Poemas de Andrés González

Crédito de la fotografía: propiedad de Andrés González.

Los siguientes poemas se publican como parte de un convenio de colaboración entre la Asociación de Escritores de México (AEMAC) y el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido, con el propósito de promover a la literatura mexicana a nivel internacional.

Presentación

Por Obed González Moreno
Presidente interino en la Asociación de Escritores de México (AEMAC)

La poesía es un ente, un alguien y se apodera de las cosas, las invade y, a la vez, posee al poeta por consecuencia es un poseído y, aunque no en todos los casos, un ser poético también. En Occidente la poesía está más influida y constituida por lo plástico, por  las imágenes y en Oriente por el sonido. En la poesía china, por ejemplo, el sonido es lo que trasgrede y armoniza con un todo, por lo mismo, cuando un poema chino es traducido a otro idioma deja de ser el poema, se pierde toda su esencia porque cada uno de los sonidos que emergen de las distintas palabras al ser traducido dejan de ser. Sin embargo, sea poesía occidental u oriental no deja de ser poesía. En la actualidad, en un mundo en el cual se rinde tributo a la imagen, la poesía es un vehículo para introducirse en uno mismo para observarse y así habitar el mundo, anidar en él y experimentarlo de otra forma, una distinta donde el encuentro con la poiesis, con la creación sea el asombro de ser sí mismo. En ocasiones, los objetos que nos rodean están tanto en nuestro entorno que dejan de existir, dejan de ser sólo para estar. El tanto pertenecer a nuestra cotidianeidad los transforma en lo invisible, cuando logramos volver a hacerlos presentes y vivos es cuando se nombran por medio del arte básicamente. El arte posee la capacidad de transformar lo invisible en lo evidente, en lo perceptible. Dejan de estar para ser, por lo mismo los invitamos a leer algunos poemas de Andrés González, para observar como lo que dejó de existir en algún tiempo y recobrar la existencia a través de la poesía.


POEMAS

I

Quiero quedarme en esta casa
aunque ya no exista
aunque ahora solo sea
el eco
de un lenguaje

pero yo la sostengo
y trato como puedo
de honrarla

la llevo en la punta
de la lengua
a veces seca
a veces húmeda

En esta casa llueve
cosas crujen
me gustaría que cayera nieve
pero no la que cubre
no la que borra

nieve cayendo en las flores
como un tesoro del cielo
como semillas de ríos que vienen

¿de qué manera podría decirlo?

intento aprender
los nombres de los pájaros y los árboles

intento aprender a rezar
y a caminar

y caminando leer
el silencio que ahora nos reúne

¿sabes?
aquí hay un pequeño gingko
y sus hojas flabeladas
se vuelven oro
con manchas verdes

II

Llegan los mirlos
y comienzan a florecer
los ciruelos
pero la Corte Suprema
ha negado al machi
Celestino Córdova el permiso
de permanecer en su rewe

entre las flores
chercanes y cachuditos

los picaflores suspendidos
hundiéndose
en los aloearborescens

han pasado
100 días
todo el invierno

mientras comienza la primavera
las huelgas de hambre siguen

III

Soy una señora
pequeña muy pequeña
que se ríe un poco
al ver a los pájaros volar
en la luz ondulante de la mañana

o de los garbanzos hinchados
luego de pasar toda la noche
soñando en cama de agua

soy una señora
que reza con sus plantas
los rayos, las suras
del Corán del sol

que habla del amor
con dos gatas pequeñas
y les cuenta
de los animales que transitan
entre las más húmedas nalcas

una señora
que piensa en poemas chinos
mientras tiende la ropa
en lo azul de una azotea

que todos los días sale al mercado
aunque no haya nada qué comprar
tan sólo para pasar junto a los altares
y persignarme
tan sólo para saludar
a otros señores y señoras
y a las frutas y los vegetales

soy una señora distraída
que se queda leyendo
las voces rápidas de las nubes

que respira tratando de seguir
el baile del viento en el mundo

una señora medio sola
que quisiera siempre
cocinar para más personas
pero por mientras cocina
para la música
de sus propias manos
nunca propias

soy una señora
que imita las voces
de los frijoles y las setas

que le gustaría construir
una pequeña casa
al interior
de un chile poblano
y decir
este es mi bosque

soy una señora que habla sola

que barre y trapea
en las mañanas
como haciéndole cariño
al lomo de un gran animal
que se sumerge en la luz

soy una señora
y el cielo me hace llorar de alegría

soy una señora
y no escucho radio
pero pego mi oreja
al espacio donde van las pilas
aunque allí no haya nada
sólo el vacío
pleno
de la voz de una señora


  • Andrés González (Santiago de Chile, 1986) mexicano-chileno. Radica en la Ciudad de México y es miembro de la Asociación de Escritores de México (AEMAC) desde el 2008. Ha publicado los libros de poesía Galaxias Hermafroditas (2012), Zodiaca (2013) y Avent00ras (2018, Beca Creación Literaria del Fondo del Libro y la Lectura, Chile). En 2020, Crear un común habitar: reflexiones, ejercicios y textos para talleres ecopoéticos, y una traducción del poeta escocés Kenneth White, Un mundo blanco.

Manuel de J. Jiménez: poeta y ensayista mexicano

Crédito de la fotografía: propiedad Manuel de J. Jiménez.

Los siguientes textos se publican como parte de un convenio de colaboración entre la Asociación de Escritores de México (AEMAC) y el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido, con el propósito de promover a la literatura mexicana a nivel internacional.


Presentación

Por Obed González Moreno
Presidente interino en la Asociación de Escritores de México (AEMAC)

Desde las culturas más antiguas de la humanidad hasta los últimos tiempos el hombre ha tratado de develar el misterio de la muerte: ¿Qué hay después de nuestro paso por la Tierra? ¿Será que el alma o espíritu traspasen portales hacia otras dimensiones? ¿Existirán otros mundos después de la muerte? ¿Existirá un Cielo y un Infierno como lo aseguran los apóstoles y clérigos? Ese misterio ha estado presente en todos los relatos de todas partes del planeta, pero ¿qué pasa en la Tierra después de la muerte propia? Ese también es algo que el humano debe de preguntarse porque también se pueden dejar bendiciones o condenas y arrojar a los dolientes a un paraíso o a un inframundo como es la idea sobre el Cielo y el Infierno de las religiones cristianas. Para esto existe una poética del testamento, según Manuel de J. Jiménez, quien en un estudio más largo nos explica su teoría y que aquí, como parte del convenio de la AEMAC con el MCC, mostramos un fragmento de este concepto.


El testamento como voluntad poética del autor o la escritura de testamentos poéticos (fragmento)

En los estudios de Derecho y Literatura existe una rica tradición que enlaza literatura con el derecho civil, es decir, con la rama jurídica que se encarga de los atributos de la personalidad, de los pactos privados y que se despliega como el motor que sustancia el principio de autonomía de la voluntad. Los ejemplos van desde el clásico shakesperiano sobre la interpretación literal del contrato en la “libra de carne” de El mercader de Venecia hasta la famosa declaración de Stendhal, quien se empapa de la prosa lacónica y sistemática del código civil como lectura modélica para la elaboración de La cartuja de Parma. Los casos en la literatura universal son bastantes y suficientes para deducir que al igual que los temas penales, las reflexiones y proyecciones sobre el derecho civil forman una constante en el imaginario de los escritores. En el presente texto, partiendo del enfoque de Derecho en la Literatura o de la intersección instrumental entre ambas disciplinas, se analizará un tópico del derecho civil: el testamento. Pero no será la doctrina civilista, en sus diversas variantes y escuelas, el marco teórico de este ensayo: el punto de partida es pensar cómo se traslapa la labor de escribir un testamento en el umbral de lo jurídico y lo literario. Cuando una persona escribe un testamento, despliega una voluntad testamentaria que implica una ética en relación con su escritura. Escribe desde lo vivencial y busca, de alguna manera, dotar de coherencia su vida y dar a conocer su “última voluntad” como norma inexcusable. Esa conclusión de la voluntad de lo que el sujeto dicta sobre lo suyo (patrimonio y bienes) posee un carácter obligatorio frente a las personas que lo suceden. La raíz ética del testamento lo conecta con la labor poética, puesto que se trata de una primera persona superlativa con poderes que van más allá de su existencia, pero, sobre todo, porque hay un afán de cesión (trasmisión o trascendencia) a través de la palabra. Los testadores, como ciertos poetas, afirman porque han vivido lo suficiente para justificar su dicho. En este sentido, se pueden leer paralelamente la voluntad testamentaria y la voluntad poética (poesis) que se extiende en los sujetos. Sin embargo, lo interesante aquí es reflexionar sobre esta última y considerar la escritura de textos que pueden obrar de modo análogo como testamentos o legados y poemas. Sin ser limitativo, se discurre que la voluntad poética puede adquirir las siguientes variantes en las piezas poéticas: a) como escritura final, b) como revisión de la vida, c) como justicia sucesoria, y d) como proyección familiar. Para ejemplificar estas variaciones en la voluntad poética se analizarán poemas de doce autores latinoamericanos: Eduardo Lizalde, Virgilio Piñera, Eliseo Diego, León Felipe, Efraín Huerta, Rosario Castellanos, Pablo Neruda, Gonzalo Rojas, Miyó Vestrini, Pablo Antonio Cuadra, Emilia Ayarza de Herrera y Claribel Alegría.

El acto jurídico-literario en la escritura testamentaria

La idea de testamento es un concepto clave en la cultura literaria de occidente; no necesariamente como tópico recurrente en la literatura universal, sino como componente trascendental en la identidad de los sujetos. En las sociedades antiguas, el testamento cumplía una función especial: era un “pasaporte para el cielo”.  La razón religiosa cubría la subjetividad a tal grado que únicamente podía entenderse bajo el plano teológico1 fue en la modernidad, después de la escisión entre el poder temporal y espiritual, que el derecho se seculariza e institucionaliza considerando el principio de autonomía de la voluntad como razón esencial y suficiente del testamento. Éste sucede como un acto de derecho privado. De un acto semisacramental, se reserva a la intimidad del sujeto, pero una intimidad que se construye desde el hogar y la familia. Por esta razón, “la desaparición de las cláusulas sentimentales y espirituales del testamento constituye el signo del consentimiento del enfermo o del moribundo a perder protagonismo y a ponerse en manos de su familia” 2. Sin embargo, si se considera la dimensión jurídica del testamento, el fin básico es establecer la voluntad postrera del sujeto, fuera de cualquier influjo exterior. Se trata de un acto “personalísimo”. Dentro de esta semántica, se liga al testamento la formalidad de ser un negocio unilateral, general y que incide en el patrimonio3. Se trata de un acto típico de mortis causa. José Manuel Fernández Hierro, basándose en Albadalejo, apunta que doctrinariamente es un “negocio solemne o formal por el que unilateralmente una persona (carácter unipersonal) establece ella misma (carácter personalísimo) para después de su muerte las disposiciones (patrimoniales o no) que le competen”4.

  • Manuel de J. Jiménez (Ciudad de México, 1986). Poeta, ensayista y académico universitario (UNAM). Fue director de la revista literaria Trifulca, Consejero Editorial de Proyecto Literal y becario del FONCA en el área de poesía dentro del programa Jóvenes Creadores. Actualmente es miembro de la Asociación de Escritores de México (AEMAC) y del Comité Editorial de la revista Poetika1. Sus últimos libros publicados son Constitución poética de los Estados Unidos Mexicanos (AEMAC-Proyecto Literal, 2017) en calidad de compilador; El otro informe. Palabra poética del 68 mexicano (AEMAC-Secretaría de Cultura CDMX, 2018), Savant (Sol Negro, 2019) y la redición chilena de su libro Interpretación celeste (Litost, 2019).

___________________________

Referencias:

1 Para Ariès, hasta principios del siglo XVIII, el sentido del testamento era obligar a la persona a pensar en la muerte y su salvación espiritual. “El moribundo estaba completamente solo.  A nadie más que a él correspondía tomar las medidas para su salvación, por vía de derecho, según las cláusulas de ese contrato de salvación que era el testamento. Como sólo puede contar consigo mismo, debe imponer sus voluntades a sus herederos, sean éstos esposa o hijos, monasterio o cofradía”. Ariès, Philippe, Historia de la muerte en Occidente. Desde la Edad Media hasta nuestros días, trad. de Carbajo y Perrin, Barcelona, El acantilado, 2000, p. 180.

2 Ibidem,p. 183.

3 Los códigos civiles latinoamericanos, aunque herederos del napoleónico, definen el testamento de distinta manera. El Código Civil de la Ciudad de México remarca la cualidad de acto personal: “Artículo 1295. Testamento es un acto personalísimo, revocable y libre, por el cual una persona capaz dispone de sus bienes y derechos, y declara o cumple deberes para después de su muerte”; el Código Civil Chileno, por su parte, duda acerca de la solemnidad del acto: “Art.  999.  El testamento es un acto más o menos solemne, en que una persona dispone del todo o de una parte de sus bienes para que tenga pleno efecto después de sus días, conservando la facultad de revocar las disposiciones contenidas en él, mientras viva”; mientras que el Código Civil de Cuba elude la definición y le da un carácter instrumental a la figura: “Artículo 476”. Por el testamento, una persona dispone de todo su patrimonio o de una parte de éste para después de su muerte, con las limitaciones que este Código y otras disposiciones legales establecen”.

4 Fernández Hierro, José Manuel, Los testamentos, Granada, Comares, 2005, p. 6.

Pero si el sentido legal del testamento se desdobla en una prohibición que establece que su escritura no puede ser cedida a un tercero y que en la ejecución del mismo un tercero no puede designar herederos ni legatarios, ¿cómo es posible observar la mano familiar y social en la redacción del documento?

El testamento, aunque parte de la individualidad exacerbada del sujeto, se plantea desde y para la colectividad afectiva del sujeto. Un testador tomará una decisión sobre legar o no legar tal bien en función de las acciones y omisiones de sus familiares. La trasmisión que hace el de cujus de su patrimonio no es una decisión ajena a la dinámica social: se trata, en todo caso, de la afirmación de su última voluntad frente a la comunidad que lo conoció y se espera, de algún modo, que su decisión recaiga en el campo de la moralidad.

Poemas de Yaxkin Melchy: poeta e investigador mexicano

Crédito de la fotografía: propiedad de Yaxkin Melchy.

Los siguientes poemas se publican como parte de un convenio de colaboración entre la Asociación de Escritores de México (AEMAC) y el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido, con el propósito de promover a la literatura mexicana a nivel internacional.

 Presentación

Por Obed González Moreno
Presidente interino en la Asociación de Escritores de México (AEMAC)

Si me preguntaran: ¿quisieras regresar a tu pasado? Les diría que no, porque si regresara a mi pasado quizás me daría cuenta que lo que recuerdo no es como yo lo recuerdo. Que lo que mi evocación ostenta como algo bello; audaz, tierno, amoroso o valiente no lo fue en realidad. De una manera terrible y violenta me percataría que mi recuerdo me ha traicionado y tal vez no sería tan feliz como lo soy ahora. Por eso, mejor no, muchas gracias, pero no. Nuestra mente es porosa para el olvido, escribió Borges al final de El aleph, y es verdad. El recuerdo es como lo deseamos rememorar, no es fiel en su totalidad y en ello consiste la magia, el vivir dos veces el mismo acontecimiento, uno donde la realidad se presenta y otro donde el recuerdo lo va delineando de la manera como él quiere. La vida va hilando sus telones con base en un entretejido de recuerdos que nos funcionan para saber que vale la pena vivirla. La historia como ciencia es interesante no tanto por los datos duros que ofrece sino por lo que se vivió y por lo poético que contienen algunos acontecimientos, esa magia que hace que se desborde la imaginación porque contiene algo asombroso. Y todavía es más sorprendente cuando el hecho histórico posee lo misterioso y cómo lo conservan muchas culturas antiguas de la humanidad donde lo extraordinario se presenta como algo impenetrable y ambiguo. Así también es nuestro recuerdo porque no podemos, y me alegro por ello, regresar el tiempo para confirmarlo. Con la implementación de las cámaras en los aparatos móviles de comunicación ahora nuestro recuerdo parecería que es más fiel pero no es así porque la misma grabación también es parte de quienes lo vivieron y cada quien lo va recordar como lo experimentó. El recuerdo es flexible como la misma vida, por consiguiente, los invitamos a leer unos recuerdos poetizados por medio de la pluma de Yaxkin Melchy, miembro de la Asociación de Escritores de México A.C.  


ZACATENCO Y LA LAGUNA DE TICOMÁN

Dios brilló en el agua
nací en un siglo sin nombre
respiré el aire de la tarde
de Zacatenco
y al poniente
se encontraba la antigua orilla
de la laguna de Ticomán
De lo que quedaba
de las flores de acahual y mosqueros cardenales
se llenaron mis ojos
a la luz del sol de la tarde
Por el nororiente la gran urbe
siguió avanzando
Por el poniente vi al cometa Hale Bopp
regresando de su larga noche
y en las épocas de lluvia
los mayates entraban por montones a la casa
Corazón, flor que tiene perfume
en otros siglos esta visión nace del polvo
y en otros siglos esta visión vuelve a la orilla del agua
en el valle sagrado que llamaron México

Corazón, flor que tiene perfume,
una nube viajera 狂雲
sueña el retorno de Quetzalcóatl
a la casa del mundo

11 de julio de 2018, Ciudad de México.

TRES MANERAS DE SER NATIVO (FRAGMENTO)

Dios, estrella del espíritu
llena mi sueño
en el vacío humilde,
en la danza de los días.

Episteme de luz,
de las flores,
deja tu graciosa palabra
descansar
en el silencio de marzo.

Estrellas
y caracoles
en la playa
escucho las olas
en mi respiración
y veo la corriente
de kuroshio,
corriente negra, antigua
visible e invisible
y pienso en la bahía
de Navachiste.
Le he dicho al poeta pescador,
—Si tomo un barco
sobre esta corriente
llegaré a México—
y nos reímos juntos,
Nāga, es su nombre,
y significa serpiente,
mensajera de aguas.
Pienso en el dragón
de las aguas del Pacífico.
En el rey dragón del Sutra del estrado.
Me siento
como un hermano menor
de una hermana mayor,
pues en tu casa,
en Suwanose,
me mencionas
a la poeta Ámbar Past
y pienso — esta casa es igual
a la casa de Ámbar
que conocí en Chiapas—

¡Ah!

Himalayas, México,
Islas tokara, mandarinas
sashimi y pescados fritos
cenamos juntos
Nāga, Rada y yo
en esta isla de 70 habitantes
y un volcán activo.

Y esa noche
antes de llegar
a la casa de Nāga (Nagasawa Tetsuo)
soñé con la basura
que atiborra
las playas
de todos los mares
y estuve aquí,
en Suwanose,
a diez horas en barco
desde Kagoshima
entre corales
y botellas de PET
de todos los mares.
Rada, me dice
—Cada tanto
la gente de la isla
recolecta la basura
para enviarla a Kagoshima,
para que la traten,
pero siempre
llega más basura
y esa basura la comen
peces, tortugas,
aves, y los animales
enferman y mueren—

Dios,
en este barco del mundo
cuida mis ojos de la basura
y de la basura en mi corazón
Muéstrame una manera
de percibir
abundante de flores
jardines, pájaros
y coral azul…

21 de marzo de 2018-9 de septiembre de 2019.


  • Yaxkin (Ciudad de México, 1985) es poeta, investigador y traductor de poesía japonesa. Es maestro en Estudios de Asia y África con especialidad en Japón por El Colegio de México y su tesis trata la visión ecológica en la poesía y vida del poeta caminante y activista ambiental Nanao Sakaki. Tradujo y publicó los poemas de Nanao Sakaki en la antología Cactus del viento (Asociación de Escritores de México, Colección Colores Primarios 2017, 2018) y ha traducido al poeta Miyazawa Kenji. Actualmente estudia el Doctorado en Humanidades en la Universidad de Tsukuba, Japón. Sus temas de estudio actual son las corrientes ecopoéticas, la identidad ecológica y la filosofía del medio ambiente. Como poeta escribió un libro titulado “El nuevo mundo” y ha publicado recientemente “Hatun Mayu” (Hanan Harawi, 2016), “Meditaciones del Pedregal” (Astrolabio, 2019) y “GAIA. Poemas en la Tierra” (2020). Escribió la columna “Ecopoéticas del haiku” para la revista en línea El Rincón del Haiku. Es editor de la editorial Cactus del viento y su página personal es: https://flordeamaneceres.wordpress.com/

César Cortés Vega: escritor y artista multidisciplinario mexicano

Crédito de la fotografía: propiedad de César Cortés Vega.

Este cuento se publica como parte de un convenio de colaboración entre la Asociación de Escritores de México (AEMAC) y el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido, con el propósito de promover a la literatura mexicana a nivel internacional.

Presentación

Por Obed González Moreno
Presidente interino en la Asociación de Escritores de México (AEMAC)

Julio Cortázar comentó alguna vez que la novela siempre gana por puntos mientras que el cuento debe ganar por nocaut. El cuento por cuestiones de la brevedad del espacio tiene que ser conciso y a la vez efectivo con personajes menos detallados, pero bien definidos. La mujer es el gran misterio del hombre, tal vez porque deseamos encontrar afuera su verdad cuando en realidad donde hay que buscar es adentro, en ese recóndito resquicio donde ellas habitan. Ese oculto lugar al que le tememos tanto los hombres que damos la vida por el mismo hecho de no estar del todo cierto de su existencia, por consecuencia en nuestro desvarío por hallarlo nos entregarnos, porque la mujer es el mismo lugar en donde deseamos habitar para ser; sin embargo, para morar en ese terreno necesitamos fundirnos con él y tememos quedarnos ahí para siempre, aunque en el fondo es lo que deseemos. En ese territorio, que es la misma mujer, nos horrorizamos al sólo pensar que podemos extraviarnos y tropezarnos con la posible amenaza y quizás no volver jamás. A no regresar al anterior que fuimos, a ser aquel vagabundo sin rumbo que siempre sabe a donde llega. Tal vez, como una consecuencia y distorsionada decisión, algunos prefieren la fría estructura de las máquinas al pensar que en ellas si podrán hallar certidumbre. Pero vaya, lo escrito en este momento sólo es un simple hilo de consciencia. Les invitamos a leer La giganta de César Cortés Vega para conocer estos hilos de consciencia.


LA GIGANTA

La moneda se desliza por el canal. Veloz, nunca registrada a lo largo de los años, pero sin una sola duda acerca de su destino final en tanto avanza: presionar el dispositivo. El edificio despierta. Toda la maquinaria opera con un mínimo impulso. Engranajes cuyo diámetro apenas supera las medidas humanas, encajados en otros engranajes que soportan todas esas toneladas. Es como verlo a través de una ranura. Como si se les explicara a los observadores cómo funciona el universo de las gigantes de concreto, su cabeza que da vueltas y vueltas para divertirnos.

Parece que aquí en el hotel nada pudo quedarse, y aún así se mueve. Vestigios en el sueño. Los hoteles son los primeros edificios en envejecer de una ciudad. ¿Qué tal un lugar que muera y siga vivo? —le pregunto a ella mientras se despierta. Sigue así, hermanita. El restaurante funcionó algunos años en la parte alta de la construcción. Se movía cuando alguien depositaba una moneda en una ranura. Desde abajo, en la noche, las luces iluminando el deglutir de gente impredecible. Y el lento girar que sobre ese esqueleto de cemento parecía tan estúpido… Es el cuerpo el que se rebela en contra de la mente, y no al contrario. O quizá el envejecimiento se realice así: la presencia del cuerpo y la mente vaporosa luchan. La vida cambia entonces: un reconocimiento de que es aburrida, mediocre, sin sentido, mientras ese par de ojetes pelean. Por eso la máquina está programada para justificar nuestra desaparición. La moneda tocando su punto más sensible. Ella, su ser escindido, ha aprendido a entristecerse a sí misma. ¿Algo así como la tristeza humana? Los hombres la programaron para salvarse de su propia melancolía. Formas particulares para procesarla, convirtiéndola en unidades de fierro y concreto que no pudieron alojar a nadie, porque el proyecto no concluyó por falta de recursos. ¿No será esa la herencia terrible que las máquinas deberán asumir para no matarse a sí mismas? —le pregunto a ella mientras se incorpora.

No se trata de melancolía pasajera que pueda ser sustituida luego por otro sentimiento, sino de lo que subyace detrás de toda emoción. Melancolía como esencia. Y ahí un lugar para quedarse, como en un hotel: el intento de soportar el sentimiento esencial, frente al mero hecho de existir. Una versión de la angustia que supone el haber sido, bajo cualquier forma religiosa, expulsados de un paraíso de maqueta. Por eso ella me detiene, me ata, le da rumbo a mi mente. No oculta su sentimiento esencial, lo cual le da un cuerpo para que el mío habite. Cuando ya no fue posible diferenciar su voz de la mía, la supe entera. ¿Cómo pudo resistir tanto tiempo sin manifestarse? —me preguntaba. ¿Podría haber aguantado más? ¿Cómo abandonar esa conciencia en el cuerpo de mi hermanita? ¿Quién era quien? Había alcanzado a ver el problema de cerca: si algo surgía de la reflexión, de seguro le era ajena a otra parte de su mente. Yo acostumbraba a jugar con ella y en ella, entonces. Pero mientras a mí los juegos se me resbalaban del cuerpo, a mi hermana se le quedaban pegados al alma.

Me asomo por sus ventanas. Estructuras rectilíneas en la ciudad; desde su mirada, parecen no tener fin. Esa limpieza, repleta de errores que no son declarados. Es la estrategia del rencor para que éste desaparezca de nuestra percepción: todo está ahí conformado para no hacer notar que su carne está repleta de zonas jodidas.

Es la estrategia del rencor para desaparecerse a sí mismo de nuestra percepción: todo está ahí conformado para no hacer notar que su carne está repleta de zonas jodidas. Lo mismo con todo habitante formado en la ciudad: no sabe hablar, no sabe nada del mundo, su diálogo pervive en el enmascaramiento del cliché, en la repetición automática de lo que a duras penas ha alcanzado a comprender y en el esfuerzo para aparentar soltura. Rectas que sugieren los caminos que debe seguir la mirada, y en las que toda sinuosidad es sospechosa. Habitantes: se puede estar hablando del procedimiento para hacer una salsa o de las leyes arancelarias en Indonesia; se puede sentir dolor por el sufrimiento ajeno e incluso del ave que se deglute. La atención está puesta en jamás declarar la propia falta y confiar en que los otros crean aquello, con la aplicación del menor esfuerzo posible. Acostumbrados a mentir, la sugerencia de cualquier secreto develado aterra, pues nunca se sabe en qué momento la acumulación de mentiras irá a salir entera, por muy pequeña que pueda ser la verdad recién descubierta. Hierbas que son abandonadas, porque mi máquina camina y mata en sueños a todo aquello que se le ponga en frente. Claro: deposito otra moneda, hermanita.


  • César Cortés Vega. Escritor y artista visual mexicano. Algunos de sus libros publicados son No tocar. Anotaciones sobre el riesgo posmexicano (ensayo, AEM-EP); Calibán no ha muerto. Para una relectura de Roberto Fernández Retamar (ensayo, Colores primarios); Poetas esclavos, máquinas soberanas (ensayo, Centro de Cultura Digital); Tanuki y las ranas (novela, Librosampleados); Abandona Silicia (novela, Amphibia editorial); Espejo-ojepse (noveleta experimental, Puntodata); Periferias y mentiras. Textos sobre arte, banalidad y cultura (ensayo, Fomento a la Cultura Ecatepac); Arx poética (poesía, Editorial Literal); o Reven (XX Premio Interamericano de Poesía Navachiste 2012). Ha presentado obra visual en México, España (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona), Dinamarca (Bienal Metropolys Laboratory), Irlanda (National College of Art and Design/Gallery), Japón (Tsubakihara group, Nagoya Artport) y Ecuador (Centro de Arte Contemporáneo de Quito). Coordina la publicación Cinocéfalo; revista de crítica y literatura (https://cinocefalo.com/). En 2018-19 desarrolló el proyecto curatorial Dossier; encuentros colaborativos apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (https://www.dossiercolaborativo.com/). Se pueden encontrar enlaces a sus proyectos en http://cesarcortesvega.com