Comunidad internacional apoya a guanajuatenses

El empresario José Oswaldo Torres Sánchez, encargado de la gestión y logística del programa humanitario “Ayuda al necesitado”. Fotografía: Eduardo Estala Rojas.

Por Eduardo Estala Rojas

Con el lema de “Ayuda al necesitado” la comunidad internacional de Guanajuato, unió esfuerzos con la Frutería Torres Hermanos “El Moreno”, para entregar despensas a familias guanajuatenses que se quedaron sin ingresos por la pandemia del COVID-19.

“Actualmente, muchas personas están sin empleo y sin recursos económicos para salir adelante, así que requieren de nuestro apoyo y solidaridad en estos momentos difíciles”, indicó el empresario José Oswaldo Torres Sánchez, encargado de la gestión y logística.

Desde hace 10 semanas, 1525 familias guanajuatenses se han beneficiado con despensas a través del programa humanitario “Ayuda al necesitado”, que incluye alimento para perros y gatos. Los apoyos se entregan a adultos mayores, madres solteras y personas que han perdido su empleo a causa de la pandemia.

Karen Yee, José Oswaldo Torres Sánchez, Paul Moore, integrantes del programa humanitario “Ayuda al necesitado”. Fotografía: Eduardo Estala Rojas.

“Estoy agradecido con México por haberme dado la residencia permanente. Por ello, creo en la compasión y la generosidad hacia los demás. Siento la responsabilidad social de compartir mis recursos y mi tiempo para apoyar el programa humanitario “Ayuda al necesitado”,” expresó Paul Moore, originario de Idaho, Estados Unidos, miembro del equipo de recaudación de fondos económicos.

Con previo registro, se entregan las despensas los días sábados a partir de las ocho de la mañana, en la Frutería Torres Hermanos “El Moreno”, ubicada en la Plazuela del Baratillo número 6, en el centro histórico de la ciudad de Guanajuato. Para las entregas de las despensas se cuenta con el apoyo del personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y Protección Civil del Municipio de Guanajuato.

“Cada sábado nuestro equipo de donadores y voluntarios están otorgando despensas a las personas más necesitadas. Agradecemos el apoyo de las autoridades municipales quienes están supervisando nuestro proyecto humanitario para que todo esté en orden y siga saliendo bien”, agregó Torres Sánchez. 

Equipo del programa humanitario “Ayuda al necesitado”. Fotografía: Eduardo Estala Rojas.

El programa humanitario “Ayuda al necesitado”, surgió el 16 de mayo de 2020, con el apoyo de la comunidad internacional que reside en la ciudad de Guanajuato, así como de la comunidad local, voluntarios y trabajadores de la Frutería Torres Hermanos “El Moreno”. En colaboración con el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido, Amigos de los Animales de Guanajuato A.C. y la cofradía «La Orden de la Flor de Lis» Scouts de Guanajuato.

“Soy una huésped aquí en México que me dio la bienvenida y me da una gran vida con buenas amistades. Creo que en este tipo de situaciones la gente debería de hacer todo lo que pueda por ayudar a las personas con necesidad y ser parte de la comunidad”, comentó Karen Yee, originaria de Nueva York, Estados Unidos, integrante del equipo de recaudación de fondos económicos.

  • Para las personas que estén interesadas en donar económicamente pueden hacerlo a través de la siguiente cuenta PayPal de Paul Moore: https://www.paypal.me/pacer2010 y a la cuenta de Banco Banamex: 4766841497322993, o directamente en la Frutería Torres Hermanos “El Moreno”, Plazuela del Baratillo No. 6, Zona Centro, Guanajuato, Guanajuato, C.P.36000, México. Teléfono: 473-73-22827. Celular: 473-124-6878. fruteria.torres.hnos@gmail.com / http://fruteriatorreshnos.com

 

 Fotografía: Lidia Á. García González.

Eduardo Estala Rojas es el director fundador del Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido.  Actualmente, es el asesor principal del evento académico más importante de estudios mexicanos en el Reino Unido: XVIII Symposium of Mexican Studies and Students in the United Kingdom, 2021, que se realizará en la Universidad de Nottingham. 

Ya no estoy aquí

 Imagen de la película mexicana “Ya no estoy aquí” (2019) de Fernando Frías.

Por Karina Solórzano

Ya no estoy aquí (2019) de Fernando Frías, me parece una película fascinante y problemática a la vez. Lo que más me llama la atención es lo mismo que me hace cuestionarla. Es una especie de musical sin quererlo, una mirada distinta a ese otro lado de Monterrey que en los últimos años han retratado películas como La paloma y el lobo (2019) y una aproximación a temas que convergen entre sí como el narcotráfico en tiempos de Felipe Calderón, la migración (o más bien, el exilio involuntario) y la identidad.

La historia que se nos cuenta se remite a la épica del viaje del héroe. Ulises, al igual que el personaje de La Odisea, emprende un viaje de ida y vuelta. Me gusta la sencillez de esa historia y la manera en la que se narra, por eso no sé hasta qué medida que Ulises sea un cholombiano es pertinente más allá de una búsqueda por ampliar ciertos modelos de representación. Nueva York, ese “allá” ajeno al protagonista funciona como lugar de encuentro con el otro, varios personajes afirman o extrañan las ideas sobre el hogar (el “aquí”) de Ulises.

En una azotea de Queens el protagonista conoce a Lin (Angelina Chen) una adolescente de ascendencia china que siente curiosidad por él y por sus intereses. Lin entiende de manera diferente a la de él el sentido de pertenencia: se viste también cholombiana, le pide que le tiña el cabello e intenta aprender español para comunicarse; fluctúa entre un estilo y otro, entre un idioma y otro. En oposición, Ulises parece tener muy claro, a través de la música y el baile, en dónde están sus intereses, cuando lo invitan a bailar reguetón o banda se niega a hacerlo, él sólo baila cumbia.

Hay un plano que ilustra bien éste encuentro con el otro, pero me da la impresión que no resuelve qué es lo que se propone sobre la identidad. Ulises ve una bocina en una tienda de música y entra a comprarla, un sij lo atiende y los vemos al mismo nivel uno del otro. En una ciudad que permite una experiencia tan abrumante con lo diverso hay momentos de reconocimiento con el otro (con un migrante como él) y sin embargo parece insinuarse que dicho reconocimiento radica justo en esa condición de migrantes. Me pregunto si este encuentro no sugiere lo que indiqué más arriba sobre que poco habría importado que fuera la historia de un cholombiano porque la condición de extranjero en otro lugar ya es suficiente para propiciar una reflexión sobre el hogar.

Ese hogar, Monterrey, es escenario de la guerra contra el narcotráfico (como la llamó Calderón) de la que se tiene conocimiento sólo por la voz del expresidente en la radio, en una estación que transmite cumbias y que en el exilio de Ulises refuerza la idea de la música como refugio o como único lenguaje posible cuando el idioma le impide comunicarse. Tal vez uno de los grandes aciertos de la película está en no centrarse en la violencia que dicha guerra desató, prefiere sugerir las consecuencias de ésta durante el exilio y en el retorno al hogar: los amigos que se unieron a las pandillas o el que encontró una suerte de cobijo en el cristianismo y en el rap.

Regreso a la mirada que ofrece Ya no estoy aquí sobre los temas que presenta: preferir un relato de viaje a la violencia de un período histórico bastante oscuro y, para hacerlo, echar mano de recursos sonoros con los que casi resulta un musical. En esta mirada, me parece que Frías está en la búsqueda de una representación particular de temas que desde hace mucho tiempo han caracterizado cierto tipo de cine nacional, y si tal vez no encuentro claridad en la propuesta de la identidad, sí veo una exploración (sonora, sobre todo) en los temas que le interesan. Rezeta (2012), su anterior largometraje, por ejemplo, también explora el choque cultural de una albanesa en México; de esta manera el sonido, (la música) guía su exilio, le permite acercarse y comunicarse con los otros y evocar el hogar. El uso de la música nos deja imágenes hermosas también: esa escena en la que lo vemos bailar a solas en la periferia de Monterrey cuando todavía estaba “aquí”, en casa.


Título original: Ya no estoy aquí
Año: 2019
Duración: 112 min
País: México
Dirección: Fernando Frías de la Parra
Guion: Fernando Frías de la Parra
Fotografía: Damián García
Reparto: Juan Daniel García, Coral Puente, Angelina Chen, Jonathan Espinoza, Leo Zapata, Leonardo Garza, Yahir Alday, Fanny Tovar, Tania Alvarado, Yocelin Coronado, Yesica Abigail Silvia Ríos, Deyanira Coronado, Marco Antonio Camilo Sánchez, Brandon Stanton
Productor: Coproducción México-Estados Unidos; PPW Films / Panorama Global / Agencia Bengala


  • Karina Solórzano es licenciada en Letras españolas por la Universidad de Guanajuato. Ha trabajado como editora y colaborado en diversos medios impresos y digitales en México. Actualmente escribe reseñas sobre cine en diversos sitios de Latinoamérica y España. Tiene un blog propio donde habla sobre cine, filosofía y sexo.

“Él”, obsesión y detalle

La película “Él” relata la historia de Francisco Galván de Montemayor (Arturo de Córdova), un hombre religioso con unos principios morales muy estrictos que se enamora de Gloria Milalta (Delia Garcés); con el matrimonio se revelarán los celos compulsivos de Francisco que lo orillan a la paranoia. Imagen: “Él”. Dir. Luis Buñuel, México, 1953.

Por Karina Solórzano

En el primer manifiesto surrealista de 1924 André Bretón se pregunta “¿no cabe acaso emplear también el sueño para resolver los problemas fundamentales de la vida?”[1], la incorporación del material onírico en el arte y la desconfianza en la lógica de la razón fueron algunos de los elementos principales que engendraron el surrealismo.

Como Bretón en la literatura, en el cine el interés del Luis Buñuel por el surrealismo le hizo tomar ciertos elementos simbólicos para simular la realidad –y no representarla tal cual debería ser– en su cine hay imágenes que aluden al sueño, a lo irracional y a la pulsión erótica como medio de crítica a los valores de la burguesía.

La película “Él” (1953) es un buen ejemplo de esto. Relata la historia de Francisco Galván de Montemayor (Arturo de Córdova), un hombre religioso con unos principios morales muy estrictos que se enamora de Gloria Milalta (Delia Garcés); con el matrimonio se revelarán los celos compulsivos de Francisco que lo orillan a la paranoia.

El primer encuentro es importante porque en él se le da importancia al detalle y, en este caso, al fetiche, que funciona como un representante de otra cosa. En la antigüedad se le rindió culto a objetos como máscaras, vasijas, piedras que eran considerados como parte de un poder superior, tomándolos como una parte de un todo: una metonimia. Así, el fetiche también es una metonimia.

La primera escena de la película ocurre durante la ceremonia del lavado de pies del Viernes Santo, Francisco observa como el Padre (Carlos Martínez Baena) besa los pies de un monaguillo; de ahí, su mirada se traslada a los zapatos de una mujer, la cámara sube y descubrimos el rostro de Gloria. A lo largo del matrimonio y entre las crisis de celos, los zapatos de Gloria (el fetiche) serán recuerdo de ese momento. 

El surrealismo también exploró la representación del detalle en su relación con la lógica, porque la parte por el todo puede llevarnos a establecer conexiones alejadas de la razón, así se escribe un cadáver exquisito[2], por ejemplo. En su libro de memorias Buñuel escribe:los paranoicos son como los poetas. Nacen así. Interpretan siempre la realidad en el sentido de la obsesión[3].

Una de las escenas más importantes de la película ilustra magistralmente la paranoia: Francisco cita a Gloria en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México y juntos suben al campanario, desde ahí, Francisco, megalómano, contempla a la gente. Esta escena inspiró otra muy similar en “Vértigo” (1958) de Alfred Hitchcock, película que también relata la obsesión de un hombre por la imagen de una mujer que lo cautivó.

Hay una conexión interesante entre el surrealismo y la locura en su interpretación del mundo y, en el caso del cine de Buñuel, dicha interpretación muchas veces funciona para cuestionar el orden normativo representado por la burguesía o la iglesia. El personaje de Francisco es un miembro de la clase alta que se relaciona con Gloria a través del delirio, el afán de pertenencia y la obsesión. 

Por eso cobra sentido la manera en la que el protagonista va perdiendo poco a poco la razón, al contrario de lo que sucede en otras películas como “Bella de día” (1967) en la que la relación de la protagonista (Catherine Denueve) con el fetiche es subversiva; Francisco cegado por su moral conservadora, no es capaz de cuestionarse sus principios.  

Para Buñuel, el sueño, la fantasía y el delirio tienen un potencial transgresor y a menudo, los personajes de sus películas se enfrentan a esta triada. Lejos de ser moralizante, los que optan por cuestionar sus propios valores encuentran una vía de conocimiento más interesante. Ante una moral prescriptiva, en el cine de Buñuel se elogia la libertad de pensar.


Bibliografía

[1] Bretón, André “Primer manifiesto surrealista” en Manifiestos del surrealismo”, Terramar Ediciones, España, 2007.

[2] Un texto formado con varios fragmentos escogidos “al azar”.

[3] Buñuel, Luis “Mi último suspiro”, De bolsillo, México, 2012.


  • Karina Solórzano es licenciada en Letras españolas por la Universidad de Guanajuato. Ha trabajado como editora y colaborado en diversos medios impresos y digitales en México. Actualmente escribe reseñas sobre cine en diversos sitios de Latinoamérica y España. Tiene un blog propio donde habla sobre cine, filosofía y sexo.