baño de la sala, que fíjate si todavía hay Whiskas para el gato y Dog Chow para los perros y así y así las dieciséis horas que pasaba la señora despierta y disparando ocurrencias sobre los ángeles, las dietas, los karmas, lecturas edificantes y mil y un embelecos que a Emperita le llenaban el buche de piedras pero que aguantaba como si fuera el último soldado de la trinchera.

Y pues, ahí estaba yo, su amigo Valentín Meléndez, en medio de aquella mar picada de mínimos insucesos domésticos que la negrita convertía en agua calma y trasparente, viéndola discurrir rumbo a los cuatro puntos cardinales como en una calma chica y esperando no sé ni qué. Y sucedió, porque el diablo es puerco, que la señora Martha Cristina tuvo que ausentarse, con todo y chofer, para ir a visitar a su madre a Pereira y que el factótum, Juliancito –jardinero, fontanero, encargado de cuidar a los perros: un hombre robusto, rubio, obsecuente- bajó a la ciudad a conseguir no sé que chunches para la piscina.

De modo que quedamos solos. Solos Emperatriz y yo. Propiciatoria circunstancia que mi imaginación ya había maquinado, que el destino concedió, y que desencadenó la impetuosa necesidad de acercarme a la negrita hermosa y plantearle una urgencia que sería del cuerpo solamente, si mi naturaleza masculina respondiera a estas alturas de la vida, y además si no conllevara una apreciación estética. Es que, amigos, condescendientes amigos, imaginen a un viudo sediento tras quince años en pleno desierto al que súbitamente y a bocajarro se le manifiesta el más casto, encantador y sublime manantial. Perdonen los adjetivos. Tal era mi caso. Enfermo estaba, no de necesidades burdas, sino de una inapelable y compulsiva tendencia a conseguir una gratificación estética. Digámoslo en palabras baratas: me urgía una mínima porción de paraíso. Tenía que ver de cerca de Empera, quería olerla, mirarla a los ojos y que ella me mirara, que me dejara rozar el armiño de su piel de oscura pantera. 

Que detuviera su itinerario fatal, incesante, de la cocina al baño, del baño al cuarto de los señores, de allí al cuarto de lavado, al de huéspedes y así sucesivamente hasta casi agotar la cotidiana eternidad de su día. La negrita imperial era un relojito –hubiera sido sin duda la esposa perfecta del ya casi desconocido filósofo Emmanuel Kant, a quien sus vecinos llamaban Señor Reloj, pues todos los días, a la misma hora, milimétricamente medida por su cronómetro con leontina de plata, pasaba por la BildungStrasse-: desayuno a las siete, lavado de ropa a las ocho, aseo de la casa de nueve a once, de once a doce cocinar lo del almuerzo, etc.

Había dos estrategias básicas: una, abordarla frescamente y plantearle el asunto –dejaría las palabras precisas al demonio recursivo de la inspiración, que en general no me ha fallado en circunstancias de alta tensión emocional-; dos, colocarme en sitios estratégicos de su ruta implacable y esperar que ella misma saltara el abismo e iniciara el acercamiento. Y una tercera estrategia: simplemente dejarla pasar como pasa el viento calmo sobre la hierba inclinándola levemente.

Amigos míos, llámese cobardía, prudencia, reconocimiento de los límites, respeto al hogar ajeno, rendición ceremonial a la natural belleza de una obra maestra del Señor, el caso es que lo más cerca de Emperatriz que estuve fue a cincuenta centímetros de su cuerpo áureo y mirar con fruición mortal sus ojos en el momento en que me entregaba una taza de café –sabía que ese instante no se repetiría y que decirle al momento, como dijo Fausto, “detente, eres tan hermoso” sería un vano desplante retórico.

Regresó la señora Martha Cristina con sus urgencias, su parlería, su inquietud atosigante, regresó el ingeniero tras su gran vientre y su sonrisa de sibarita: Emperatiz los recibió con los rituales acostumbrados. Era 30 de diciembre. Mañana tendría día franco aquella mujer-abismo, mujer de un negro profundo que no ceso ni cesaré de celebrar, como no olvido y recupero con frecuencia en sueños el blanco fulgor del blanco de sus ojos, de sus dientes perfectos y de sus uñas. Particularmente de las uñas de sus pies de princesa.

Al día siguiente la vi despedirse de sus patrones. Corrí a apersonarme en el acontecimiento. No me atrevo a describirla. Sin su atuendo de limpia enfermera ahora la negrita se había transformado en una auténtica visión. ¿Me permites abrazarte, Emperita?, le dije tímidamente. Emitió una media sonrisa, con una pizca infinitesimal de ironía, frunció la trompita y levantó los hombros. Quise darle un beso pero no me atreví.
Eso fue todo. A veces me visita en sueños. Me pregunto si en el más allá habrá segundas partes de los buenos momentos.

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Babel de las catástrofes

Hoy me vino a la cabeza ese trillado y cursi aforismo: “todo llega a su debido tiempo al que sabe esperar”, ya que más que un proverbio vinculado estrechamente con la paciencia y la sapiencia, siempre me ha parecido desde mi neófita, incipiente y no menos carente trinchera mística, un precepto un tanto relacionado con la mediocridad.  


Aunque no pongo en tela de juicio su veracidad, cuando es resultado más que del azar, de la fórmula: trabajo, esfuerzo y perseverancia; como decía Pablo Picasso, “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.

“Historia de todas las cosas”.  Autor: Marco Tulio Aguilera Garramuño. Ediciones de Educación y Cultura / Trama Editorial, México-España. 2011. 515 Págs.

Pues bien, todo mi soliloquio anterior, es con respecto al recién Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero, México, 2017, otorgado a la novela Formas de luz del autor Marco Tulio Aguilera Garramuño, al cual desde la novela Mujeres Amadas le he estado siguiendo la pista a través de varias de sus obras, y que vale la pena decir: no me han decepcionado, ya que hasta el momento ha sabido mantener de manera homogénea, una calidad descriptiva y narrativa única, llena de humor, acompañada de un estilo propio con un marcado guiño de coquetería con el realismo mágico de su compatriota Gabriel García Márquez.

Hace algunos años tuve la fortuna de que llegara a mis manos (vía correo postal), el libro Historia de todas las cosas. Y digo “fortuna” porque en medio del ostracismo de los días comunes y ordinarios matizados por los perpetuos avatares que infunde la cotidianidad, esta ardua tarea de búsqueda (muchas veces infructuosa) de encontrar en algunos libros aquello que nos sorprenda. 

Este valioso libro, conjunta la ironía, el sarcasmo y el humor, con un estilo desenvuelto, audaz, lúdico, de uno de los narradores colombianos contemporáneos más prolíficos, pues su obra se ha caracterizado por ser única y fresca en medio del panorama de la literatura latinoamericana.

¿Cuál puede ser la historia de todas las cosas? Marco Tulio Aguilera, en esta “comedia humana”, que bien podría denominarse “Babel de las catástrofes”, nos muestra un cúmulo de historias acontecidas en el pueblo de San Isidro de El General, ubicado en Costa Rica, cercano a la frontera con Panamá, que posterior e inevitablemente gracias a las transformaciones y a los sueños de grandeza de sus pobladores se convertiría en ciudad, como diría Juan José Arreola haciendo referencia a su tierra natal. De esa manera entre mulatos, princesas y prostitutas contemporáneas, Historia de todas las cosas es un libro denso tanto por su contenido como por su volumen, que nos va sumergiendo en el mundo de aspiraciones cosmopolitas con alcances decadentemente analógicos a los de un gran circo que conforman y confabulan sus habitantes. 

Con un ritmo artificioso que recuerda el más puro estilo “fellinesco”, Aguilera nos transporta a las andanzas de un Eros zapatero encarnado en el negro Vladimiro al son de la Orquesta Sibundoy capitaneada por Sebas Bach, su contrincante Benito Von Chúber y su amor clandestino; a un Baruch que desvirgina a las Vírgenes impúberes, en medio de la construcción de una incipiente carretera donde es extraño que no se desbarranque un colectivo gracias a las profecías del místico Zaratrusta Pereira; y un Poeta gordo que colma sus penas e inspiraciones reprimidas en los jueves del Prado Bar; finalizando de manera melancólica con el hombre que cultivaba su flaqueza en el imperio de las ratas entre otras historias.

Pero la singularidad de Historia de todas las cosas, no sólo radica por contextualizarse en un entorno y universo carnavalesco, sino porque su cosmos engloba un carácter sociológico y cultural, tratados desde la perspectiva de un mosaico crítico de la sociedad actual, por lo que podríamos catalogar la obra como única, esencial y fundamental de la novela latinoamericana.

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Día Mundial de la Filosofía, UNESCO, 2017

RELATORÍA


Gilles Deleuze (1925-1995) fue un filósofo francés del siglo XX cuyas obras, aún en nuestros días, siguen influyendo en el arte, la filosofía y la literatura. La Cátedra “José Revueltas” de Filosofía y Literatura, así como el Departamento de Filosofía del Campus Guanajuato de la Universidad de Guanajuato (UG), organizaron en el 2015 el “Congreso Internacional de “Literatura y Acontecimiento”, en conmemoración de los 20 años de la muerte de Gilles Deleuze”.

El evento académico se realizó por la iniciativa de los alumnos del seminario de ontología de dicha institución, quienes buscaron profundizar en la filosofía y en las fronteras del pensamiento de Gilles Deleuze, a través de la literatura. En relación a la experiencia anterior, se obtuvo como fruto el libro “Acontecimiento y expresión literaria: Estudios sobre Deleuze”, de Patricia Castillo Becerra, Josemaría Moreno González y Jesús Ruiz Pozo (coordinadores); libro publicado por la Cátedra “José Revueltas” de Filosofía y Literatura de la Universidad de Guanajuato, México, 2017.

La tarde del jueves 16 de noviembre de 2017 –celebración del Día Mundial de la Filosofía, UNESCO– se presentó por primera vez el libro académico en el aula Paul Gendrop de la Alianza Francesa de Guanajuato, contando con la presencia de los coordinadores, la Dra. Patricia Castillo Becerra y el Dr. Josemaría Moreno González. Con la comentarista invitada, la Dra. Elba Margarita Sánchez Rolón.

En esta obra participan reconocidos autores como Daniel Smith, Miguel Morey Farré, Luis H. Cuevas, Patricia Castillo Becerra, Sergio Espinosa Proa, Jesús Ruiz Pozo, Sonia Torres Ornelas, Josemaría Moreno González, Alejandro Fielbaum Schnitzler, Juan Pablo Anaya Arce, Ian Buchanan. El libro está conformado por once capítulos “once perspectivas que tienen algunos puntos de coincidencia –señaló la Dra. Sánchez Rolón– una perspectiva general, a pesar de que los enfoques sean distintos pero la intención es irnos invitando a esa amistad discursiva entre disciplinas que de pronto van a recaer en la exposición de la experiencia literaria deleuziana (…) por lo tanto, es un libro que nos lleva muy bien de la mano para acercarse a un tema filosófico (como dicen sus autores) para ponerlo en movimiento, que no sólo es interesante para la literatura, sino para la ubicación de la construcción de un problema frente a lo otro”.  

Por su parte, el Dr. Moreno González, expresó: “nuestra motivación fue mostrar que la unión de la literatura y la filosofía es un medio privilegiado (no el único) para hacer de la vida un experimento, una constante experimentación con uno mismo y otros. De forma tal que pensar, vivir, imaginar, creer, querer, son formas de estar en esta existencia que no caben en formulas predeterminadas o al menos no tendrían por qué estar sometidas a caminos ya transitados por otros (…) antes bien, es una vida única e intransferible”.

Al respecto, la Dra. Patricia Castillo Becerra, señaló: “para Gilles Deleuze hablar de filosofía es hablar de pensamiento. Él menciona que no es seguro ya la pregunta: ¿Qué es? Para describir la esencia o la idea. Es posible que las cuestiones del tipo, ¿quién?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿para quién es la filosofía?, sean mejores tanto para descubrir la esencia como para descubrir algo más importante”.

Para celebrar el Día Mundial de la Filosofía, los autores ofrecen al lector, un libro filosófico que aborda el pensamiento de Gilles Deleuze. Un pensamiento cuyos trazos, se cruzan para cuestionar, reflexionar, exponer y seguir desarrollando las ideas, el concepto dentro de la complejidad. Deleuze, creador de monografías sobre David Hume, Immanuel Kant, Baruch Spinoza y Michel Foucault, bajo la lupa de preguntas diferentes para enfocar con nuevos ojos, lo que todavía no se abordaba. Muestran al hombre que mira a la filosofía clásica y medieval con nuevos matices, para decir que todavía la expresión literaria y filosófica está en constante movimiento.

Para más información sobre el Día Mundial de la Filosofía, UNESCO, dar clic aquí


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Conferencia magistral “Francofilia y nacionalismo. El afrancesamiento de las costumbres visto a través de la literatura mexicana del porfiriato”, por la Dra. Ana María Alba Villalobos

RELATORÍA


En la historiografía entre México y Francia, aparecen obras que van más allá de las relaciones políticas, históricas y económicas, abarcando cuestiones como la vida cotidiana, adentrando al lector a la atmósfera social del siglo XIX a través de las novelas. En esta frontera literaria, Ana María Alba Villalobos, doctora en Ciencias Sociales por el Colegio de Michoacán, profundiza en los textos costumbristas de escritores mexicanos, en relación al continuo amor a lo francés durante la época del Porfiriato.

“Se puede apreciar una influencia de autores franceses desde los inicios del siglo XIX, por ejemplo, Leona Vicario leía novelas de escritores franceses. A mitad del mismo siglo, el trabajo de los intelectuales estuvo enfocado a forzar una identidad nacional a partir de los valores románticos de la Ilustración”, indicó la doctora Alva Villalobos, quien actualmente es profesora de Tiempo Completo Titular “A”, del Departamento de Historia de la Universidad de Guanajuato.

“Tenemos literatos mexicanos –prosiguió la Dra. Alva Villalobos– como José María Bárcena un conservador que escribió la obra “La quinta modelo”, con el objetivo de ridiculizar al liberal extremo. Por otro lado, el escritor José Tomás de Cuéllar con la novela “Baile y Cochino”, realizó una crítica de la imposición de lo extranjero, moralista y, a su vez, una parodia sobre la apariencia de las clases sociales. Asimismo, Manuel Gutiérrez Nájera, inspirado en las mujeres de la Ciudad de México, plasmó en su poema “La Duquesa Job” la adopción de lo extranjero en lo cotidiano y del idioma francés”.

Ágil, nerviosa, blanca, delgada,
media de seda bien estirada,
gola de encaje, corsé de ¡crac!,
nariz pequeña, garbosa, cuca,
y palpitantes sobre la nuca
rizos tan rubios como el coñac…
Fragmento, La Duquesa Job.

Hubo sus excepciones, como el escritor José López Portillo y Rojas, quien describió en su novela de tinte naturalista “La Parcela”, una crítica hacia el afán de la imitación de lo europeo. Igualmente, el escritor Ángel del Campo en su obra “La Rumba”, novela costumbrista, profundiza en aspectos sociales como la pobreza, mostrando una sensibilidad al dolor de los pobres.

“Hilando las diferentes visiones de los novelistas mexicanos del siglo XIX, logran mostrar (sin importar que sean conservadores o liberales) su continua francofilia y la necesidad de generar un nacionalismo, expandiendo poco a poco sus ideas por medio de los periódicos de la época”, mencionó la Dra. Ana María Alba Villalobos, en el aula Paul Gendrop de la Alianza Francesa de Guanajuato, la tarde del 9 de noviembre de 2017.


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Conferencia magistral “Mathieu de Fossey. Un educador viajero en el México decimonónico”, por el Dr. José Elías Guzmán López

RELATORÍA


El jueves 26 de octubre de 2017 el Dr. José Elías Guzmán López dictó la conferencia magistral “Mathieu de Fossey. Un educador viajero en el México decimonónico”, en el aula Paul Gendrop de la Alianza Francesa de Guanajuato.

El Dr. Guzmán López comentó al inicio de su conferencia que su primer encuentro con Mathieu de Fossey fue cuando realizaba estudios sobre las Escuelas Normales de Guanajuato. Por lo tanto, aborda a este sujeto histórico a partir de su llegada con el proyecto de colonización a Coatzacoalcos en el S. XIX. Asimismo, pretende exponer su migración, desenvolvimiento profesional y literario en México.

Fossey nació entre 1805/8 y estudió en la Academia de Dijon, así como en la Escuela Normal Superior de París. “Una vez tocando tierra firme, con la expedición de colonizadores en Coatzacoalcos en 1830, comprendió que no había mucho en qué trabajar, por lo que comenzó su migración a la Ciudad de México llegando en el año de 1832, ahí abrió un instituto para niños, junto con Eduardo Baudouin”, mencionó el Dr. Guzmán López, quien estudió su doctorado en Historia en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia, Michoacán.

El plan de estudios de Fossey consistía en enseñar aritmética, geografía, latín, pero su mayor enfoque era la enseñanza del idioma francés. Sus pupilos estudiaban de las 8 am a las 5 pm con 2 horas para comer, eran grupos pequeños, imitó el método de enseñanza de Mr. Joseph Jacotot. Llegó a cobrar 12 pesos mensuales para los de la primera división, 15 pesos para los de segunda y tercera división.

“En 1849 Fossey fue llamado a Colima para que ocupara la Dirección de la Escuela Normal, pero dejó dicho cargo a causa de la inconformidad de pagos. Por tanto, llegó a Guanajuato entre 1852 a 1855 teniendo como gobernador a Octaviano Muñoz Ledo, quien le pidió ocupar el puesto de director de las Escuelas Normales de ambos sexos y la cátedra de gramática general e idioma castellano”, expresó el Dr. Guzmán López, profesor de tiempo completo en el Departamento de Historia de la Universidad de Guanajuato.

Por otro lado, siguiendo la posible cronología de Fossey: regresa a la Ciudad de México en 1857 para ser el director de la Escuela Normal de México. Entre sus obras más importantes destacan: “Método natural para aprender el francés o para enseñarlo”, editado en París en 1842; “Viage à Mèjico”, imprenta de Ignacio Cumplido en 1844, que sirvió de base y antecedente para escribir “Le Mexique”, impreso en París en 1857. “En dicha obra hace una descripción de la sociedad de México, causando polémica entre la población por la visión del autor francés y por el pago anticipado de la inscripción”, indicó el Dr. Guzmán López.

Mathieu de Fossey, muere entre 1870/6; sin embargo, durante la época Porfiriana siguen utilizando sus ideas y discursos para la propaganda de ideas modernas del progreso. Más que un literato, colonizador, viajero, profesor y escritor, es importante comprender su gran aporte pedagógico y cultural que se verá reflejado en la educación del México decimonónico.


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Conferencia magistral “De emisarios de Napoleón, circulación de papeles y conspiraciones. Los rumores de una invasión francesa a Nueva España, 1808-1811”, por la Dra. Graciela Bernal Ruíz

RELATORÍA


En la tarde del 19 de octubre de 2017, Graciela Bernal Ruíz, doctora en Historia por la Universidad Jaume I, de España, impartió la conferencia magistral: “De emisarios de Napoleón, circulación de papeles y conspiraciones. Los rumores de una invasión francesa a Nueva España, 1808-1811”, en la Alianza Francesa de Guanajuato.

El objetivo de esta investigación es transmitir la imagen que se forjó de Napoleón en la Nueva España. La Dra. Bernal Ruíz, comenzó a disertar sobre cómo surgió su idea partiendo del escenario de la Revolución Francesa, y la reacción que tuvo la monarquía española mostrando al inicio una posición neutral. Asimismo, mencionó que en 1793 comienza la persecución de franceses en territorios americanos, pues se temía que se unieran a conspirar.

“Los franceses se reunían en la ciudad de México para consultar información de sus familiares en Francia, pero a muchos les confiscaron sus bienes por la supuesta conspiración”, indicó la Dra. Bernal Ruíz, quien es profesora titular “A” del Departamento de Historia en la Universidad de Guanajuato.

La situación continuó hasta 1796 con el Tratado de San Ildefonso (Convenio entre Francia y España) que terminó en 1808 cuando Napoleón en su primer intento de derrotar a Inglaterra, habló con Manuel Godoy para llegar a Portugal a través de España. “Lo que no sabía Godoy, era de que las tropas napoleónicas se quedarían en el territorio español, y así poder invadir la península ibérica”, señaló la Dra. Bernal Ruíz.

En consecuencia, la corona portuguesa fue trasladada a Brasil. En el caso de España, Fernando VII fue obligado a abdicar en Bayona y en su lugar fue puesto José I Bonaparte. La noticia de la captura de “el deseado” a los territorios americanos se propagó por tres vías: la primera, por oficiales, la Gazeta de México y los sacerdotes; la segunda, por informales como los arrieros o forasteros; la tercera, bajo un ambiente de rumores y miedo.

Las autoridades de la Nueva España declararon su lealtad a Fernando VII; paralelo a esto, creció un pánico entre la población por una expansión de las tropas en el territorio y por la supuesta idea de que había gente infiltrada que apoyaba a los franceses. Ante esta situación, las denuncias de conspiraciones aparecieron en aumento cuando sólo eran parte de la tensión producida en masa.

Entre la población de San Luis Potosí, juraban que por ahí entrarían las tropas francesas y llamaron a Napoleón el “Atila del siglo”. “Bonaparte tenía su idea política de cómo gobernar las colonias, ya que su plan era darles libertades que no tenían con los Borbones, proponía darles participación política y la creación de Cortes en sus territorios”, comentó la Dra. Bernal Ruíz.

Finalmente, España mandó llamar a representantes de sus colonias para salvar a su amada patria. Pero el estado anímico de la población continuó hasta 1811, pues estaba la propaganda entre los insurgentes y realistas en donde uno y otro decían que el bando contrario entregaría el territorio de la Nueva España a Napoleón. Como bien sabemos, no estaba muy lejos la independencia de México de la corona española.


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