
El comunicado estatal del 3 de octubre de 2026, anunció 49 exposiciones en ocho municipios y 35 recintos, con 14 instituciones aliadas. Crédito de la fotografía: Luis Ángel Humberto Arcos Sierra.
Luis Ángel Humberto Arcos Sierra
Entre quienes habitamos la ciudad de Guanajuato, México, crece una inquietud: percibimos menos visitantes durante el Cervantino y nos preguntamos si el festival está generando los beneficios culturales y económicos que la ciudad espera. Esa percepción merece contrastarse con datos, pero también invita a revisar las decisiones que han transformado su programación y organización. Porque sostener el festival implica recursos públicos, trabajo institucional y ajustes en nuestra vida cotidiana, resulta legítimo preguntar qué recibe la ciudad a cambio y cómo participa en la construcción de su rumbo.
Escribo desde mi experiencia como habitante y trabajador de la cultura. La edición de 2026 todavía está en curso; estas reflexiones se refieren a transformaciones acumuladas y no constituyen un balance de sus resultados. Mi preocupación es la relación que el Cervantino construye con quienes lo reciben, lo hacen posible y deberían reconocerse como parte de él.
Lo que también dejaba el festival
Durante más de doce años trabajé en el Festival Internacional Cervantino (FIC), con un equipo técnico que respaldaba un proyecto cuya importancia teníamos clara. Al llegar el festival, mejorábamos espacios, habilitábamos otros y dábamos mantenimiento a recintos que, por falta de recursos, no podían renovarse de manera cotidiana. Esa labor dejaba condiciones materiales para presentar exposiciones y recibir públicos.
Desde la Coordinación de Artes Visuales, a cargo de Gloria Maldonado, se desarrollaba una propuesta de exposiciones que difícilmente encontrábamos en la oferta habitual de Guanajuato. Trabajábamos con la convicción de que esas muestras convocaban públicos numerosos y contribuían a la numeralia del festival. Entendíamos su importancia para el municipio y nos sentíamos parte de algo que estaba sucediendo.
Ese recuerdo permite identificar qué vale la pena estudiar: el respaldo técnico, la atención a los recintos, la coordinación de una propuesta expositiva y el sentido compartido del trabajo. La comparación con el presente tendría que preguntar cuáles de esas capacidades permanecen, cuáles cambiaron y quién sostiene hoy sus costos.
Una ciudad que recibe, pero necesita participar
Hoy percibo una distancia distinta. Por momentos siento que la ciudad está tomada y que quienes vivimos aquí participamos cada vez menos en la definición de lo que ocurre. Es una experiencia personal que no representa automáticamente a toda la población, pero abre una cuestión de fondo: recibir un festival y sentirse parte de él son experiencias diferentes.
La apropiación cultural se construye cuando las personas reconocen algo propio en una experiencia, pueden intervenir en ella y encuentran razones para regresar. Las restricciones de movilidad, el uso de los espacios, los horarios, los precios y la comunicación deben examinarse junto con las oportunidades de participación. Una ciudad puede concentrar visitantes y, al mismo tiempo, tener habitantes que se sienten desplazados.
Percibo también una pérdida de fuerza en parte de la programación. Para evaluar esa impresión hace falta definir qué estamos comparando: calidad artística, diversidad, acceso, relevancia local o capacidad de convocar y mantener públicos. Contar actividades no resuelve esas preguntas.
Las cifras y sus límites
La información disponible justifica una revisión, aunque exige cuidado. El Economista reportó que el balance preliminar de 2024 registró 180 mil asistencias, frente a 197 mil en 2023: una disminución del 8.6%. La misma cobertura informó que se vendieron 42,505 de 62,202 boletos disponibles, aproximadamente el 68%. Son señales puntuales que necesitan desagregarse por función, sede y disciplina.[1]
Para 2025, el FIC comunicó más de 330 mil asistentes. Sin embargo, la cobertura de El Economista precisó que el total incluía el Circuito Cervantino y que la oficina de difusión había proporcionado una cifra actualizada superior a 305 mil para 2024, sin aclarar si ambas mediciones tenían la misma cobertura. Así, los balances publicados no forman una serie homogénea que permita afirmar una caída continua o una recuperación de igual magnitud en Guanajuato capital.[2]
Necesitamos distinguir personas de asistencias, residentes de visitantes y resultados de la capital de los circuitos regionales. La experiencia ciudadana debe incorporarse a esa evaluación mediante escucha y seguimiento. Un total agregado tampoco explica quién regresó, qué aprendió o qué relación conserva con el festival.
Artes visuales: presencia y responsabilidad
Una preocupación que nace de mi trayectoria es la pérdida del lugar que ocupaban las artes visuales en la estructura organizativa del festival. Para documentar esa transformación se necesita reconstruir su participación en las decisiones, su presupuesto, sus equipos y sus responsabilidades a lo largo de los años. La existencia de exposiciones en cartelera no permite conocer, por sí sola, cómo se distribuye ese trabajo.
Las artes visuales mantienen una presencia importante. El comunicado estatal del 3 de octubre de 2026, anunció 49 exposiciones en ocho municipios y 35 recintos, con 14 instituciones aliadas. Reconoció la colaboración federal, estatal, universitaria y de otros espacios. Esa evidencia permite afirmar que existe cooperación; no permite conocer cuánto aporta cada parte al financiamiento y la operación.[3]
Mi pregunta es quién selecciona, financia, transporta, asegura, conserva, monta y difunde las exposiciones, y quién participa en las decisiones generales. Si las responsabilidades se trasladan sin recursos proporcionales, las instituciones anfitrionas pueden perder capacidad de planeación. El festival debe reconocer ese esfuerzo, incorporarlo a su diseño y explicar cómo lo respalda.
Las exposiciones permiten recorridos con otros tiempos y formas de participación. Su articulación con espectáculos, barrios y espacios universitarios puede ampliar la experiencia cultural. Para aprovechar esa posibilidad necesitan mediación, accesibilidad y una relación efectiva con el conjunto de la programación.
Patrimonio vivo y nuevas experiencias
También debemos revisar cómo se transmiten los vínculos que dieron sentido al Cervantino. La participación del Teatro Universitario, los Entremeses, el Ballet Folklórico y la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, está documentada en la programación de 2025. Su permanencia acredita continuidad programática; conocer su apropiación exige estudiar el retorno de espectadores, la participación de nuevas generaciones y la transmisión de su significado.[4]
La renovación artística puede fortalecer esos vínculos. Noire, programada en 2026 en la Galería Hermenegildo Bustos de la UG, utiliza una experiencia inmersiva para recuperar la historia de Claudette Colvin y su resistencia frente a la segregación racial. Es una oportunidad para conectar memoria, tecnología y conversación pública. Su ficha acredita contenido y acceso, pero el impacto en quienes la viven requiere evaluación.[5]
Desde mi perspectiva, cada propuesta debe explicar a qué públicos busca acercarse, qué experiencia ofrece y cómo se facilitará el encuentro. La experimentación merece espacio y condiciones para desarrollarse; su evaluación debe considerar su propósito, las capacidades que genera y la relación que construye, además de la asistencia.
Las microdecisiones y la economía de la ciudad
Elegir una sede, fijar un horario, coordinar dos actividades o extender una exposición son decisiones culturales con posibles consecuencias económicas. Pueden favorecer una estancia más larga, distribuir recorridos entre distintas zonas o provocar coincidencias que compitan por los mismos espectadores. Son mecanismos que deben medirse, porque la programación no explica por sí sola todo cambio turístico.
La cobertura del balance de 2025, recogió una derrama estimada de 442.4 millones de pesos y una ocupación hotelera promedio del 50%. Estas cifras no equivalen al beneficio neto de la ciudad ni indican cómo se repartió entre negocios, trabajadores y barrios.[6] La evaluación tendría que identificar gasto adicional atribuible al festival, contratación local, recursos que permanecen en el territorio y costos públicos de operación.
El valor cultural también incluye aprendizaje, memoria, participación y acceso a experiencias que requieren apoyo público. Una evaluación completa debe reconocer esos resultados y las condiciones laborales de quienes los hacen posibles.
Estudiar para reorganizar
Propongo convertir al Cervantino en un caso de estudio que permita intervenir desde el origen de la cartelera. Esto exige reconstruir decisiones y recursos entre ediciones, estudiar a quienes asisten y a quienes dejaron de hacerlo, y conocer la experiencia de trabajadores, instituciones y habitantes. Cada actividad debería vincular propósito cultural, público previsto, acceso, mediación y resultado esperado, con seguimiento posterior.
Esa investigación debe traducirse en decisiones: ajustar horarios, sostener equipos técnicos, reconocer costos institucionales, fortalecer recorridos y acompañar públicos durante el año. Su utilidad estará en comprobar qué cambios mejoran la relación del festival con la ciudad y en documentar lo aprendido para otros encuentros culturales.
La responsabilidad debe distribuirse con claridad. A la conducción del FIC le corresponde justificar y evaluar la programación; a las autoridades federales, estatales y municipales, coordinar recursos y condiciones de operación; a las instituciones participantes, documentar sus aportaciones y formar parte de las decisiones. La participación ciudadana necesita mecanismos de escucha y respuesta. La corresponsabilidad requiere atribuciones y compromisos verificables.
La planeación también necesita respaldo
Esta discusión invita a examinar cómo los modelos de administración pública condicionan la vida cultural en México. Recursos insuficientes o tardíos, autorizaciones demoradas y contrataciones resueltas cerca de las fechas pueden reducir el margen para producir, conservar, comunicar y formar públicos. Para conocer su peso en el Cervantino necesitamos revisar presupuestos, calendarios de gestión y tiempos efectivos de pago.
El apoyo gubernamental también se expresa en la oportunidad de los recursos, la continuidad de los equipos y la posibilidad de planear con anticipación. La rendición de cuentas debe acompañar ese trabajo con procedimientos adecuados a los tiempos de la producción cultural. De otro modo, la operación corre el riesgo de concentrarse en resolver urgencias y perder capacidad para construir una visión.
Guanajuato sostiene una parte esencial de la vida del Cervantino: sus espacios, su patrimonio, sus instituciones, sus trabajadores y su experiencia cotidiana. Recuperar el vínculo exige reconocer ese aporte y darle lugar en las decisiones. El festival tiene la oportunidad de estudiar su propia transformación y utilizar ese conocimiento para encontrar un rumbo pertinente.
¿Están los festivales de nuestro país, y quizá de Latinoamérica, destinados a atravesar este mismo proceso de distanciamiento de sus comunidades, o podemos prevenirlo convirtiendo al Cervantino en un caso de estudio que permita reorganizarlo y encontrar su mejor enfoque para los tiempos actuales, y de quién es esa responsabilidad?
- Luis Ángel Humberto Arcos Sierra, mexicano, es gestor cultural y museógrafo con más de 25 años de experiencia en el desarrollo de proyectos expositivos. Su trayectoria comprende la participación en más de 1,700 exposiciones y colaboraciones con el Museo Iconográfico del Quijote (MIQ), el Festival Internacional Cervantino (FIC) y diversas instituciones culturales. Actualmente, coordina los Museos y Galerías de la Universidad de Guanajuato (UG), donde trabaja en la conservación del patrimonio, la planeación de exposiciones y la vinculación con artistas, académicos y públicos. Es creador de ARCOS 8C, un modelo orientado a evaluar y fortalecer la gestión cultural desde la apropiación, la continuidad y la contribución de los proyectos a sus comunidades.
Referencias:
[1]Ricardo Quiroga, “Festival Cervantino pierde en asistencia, pero gana en ingresos”, El Economista, 29 de octubre de 2024, https://www.eleconomista.com.mx/amp/arteseideas/festival-cervantino-pierde-asistencia-gana-ingresos-20241029-731955.html.
[2]“Más de 330,000 asistentes disfrutaron la propuesta fresca y contemporánea del 53 Festival Internacional Cervantino”, Festival Internacional Cervantino, 26 de octubre de 2025, https://festivalcervantino.gob.mx/boletin/712/mas-de-330-000-asistentes-disfrutaron-la-propuesta-fresca-y-contemporanea-del-53-festival-internacional-cervantino; Ricardo Quiroga, “Festival Cervantino reporta tímido incremento de asistencia”, El Economista, 27 de octubre de 2025, https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/festival-cervantino-reporta-timido-incremento-asistencia-20251027-783788.html?facet=app&mode=light.
[3]“De primer nivel: inauguran el Programa de Artes Visuales de la edición 54 del FIC”, Gobierno del Estado de Guanajuato, 3 de octubre de 2026, https://boletines.guanajuato.gob.mx/2026/10/03/de-primer-nivel-inauguran-el-programa-de-artes-visuales-de-la-edicion-54-del-fic/.
[4]“UG celebra el 53 FIC con danza, tradición y un concierto estelar de la OSUG con Julieta Venegas”, Universidad de Guanajuato, 17 de octubre de 2025, https://www.ugto.mx/noticias/quehacer-institucional/20719-ug-celebra-el-53-fic-con-danza-tradicion-y-un-concierto-estelar-de-la-osug-con-julieta-venegas.
[5]“NOVAYA: Noire”, Festival Internacional Cervantino, consultado el 9 de octubre de 2026, https://festivalcervantino.gob.mx/actividad/90/novaya.
[6] Ricardo Quiroga, “Festival Cervantino reporta tímido incremento de asistencia”,El Economista, 27 de octubre de 2025, https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/festival-cervantino-reporta-timido-incremento-asistencia-20251027-783788.html?facet=app&mode=light.







