«Surgimiento y caída del Imperio Mexicano”, de Lord Acton.

Adolfo Castañón

Pocos saben que el autor de la frase: “El poder corrompe; el poder absoluto corrompe absolutamente” es el historiador y pensador político Lord Acton (1834-1902). John Emerich Edgard Dalberg Acton fue una de las figuras más sobresalientes del paisaje intelectual y de la vida pública de la Inglaterra gobernada por la reina Victoria. Cambridge se rehusó admitirlo como estudiante a causa de su religión católica.


“Surgimiento y caída del Imperio Mexicano”, de Lord Acton. Presentación, traducción y notas de Adolfo Castañón. Colec. Traducciones y Clásicos. Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido-México, 2015.

“Surgimiento y caída del Imperio Mexicano”, de Lord Acton. Presentación, traducción y notas de Adolfo Castañón. Colec. Traducciones y Clásicos. Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido-México, 2015; 42 pp.

Acton se educó en Alemania bajo la tutela del gran historiador y teólogo Ignaz von Döllinger (1799-1890) de quien aprendió los cimientos del método histórico y en cuyas enseñanzas históricas, filosóficas y humanas abrevó el resuelto y austero liberalismo que llegó a ser su rasgo distintivo. Su amistad con el Primer Ministro, William Gladstone (1809-1898), lo llevó a ejercer un profundo ascendiente en la vida política de su país y aun de la época. Su poderosa y activa personalidad, su infatigable actividad editorial y periodística (en la revista católica The Rambler, en The Home and Foreign Review, en The Chronicle y en The North British Review), sus artículos, reseñas e intervenciones oportunas y puntuales lo llevaron a jugar un papel de primer orden en el movimiento católico liberal británico y aun europeo. Durante toda su vida trabajó por liberalizar el catolicismo y ponerlo en consonancia con el mundo moderno. En 1869, siguiendo a su maestro Döllinger, entabló una vigorosa oposición en contra de la promulgación del dogma de la infalibilidad papal. Luego de varios meses fue derrotado y estuvo a punto de ser excomulgado ―como von Döllinger sí lo fue― y de arruinar definitivamente su salud. Hijo de la tradición católica y romana, Acton en el orden de la política fue un liberal convencido: “…inicié mi vida ―decía― como sincero católico-liberal; en consecuencia, renuncié a lo que en el catolicismo no era compatible con la libertad, y en la política a lo que era incompatible con el catolicismo”. En el ámbito estrictamente universitario y académico, a través de su cátedra como Regius Professor de Historia Moderna en Cambridge de 1895 a 1902, Acton fue muy importante en la transformación de la idea y de la escritura de la historia y de la historiografía en Gran Bretaña. Gracias a su severa tenacidad, la historia evolucionó hasta transformarse en una disciplina rigurosa y científica, inspirada en el modelo de la investigación filológica alemana sin perder, al menos en su caso, su calidad filosófica, literaria y aun poética. Contribuyó con su acción y sus investigaciones a la fundación de la English Historical Review, en cuyo primer número publicaría un amplio y pormenorizado artículo sobre los historiadores modernos alemanes.

        Aunque Acton siempre vivió preocupado por alcanzar una cabal y plena objetividad en la investigación de la verdad histórica, nunca dejó de hacerse cargo de la necesidad del juicio moral en la historia y de la imprescindible dimensión ética que suponen las preguntas en torno a su significado. El concepto de la libertad humana tenía que ser, por ende, medular en su geometría intelectual. A los ojos de Acton, la idea de libertad es la única posible en la historia del mundo y el único principio rector de una filosofía de la historia. Este concepto lo lleva a ser uno de los herederos más solventes de la tradición del liberalismo clásico, entronizándolo como un pensador de alto relieve en el paisaje intelectual de su época y de la nuestra. Su análisis de la Revolución francesa y su evolución resultó premonitorio; fue un crítico del nacionalismo y de la legitimación de las masacres por el Estado. Sus penetrantes análisis de las fuerzas que alimentan y amenazan la libertad política e individual de las sociedades e individuos, su desconfianza y resistencia ante el poder del Estado tienen mucho que decir al lector y al ciudadano de nuestra crispada edad. Lord Acton se interesó, desde luego, en la historia de Europa y en esa otra historia paralela que es la de Europa raptada en América. Viajó a los Estados Unidos en 1855, y en 1856 asistió a la coronación de Alejandro II de Rusia. En 1857 visita Italia en compañía de su amigo y maestro Döllinger. De hecho, escribió extensamente sobre la Guerra de Secesión o guerra civil que sacudió a los Estados Unidos de América a mediados del siglo antepasado (como muestran sus ensayos “The Civil War in America: Its Place in History” y “Reports on the Civil War in America”).[1] Sus opiniones pesaron tanto sobre el primer ministro Gladstone que en buena medida gracias a ellas, Inglaterra tomó partido a favor de los confederados del Sur. La escritura de estos ensayos revela al historiador como observador atento al menor detalle, al agente capaz de armar un paisaje inteligible con piezas sueltas y en movimiento. Estas mismas virtudes se transparentan en su breve y muy celebrado ensayo sobre “El surgimiento y caída del imperio mexicano” de Maximiliano. Pronunciado el 10 de marzo de 1868 ante los miembros de la institución literaria y científica de Bridgeworth, Inglaterra a once meses de verificados los hechos; el ensayo concentra, explaya y ordena en pocas páginas un cúmulo poco habitual de información, pero sobre todo ofrece una visión nítida y clara, a la vez veraz y humana de los hechos conocidos como Intervención Francesa y Segundo Imperio. La visión que Lord Acton da de Benito Juárez no sólo es exacta sino que será la imagen que la historia retendrá del gran estadista mexicano.

Por un momento, el que dura la lectura de esta pieza impecable, los actores y paisajes vuelven a cobrar vida y recobran un sentido por así decir trascendente gracias a la mirada penetrante y acuciosa del historiador. Leer a Lord Acton no sólo es un buen ejercicio intelectual, es, además y ante todo, un placer para la inteligencia y la memoria. Es fama que Acton fue uno de los hombres más cultos de su época. Leía y escribía con la misma facilidad en inglés, alemán, francés, español e italiano.

        En México, la lectura de Lord Acton ha quedado reducida a círculos no por eminentes excesivamente limitados. En 1996, el benévolo y sagaz Natán Warman hizo circular una traducción suya del volumen I de las Conferencias sobre la Revolución Francesa. Esta traducción tomaba como punto de partida la edición que J. N. Figgis, C. R. Litty, R. V. Laurence, M. A., prepararon para MacMillan de Londres en 1910. En España sus Ensayos sobre la libertad y el poder fueron traducidos por Enrique Tierno Galván y presentados por Gertrude Himmelfarb para el Instituto de Estudios Políticos de Madrid en 1959. Cuatro décadas más tarde, en 1999, el mismo Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid, publicó una selección titulada Ensayos sobre la libertad, el poder y la religión, en traducción de Beatriz Álvarez Tardío y con un estudio preliminar, edición y notas de Manuel Álvarez Tardío. La presente traducción puede ser leída también como una invitación abierta para todos los interesados en las cuestiones que asocian el mundo de la ética y el conocimiento de la política y de la historia.

        En vida Lord Acton no publicó ningún libro, pero la gran Cambridge Modern History en doce volúmenes fue una idea suya y existe como un monumento a su memoria, aunque sólo alcanzó a ver terminado el primero y la mitad del segundo. Dejó una biblioteca de 70 mil volúmenes que, junto con las notas de investigación que tomó a lo largo de toda una vida consagrada al estudio de la historia, pasaron a formar parte de la biblioteca de la Universidad de Cambridge. Como datos curiosos, habría que apuntar que, al igual que Maximiliano de Habsburgo, Lord Acton moriría un 19 de junio ―pero de 1902― y que su hijo nacido en 1870 se llamó Ricardo Maximiliano.

        Una selección de sus escritos, conferencias, artículos y ensayos se pueden encontrar en los tres volúmenes publicados por Liberty Press bajo el cuidado editorial de J. Rufus Fears. Una selección de las obras de Lord Acton ha sido publicada por Liberty Fund de Indianápolis, en los Estados Unidos de Norteamérica (1985), bajo el cuidado editorial del mencionado estudioso J. Rufus Fears. El ensayo sobre el imperio de México se encuentra en el tomo II de esta edición que lleva por título Essays in the Study of Writing History.

Para descargar el libro sin costo, aquí.


Referencia

[1] En: Lord Acton. Selected Writings. Vol. I. Essays in the History of Liberty. Indianapolis, Liberty Fund, 1985.


Biografía del traductor

Adolfo Castañón.   Fotografía de: Jorge Dávila, Icoavs, AML.  http://www.academia.org.mx/Adolfo-Castanon

Adolfo Castañón.
Fotografía de: Jorge Dávila, Icoavs, AML. http://www.academia.org.mx/Adolfo-Castanon

Adolfo Castañón, México, D.F., 1952. Su vocación literaria se ha declinado en la lírica (Tránsito de Octavio Paz y Recuerdos de Coyoacán incluidos en La campana y el tiempo, Las tres mitades del corazón), la narrativa (A veces prosa), el ensayo y la crítica literaria (Alfonso Reyes: caballero de la voz errante, Por el país de Montaigne, la serie de Paseos, Viaje a México o El sueño de las fronteras. Ensayos, apuntes, paseos), el aforismo (La belleza es lo esencial, Perfiles del camino), la traducción (de J.-J. Rousseau, Paul Ricoeur, George Steiner, Alain Rey, Roland Barthes, Louis Panabière); la gastronomía (Grano de sal y otros cristales). A ese oficio se añade un ejercicio práctico y reflexivo en el ámbito editorial: su trabajo en el Fondo de Cultura Económica durante casi tres décadas, donde tuvo la oportunidad de trabajar con José Luis Martínez, Jaime García Terrés y Alí Chumacero. Desde ese mirador privilegiado, trató a muchos autores, por ejemplo, a Octavio Paz: tuvo a su cargo la edición del poema Pasado en claro (1974), los tres tomos de México en la obra de Octavio Paz (1987) y, con un equipo, sus Obras completas. Trabajó con Carlos Fuentes en la edición del Espejo enterrado; su oficio como editor de libros y revistas ha desembocado de un lado en obras firmadas por él como Trópicos de Gutenberg, y, del otro, en series y colecciones como “Las semanas del jardín” publicada por Bonilla y Artigas o la serie de entrevistas “Los maestros detrás de las ideas” para TVUNAM. Ha practicado el arte de la antología crítica como en La geometría de las horas de Eugenio Montejo, publicada con el sello de la editorial de la Universidad Veracruzana. Ha trabajado en la edición del diario de Alfonso Reyes y en la edición y notas del epistolario en prensa Alfonso Reyes / Pedro Henríquez Ureña (1914-1944) del cuál José Luis Martínez hizo el primer tramo. Ha publicado con el sello de El Colegio de México: Primicias. Antología de José Luis Martínez en 2008; la selección, prólogo y notas de Alfonso Reyes: Cartas mexicanas 1905-1959 (2009); Algunas tardes con Alejandro Rossi. Conversaciones, ensayos y apuntes (2010), Otras Españas. Antología sobre literatura del exilio de Ramón Xirau (2011), José Medina Echavarría. Correspondencia, selección, prólogo y notas en colaboración con Álvaro Morcillo (2010), entre otros títulos. Recibió el premio Xavier Villaurrutia en 2008 por el libro Viaje a México. El gobierno francés lo distinguió con la orden de “Caballero de las Artes y de las Letras” en 2003. Es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 2005 y la respuesta a su discurso la dictó José Luis Martínez. Se desempeña en esa corporación como Bibliotecario Archivero. Ha colaborado en diversas revistas y suplementos como La cultura en México, Sábado, Plural, Vuelta, Letras Libres, La Revista de la Universidad. Pertenece al Programa de Investigadores Asociados de El Colegio de México. Colabora actualmente en Siglo XXI Editores. Tiene en prensa varias obras como Visión de México, antología de escritos mexicanos de Alfonso Reyes, Tránsito de Octavio Paz (poemas, apuntes, ensayos) y Por el país de Montaigne.

El Pescador de Perlas

Enrique S. De Aguinaga Cortés

Don Louis de Bellemare nació en Grenoble, Francia, en el año de 1809 y murió, en un accidente naval en las costas de Gran Bretaña, en 1852. Llega a México en el año de 1830 para reunirse con su señor padre, el Barón Ferry de Bellemare, quien tenía viviendo pocos años en la ciudad de México. Al poco tiempo, de haber llegado a casa de su padre en la ciudad de México, fue mandado por este a resolver ciertos asuntos comerciales al reciente Puerto de la Hierbabuena, hoy ciudad de San Francisco, California, en la Alta California.


En el marco de la Conmemoración del Centenario del Estado de Nayarit, México, la Trigésima Primera Legislatura hizo entrega de un reconocimiento al investigador Enrique de Aguinaga Cortés (en el centro de la fotografía) por la gran aportación histórica que ha otorgado a las nuevas generaciones en Nayarit. Foto: Periódico Express.

En el marco de la Conmemoración del Centenario del Estado de Nayarit, México, la Trigésima Primera Legislatura hizo entrega de un reconocimiento al investigador Enrique S. De Aguinaga Cortés (en el centro de la fotografía) por la gran aportación histórica que ha otorgado a las nuevas generaciones en Nayarit. Foto: Periódico Express.

Parte de la ciudad de México a la ciudad de Guadalajara y de ahí al Puerto de San Blas, donde abordó un navío de cabotaje que lo llevaría al mar de Cortés; desembarcó después en la península de Baja California y, tras otro largo recorrido por la costa del Océano Pacífico, llegó a su destino. De su breve estancia en San Blas, de Bellemare tomó varias imágenes ahí vividas y las plasmó en su novela corta “El Pescador de Perlas”, como inicio de su relato. He aquí –tan sólo–; esta descripción de San Blas de aquellos primeros años de 1830 y que nos permitirán conocer aquel San Blas de hace poco más de 170 años atrás. Comenzamos…

        “En los tiempos en que las Indias Occidentales reconocían todavía la dominación española, en el Puerto de San Blas, situado en la entrada del golfo de California, sobre las costas de la antigua Intendencia que se había convertido en el estado de Jalisco, estaba el almacén de las islas Filipinas. Los navíos ricamente cargados de sedas de china, de valiosas especias del Oriente, se apretaban en el muelle; una población atareada llenaba las calles: las atarazanas bien guarnecidas, los astilleros siempre en actividad, hacían entonces de San Blas el punto más importante de la costa del Sur. Ahora, todo ese esplendor se había desvanecido y San Blas no conserva ya más que restos de astilleros, restos de atarazanas, restos de población, el recuerdo de su antiguo comercio y de su situación pintoresca”.

        “La ciudad se divide en dos partes, la parte alta y la parte baja o playa. Desde los astilleros de la comandancia general, construidos sobre la cima de una peña escarpada, la vista abarca uno de los paisajes más melancólicos y hermosos que puedan contemplarse. De un lado se ofrece la parte alta de la ciudad, silenciosa y despoblada, triste y melancólica como todo lo que se hunde y cae en ruinas después de haber sido poderoso; del otro, un espeso y verde follaje cuyas primeras copas acarician, como una oleada de verdura, las construcciones de la comandancia y bajan en forma de anfiteatro hasta la playa. Un camino tortuoso, que se pierde y reaparece en medio de los árboles, desciende hasta el nivel del mar. Allí, sobre la arena, entre las ramas de las palmeras y los bananos, a la sombra de los cocoteros, se mostraban de todos lados las pintorescas chozas de bambú. Al pie de estas chozas, la playa se curva bañada por el flujo casi insensible que viene de alta mar, cuyas aguas reflejan como un espejo el azul resplandeciente del cielo. Aquí y allá, las risueñas islas se dilatan al sol como ramas de flores marinas; las grandes rocas se elevan parecidas a las pirámides de ámbar amarillo y algunas barcas de pescadores, deslizándose a lo lejos, desplegaban sobre la profundidad luminosa del horizonte sus blancas velas triangulares”.

        “Yo me encontraba en San Blas desde hacía algunos años. Los intereses comerciales me requerían en California y esperaba, después de aproximadamente quince días, que alguna embarcación de cabotaje costeara llevando su carga para un punto cualquiera de esta costa. Finalmente tomé la Guadalupe, pequeña goleta de cincuenta y ocho toneladas, que había hecho la vela por Pichilín o Pichilingue bajo la conducción de un capitán catalán que era su propietario. Me apresuré a ir a su encuentro y contraté mi pasaje a bordo. Acepté sus condiciones sin regatear. Aun cuando procedía sin competencia alguna, el capitán tuvo la discreción de no pedirme un precio exorbitante”.

“–Si usted está viviendo, como no tengo duda, en la parte alta– me dijo confidencialmente–, hará bien en bajar a la playa con sus cosas, pues de un momento a otro podemos partir y yo enviaré una embarcación para recogerlo; de esa manera, estará usted listo y no se perderá un minuto”.

        “Tenía tal impaciencia de escapar del calor sofocante de San Blas y de las nubes de mosquitos que hacían la jornada casi intolerable que, a fin de no permanecer una hora más, me apresuré a seguir el consejo del capitán. Por tanto, me instalé en la playa en una de esas encantadoras chozas de bambú que había ya apreciado desde lo alto de la ciudad; pero no tardé en darme cuenta de que, sobre esta playa, tan lejana como seductora, los mosquitos eran todavía mucho más abundantes que en las alturas, y tanto más hambrientos cuantas menos víctimas tenían para atormentar. Finalmente, al cabo de tres días de martirio, recibí una mañana el aviso de que estuviese listo para abordar la embarcación que iría a recogerme antes del mediodía. A dicha hora, una piragua vino a recoger a algunos pasajeros de la choza en que yo habitaba. Como era una piragua ahuecada en un tronco de árbol y con fondo plano, el trayecto de la playa al navío no se hizo sin peligro. La menor ola, el más torpe movimiento, podían hacer zozobrar este frágil esquife, y los grandes tiburones, que se veían a flor de agua seguir disimuladamente la singladura, pronto adivinarían a las víctimas de semejante accidente. Por fortuna llegamos a bordo”.

        “Las montañas de estas bellas y sabrosas cebollas de San Blas, de un prodigioso grosor, las calabazas y los plátanos estaban amontonados sobre el puente de la goleta. Este montón de frutas y de legumbres formaba, junto con mi baúl, poco menos que casi toda la carga. El aparejo pronto fue concluido. Bien que mal se estibaron las cebollas en las tres piraguas, los racimos de plátanos fueron suspendidos de largas varas sobrepuestas hacia arriba, y sobre el suelo de babor y estribor; después, la nave quedó a merced de los vientos y la voluntad de Dios”.


Enrique S. De Aguinaga Cortés, mexicano, es historiador-investigador XL Ayuntamiento de Tepic, Nayarit, México. Autor de 20 libros, dos de ellos como co-autor. El primero de ellos, segundo lugar nacional en investigación regional, convocado por la Universidad Autónoma de Nayarit, México, “Nuestras Raíces”, 1984; “Bernardo M. De León”, 1991; “Nayarit a toda costa”, 1992; “Nayarit a través de los Siglos, tomo I, 1994; “Nayarit a través de los Siglos”, tomo II, 1995; “Manuel Lozada y los derechos del pueblo mexicano”, 1998; “Manuel Lozada: luz y sobra”, 1999; “La Consumación de la Independencia”, 2000; “Manuel Lozada, el Tigre de Alica”, ediciones 2000 y 2003; “Nayarit en el siglo XVIII”, 2003;“Panteón Hidalgo, patrimonio de Tepic”, 2006; “Antologías de Crónicas del Estado”, 2007; “Antologías Indígenas de Nayarit”, 2010; “Colección Tepic a través de los Siglos”, Cuatro tomos, 2010; y “Tabú: Esclavitud, autoflagelación, sexualidad y sexo en Nayarit”, 2011. Dichas obras han sido editadas tanto por la Universidad Autónoma de Nayarit, México, el Supremo Tribunal Superior de Justicia del Estado de Nayarit, México, El Archivo General de la Nación y diversas administraciones del Ayuntamiento de Tepic, México. Ha publicado más de 2,500 historias breves en diferentes periódicos estatales, así como diferentes conferencias locales, nacionales e internacionales. Desde el año de 1998 se desempeña como responsable de la Coordinación de Investigación Histórica del Ayuntamiento de Tepic (Historiador).

Amarres Perros. Autobiografía de Jorge G. Castañeda.

Adolfo A. Laborde Carranco

Hay dos razones fundamentales para leer la obra Amarres Perros de Jorge G. Castañeda. La primera, porque de alguna manera expresa y retrata íntimamente los sucesos en materia de política interna-externa de México de los últimos 40 años desde el ángulo de un protagonista cercano a los grupos de poder; la segunda, porque lejos de ser una simple autobiografía, se trata en realidad de un relato abierto y sin tapujos de cómo se ve el poder desde el poder mismo, en otras palabras, desde una tribuna privilegiada como la de Jorge G. Castañeda.

"Amarres Perros. Una autobiografía", Jorge G. Castañeda, Editorial Alfaguara, México, 2014, 552 pp.

«Amarres Perros. Una autobiografía.» Jorge G. Castañeda, Editorial Alfaguara, México, 2014. 552 pp.

Explico. La primera razón radica en conocer de viva voz una serie de sucesos importantes para la política interna y externa contemporánea de México. Sobran los ejemplos en el libro. Desde los detalles e intrigas de cómo se llevaron a cabo muchas negociaciones con políticos y empresarios mexicanos, hasta su influencia en asuntos globales o regionales como los acuerdos de pacificación en las guerras de Centroamérica, especialmente en la del El Salvador en la década de los ochenta, pasando por la creación de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) que acogió a más de 90 mil guatemaltecos que huían de la “guerra civil”; o su relación de odio-amor con Fidel Castro (y sus operadores políticos en la región), Gabriel García Marques y Carlos Fuentes. Otro ejemplo es su influencia directa en las decisiones que su padre tomaba en asuntos tan delicados cuando se desempeñaba como canciller. Un caso fue la acogida del Shah de Irán a finales de los setenta y posterior prohibición de su reentrada a México luego de un viaje que hizo para atenderse de una enfermedad terminal en Estados Unidos, lo que desencadenó la crisis de los rehenes de la embajada de los Estados Unidos en Teherán.

Castañeda describe como obsoleta y fuera de contexto a la diplomacia mexicana, a la cual le dio otra personalidad y carácter modificándola en tan solo 3 años con su llegada en el año 2000 como titular de la Secretaria de Relaciones Exteriores. Dejó a un lado los principios básicos de la misma y generando así un sin número de conflictos internacionales (Cuba y Venezuela son solo dos ejemplos) ya conocidos. Cabe mencionar que algunos de estos conflictos tardaron una administración y lo que va de la actual para solucionarse y de esta forma recomponer la relación con los países afectados. Parecería, según se aprecia en el libro, que la historia reciente de la diplomacia mexicana no estaría completa sin la presencia Castañeda padre, y posteriormente de Castañeda hijo.

La segunda razón para leer el texto recae en la lógica en la que “ellos” entienden el poder, es decir, cómo se gesta, desarrolla y reproduce partiendo ya sea un cargo público, como el del padre por medio de distintos puestos en la cancillería, o de los beneficios que este le dio abriéndole la puerta para su formación académica y profesional (cosmopolita) en el extranjero primero, y al acceso a círculos de poder y personalidades de primer nivel en la política, economía y literatura a nivel internacional después. Castañeda en sus memorias deja claro un principio de la “real politk”: no hay nada más importante que el poder. Muestra de ello es su abandono del cargo de canciller en el año 2003 para dar paso a la búsqueda de una candidatura presidencial independiente, lo cual, si bien abrió un camino para que esto fuera posible en las próximas elecciones en México, no deja de describir su esencia como un animal político por naturaleza.

Amarres Perros es pues, un libro bien escrito y entretenido, que además de los relatos personales (amorosos y familiares), nos dan la pauta para comprender en su perfecta dimensión su realidad mestiza (judeo-cristiana) y su perfil pragmático en materia ideológica (de ser un militante comunista, acabó trabajando para un partido de derecha). Además de ello, nos permiten entender la visión de un hombre como Castañeda que si bien no representa la totalidad de la elite política mexicana, si caracteriza a un buen número de personajes que día a día marcan el destino de México ya sea a través de sus opiniones (comentocracia) en los medios masivos de comunicación o por el lobby capaz de poner en practica para un fin en específico (propio o de otros). Cierro parafraseando al mismo Castañeda tratando de ilustrar sus aspiraciones políticas: no pasó el balón ni el jugador, sin embargo, nada está escrito de manera definitiva en el libreto de la tragicomedia conocida como “la política mexicana”.


Adolfo A. Laborde Carranco. Foto: Cortesía.

Adolfo A. Laborde Carranco. Foto: Cortesía.

Adolfo A. Laborde Carranco, mexicano, es profesor investigador de la Escuela Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales del Tec de Monterrey, México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), y del Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido. Actualmente se encuentra realizando una estancia de investigación sobre líderes hispanos en las ciudades de Chicago, Nueva York y los Ángeles en la Universidad DePaul, Chicago, Illinois, Estados Unidos.

The Mexican Cultural Centre: 15 voces de la cultura mexicana, México-Estados Unidos-Reino Unido

Paniel O. Reyes Cárdenas

Un aspecto sumamente interesante de las distintas definiciones de la experiencia, particularmente de la experiencia cultural, es su naturaleza inter-subjetiva, pública, colectiva y dinámica. Ciertamente la experiencia cultural es plural y dinámica: no podría ser de otra manera, ya que la formación de la identidad cultural personal es el resultado de la interacción continua y conjunta en una cultura en particular.

The Mexican Cultural Centre: 15 voces de la cultura mexicana, México-Estados Unidos-Reino Unido. Compilador: Eduardo Estala Rojas; prólogo Paniel O. Reyes Cárdenas; Colección Estudios Mexicanos, Mexican Cultural Centre, Reino Unido, 2014; 46 pp.

«The Mexican Cultural Centre: 15 voces de la cultura mexicana, México-Estados Unidos-Reino Unido». Compilador: Eduardo Estala Rojas; prólogo Paniel O. Reyes Cárdenas; Colección Estudios Mexicanos, Mexican Cultural Centre, Reino Unido, 2014; 46 pp.

Cada cultura, aunque cambiante, tiene un talante y temperamento propio y único, y está más o menos abierta al perfeccionamiento y a la expansión de sus límites en el florecimiento de los talentos. Como mexicano, creo que nuestra cultura, aunque ajena a unos límites demarcados por estar siempre abierta, tiene una poderosa identidad. La cultura, sin embargo, se puede promover o no, su enriquecimiento en el intercambio de razones y experiencias puede florecer u opacarse, dependiendo de las decisiones conscientes de promoverla y expandirla.

En tiempos en los que el impacto del conocimiento es casi una norma de aceptación para proyectos y realizaciones conjuntas han proliferado los intentos de reunir grupos, equipos y colaboraciones desde iniciativas institucionales. Estas iniciativas son signos positivos del reconocimiento de la naturaleza social y colaborativa de la construcción del conocimiento. Con todo, estas iniciativas suelen tener un carácter artificial ya que son producidas sí y sólo sí el proyecto ha sido financiado y garantizado de antemano. Hay otras iniciativas, sin embargo, que han nacido de manera natural como una expresión de la colaboración conjunta e interdisciplinar de los talentos como resultado consistente y continúo del amor al conocimiento, al arte y a la cultura.

Este es el caso del Mexican Cultural Centre (MCC), iniciativa que puede reconocerse como un fenómeno único de colaboración que ha nacido con el deseo altruista y auténtico de difundir el talento cultural mexicano desde la experiencia de extranjería. En efecto, el MCC ha permitido un espacio de intercambio plural de experiencias culturales, artísticas y cognitivas que promueven de una manera única y decidida la identidad y cultura mexicana.

Este libro es un paso más en este proceso, pues no sólo es único en su naturaleza, sino que decididamente pretende empujar los bordes de nuestra consciencia cultural a la hora de entender distintos aspectos de la diplomacia cultural presentando experiencias y pensamientos de jóvenes talentos mexicanos en su experiencia profunda de florecimiento en el contexto extranjero. Por tanto, el lector agradecerá que una colaboración tan única haya sido posible por el incansable esfuerzo del iniciador del MCC y compilador de esta colección, el escritor Eduardo Estala Rojas.


Nota del editor: Prólogo de “The Mexican Cultural Centre: 15 voces de la cultura mexicana, México-Estados Unidos-Reino Unido”. Compilador: Eduardo Estala Rojas; Colección Estudios Mexicanos, Mexican Cultural Centre, Reino Unido, 2014; 46 pp.

Aquí pueden descargar el libro electrónico sin costo:


Paniel O. Reyes Cárdenas, mexicano, es maestro y doctor en Filosofía por la Universidad de Sheffield, Reino Unido. En su tesis investigó el pragmatismo y la metafísica del realismo escolástico en C. S. Peirce. Aunque animado por su interés en la tradición pragmatista, Paniel tiene un amplio interés filosófico. Ha publicado artículos sobre filosofía de las matemáticas, metafísica, filosofía medieval, filosofía de la religión, Hegel, y sobre todo, Kierkegaard. Ha participado en un importante número de congresos académicos en más de 15 países. Fundador de la Sociedad Mexicana de Metafísica y Filosofía de la Ciencia. Actualmente realiza un posdoctorado en la Universidad de Nottingham, Reino Unido.

Maíz. El sustento que da la vida.

Ricardo Ariza

El maíz es una aportación fundamental de los mexicanos para el mundo. El poeta Octavio Paz comparó esta creación con el invento del fuego por el hombre.

Ricardo Ariza, “Maíz. El sustento que da la vida. El huerto en casa, guía básica”. Editorial SelloImpreso. México. Septiembre 2014. 78. Págs.

Ricardo Ariza, “Maíz. El sustento que da la vida. El huerto en casa, guía básica”. Editorial SelloImpreso. México. Septiembre 2014. 78. Págs.

Alimento divino y símbolo de identidad, las civilizaciones mesoamericanas están ligadas indisolublemente a la creación del maíz; desde la cosmovisión precolombina los hombres no fueron hechos de barro, ni la mujer salió de una costilla, no, hombre y planta se formaron el uno al otro, son hermanos, es la madre o el padre, el dios generoso que comparte su cuerpo, también es mito fundacional, pero sobre todo, es diversidad, hay blancos, negros, morados, amarillos, rojos y pintos, clara muestra de la solidaridad de los pueblos y de su capacidad de preservar la memoria.

Con la invención de la agricultura surgieron la domesticación y el desarrollo de la planta en tierras del sur y del centro de México. Junto con el frijol, el chile y la calabaza, fue el cultivo característico de estos pueblos sobre una geografía conformada por cadenas montañosas, que permiten la presencia de hábitats propicios para el cultivo, sin embargo, hay maíces para todo tipo de suelo, clima y altura.

La herbácea americana de la familia de las gramíneas no puede desarrollarse por sí sola, sus granos se conglomeran fortísimamente en la mazorca, tiene espigas y frutos harinosos. De acuerdo a los más sólidos planteamientos científicos, la mayoría de las variedades que existen actualmente se derivan del teosintle, un pariente silvestre que representa toda la base genética del cultivo del maíz en el mundo.

Para conseguir las variedades evolucionadas que ahora conocemos, que no son capaces de crecer sin el trabajo del hombre, los habitantes de Mesoamérica seleccionaron los núcleos que produjeron las plantas más desarrolladas, y por métodos de cruza lograron conseguir mejores granos. El maíz cultivado que comemos no puede propagar solo sus semillas. Una buena mazorca, durante milenios, ha sido logro de habilidades y técnicas que no nada más tienen que ver con la siembra, la cosecha y el almacenamiento, sino que también se relaciona con la búsqueda de un germen mejorado, lo que representa un trabajo de profunda observación y conocimiento.

La palabra maíz la trajeron los españoles, quienes la escucharon en las islas del Caribe ya conquistadas, antes de la caída de México Tenochtitlan. Es un vocablo de la lengua taína de las Antillas, su significado es: Lo que sustenta la vida.

El grano no sólo ha alimentado a innumerables generaciones, también ha constituido su propia cosmovisión, la forma en la que el ser y el colectivo se han relacionado con el mundo y con el universo, a lo largo de más de siete mil años en América. Desde las antiguas civilizaciones olmecas, toltecas y teotihuacanos, quechuas, incas y mayas, durante la colonización de América, la Independencia, la Revolución de 1910 y hasta los tiempos actuales, comprender la importancia del maíz es un asunto simbólico y estratégico de soberanía alimentaria, es urgente revalorar el trabajo de los campesinos y reconocer la importancia del campo y de los frutos de la tierra. Negar al maíz, es negar al mexicano mismo. Más allá del estudio etnográfico, debe reconocerse y valorarse la actual situación de la reserva genética de granos nativos, porque México es el lugar de origen, domesticación y diversidad de este cereal.

Hoy en el mundo entero el maíz es utilizado como alimento y como materia prima en muchas industrias. El maíz blanco se utiliza para consumo humano y el amarillo para forraje y alimento de ganado, así como para producir almidón y etanol. Su menoscabo ha sido constante desde los tiempos de la conquista y la colonia, los españoles imponían una supuesta superioridad del trigo sobre los granos nativos, incluyendo al amaranto, la chía y el cacao. Hoy el maíz es considerado el más importante legado biocultural de nuestra tierra.

Dicen los tzeltales en la región montañosa de Chiapas “es en la semilla donde todo comienza y termina; es el principio y el fin”. Aproximadamente 59 razas y cientos de variedades existen en nuestro país, las semillas son tan importantes como el lenguaje, como los idiomas que han sido conquistados y desaparecidos, preservar lo que queda de ellos es tarea de todos, pues es la riqueza cultural de la nación para sí misma y ante el planeta.

Hoy el debate académico ¿incluye garantizar la demanda alimentaria en México y en el mundo?, pues el consumo del cereal ha aumentado, ya que se utiliza en distintas ramas de la industria y en la ganadería, lo que ha elevado su valor social. Se puede observar una recaída general en la siembra, la cosecha, la producción y el valor total del producto, que es considerado como la base de la alimentación mexicana. La gran diversidad de maíz criollo se encuentra principalmente en el estado de Oaxaca, pero actualmente no hay estado de la república en donde no se produzca a mayor o menor escala. “Hay frecuentemente muchos más tipos de maíz en una sola localidad de México que en todos los Estados Unidos” dijo Edgar Anderson, investigador norteamericano.

Resulta vital diseñar estrategias de conservación in situ de la diversidad genética del maíz, aprovechando que el intercambio de semillas se da principalmente entre las comunidades rurales, es ahí donde deben crearse cada vez más centros de resguardo y almacenamiento de la semilla, como forma de estrategia de seguridad alimentaria en los productores de menor escala. El maíz no es sólo un producto alimentario, sino principalmente un patrimonio cultural de nuestra sociedad pluriétnica. Las semillas criollas protegidas y conservadas a través del tiempo son únicas en cuanto a las características de resistencia a las sequías, lo que garantiza el desarrollo y mejoramiento del germoplasma de los maíces.


Ricardo Ariza, mexicano, es escritor, periodista y editor. Ha publicado el libro de poemas «El título es consecuencia del azar» (Colección El Ala del Tigre, UNAM, 1996). Y también el libro «Física de cuerpos ausentes» (Colección La Hogaza /5. Instituto de Cultura de Morelos, 2009). Así como la antología personal «En donde la memoria arda». (INBA, CONACULTA, SEP, Editorial Eternos Malabares, 2013). Ha sido becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (1997-1998) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2003-2004). Dirigió los periódicos «Postal» (2003-2007), «El papel cultural» (2008-2010). Ha publicado en varias antologías de poesía y cuento a nivel nacional y en Latinoamérica. Ha impartido talleres, conferencias y clases de poesía, narrativa, creación literaria, y periodismo. Ha publicado en la revista «Milenio» y en la «Jornada Semanal». Fue jefe de redacción por dos años del periódico «La Opinión de Morelos» 2011-2012. Actualmente es colaborador de la revista francesa «El Café Latino» con distribución en Canadá, Europa y Sudamérica.

En letras de oro

Adolfo Castañón

Cuenta Octavio Paz en Vislumbres de la India que, luego de renunciar a la Embajada de México y al tomar el tren que los llevaría a él y a Marie Jo, en octubre de 68: “el viaje de Delhi a Bombay fue emocionante, no sólo porque me recordaba el que había hecho unos 20 años antes, sino porque en algunas estaciones grupos de jóvenes estudiantes abordaban nuestro vagón, para ofrecernos las tradicionales guirnaldas de flores”.  

Eduardo Vázquez Martín (izquierda) secretario de Cultura del Distrito Federal, y Adolfo Castañón (derecha), miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Foto: Antonio Nava / Secretaria de Cultura GDF ©2014.

Eduardo Vázquez Martín (izquierda) secretario de Cultura del Distrito Federal, y Adolfo Castañón (derecha), miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Foto: Antonio Nava / Secretaria de Cultura GDF © 2014.

Esos ramos de flores frescas son hermanos de las velas encendidas por manos anónimas en memoria de los muertos en la Plaza de Tlatelolco el 2 de noviembre de 1968 y de las letras de estos tres nombres insignes Efraín Huerta, Octavio Paz y José Revueltas, hermanos de tinta y luz, que hoy se inscriben con letras de oro en la sede de la Asamblea de Representantes del DDF.

Me gusta pensar que esta inscripción no es una imposición en el sentido en que se marca a las reses con hierros ardientes al rojo blanco en la piel las insignias de las rancherías de que provienen, sino, más bien, y ante todo una emanación o efusión, como si las piedras que ahora ostentan estas letras hubiesen discernido con inteligencia entre sus vetas estos signos para exhibirlos, sacándolos a la superficie uno por uno como de una caja encantada.

En alguna página, Miguel de Unamuno recuerda que los antiguos alquimistas tenían en sus gabinetes ventanillas hechas con láminas de oro. La luz, al pasar por ellas, se ruborizaba y tornaba roja como la sangre. Sólo así podía tener éxito la operación alquímica.  Esta alianza entre el oro y el plasma cobra un peculiar significado en este acto en que la caligrafía perdurable de una generación mexicana representada deslumbrantemente por tres escritores y poetas: Efraín Huerta, Octavio Paz y José Revueltas, se viene a labrar en uno de los lugares privilegiados de la memoria mexicana, para afirmar así una idea de la ciudad y de la historia de la que fueron agentes, protagonistas, testigos y hacedores, esos militantes del orden civil, esos hombres de palabra y acto de tanto y tan múltiple arraigo.

Nota del editor: Discurso preparado para la ceremonia de develación de los nombres en letras de oro de Efraín Huerta, José Revueltas, Octavio Paz, en la Asamblea de Representantes DDF, VI Legislatura, México,10 de abril de 2014. Diversas circunstancias impidieron su lectura pública. Con la autorización del autor, se publica en exclusiva en el Mexican Cultural Centre.   

Adolfo Castañónmexicano, es poeta, narrador, ensayista, traductor, editor y crítico literario. Estudioso de las obras de Michel de Montaigne, Alfonso Reyes, Juan José Arreola y Octavio Paz. Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Ha sido miembro del consejo de redacción de varias revistas en Latinoamérica, como Vuelta, Letras Libres, La Cultura en México, Plural, Gradita y Literal.   

Centenario y documentos históricos de Efraín Huerta

La poesía enemiga

Efraín Huerta

Manuscrito de "Nubes y nubes", primera versión del poema: "La poesía enemiga", 1935.  Proviene de los cuadernos negros (tipo moleskine) que  utilizaba Efraín Huerta .  Cortesía de Raquel Huerta-Nava.

Manuscrito de «Nubes y nubes», primera versión del poema: «La poesía enemiga», 1935. Proviene de los cuadernos negros (tipo moleskine) que utilizaba Efraín Huerta. Cortesía de Raquel Huerta-Nava.

Nubes y Nubes no sabe qué demonios terrestres aman

o detestan

con su comportamiento de árboles desgajados,

ni cuándo pensarán ausentarse de nuestros ojos

y de los flancos de las montañas.

Árboles y amores vivirán abrazados por los bosques y

los corazones,

aunque señales turbias

crecidas en gargantas amargas de madrugadas

comiencen su labor descalza de perezosa rebelión.

Fantasmas y fantasmas por las nubes

sin grietas de pudor

o por lo menos alguna lágrima en los ojos helados.

 

Voces que nadie oye

y que las buenas lenguas convierten en angustia,

sabiendo que no son sino espectros de estertores

lanzados allá en el dorso de otros tiempos

por espinas ahogadas en los ríos,

por espejos y rosas transformadas en prisa.

 

Pero tú en los balcones del mundo,

endureciendo los instantes,

viendo caer silencios,

silencios amarillos de virtud o de vicio,

creando sobre la sombra la hierba agonizante.

 

Ahora sé cómo llegaste,

magnífica serena,

del sitio de los cisnes y las gladiolas,

con el tacto de las cucharas en la nieve,

soberana de las alamedas en que nos causa gusto

escuchar el eco de una virginidad perdida

en el tiempo preciso.

Agua lenta como un tumulto de caricias, de guiaba:

sonaban crudos lloros de manzanas acuchilladas,

La invitación fue clara:

acércate a la niebla en que florecen los duraznos de bronce,

la que ignora las auroras lechosas,

los días en que se palpa en tedio

y el deseo es como vaho de agonizante.

Puedes cantar, aunque tu voz es lo de menos

en esta selva donde viven ancianas cuerdas de guitarras

junto a sonatas vírgenes.

 

Aquí desconocemos las flautas y las máscaras,

y se encuentra perdida entre limones muertos

la burbuja plateada y sin sentido

de lo que allá entre prostitutas y andróginos

se llama adolescencia

Veras tierno esqueletos de poetas

conservados por milagros continuos

o por eso de hielo que a veces se desprende de la niebla.

 

Desnúdate si quieres

de todo lo que arrastras de ciudad y jardín,

porque aquí no hacen falta los pájaros

ni las avenidas del brillo

y de los senos sostenidos.

Habían crecido en torno de tu ausencia

las fiebres y los cabellos que salen de las raíces descubiertas

y eternamente soportando nieves y sudores.

Tú sabías el peso de una carrera entre plumas de canarios

ni por qué las frentes húmedas

huelen lo mismo que las estatuas despertadas

por piquetes de mariposas,

que amor es lo silba en los relojes

y esa red de silencios ahogando dedos

y pétalos de violetas,

que amor es la distancia entre los labios y los párpados

y no saber cuáles hombros

son tan perfectos

como determinados senos temblorosos.

Es inútil que suenen en los huecos del tacto

mustios intentos de crueldad pura y absoluta,

puesto que ignoras lunas y ruidos tímidos de estrellas

sobre la grupa tierna y suntuosa de la madrugada,

hacer florear escrúpulos

o martillear furiosamente sobre azucenas tibias,

tan ingenuamente canallas

como purísimas hasta el suicidio.

Ya sabes a pesar de todo

que una penumbra es el vestido invernal de los deseos,

que buscar en el alboroto de los destinos el que te pertenece

sería deshacer nudos de corbatas plateadas

o compara un mediodía

con la punta de un puñal virgen de asesinatos.

 

Entre piedra y azahares moriste

de vivir atravesando jardines

con tus piernas tan pálidas y duras,

compactos ramos de alhelíes con tus senos temblorosos,

lunas despiadadamente estúpidas

con tus miradas entre tibias y secas

como un golpe de remo en el vacío.

 

Hoy,

cuando mi cargamento de cinismo

y lo que a mis amigos distraigo de aburrimiento

divinizan la ausencia

y la sitúan con acierto en el misterio de la duda,

en el claro artificio del olvido fatal

o en el cauce tan seco de la ternura en el frio,

te recuerdo brillante y solitaria

bebiendo agua de mar con los fantasmas marineros

vegetando en las escolleras,

auténtica nieve rezumando violencia,

mi muerta sin sentido y sin burla.

 

***

Agustín Lara, María Félix, Efraín Huerta, 1945. Cortesía de Raquel Huerta-Nava.

Agustín Lara, María Félix y Efraín Huerta, 1945. Cortesía de Raquel Huerta-Nava.

«Efraín Huerta es uno de los poetas más importantes del siglo veinte en América Latina. Su exquisito manejo del arte poética aunado a su vitalidad expresiva lo convierten en uno de los epígonos de su generación. Es un poeta de ruptura; inmerso en su transcurrir histórico no duda en utilizar las técnicas neo-vanguardistas en forma magistral, creando espacios que no habían sido descubiertos en la expresión poética. Inmerso en una «estética de la impureza», contrapuesta a la «poesía pura». Efraín Huerta se consideraba «el orgullosamente marginado, el proscrito», comprometido, como todo artista auténtico, con su propia conciencia. El poeta de la rebeldía, cuya obra recupera cada vez más la fuerza expresiva al paso del tiempo, es también el poeta del amor.

Su poesía tiene muchas vertientes y nos ofrece innumerables lecturas, bebamos aquí de la vertiente luminosa de su amor, de la patria de su corazón y de su juventud que lo llevó a trascender su generación cronológica como uno más de los poetas nacidos décadas después. Es el suyo un caso extraño por su constante ruptura con los moldes y por eso falta la distancia para comprenderlo en su justa medida y trascendencia dentro de la historia literaria del siglo veinte».

Raquel Huerta-Nava

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Efraín Huerta, 1981. Fotografía de Maritza López.

Efraín Huerta, 1981. Fotografía de Maritza López.

EFRAÍN HUERTA. Nació en Guanajuato el 18 de junio de 1914; murió en 1982. Hizo sus primeros estudios en León y Querétaro. En la ciudad de México cursó la preparatoria y los primeros años de la carrera de leyes. Fue periodista profesional desde 1936 y trabajó en los principales periódicos y revistas de la capital y en algunos de provincia. Fue también crítico cinematográfico. Perteneció a la generación de Taller (1938-1941), revista literaria que agrupó entre otros, a Octavio Paz, Rafael Solana y Neftalí Beltrán. Viajó por los Estados Unidos y Europa. El gobierno de Francia le otorgó en 1945 las Palmas Académicas. En 1952 visitó Polonia y la Unión Soviética.

Dentro del grupo que integró la generación de Taller, Efraín Huerta se distinguió por su sana conciencia lírica, por su apasionado interés por la redención del hombre y el destino de las naciones que buscan en su organización nuevas normas de vida y de justicia. Sus primeros libros: Absoluto amor y Línea del alba están incluidos en Los hombres del alba, además de su obra publicada en revistas hasta 1944. El amor y la soledad, la vida y la muerte, la rebeldía contra la injusticia, su lucha contra la discriminación racial, la música de los negros, la política y la ciudad de México, son los temas más frecuentes de su poesía. Recibió el Premio Nacional de Poesía en 1976.

Obra citada:

Biografía de Efraín Huerta: http://www.los-poetas.com/c/biohuerta.htm Fecha de consulta: 2 de abril de 2014.

Raquel Huerta-Nava: http://www.literatura.bellasartes.gob.mx/acervos/index.php/component/content/article/580 Fecha de consulta: 2 de abril de 2014.

Nota del editor: Agradecemos la autorización de Raquel Huerta-Nava, para publicar en exclusiva el material poético y fotográfico de su padre Efraín Huerta, en el Mexican Cultural Centre.   

***

RAQUEL HUERTA-NAVA. Nació en la ciudad de México el 29 de junio de 1963. Escritora, editora e investigadora en humanidades. Egresada de la licenciatura en historia en la UNAM. Cursó el diplomado de historia oral en el Instituto José María Mora y el de historia de México en la Academia Mexicana de la Historia. Ha tomado talleres de poesía impartidos por Federico Patán, Enriqueta Ochoa y Francisco Hernández. Fue subdirectora de Publicaciones y Documentación del CNIPL del INBA en 1999. Ha realizado trabajos de investigación en el AGN, la Dirección de Estudios Históricos del INAH, la Dirección del Centro de Estudios Históricos del COLMEX, editorial Clío, el Colegio de Michoacán, el Archivo Histórico del Cabildo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de México, y la UP. Impartió el taller de creación histórica “El oficio de historiar” a través del CNIPL del INBA y la Biblioteca Sebastián Lerdo de Tejada. Colaboradora de las principales publicaciones culturales de la República Mexicana. Premio Nacional Vidas para Leerlas 1997 otorgado por el CONACULTA para la creación de biografías por El guerrero del alba. Biografía del caudillo de la independencia Vicente Guerrero. Becaria del INBA en 1994. Becaria del FONCA para revistas literarias 1995-1996 y 1996-1997 por El Cocodrilo Poeta.

“Quién era Emiliano Zapata”

Adolfo Castañón*

Muchos años después el abogado [Octavio Paz Solórzano, 1883-1936] seguiría rumiando sus recuerdos y en 1936, el mismo año de su muerte, publicaría la estampa titulada “Quién era Emiliano Zapata” que, como ya se ha dicho arriba, su propio hijo, el entonces joven poeta [Octavio Paz Lozano, 1914-1998] le ayudó a pasar a máquina en limpio:

Emiliano Zapata. Foto: the carlosmal.

Emiliano Zapata. Foto: the carlosmal.

Quién era Emiliano Zapata[1]

Emiliano Zapata nació en Anenecuilco, perteneciente al municipio de Villa de Ayala, pequeño pueblo cercano a Cuautla, estado de Morelos. Desde muy niño se dedicó a la agricultura. Cultivó una pequeña propiedad que poseía de unos cuantos metros cuadrados y más tarde, mediante su trabajo, logró hacer algunos ahorros y pudo tomar en arrendamiento una extensión de tierra un poco más grande, que sembró con sandías, las que se daban hermosas en aquella región, obteniendo grandes utilidades, pues llegó mes en que ganó 200 pesos con el producto de las tierras que laboraba personalmente. Por eso repetía con frecuencia: “Yo no me levanté en armas por hambre ni por obtener dinero; con mi trabajo ganaba lo suficiente para vivir”.

El terreno que adquirió en arrendamiento pertenecía a una hacienda de don Ignacio de la Torre y por cuyo motivo entró en relaciones con dicho señor, y en ocasión en que trataba De la Torre de comprar unos caballos, le suplicó a Zapata, como que era buen conocedor, que fuera a su casa de México y le diera su opinión. Accedió Zapata y revisó los animales, tal como se lo había pedido. Al regresar a su pueblo, asombrado contó a sus amigos que la casa que tenía De la Torre era un soberbio palacio; pero lo que más le había llamado la atención y admirado, era el ambiente de que estaban rodeados los caballos del rico terrateniente, pues hasta los baños de las bestias eran de mármol y al compararlos con los infelices peones de las haciendas de su tierra, que apenas tenían para comer con los cinco centavos que ganaban al día, cubiertos de harapos, con sus mujeres trabajando como bestias en los quehaceres domésticos del campo y los hijos casi desnudos, sin que un solo rayo de ilustración llegara a ellos; al pensar en todo esto y acordarse del lujo en que vivían los caballos de don Ignacio de la Torre, le embargaba una profunda tristeza. Con esta y otras injusticias que ya había observado, poco a poco fue formándose en su espíritu el deseo de rebelarse en contra de un estado de cosas tan injusto.  Sigue leyendo