Manuel de J. Jiménez: poeta y ensayista mexicano

Crédito de la fotografía: propiedad Manuel de J. Jiménez.

Los siguientes textos se publican como parte de un convenio de colaboración entre la Asociación de Escritores de México (AEMAC) y el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido, con el propósito de promover a la literatura mexicana a nivel internacional.


Presentación

Por Obed González Moreno
Presidente interino en la Asociación de Escritores de México (AEMAC)

Desde las culturas más antiguas de la humanidad hasta los últimos tiempos el hombre ha tratado de develar el misterio de la muerte: ¿Qué hay después de nuestro paso por la Tierra? ¿Será que el alma o espíritu traspasen portales hacia otras dimensiones? ¿Existirán otros mundos después de la muerte? ¿Existirá un Cielo y un Infierno como lo aseguran los apóstoles y clérigos? Ese misterio ha estado presente en todos los relatos de todas partes del planeta, pero ¿qué pasa en la Tierra después de la muerte propia? Ese también es algo que el humano debe de preguntarse porque también se pueden dejar bendiciones o condenas y arrojar a los dolientes a un paraíso o a un inframundo como es la idea sobre el Cielo y el Infierno de las religiones cristianas. Para esto existe una poética del testamento, según Manuel de J. Jiménez, quien en un estudio más largo nos explica su teoría y que aquí, como parte del convenio de la AEMAC con el MCC, mostramos un fragmento de este concepto.


El testamento como voluntad poética del autor o la escritura de testamentos poéticos (fragmento)

En los estudios de Derecho y Literatura existe una rica tradición que enlaza literatura con el derecho civil, es decir, con la rama jurídica que se encarga de los atributos de la personalidad, de los pactos privados y que se despliega como el motor que sustancia el principio de autonomía de la voluntad. Los ejemplos van desde el clásico shakesperiano sobre la interpretación literal del contrato en la “libra de carne” de El mercader de Venecia hasta la famosa declaración de Stendhal, quien se empapa de la prosa lacónica y sistemática del código civil como lectura modélica para la elaboración de La cartuja de Parma. Los casos en la literatura universal son bastantes y suficientes para deducir que al igual que los temas penales, las reflexiones y proyecciones sobre el derecho civil forman una constante en el imaginario de los escritores. En el presente texto, partiendo del enfoque de Derecho en la Literatura o de la intersección instrumental entre ambas disciplinas, se analizará un tópico del derecho civil: el testamento. Pero no será la doctrina civilista, en sus diversas variantes y escuelas, el marco teórico de este ensayo: el punto de partida es pensar cómo se traslapa la labor de escribir un testamento en el umbral de lo jurídico y lo literario. Cuando una persona escribe un testamento, despliega una voluntad testamentaria que implica una ética en relación con su escritura. Escribe desde lo vivencial y busca, de alguna manera, dotar de coherencia su vida y dar a conocer su “última voluntad” como norma inexcusable. Esa conclusión de la voluntad de lo que el sujeto dicta sobre lo suyo (patrimonio y bienes) posee un carácter obligatorio frente a las personas que lo suceden. La raíz ética del testamento lo conecta con la labor poética, puesto que se trata de una primera persona superlativa con poderes que van más allá de su existencia, pero, sobre todo, porque hay un afán de cesión (trasmisión o trascendencia) a través de la palabra. Los testadores, como ciertos poetas, afirman porque han vivido lo suficiente para justificar su dicho. En este sentido, se pueden leer paralelamente la voluntad testamentaria y la voluntad poética (poesis) que se extiende en los sujetos. Sin embargo, lo interesante aquí es reflexionar sobre esta última y considerar la escritura de textos que pueden obrar de modo análogo como testamentos o legados y poemas. Sin ser limitativo, se discurre que la voluntad poética puede adquirir las siguientes variantes en las piezas poéticas: a) como escritura final, b) como revisión de la vida, c) como justicia sucesoria, y d) como proyección familiar. Para ejemplificar estas variaciones en la voluntad poética se analizarán poemas de doce autores latinoamericanos: Eduardo Lizalde, Virgilio Piñera, Eliseo Diego, León Felipe, Efraín Huerta, Rosario Castellanos, Pablo Neruda, Gonzalo Rojas, Miyó Vestrini, Pablo Antonio Cuadra, Emilia Ayarza de Herrera y Claribel Alegría.

El acto jurídico-literario en la escritura testamentaria

La idea de testamento es un concepto clave en la cultura literaria de occidente; no necesariamente como tópico recurrente en la literatura universal, sino como componente trascendental en la identidad de los sujetos. En las sociedades antiguas, el testamento cumplía una función especial: era un “pasaporte para el cielo”.  La razón religiosa cubría la subjetividad a tal grado que únicamente podía entenderse bajo el plano teológico1 fue en la modernidad, después de la escisión entre el poder temporal y espiritual, que el derecho se seculariza e institucionaliza considerando el principio de autonomía de la voluntad como razón esencial y suficiente del testamento. Éste sucede como un acto de derecho privado. De un acto semisacramental, se reserva a la intimidad del sujeto, pero una intimidad que se construye desde el hogar y la familia. Por esta razón, “la desaparición de las cláusulas sentimentales y espirituales del testamento constituye el signo del consentimiento del enfermo o del moribundo a perder protagonismo y a ponerse en manos de su familia” 2. Sin embargo, si se considera la dimensión jurídica del testamento, el fin básico es establecer la voluntad postrera del sujeto, fuera de cualquier influjo exterior. Se trata de un acto “personalísimo”. Dentro de esta semántica, se liga al testamento la formalidad de ser un negocio unilateral, general y que incide en el patrimonio3. Se trata de un acto típico de mortis causa. José Manuel Fernández Hierro, basándose en Albadalejo, apunta que doctrinariamente es un “negocio solemne o formal por el que unilateralmente una persona (carácter unipersonal) establece ella misma (carácter personalísimo) para después de su muerte las disposiciones (patrimoniales o no) que le competen”4.

  • Manuel de J. Jiménez (Ciudad de México, 1986). Poeta, ensayista y académico universitario (UNAM). Fue director de la revista literaria Trifulca, Consejero Editorial de Proyecto Literal y becario del FONCA en el área de poesía dentro del programa Jóvenes Creadores. Actualmente es miembro de la Asociación de Escritores de México (AEMAC) y del Comité Editorial de la revista Poetika1. Sus últimos libros publicados son Constitución poética de los Estados Unidos Mexicanos (AEMAC-Proyecto Literal, 2017) en calidad de compilador; El otro informe. Palabra poética del 68 mexicano (AEMAC-Secretaría de Cultura CDMX, 2018), Savant (Sol Negro, 2019) y la redición chilena de su libro Interpretación celeste (Litost, 2019).

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Referencias:

1 Para Ariès, hasta principios del siglo XVIII, el sentido del testamento era obligar a la persona a pensar en la muerte y su salvación espiritual. “El moribundo estaba completamente solo.  A nadie más que a él correspondía tomar las medidas para su salvación, por vía de derecho, según las cláusulas de ese contrato de salvación que era el testamento. Como sólo puede contar consigo mismo, debe imponer sus voluntades a sus herederos, sean éstos esposa o hijos, monasterio o cofradía”. Ariès, Philippe, Historia de la muerte en Occidente. Desde la Edad Media hasta nuestros días, trad. de Carbajo y Perrin, Barcelona, El acantilado, 2000, p. 180.

2 Ibidem,p. 183.

3 Los códigos civiles latinoamericanos, aunque herederos del napoleónico, definen el testamento de distinta manera. El Código Civil de la Ciudad de México remarca la cualidad de acto personal: “Artículo 1295. Testamento es un acto personalísimo, revocable y libre, por el cual una persona capaz dispone de sus bienes y derechos, y declara o cumple deberes para después de su muerte”; el Código Civil Chileno, por su parte, duda acerca de la solemnidad del acto: “Art.  999.  El testamento es un acto más o menos solemne, en que una persona dispone del todo o de una parte de sus bienes para que tenga pleno efecto después de sus días, conservando la facultad de revocar las disposiciones contenidas en él, mientras viva”; mientras que el Código Civil de Cuba elude la definición y le da un carácter instrumental a la figura: “Artículo 476”. Por el testamento, una persona dispone de todo su patrimonio o de una parte de éste para después de su muerte, con las limitaciones que este Código y otras disposiciones legales establecen”.

4 Fernández Hierro, José Manuel, Los testamentos, Granada, Comares, 2005, p. 6.

Pero si el sentido legal del testamento se desdobla en una prohibición que establece que su escritura no puede ser cedida a un tercero y que en la ejecución del mismo un tercero no puede designar herederos ni legatarios, ¿cómo es posible observar la mano familiar y social en la redacción del documento?

El testamento, aunque parte de la individualidad exacerbada del sujeto, se plantea desde y para la colectividad afectiva del sujeto. Un testador tomará una decisión sobre legar o no legar tal bien en función de las acciones y omisiones de sus familiares. La trasmisión que hace el de cujus de su patrimonio no es una decisión ajena a la dinámica social: se trata, en todo caso, de la afirmación de su última voluntad frente a la comunidad que lo conoció y se espera, de algún modo, que su decisión recaiga en el campo de la moralidad.

César Cortés Vega: escritor y artista multidisciplinario mexicano

Crédito de la fotografía: propiedad de César Cortés Vega.

Este cuento se publica como parte de un convenio de colaboración entre la Asociación de Escritores de México (AEMAC) y el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido, con el propósito de promover a la literatura mexicana a nivel internacional.

Presentación

Por Obed González Moreno
Presidente interino en la Asociación de Escritores de México (AEMAC)

Julio Cortázar comentó alguna vez que la novela siempre gana por puntos mientras que el cuento debe ganar por nocaut. El cuento por cuestiones de la brevedad del espacio tiene que ser conciso y a la vez efectivo con personajes menos detallados, pero bien definidos. La mujer es el gran misterio del hombre, tal vez porque deseamos encontrar afuera su verdad cuando en realidad donde hay que buscar es adentro, en ese recóndito resquicio donde ellas habitan. Ese oculto lugar al que le tememos tanto los hombres que damos la vida por el mismo hecho de no estar del todo cierto de su existencia, por consecuencia en nuestro desvarío por hallarlo nos entregarnos, porque la mujer es el mismo lugar en donde deseamos habitar para ser; sin embargo, para morar en ese terreno necesitamos fundirnos con él y tememos quedarnos ahí para siempre, aunque en el fondo es lo que deseemos. En ese territorio, que es la misma mujer, nos horrorizamos al sólo pensar que podemos extraviarnos y tropezarnos con la posible amenaza y quizás no volver jamás. A no regresar al anterior que fuimos, a ser aquel vagabundo sin rumbo que siempre sabe a donde llega. Tal vez, como una consecuencia y distorsionada decisión, algunos prefieren la fría estructura de las máquinas al pensar que en ellas si podrán hallar certidumbre. Pero vaya, lo escrito en este momento sólo es un simple hilo de consciencia. Les invitamos a leer La giganta de César Cortés Vega para conocer estos hilos de consciencia.


LA GIGANTA

La moneda se desliza por el canal. Veloz, nunca registrada a lo largo de los años, pero sin una sola duda acerca de su destino final en tanto avanza: presionar el dispositivo. El edificio despierta. Toda la maquinaria opera con un mínimo impulso. Engranajes cuyo diámetro apenas supera las medidas humanas, encajados en otros engranajes que soportan todas esas toneladas. Es como verlo a través de una ranura. Como si se les explicara a los observadores cómo funciona el universo de las gigantes de concreto, su cabeza que da vueltas y vueltas para divertirnos.

Parece que aquí en el hotel nada pudo quedarse, y aún así se mueve. Vestigios en el sueño. Los hoteles son los primeros edificios en envejecer de una ciudad. ¿Qué tal un lugar que muera y siga vivo? —le pregunto a ella mientras se despierta. Sigue así, hermanita. El restaurante funcionó algunos años en la parte alta de la construcción. Se movía cuando alguien depositaba una moneda en una ranura. Desde abajo, en la noche, las luces iluminando el deglutir de gente impredecible. Y el lento girar que sobre ese esqueleto de cemento parecía tan estúpido… Es el cuerpo el que se rebela en contra de la mente, y no al contrario. O quizá el envejecimiento se realice así: la presencia del cuerpo y la mente vaporosa luchan. La vida cambia entonces: un reconocimiento de que es aburrida, mediocre, sin sentido, mientras ese par de ojetes pelean. Por eso la máquina está programada para justificar nuestra desaparición. La moneda tocando su punto más sensible. Ella, su ser escindido, ha aprendido a entristecerse a sí misma. ¿Algo así como la tristeza humana? Los hombres la programaron para salvarse de su propia melancolía. Formas particulares para procesarla, convirtiéndola en unidades de fierro y concreto que no pudieron alojar a nadie, porque el proyecto no concluyó por falta de recursos. ¿No será esa la herencia terrible que las máquinas deberán asumir para no matarse a sí mismas? —le pregunto a ella mientras se incorpora.

No se trata de melancolía pasajera que pueda ser sustituida luego por otro sentimiento, sino de lo que subyace detrás de toda emoción. Melancolía como esencia. Y ahí un lugar para quedarse, como en un hotel: el intento de soportar el sentimiento esencial, frente al mero hecho de existir. Una versión de la angustia que supone el haber sido, bajo cualquier forma religiosa, expulsados de un paraíso de maqueta. Por eso ella me detiene, me ata, le da rumbo a mi mente. No oculta su sentimiento esencial, lo cual le da un cuerpo para que el mío habite. Cuando ya no fue posible diferenciar su voz de la mía, la supe entera. ¿Cómo pudo resistir tanto tiempo sin manifestarse? —me preguntaba. ¿Podría haber aguantado más? ¿Cómo abandonar esa conciencia en el cuerpo de mi hermanita? ¿Quién era quien? Había alcanzado a ver el problema de cerca: si algo surgía de la reflexión, de seguro le era ajena a otra parte de su mente. Yo acostumbraba a jugar con ella y en ella, entonces. Pero mientras a mí los juegos se me resbalaban del cuerpo, a mi hermana se le quedaban pegados al alma.

Me asomo por sus ventanas. Estructuras rectilíneas en la ciudad; desde su mirada, parecen no tener fin. Esa limpieza, repleta de errores que no son declarados. Es la estrategia del rencor para que éste desaparezca de nuestra percepción: todo está ahí conformado para no hacer notar que su carne está repleta de zonas jodidas.

Es la estrategia del rencor para desaparecerse a sí mismo de nuestra percepción: todo está ahí conformado para no hacer notar que su carne está repleta de zonas jodidas. Lo mismo con todo habitante formado en la ciudad: no sabe hablar, no sabe nada del mundo, su diálogo pervive en el enmascaramiento del cliché, en la repetición automática de lo que a duras penas ha alcanzado a comprender y en el esfuerzo para aparentar soltura. Rectas que sugieren los caminos que debe seguir la mirada, y en las que toda sinuosidad es sospechosa. Habitantes: se puede estar hablando del procedimiento para hacer una salsa o de las leyes arancelarias en Indonesia; se puede sentir dolor por el sufrimiento ajeno e incluso del ave que se deglute. La atención está puesta en jamás declarar la propia falta y confiar en que los otros crean aquello, con la aplicación del menor esfuerzo posible. Acostumbrados a mentir, la sugerencia de cualquier secreto develado aterra, pues nunca se sabe en qué momento la acumulación de mentiras irá a salir entera, por muy pequeña que pueda ser la verdad recién descubierta. Hierbas que son abandonadas, porque mi máquina camina y mata en sueños a todo aquello que se le ponga en frente. Claro: deposito otra moneda, hermanita.


  • César Cortés Vega. Escritor y artista visual mexicano. Algunos de sus libros publicados son No tocar. Anotaciones sobre el riesgo posmexicano (ensayo, AEM-EP); Calibán no ha muerto. Para una relectura de Roberto Fernández Retamar (ensayo, Colores primarios); Poetas esclavos, máquinas soberanas (ensayo, Centro de Cultura Digital); Tanuki y las ranas (novela, Librosampleados); Abandona Silicia (novela, Amphibia editorial); Espejo-ojepse (noveleta experimental, Puntodata); Periferias y mentiras. Textos sobre arte, banalidad y cultura (ensayo, Fomento a la Cultura Ecatepac); Arx poética (poesía, Editorial Literal); o Reven (XX Premio Interamericano de Poesía Navachiste 2012). Ha presentado obra visual en México, España (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona), Dinamarca (Bienal Metropolys Laboratory), Irlanda (National College of Art and Design/Gallery), Japón (Tsubakihara group, Nagoya Artport) y Ecuador (Centro de Arte Contemporáneo de Quito). Coordina la publicación Cinocéfalo; revista de crítica y literatura (https://cinocefalo.com/). En 2018-19 desarrolló el proyecto curatorial Dossier; encuentros colaborativos apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (https://www.dossiercolaborativo.com/). Se pueden encontrar enlaces a sus proyectos en http://cesarcortesvega.com

Jocelyn Pantoja: poeta, editora y gestora cultural mexicana

Los siguientes poemas se publican como parte de un convenio de colaboración entre la Asociación de Escritores de México (AEMAC) y el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido, con el propósito de promover a la literatura mexicana a nivel internacional.

Presentación

Por Obed González Moreno
Presidente interino en la Asociación de Escritores de México (AEMAC)

La Asociación de Escritores de México presenta una serie de poemas de quien fungiera como presidente de la asociación durante un periodo muy activo de la misma. El poema es un trozo y trazo de quienes los escriben y pertenecen a un tiempo intrínseco de quien los vive. Con cada verso se va constituyendo el poema que a cada quien le pertenece y que ofrece a otros para ser un nosotros como lo es, en este caso, el habitar poético de Jocelyn Pantoja.


1.Poemas de una historia sin fin (et. al.)

Donde estaba el silencio puse el hueco,

en el reclamo dejé que la Libertad

habitara

donde estaba el corazón ahogué al mar

para tragarme las lágrimas.         

No voy desvelar mi sexo, no devoraré tus alas,

no buscaré elaboradas multitudes

para condenarme en asamblea,

sólo reclamaré lo que es mío:

mi hueco,

mí historia,

tú lugar:

los trazos de estas letras

que no se estiran para alcanzarte.

Vamos escuchando voces

−No volveremos a los labios aprendidos

/Memoria y pétalos−

sin ánimos de conjugación nada vuelve al presente.

Las historias son sábanas blancas

que se extienden

sobre las azoteas

de un millón

de labios

y lugares

hasta aquí la nostalgia,

sigue la vida.

Mi pensamiento cuando descubrí tus ojos:

Disfrutar lo que uno quiere

sólo un camino de ida y vuelta

la vuelta

un reconocimiento,

la ida

una aventura.

Soñar un poco mientras me tiendo

−como una sábana

sobre tu piel azucarada,

si no se vive de sueños,

cómo no tenerte en ellos.

Sobre las sábanas

Voy a desdoblar la sábana

dentro nuestras pieles descubiertas serán silenciosas,

este es el destino frágil de un cuerpo:

sordidez y grito en silencio,

que sin reclamos se hará palabra.

Sólo un instante seré ésta

−mujer-incendio−

Voy a quemarme entre tus dedos,

extensión del infinito,

para hacerte respirar mi nubehumo,

mientras nuestras siluetas se consumen

en la noche:

sol de nuestros cuerpos es lo que arde.

Me estiraré la sábana

cerraré los ojos para que el Sueño

me alcance.


Crédito de la fotografía: propiedad de Jocelyn Pantoja.

Jocelyn Pantoja, Ciudad de México. Poeta, editora, gestora y productora cultural. Estudió Letras Clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras FFYL de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM. Diplomada en Gestión y Políticas Culturales por la Organización de Estados Iberoamericanos OEI, el Centro Nacional de las Artes CENART y la Universidad Autónoma Metropolitana UAM. Posee una Especialización en Edición por el Centro Editorial Versal. Actualmente, es directora general y editora –desde 2003– de Proyecto Literal y –desde 2010– directora editorial de la empresa Literatura y Alternativas en Servicios Editoriales. Ha publicado cuatro poemarios. Entre 2011 y 2017, presidió la Asociación de Escritores de México, Asociación Civil AEMAC. Como gestora y editora, ha obtenido diversas becas y apoyos, entre ellas destacan: en cuatro ocasiones, la beca Edmundo Valadés para Publicaciones Independientes y, en tres ocasiones, Fomento a Coinversiones Culturales, ambas becas dependientes del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes FONCA; también, del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias PACMYC 2013, la Diversidad Social para Proyectos Colectivos, así como la beca Artes por Todas Partes. Entre 2016 y 2018, fue beneficiaria del programa Cultura Comunitaria por la Alcaldía de Tlalpan de la Ciudad de México.

Firman Convenio de Colaboración la AEMAC y el MCC

Crédito de la imagen: Asociación de Escritores de México A.C. (AEMAC).

Por Obed González Moreno
Investigador en la Asociación de Escritores de México A.C. (AEMAC)

La Asociación de Escritores de México A.C. (AEMAC), reconoce y apoya el trabajo de la diplomacia cultural que efectúa desde el 2013, el Mexican Cultural Centre (MCC), Reino Unido, a través de sus fundadores: Eduardo Estala Rojas, escritor y periodista; Lidia Ángeles García González, profesora e investigadora; así como su Consejo Consultivo y colaboradores. Con base en su experiencia profesional en cooperación internacional, acordamos realizar un convenio de colaboración que consiste en la promoción, intercambio y creación de contenidos editoriales sobre autoras y autores de la Asociación de Escritores de México A.C. (AEMAC), en la página web, redes sociales de internet y directorio de contactos del Mexican Cultural Centre (MCC).

Breve historia de la AEMAC

La Asociación de Escritores A.C (AEMAC), ha transitado por dos épocas importantes durante su existencia —en la apreciación personal—, la primera con su fundación en el año de 1964, donde se propusieron proyectos interesantes como promover y sostener relaciones de intercambio cultural, gestionar la obra de escritores, proyectar y efectuar actos culturales y hasta la conformación de una colonia urbana para los escritores, entre otros propósitos. La segunda, en el año de 2004, cuando se presenta un redescubrimiento a partir de ahondar en su historia después de un mediano periodo de inactividad que permite repensar su esencia y comienza de nuevo a hacerse presente dentro del ámbito de la cultura nacional e internacional.

Por la asociación, han desfilado protagonistas de la literatura mexicana como Salvador Novo, Guadalupe Dueñas, Carlos Pellicer, Enriqueta Ochoa, Vicente Leñero, Alicia Reyes, Carlos Montemayor, Amparo Dávila, Fernando Benítez, Rosario Castellanos, Emilio Carballido, Carmen de la Fuente, Juan Villoro y Elena Garro, entre varios más. En su segunda época, con la inclusión de nuevos escritores, tanto formados como en proceso de formación, que han dejado obra para su lectura y estudio como en el caso del poeta Marco Fonz (1965-2014) y otros escritores que ya forman parte del circuito literario actual como en los casos de Enzia Verduchi, César Cortés, Marianne Toussaint, Yaxkin Melchy, Karlos Atl, Jocelyn Pantoja, Fernando Corona y Leticia Luna, entre otros.

En esta segunda época han presidido la asociación, ejerciendo la potestad del derecho y deber de inclusión, dos mujeres. En un primer periodo Jocelyn Pantoja y, quien la dirige actualmente, Mariana Rodríguez; ambas por medio de una labor decisiva y entusiasta han logrado a través del tiempo generar proyectos incluyentes e inclusivos dentro de las áreas de la edición y la publicación de libros en los géneros de la poesía, el cuento, el ensayo y la investigación, que se distribuyen de manera gratuita. Trabajo constante que se refleja en la labor de la gestión y la creación literaria de sus miembros, los cuales han obtenido premios a nivel nacional e internacional y quienes también han generado trabajos de investigación que han sido galardonados en América y Europa, además de la gestión y realización de eventos e intercambios culturales, festivales poéticos y literarios, ciclos de cine, encuentros literarios, talleres literarios, lecturas, recitales, homenajes, conversatorios, cátedras, conferencias, coloquios y mesas de debate, tanto a nivel nacional como internacional. Es por lo tanto que se extiende la colaboración de manera fraterna con el Mexican Cultural Centre (MCC), persiguiendo una ruta en común donde la cultura y el quehacer literario de México es el fin primordial de este compromiso. 

Por derivación, la Asociación de Escritores de México A.C. (AEMAC), propone al Mexican Cultural Centre (MCC), el trabajo de los siguientes escritores para mostrar a otros públicos la literatura realizada por los mismos: Mariana Rodríguez, César Cortés, Jocelyn Pantoja, Manuel de J. Jiménez, Dalia López, Karlos Atl, Cynthia Franco, Roberto Luviano, Andrés González, René Crespo. Agradecemos este convenio que beneficia a la cultura nacional y ofrece una muestra de la importancia de la misma para los pueblos, así como el apoyo que se puede obtener a pesar de los difíciles tiempos que se presentan en el mundo, cuando existe el deseo y el compromiso con la vida. Nos confirma que la cultura genera: fraternidad, libertad y apoyo mutuo entre los individuos y las naciones.

Para más información: https://asociaciondeescritoresmex.org/mxwp/

Para conocer el convenio clic aquí.


  • Obed González Moreno es escritor e investigador. Director de la Revista de Educación y Artes de la Asociación de Escritores de México A.C (AEMAC). Licenciado en Educación, con una pasantía en investigación científica, diplomado en la Escuela de Escritores de la SOGEM, México. Ha escrito libros de poesía y ensayo. Fue premiado en el “IV Concurso Internacional de Ensayo Latinoamérica a debate”, por la Universidad Latinoamericana de Medellín, Colombia, en 2019, y en el Concurso Internacional de Investigación Cinematográfica del Festival Cine en español de Málaga, España, en 2016. Es miembro de la Red de Investigadores sobre Cine Latinoamericano (RICILA).