Ya no estoy aquí

 Imagen de la película mexicana “Ya no estoy aquí” (2019) de Fernando Frías.

Por Karina Solórzano

Ya no estoy aquí (2019) de Fernando Frías, me parece una película fascinante y problemática a la vez. Lo que más me llama la atención es lo mismo que me hace cuestionarla. Es una especie de musical sin quererlo, una mirada distinta a ese otro lado de Monterrey que en los últimos años han retratado películas como La paloma y el lobo (2019) y una aproximación a temas que convergen entre sí como el narcotráfico en tiempos de Felipe Calderón, la migración (o más bien, el exilio involuntario) y la identidad.

La historia que se nos cuenta se remite a la épica del viaje del héroe. Ulises, al igual que el personaje de La Odisea, emprende un viaje de ida y vuelta. Me gusta la sencillez de esa historia y la manera en la que se narra, por eso no sé hasta qué medida que Ulises sea un cholombiano es pertinente más allá de una búsqueda por ampliar ciertos modelos de representación. Nueva York, ese “allá” ajeno al protagonista funciona como lugar de encuentro con el otro, varios personajes afirman o extrañan las ideas sobre el hogar (el “aquí”) de Ulises.

En una azotea de Queens el protagonista conoce a Lin (Angelina Chen) una adolescente de ascendencia china que siente curiosidad por él y por sus intereses. Lin entiende de manera diferente a la de él el sentido de pertenencia: se viste también cholombiana, le pide que le tiña el cabello e intenta aprender español para comunicarse; fluctúa entre un estilo y otro, entre un idioma y otro. En oposición, Ulises parece tener muy claro, a través de la música y el baile, en dónde están sus intereses, cuando lo invitan a bailar reguetón o banda se niega a hacerlo, él sólo baila cumbia.

Hay un plano que ilustra bien éste encuentro con el otro, pero me da la impresión que no resuelve qué es lo que se propone sobre la identidad. Ulises ve una bocina en una tienda de música y entra a comprarla, un sij lo atiende y los vemos al mismo nivel uno del otro. En una ciudad que permite una experiencia tan abrumante con lo diverso hay momentos de reconocimiento con el otro (con un migrante como él) y sin embargo parece insinuarse que dicho reconocimiento radica justo en esa condición de migrantes. Me pregunto si este encuentro no sugiere lo que indiqué más arriba sobre que poco habría importado que fuera la historia de un cholombiano porque la condición de extranjero en otro lugar ya es suficiente para propiciar una reflexión sobre el hogar.

Ese hogar, Monterrey, es escenario de la guerra contra el narcotráfico (como la llamó Calderón) de la que se tiene conocimiento sólo por la voz del expresidente en la radio, en una estación que transmite cumbias y que en el exilio de Ulises refuerza la idea de la música como refugio o como único lenguaje posible cuando el idioma le impide comunicarse. Tal vez uno de los grandes aciertos de la película está en no centrarse en la violencia que dicha guerra desató, prefiere sugerir las consecuencias de ésta durante el exilio y en el retorno al hogar: los amigos que se unieron a las pandillas o el que encontró una suerte de cobijo en el cristianismo y en el rap.

Regreso a la mirada que ofrece Ya no estoy aquí sobre los temas que presenta: preferir un relato de viaje a la violencia de un período histórico bastante oscuro y, para hacerlo, echar mano de recursos sonoros con los que casi resulta un musical. En esta mirada, me parece que Frías está en la búsqueda de una representación particular de temas que desde hace mucho tiempo han caracterizado cierto tipo de cine nacional, y si tal vez no encuentro claridad en la propuesta de la identidad, sí veo una exploración (sonora, sobre todo) en los temas que le interesan. Rezeta (2012), su anterior largometraje, por ejemplo, también explora el choque cultural de una albanesa en México; de esta manera el sonido, (la música) guía su exilio, le permite acercarse y comunicarse con los otros y evocar el hogar. El uso de la música nos deja imágenes hermosas también: esa escena en la que lo vemos bailar a solas en la periferia de Monterrey cuando todavía estaba “aquí”, en casa.


Título original: Ya no estoy aquí
Año: 2019
Duración: 112 min
País: México
Dirección: Fernando Frías de la Parra
Guion: Fernando Frías de la Parra
Fotografía: Damián García
Reparto: Juan Daniel García, Coral Puente, Angelina Chen, Jonathan Espinoza, Leo Zapata, Leonardo Garza, Yahir Alday, Fanny Tovar, Tania Alvarado, Yocelin Coronado, Yesica Abigail Silvia Ríos, Deyanira Coronado, Marco Antonio Camilo Sánchez, Brandon Stanton
Productor: Coproducción México-Estados Unidos; PPW Films / Panorama Global / Agencia Bengala


  • Karina Solórzano es licenciada en Letras españolas por la Universidad de Guanajuato. Ha trabajado como editora y colaborado en diversos medios impresos y digitales en México. Actualmente escribe reseñas sobre cine en diversos sitios de Latinoamérica y España. Tiene un blog propio donde habla sobre cine, filosofía y sexo.

Acerca de The Mexican Cultural Centre (MCC), United Kingdom.

The Mexican Cultural Centre (MCC) is the first virtual non-profit cultural centre registered in the United Kingdom. The MCC promotes and divulges Mexican culture in international collaboration with academic, artistic, and cultural projects.
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