«Sun In Days» de Meghan O’Rourke

Selección, traducción, introducción y notas de Gerardo Cárdenas

La obra de la poeta estadounidense Meghan O’Rourke, nacida en Brooklyn, Nueva York, en 1976, sigue inédita en español pese a que la joven autora ha recibido distinciones como el May Sarton Poetry Prize, el Union League Prize for Poetry de la Poetry Foundation, la beca Lannan Literary Fellowship, dos Pushcart Prizes, y el Front Page Award a crítica literaria.

Meghan O’Rourke. Foto: Cortesía.

Meghan O’Rourke. Foto: Cortesía.

O’Rourke comenzó su carrera literaria como una de las editoras más jóvenes en la historia de la revista The New Yorker. Desde entonces, ha fungido como editora de cultura y crítica literaria de Slate, y editora de poesía así como editora consejera para The Paris Review. Sus artículos de crítica, ensayos y poemas han sido publicados en Slate, The New Yorker, The New York Times Magazine, The New York Times Book Review, The Nation, Redbook, Vogue, Poetry, The Kenyon Review, y Best American Poetry. O’Rourke ha publicado los poemarios Once (2011) y Halflife (2007), que fue finalista tanto del Patterson Poetry Prize como del Forward First Book Prize de la Gran Bretaña.

Ha publicado también el recuento autobiográfico The Long Goodbye: a memoir. (traducido al italiano y publicado por Giunti en 2013). Tras ser una de tres jueces para la selección de los Mejores Novelistas Estadounidenses Jóvenes del 2007 para la revista Granta, O’Rourke ha sido miembro del MacDowell Colony y finalista del Premio Roma de la Academy of Arts and Letters. Graduada de Yale, ha sido catedrática en Princeton, The New School, y New York University. Actualmente vive en Brooklyn, Nueva York, donde creció, y en Marfa, Texas.

En su más reciente proyecto, el aún inédito What’s wrong with me?, O’Rourke trabaja en una memoria personal, relatando la lucha que ha emprendido, a sus 38 años, contra un raro padecimiento de su sistema inmunológico. O’Rourke escribió por primera vez sobre esto en un artículo publicado en The New Yorker, 2013: http://www.newyorker.com/magazine/2013/08/26/whats-wrong-with-me

Más información sobre la autora en: http://meghanorourke.net/

Sun-In Days fue publicado por la revista Poetry en septiembre de 2013. La presente traducción incluye notas a pie de página que se vuelven necesarias debido al uso de referencias muy locales en inglés. El extenso poema es un viaje a la niñez perdida, a la eterna duración de los instantes en que todo cambia para siempre. O’Rourke explora la nostalgia desde sus cinco sentidos, cubriendo al mismo tiempo veranos e inviernos, huyendo de y volviendo a los mismos recuerdos, extraviada entre la vigilia y el sueño. Algo de Billy Collins, quizás de Eliot, se trasluce en los versos, pero la voz es plena, potente, dolorosa, propia. La primera traducción de este poema se publicó en México.


Días de Sun In [1]


1

Intenté vivir así por un tiempo,

entre los árboles, la verde brisa,

mascando Bubblicious [2] y al lado de la alberca        escupiéndolo.

El libro abierto sobre mi pecho, una toalla

en la espalda               el ¡putunc! [3] del trampolín,

y la partida que nunca llega                Basta

dijo mi madre              mi hermano

payaseando con una pistola de agua                         Basta.

Aviones como flechas hacia el silencio, catorce,

quince, dieciséis, siempre rumbo

a casa tras el verano               sobre el puente rumbo a Brooklyn.

El padre apuñalado en Orange Street,

la Betamax en la basura,

la muñeca Sasha [4] que el perro masticó, hueca

sus plásticos brazos abiertos. Limonada rosa en polvo,

lengüeteando los dulces granos

                                                                 espesos cual líquido.

Me podría quedar en esa mismidad por años

preguntándome si es mejor anticipar

a envejecer                 Imaginando

hijos de cinco hombres distintos,

una gran inundación que destruya

tus posesiones              y tú libre para errar.

Trajes de baño y manzanas y aceite bronceador

y una madre que se inclina sobre ti

la sombra de su rostro sobre el tuyo. Ya se ha ido,

esa manera, la brisa, la permanente alberca.

Un padre que dice “fantasma” y las sábanas

resbalándose de la rama del roble.

Cuando despierto, hojas

en el agua. Uno podría decir verde

para siempre y no mentir.

2

El estanque cerca de la casa en Maine

donde vivimos por un año

para “alejarnos” de la ciudad              el estanque

al que venían los patinadores                         los sábados,

rojas bufandas             a través de la blanca nieve,

voces que se acercaban y     se distanciaban,

árboles contra las nubes. Tratar de vivir

de la tierra por un tiempo. Muy duro

terminó diciendo mi padre.     ¿Qué dijo?

Olvídalo           no estabas escuchando          Vestía

overoles de pescador muchos días y apestaba a tripas.

Nuestros gritos escapaban, los verdes botes de basura

orillados junto a la blanquecina cicatriz del estanque,

tantos días como secretos a punto de ser

divulgados…

Blanca nieve;

apestar a tripas de pescado        pero tratando

de vivir:                                   el estanque cerca de la casa

y el sonido de voces             que se acercan.

Al envejecer te distrajiste, endeudado.

En el hospital al lado de mi madre

las máquinas               pitaban

los largos hilos del monitor cardiaco,

recayentes parábolas.

No vale la pena morir por esto           dijo ella.

¿Qué quiso decir? Hinchadas cáscaras, las resecas pardas

vainas de las semillas que usábamos para apretarnos las narices

y patinar           dándonos aires.

Luego los libros abrieron

sus páginas y con nuestras rojas

bufandas de lana al viento y los corazones

alguna vez invisibles de los Freezy Freakies [5]

enrojeciéndose nos perdíamos en el frío.

Botellas de Evian rozando la verja de eslabones metálicos.

Ya se ha ido     esa manera     lo verde

los aviones como flechas hacia el silencio envolturas de chicle

que resbalan hacia el suelo.

¡Oh salvaje viento del Poniente          sé nuestro amigo

y llévate la basura!

Sálvanos del                montón que hemos hecho

Basta dijo mi madre                Deja de preocuparte

por el futuro, no

nos pertenece y no le pertenecemos.

3

La superficie más resbalosa, liso

y blanco el hielo. Estoy al borde del estanque

recojo información                  se oscurece

hola algas hola peces del estanque

mi mente viaja hondo             se va.

En la playa excavo, hago un túnel

hacia las manos de la mujer que cosió

esta roja camisa          túneles hasta China.

Se hizo tan fácil           acostumbrarse a ello

la orquestación del significado

contra la noche, la vida

una torre que puedes escalar

no un montón de basura         pálidos libros ilustrados

amarillándose en los estantes.           Tan fue así

cierro mis ojos

y camino a lo largo del pasillo del hospital.

El iris parpadeante bajo la luz de marzo,

una enfermera toma el pulso de mi madre

no le pagan tanto como para ayudarnos

como nosotros quisiéramos. Y tu esperanza

se rezaga         hojeando páginas de revistas,

las modelos de Prada. De niña

era una búsqueda, sentir que explotabas cada segundo,

paletas de pudín helado          y veteranos de Vietnam

parados en la esquina sacudiendo sus vasos

de unicel.         Sosteniendo su vaso

mi madre se incorpora, acaricia al perro,

es 1982           el sol que se cuela       ella bebe su café

Basta u           olvídalo u         hola.

Mira, hice un teléfono para nosotras.

Ponte aquel vaso al oído, y yo me pondré este al mío,

y escucha        sólo necesito encontrar

uno de esos vasos de unicel

y tú que tal       a dónde fuiste

cómo es la noche por allá

eléctrica sintética ennegrecida o quemada.

4

De noche vienen hacia ti

distorsionados y brillantes, cual vieja fotografía en una caja de luz

presente,          presente,          no tanto.

¿Los inventamos en el sueño,

o siguen aún    sucediendo

en un tiempo que no podemos tocar?

El partido de hockey en la azul pantalla

de tv que brilla y ralentiza       llego a casa

a un hombre tumbado en el sofá que no llega

a saludar          todos los que se han ido están ahí

las cuchillas de los patines      gastadas

y el comentarista que no para

la cuchilla que se mueve a lo largo de la pista

dice qué disparo qué tiro.

Te ganas la vida, está hecha de días y

de días, ordinarios y pensados más no dichos, laxos

convirtiéndose en lo que pueden ser,            oscuros rollos

de diminutos sentimientos de iglesia, misteriosos, quiero decir,

e intrincados como la luz de ese alto ventanal—

intrincados y misteriosos llego a casa.

Cerca de casa paseábamos

por el espolón después de clases los chicos fumando

los sistemas de seguridad del Centro parpadeando una fiesta

disco azul roja/azul roja el río East

reflejando el horizonte de rascacielos            cornisas y nubes

podíamos escuchar el rugir de los autos al otro lado

y probar el aire químico

de las oficinas en que trabajaban nuestros padres

estábamos ahí para recogerlos

para el largo fin de semana en los Catskills

el aburrido gris de las computadoras, las inmensas

ibm Selectrics sobre los escritorios, once, donde,

trece, viajando por los túneles plagados de grafiti,

coqueteando, los chicos         agarrándonos diciendo           hey      hey.

Intercambiable un día con el siguiente.

Jon hablando de ateísmo

franjas de cabello rubio           De noche la bomba como un hongo

sobre la Estatua de la Libertad, blanca

ceguera por todas partes.      Oh, dijo ella, no te preocupes

sólo un sueño              sólo un sueño.

Todos tememos a Rusia.

Imagina            se reía ella       ¡Teníamos que

escondernos bajo los escritorios!

Olvídalo           no estabas escuchando          yo intentaba

no te apures no se logra nada

con decirte algo          el frío viento

los arces desnudos tu madre embarazada

vamos los caballos ya han pasado por la ventana

con un hijo mucho mayor que tú

que la casa por la que pasaron

el río donde todos los chicos católicos echaban a navegar barcos de hielo

tíos que se llevaba el dinero para enviar su remesa a Irlanda.

El futuro aún no ha llegado, siempre

es que va a ser,           pero te abrazo,

caminando por el espolón, treinta y seis años,

el transbordador cruza de nuevo el río.

5

y por un tiempo           lluvia sobre el camino de tierra

y el apacible gris caballo         acerco Chex Mix [6]

a su peludo      hocico pedazos de tiempo

a lo largo del verano comiendo fantasmas en la sala de juegos

Pac-Man sobrevive cuarto de dólar tras cuarto de dólar

Sigo intentando           Basta dijo ella y

Olvídalo           Estaba tratando de decirte

mi padre prepara pescado en la cocina

se moja el pulgar         para cambiar de página.

Entretanto tratas

De no lanzarte a una especie de exilio—

Oh, lees demasiados libros, dice mi amigo

Dan      Aquí está la tv. Y las suaves voces

de los niños      entrando a la habitación, suenan

tan pequeños y ligeros y posibles. Pero

no crees que siempre que alquilamos el carro

cometemos el mismo error

cuando en el último minuto,

nos apuramos para llamar a nuestros padres

antes de irnos de vacaciones.            Hace más calor

este agosto que en décadas.

Y aún el sol nos baña no es absurdo

o frío.               Grace: imagínatelo

y todos los padres del más allá dormidos

con su cabello perfectamente                         peinado

impecables rostros funerarios

al contrario

                                  de los que tenían.

En el motel Reagan están en tv         su cabello

en esa ola partida        el precio de la leche sube,

dice mi madre, inflación.        El Key Food [7] de

Montague, los azulejos de linóleo sucios y agrietados,

las vitrinas de lácteos me ponen la carne de gallina.

Esos azulejos aún siguen ahí.

Ella ha muerto ya        y él también.

Sé que suena simple decirlo

desnudo           simples azulejos de linóleo.

Tú que vienes tras de mí

estaré bajo tus pies pero         Oh,

salte de ahí, empieza de nuevo. Todos vivimos

entre superficies y                 y yo

hubiese querido           empezar de nuevo      Ven tú

sal a la calle, entre

la basura que se mueve levemente,

tu cabello alzándose al viento.            Recuerda

he pensado en ti

en las cuchillas de nuestros patines convergiendo

en el futuro etc. etc., el pasado

repositorio de lo que pudo salvarse, gracia

que riega la albahaca

                                       sobre el alféizar, hasta

que el día vuelve de haberlo visto todo,

como el proyeccionista de una película

colándose entre los rollos, el despojado sonido del tiempo—

Intenté vivir así por un tiempo

mascando Bubblicious y         escupiéndolo

sólo que olvídalo tú      estabas

si pudiera oír tu voz     de nuevo          podría fingir

levántate y brilla me dijo por la

mañana          levántate y brilla

hojas en el agua          intrincadas y

los olmos holandeses muriéndose la fresca azul alberca

trozos de tiempo          Sun-In aclarando nuestro cabello

las caras que ponían               fantasmas de sala de juegos

y lilas junto a la puerta en Maine

donde se inclinó sobre mí       se me acercó dijo huele

los aviones zumbaban            una luz púrpura           dedos

pegajosos si tan sólo pudiese oírlo

de nuevo          podrías decir para siempre     lengüeteando

los dulces granos        podrías decir para siempre     y no serlo


Notas del traductor

[1] Sun In es el nombre de un popular producto cosmético para clarificar el cabello.

[2] Bubblicious es el nombre de una conocida marca de goma de mascar en EE.UU.

[3] La autora usa thwonk en la versión original para indicar la onomatopeya de un salto sobre el trampolín. Escogí putunc como una improbable onomatopeya en español para refirmar la misma acción. 

[4] Las muñecas Sasha fueron creadas en la década de 1940 por la artista suiza Sasha Morgenthaler (1893 – 1975), discípula de Paul Klee, como una manera de representar en un juguete la diversidad racial y étnica de los niños del mundo.

[5] Freezy Freakies es una marca de guantes para la nieve que sólo se fabricaron en los Estados Unidos durante la década de 1980 y que, expuestos a temperaturas bajo cero, revelaban colores y diseños específicos.

[6] Un tipo de cereal mixto en caja para desayuno.

[7] Key Food es una cadena de supermercados independientes que sólo existen en los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Pennsylvania. La autora se refiere al que está ubicado en Montague Street, en Brooklyn.


Gerardo Cárdenas, mexicano, es escritor, poeta, traductor y periodista. Salió de México como corresponsal en 1989 y radica en Chicago desde 1998 tras haber vivido y trabajado en Miami, Washington, Bruselas y Madrid. Es autor del libro de relatos “A veces llovía en Chicago” (Libros Magenta/Ediciones Vocesueltas, 2011), Premio Interamericano Carlos Montemayor a mejor libro de relatos de 2011 y 2012. En Chicago dirige la revista cultural Contratiempo y escribe el blog En la Ciudad de los Vientos. 

The Mexican Cultural Centre: 15 voces de la cultura mexicana, México-Estados Unidos-Reino Unido

Paniel O. Reyes Cárdenas

Un aspecto sumamente interesante de las distintas definiciones de la experiencia, particularmente de la experiencia cultural, es su naturaleza inter-subjetiva, pública, colectiva y dinámica. Ciertamente la experiencia cultural es plural y dinámica: no podría ser de otra manera, ya que la formación de la identidad cultural personal es el resultado de la interacción continua y conjunta en una cultura en particular.

The Mexican Cultural Centre: 15 voces de la cultura mexicana, México-Estados Unidos-Reino Unido. Compilador: Eduardo Estala Rojas; prólogo Paniel O. Reyes Cárdenas; Colección Estudios Mexicanos, Mexican Cultural Centre, Reino Unido, 2014; 46 pp.

«The Mexican Cultural Centre: 15 voces de la cultura mexicana, México-Estados Unidos-Reino Unido». Compilador: Eduardo Estala Rojas; prólogo Paniel O. Reyes Cárdenas; Colección Estudios Mexicanos, Mexican Cultural Centre, Reino Unido, 2014; 46 pp.

Cada cultura, aunque cambiante, tiene un talante y temperamento propio y único, y está más o menos abierta al perfeccionamiento y a la expansión de sus límites en el florecimiento de los talentos. Como mexicano, creo que nuestra cultura, aunque ajena a unos límites demarcados por estar siempre abierta, tiene una poderosa identidad. La cultura, sin embargo, se puede promover o no, su enriquecimiento en el intercambio de razones y experiencias puede florecer u opacarse, dependiendo de las decisiones conscientes de promoverla y expandirla.

En tiempos en los que el impacto del conocimiento es casi una norma de aceptación para proyectos y realizaciones conjuntas han proliferado los intentos de reunir grupos, equipos y colaboraciones desde iniciativas institucionales. Estas iniciativas son signos positivos del reconocimiento de la naturaleza social y colaborativa de la construcción del conocimiento. Con todo, estas iniciativas suelen tener un carácter artificial ya que son producidas sí y sólo sí el proyecto ha sido financiado y garantizado de antemano. Hay otras iniciativas, sin embargo, que han nacido de manera natural como una expresión de la colaboración conjunta e interdisciplinar de los talentos como resultado consistente y continúo del amor al conocimiento, al arte y a la cultura.

Este es el caso del Mexican Cultural Centre (MCC), iniciativa que puede reconocerse como un fenómeno único de colaboración que ha nacido con el deseo altruista y auténtico de difundir el talento cultural mexicano desde la experiencia de extranjería. En efecto, el MCC ha permitido un espacio de intercambio plural de experiencias culturales, artísticas y cognitivas que promueven de una manera única y decidida la identidad y cultura mexicana.

Este libro es un paso más en este proceso, pues no sólo es único en su naturaleza, sino que decididamente pretende empujar los bordes de nuestra consciencia cultural a la hora de entender distintos aspectos de la diplomacia cultural presentando experiencias y pensamientos de jóvenes talentos mexicanos en su experiencia profunda de florecimiento en el contexto extranjero. Por tanto, el lector agradecerá que una colaboración tan única haya sido posible por el incansable esfuerzo del iniciador del MCC y compilador de esta colección, el escritor Eduardo Estala Rojas.


Nota del editor: Prólogo de “The Mexican Cultural Centre: 15 voces de la cultura mexicana, México-Estados Unidos-Reino Unido”. Compilador: Eduardo Estala Rojas; Colección Estudios Mexicanos, Mexican Cultural Centre, Reino Unido, 2014; 46 pp.

Aquí pueden descargar el libro electrónico sin costo:


Paniel O. Reyes Cárdenas, mexicano, es maestro y doctor en Filosofía por la Universidad de Sheffield, Reino Unido. En su tesis investigó el pragmatismo y la metafísica del realismo escolástico en C. S. Peirce. Aunque animado por su interés en la tradición pragmatista, Paniel tiene un amplio interés filosófico. Ha publicado artículos sobre filosofía de las matemáticas, metafísica, filosofía medieval, filosofía de la religión, Hegel, y sobre todo, Kierkegaard. Ha participado en un importante número de congresos académicos en más de 15 países. Fundador de la Sociedad Mexicana de Metafísica y Filosofía de la Ciencia. Actualmente realiza un posdoctorado en la Universidad de Nottingham, Reino Unido.

«Voyage a la constellation du centaure»: entretien de Don Adolfo Castañón, membre numéraire de l’Académie Mexicaine de la Langue

Eduardo Estala Rojas

Le 8 août prochain, Adolfo Castañón fêtera ses soixante ans. Au cours des années, il crée une œuvre prolifique tant de poète et de conteur que d’essayiste, d’éditeur et de critique littéraire. Parmi ses travaux, on remarque ses études sur Montaigne, Alfonso Reyes, Juan José Arreola et Octavio Paz.

Adolfo Castañón. Photographie spécial.

Adolfo Castañón. Photographie spécial.

Il est membre de l’Académie Mexicaine de la Langue depuis le 10 mars 2005 et a reçu le prix Diana Moreno Toscano (1976), le premier prix national de littérature Mazatlán (1995), le prix Xavier Villaurrutia (2008), le prix national de journalisme José Pagés Llergo (2010) dans la catégorie des programmes culturels de la télévision pour l’émission  «Les maîtres derrière les idées» diffusée sur TV UNAM. Il a aussi été promu Officier des Arts et Lettres par le gouvernement français en 2004. Aujourd’hui, il occupe le poste de bibliothécaire archiviste de l’Académie Mexicaine de la Langue et est secrétaire de la Commission de Consultations Linguistiques depuis 2005 et président de la Commission de Communication et d’Informatique depuis 2009. Enfin, Adolfo Castañón est membre du Programme de chercheurs associés du Collège du Mexique pour lequel il prépare l’édition de la seconde partie de la correspondance entre Alfonso Reyes et Pedro Henríquez Ureña (1914-1916), en collaboration avec Isaura Contreras et Alma Delia Hernández.

—En 1973, vous publiez une biographie d’Alphonse Gabriel Capone dit Al Capone, votre premier livre que vous signez d’un pseudonyme et, grâce aux droits d’auteur, vous voyagez en Europe pendant quatorze mois. Vous vivez en Israël, dans un kibboutz, et en France où se conforte votre vocation. En quoi ce voyage a-t-il été déterminant pour votre esprit encyclopédique?

—En réalité, la biographie d’Al Capone n’a pas été mon premier livre, avant il y avait eu Autobiographie précoce, une commande d’Huberto Batis, et un certain nombre de poèmes, de contes et d’essais. Le voyage a été une expérience initiatique. En plus d’Israël qui se trouvait en pleine Guerre du Kippour, je suis allé en Grèce, en Turquie, en Italie, en Espagne et en France. J’ai connu la rue où j’ai appris à dormir, j’ai vécu des aventures, la pauvreté, les intempéries, l’amitié, l’art de survivre physiquement et mentalement. Ce voyage était motivé par l’envie de savoir si la civilisation avait réellement existé. Par exemple, j’ai rejoint à pied le port grec de Patras à la ville d’Olympie distante de 175 km. Ce fut un grand tour dans l’esprit de ceux que faisaient les jeunes Anglais du XIXe siècle. Le Castañón qui a quitté le Mexique en 1973 était une personne très différente de celui qui est revenu au milieu de 1974. Le fil conducteur dans le labyrinthe du voyage a été la culture grecque et latine. Je transportais deux livres: Le cicérone de Jakob Burckhardt et l’édition française du Bain de Diane de Pierre Klossowski.

—Vous dites dans un entretien à Radio France International: «Mon premier jeu a été une fenêtre à travers laquelle je regardais passer les gens et les voitures. Les noms de ces voitures m’impressionnaient. Et j’aimais inventer des mots». Quelle est votre fenêtre aujourd’hui? Quels mots aimeriez-vous inventer au XXIe siècle?

—Mes fenêtres actuelles sont celles de l’Académie de la Langue et du Collège du Mexique, des institutions où je travaille et auxquelles j’essaye de dédier tous mes efforts. Je ne sais pas si mon truc aujourd’hui est d’«inventer de nouveaux mots», bien que je vienne de mettre au point le livre des jitanjáforas* d’Alfonso Reyes, mais j’ai toujours été attiré par le secret métier de ceux qui baptisent les nouveaux produits pharmaceutiques de noms qui, j’en suis sûr, obéissent à des règles et des codes. Je n’aimerais pas tant inventer de nouveaux mots —qui s’apparentent parfois à des étiquettes mensongères ou même mercantiles— que de donner un sens plus intense, puissant et pur à des mots comme «silence», «eau», «amitié», «roche».

—Vous êtes l’un des critiques littéraires de tradition et d’autorité pour la langue espagnole, vos livres rendent compte de cela, par exemple: Anthologie de la littérature mexicaine, América syntaxis, Voyage au Mexique. Où placez-vous la critique littéraire au Mexique, en Amérique Latine et dans les Caraïbes en cette première décennie du XXIe siècle?

—Je crois que la critique littéraire dans notre monde hispanique, américain et latin, a une fonction spéciale: celle d’aider à construire et à restaurer le sens communautaire et réanimer les traditions enfouies, expatriées ou enterrées par la destruction pratiquée par ce qu’on appelle le «progrès». Ce n’est ni le travail du lecteur critique, ni celui d’un disc-jockey —pour le dire en français— qui passe de la musique pour accompagner la dernière fête ou celui d’un camelot vantant au supermarché les nouvelles promotions déjà périmées, mais peut-être celui d’un archéologue qui va identifier dans une lande les gisements archéologiques que le sous-sol garde jalousement, les ressources grâce auxquelles le voyageur peut survivre à la longue par lui-même et vaincre les effets de la pauvreté spirituelle. Ces gisements peuvent être certainement des sources qu’il est important de conserver et de réévaluer. La mission est celle, modeste, de sauver la musique cachée du monde dans les travaux des auteurs et artistes contemporains.  

—Cela entre dans la tradition mexicaine depuis Alfonso Reyes, Octavio Paz, Juan José Arreola et José de la Colina. Où vous situez-vous dans la tradition littéraire au Mexique?

—Une tradition, c’est un peu plus qu’une donnée nationale. J’aimerais m’inscrire dans l’orbite d’Alfonso Reyes, de Pedro Henríquez Ureña, d’Octavio Paz et de leurs amis des revues Plural et Vuelta, de José Lezama Lima, Eliseo Diego, Fina García Marruz —que j’ai préfacés et intégrés dans mon anthologie—, de José Bergamín, de León Felipe, de Cyril Connolly, d’Evelyn Waugh, de George Steiner et de l’historien Harold Acton. Une tradition de style austère, presque apollinien… quoique les voix de la culture populaire telles qu’elles s’expriment à travers Carlos Monsiváis ne cessent de m’accompagner.

—En octobre 2000 et en janvier 2001 la NRF, célèbre revue française, vous a invité comme éditeur à préparer deux numéros sur la littérature mexicaine contemporaine. Quels auteurs sélectionneriez-vous pour un nouveau dossier en 2012 ? Et pourquoi?

—Je ne sais pas si je serais intéressé à refaire un dossier comme ceux-là, —strictement mexicains— qui incluaient Octavio Paz, Juan José Arreola, Salvador Elizondo, Alejandro Rossi, José de la Colina, Eduardo Lizalde et Carlos Fuentes. Si je devais refaire une anthologie de cette espèce, une gageure serait peut-être d’inclure les mêmes auteurs avec d’autres textes, mais en essayant de les mettre en correspondance avec des auteurs hispano-américains vivants ou morts comme Blanca Varela, Ramón Xirau, Eugenio Montejo, Rafael Cadenas, José Balza, José Kozer. C’est que j’éprouve la nécessité chaque fois plus pressante de nous réunir autour du foyer de la culture communautaire. J’intégrerais aussi des auteurs comme le poète Francisco Cervantes, l’historien Luis González y González, parmi ceux de ma génération les Mexicains José Luis Rivas, Francisco Hinojosa, Francisco Segovia ou encore le critique Christopher Domínguez et des plus jeunes, des auteurs comme la Mexicaine Malva Flores et la Colombienne Gloria Posada. Mais, dans la mesure où ce qui m’intéresse maintenant, c’est chercher la manière de sauver, de réunir et d’harmoniser nos lettres, je n’ai plus pour le moment le désir d’affirmer notre littérature hors de nos régions, mais celui de lui donner une signification durable à l’intérieur de notre propre espace culturel. 

—Il faut reconnaître que le monde de l’édition au Mexique manque de professionnalisation. Qu’en pensez-vous?

—Le manque de professionnalisation dans le monde de l’édition vient du fait qu’on valorise et reconnaît peu à l’université le travail éditorial en général ou dans ses différentes étapes. Ni la traduction, ni le commentaire de livres, ni la révision, et encore moins la vente ou la diffusion sont des disciplines reconnues académiquement ou appréciées d’un point de vue scientifique ou technique. Le marché de l’édition et au-delà celui de la gestion culturelle sont dans leur ensemble dominés par l’improvisation et la contingence, le népotisme et par d’autres mots en «ismes» infâmes comme celui attribué à la triste mère Malinche qui s’agenouille devant tout ce qui vient de l’étranger. Un éditeur qui se respecte doit savoir lire et écrire, relire et récrire au moins dans trois langues, sans parler de la maîtrise des terribles minuties de nature typographique. 

—Comment développer la professionnalisation de l’éditeur?

—Le problème de la professionnalisation des éditeurs est un thème qui pourrait faire partie d’une réforme universitaire générale. Je n’irai pas si loin. Je me contenterais du fait que les gens sachent lire et relire, écrire et récrire dans leur propre langue et dans d’autres, et, en plus, qu’ils possèdent plusieurs dictionnaires, mais tout dépend du type d’éditeur. Il existe beaucoup de titres et de manuels ad hoc. Voir: Martínez de Souza. A consulter aussi: Les mythes de l’éditeur de votre conseiller en lecture: Adolfo Castañón (Lectorum, 2005).  

—A quels défis est confrontée l’édition de livres face aux différentes formes de publications numériques?

—La compétition entre le numérique et le non numérique est un leurre. Il est évident qu’un bon éditeur le reste dans un espace ou dans l’autre.

—Quelle est la principale thématique de La troisième moitié du cœur, votre recueil de poèmes à paraître?

—Dans La troisième moitié du cœur, il y a bien sûr des déclarations d’amour et des déclarations de guerre. C’est un livre insondable pour moi-même, mais je crois que le lecteur pourra y trouver une carte du labyrinthe et une boussole pour en sortir.

*Type de poème bruitiste.

En espagnol:

http://www.siempre.com.mx/2012/01/viaje-a-la-constelacion-del-centauro/


Eduardo Estala Rojas est directeur et fondateur du Mexican Cultural Centre, Royaume-Uni.

Borderless Culture

Mara Maciel

A country’s culture broadcasting and promotion significantly builds up the country’s image in the rest of the world. Indeed, it works as an ambassador of that territory as well as allows a borderless gaze.

"2 Fly" by José Santos. http://www.jsantos.co.uk/

«2 Fly» by José Santos. http://www.jsantos.co.uk/

The promotion of the work of Mexican creators abroad, from abroad finally contributes to render a positive image that we wish for our country in the world. Mexico has been aim of the news from some years ago indeed, unfortunately this is due to the cruelty and violence that has been in the headlines of the media, these made us interact with gruesome and tragic scenes of men and women abused and violated. However, our country has experienced a remarkable production of cultural and artistic goods as an answer to this violence, and it is clear that the cultural politics of Mexico bets on social transformation through culture.

Technology plays a fundamental role, as it provides bringing up new audiences and possibilities for the artist’s works promotion. Nonetheless, the work of a cultural promoter from abroad can create immediate bonds with cultural and educative institutions, she facilitates independent spaces that allow the permanent interchange of the work of creators and artists.

In a recent interview Rafael Tovar y de Teresa, Minister of Conaculta (Mexico’s ministry of culture) pointed out: “our country needs to rank better, as we see that there is an international economic landscape of interest where Mexico can hold a place. The cultural side ought to be part of the strategy.”

We aim to create the networks that make possible the broadcasting and proyection of the lavish Mexican culture in the world and for the world; this implies the expansion of cultural knowledge beyond borders and that other countries are entitled to know too.

Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes Cárdenas.


Mara Maciel is Mexican, a dance and theatre artist. She is graduated as licentiate on Hispanic American Language and Literature. She has been sponsored by the Program of Support to Artistic Creation and Development and the Program of Support to Artistic and Cultural Promotion by which she attended the Programme of Training in Professional Creole Ballet in 2007-8 in Toronto, Canada. She is currently sub-Director of Cultural Promotion of Tijuana Cultural Centre, Mexico.

Imágenes de la Literatura Latinoamericana en el extranjero

Adolfo Castañón

Mientras traducía el libro de George Steiner titulado Después de Babel. Aspectos del lenguaje y de la traducción, me asaltó varias veces la tentación de corregir al autor o de completar su exposición con algunas notas al pie con menciones a los autores y obras de la cultura escrita en lengua española.

Adolfo Castañón.   Fotografía de: Jorge Dávila, Icoavs, AML.  http://www.academia.org.mx/Adolfo-Castanon

Adolfo Castañón.
Fotografía de: Jorge Dávila, Icoavs, AML. http://www.academia.org.mx/Adolfo-Castanon

Si no recuerdo mal, en el libro que cuenta más de medio millar de páginas sólo se menciona a tres escritores de nuestra lengua: al filósofo José Ortega y Gasset y a los escritores y poetas Jorge Luis Borges y Octavio Paz. Este desdén por la cultura española es una cuestión común y corriente en el ámbito de la crítica literaria y de las ciencias sociales y resulta quizá una herencia o un reflejo de la tenaz leyenda negra que hizo de la cultura española un continente perdido o desaparecido. Desde luego, hay razones de peso para explicar de algún modo esta situación: en España y sus colonias filiales quedó trunco a partir del siglo XVI el cultivo de la tradición clásica y la traducción de autores griegos y latinos se volvió oficio arriesgado gracias a la Inquisición. Los autores exponentes del nuevo experimentalismo intelectual —como Francis Bacon y Montaigne— no pudieron ver la luz oportunamente en nuestra lengua, mientras que el camino que llevó a Corneille, Racine y Moliere a inspirarse en Lope de Vega, Juan Ruiz de Alarcón, no tuvo camino de vuelta, y la cultura barroca hispánica se asfixió en los humos y cenizas de su propio apogeo. 

Al traducir a George Steiner, iba apareciendo ante los ojos de mi mente un abigarrado y animado paisaje crítico: en efecto sería apasionante escribir una historia de la traducción en los países de lengua española y portuguesa. Apasionante pero también decepcionante pues esa historia sería también una relación de ocultamientos y disimulaciones, una historia soslayada o del arte de soslayar, literalmente una criptografía histórica que terminaría buscando arcos de piedra perdidos en el páramo. Esa historia tiene dos vertientes: de un lado estarían las imágenes de la literatura latinoamericana en el extranjero; del otro, las obras de la literatura y el pensamiento europeos y americanos injertados en la América española y portuguesa.

De un lado, el teatro de la recepción europea de Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda y Octavio Paz —para sólo atenernos a los Premios Nobel. Del otro, el archipiélago de traducciones que se despliegan sobre el continente como ciudades invisibles que rectifican a las ciudades reales: ayer, por ejemplo, Benjamin Constant, Alexis de Tocqueville, Edmund Burke, los textos del Federalista, Max Weber y Norberto Bobbio en América Latina y hoy el pensamiento de François Furet, Edward Said, Jürgen Habermas. Traducción y recepción: los términos remiten a un idioma regido por las leyes de la hospitalidad intelectual.

El traductor —dice Valery Larbaud— está sentado en el último lugar: cuando le toca sentarse en algún lugar añadiríamos nosotros, pues suele suceder que en las bibliografías desaparezca el nombre del traductor. La gente no siempre se da cuenta de que está leyendo no a Montaigne sino a Constantino Román y Salamero, no a Max Weber sino a José Medina Echavarría, no a Carlos Castaneda sino a Juan Tovar.

En otro sentido, no siempre se tiene conciencia en Hispanoamérica de cuán indispensables han sido los traductores y estudiosos de sus letras. De Roger Caillois a Claude Fell, de Gregory Rabasa a Suzanne Jay Levine, Borges, Fuentes, García Márquez, Manuel Puig, deben como es obvio no poco a sus traductores pero ¿quién piensa en Jean Clarence Lambert o en Helen Vendler al hablar de Octavio Paz?

El auge editorial comercial nos hace perder de vista las traducciones hechas por amistad, gusto, simpatía. En esta categoría es irrenunciable la traducción de poesía pues es ahí donde se ponen a prueba como en un laboratorio las soluciones del idioma. El poema es el órgano vivo que pide traducción para despertar en otro idioma. El traductor vive sin cesar en otros: es un desposeído de sí mismo y un poseído por lo que traduce. El traductor tiene delante quien lo guíe. Por eso tiene la obligación de dar mejores pasos. Una obra, al ser traducida, inventará o encontrará un mundo de recepciones enteramente distinto del que lo vio nacer. Pero ese mundo, por distinto que sea, buscará reproducir la recepción inaugural o impondrá una recepción inaugural. La expresión suscita representaciones de muy diverso orden. Imagino librerías inmensas en las cuales, en un rincón, aparecen algunas obras escritas en español por autores latinoamericanos.

Recuerdo un anfiteatro en el Norte de Estados Unidos lleno de estudiantes mitad gringos, mitad “hispanos”, como ellos dicen, a cual más interesado por la latinidad criolla: los dos estudiantes sobresalientes son una enana joven riquísima y muy simpática y un mexicano alto y con granos en la cara que estudia para recobrar el país que perdieron sus padres. Evoco bandas de suecas y finlandesas, mujeres de gran tamaño y manazas de carnicero, que se abrigan con chamarras de alpaca y de vicuña mientras se inclinan hacia abajo para abrazar a sus maridos que hablan con acento quechua y tienen cara de ídolo prehispánico.

Imagino las transacciones millonarias entre una editorial y otra para llevarse a un best-seller latinoamericano, lo cual le permitirá a él terminar de pagar el departamento de su madre en su arrabal del trópico sub-húmedo latinoamericano. Imagino ruidosas fiestas en Embajadas latinoamericanas. Periódicos donde se ven abrazados el Dictador y el Escritor. Recuerdo las mesas de las librerías de viejo en cualquier ciudad latinoamericana donde las celebridades de ayer se decoloran a sol y a sombra. Busco inútilmente en mi memoria la hora y el lugar donde se adjudican en subasta los manuscritos de los escritos latinoamericanos, como en Sotheby’s o en Druot de Kafka, Breton y Eluard. ¿No es curiosa la ansiedad, el nerviosismo con que se habla del éxito internacional de nuestras letras? Y tanto estudiar a Azuela, Fuentes o Paz para que resulte que una Laura Esquivel con su Como agua para chocolate o un Paulo Coelho con su Alquimista venden en un año lo que todos ellos juntos en toda la vida.

Estas imágenes y anécdotas pueden, desde luego, aumentar y multiplicarse: un sueco recitando de memoria a Sor Juana en un invernal Estocolmo, una española diciendo de memoria Piedra de sol mientras amanece en Madrid luego de una trasnochada, una banda de jóvenes bohemios en el Metro de París jugando a rehacer Rayuela, un simposio sobre la literatura mexicana en Alabama donde la ensalada combina escritores de Chile (políticamente comprometidos), de dulce (triunfadores light) y de manteca (best-sellers).

Todas estas imágenes comparten un horizonte: una especie de complejo de inmadurez. Cierto: como en América Latina nadie —salvo nosotros: algunos de nosotros— toma en serio la literatura lo serio es la guerra, el crucifijo, la política y el football, la corrupción, el financiamiento ilegal de los partidos, los muertos, los desaparecidos mientras la literatura en realidad no es tan importante, salvo para quienes organizan los premios que la promueven. ¿Podría, por ejemplo, aplicarse a América Latina la frase que Paul Valéry dirigiera a Mallarmé: “aunque en apariencia no tenga usted noveles lectores, en cada ciudad de provincia en Francia hay un adolescente fervoroso dispuesto a dejarse sacrificar por usted”? ¿Cuántos adolescentes latinoamericanas estarían dispuestos a hacerse despedazar por Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Octavio Paz, José Lezama Lima, Alfonso Reyes, Gonzalo Rojas, Blanca Varela?

Medio siglo después de que Alfonso Reyes dijera: nosotros hispanoamericanos, hemos llegado tarde al banquete de la civilización —pero al fin y al cabo hemos llegado— aparece el famoso y sobado Boom, en parte asociado a la boga latinoamericana desencadenada por la Revolución Cubana. Reyes, Lezama, Teresa de la Parra, Azuela, Borges, Bioy, Paz fueron anteriores al mentado fenómeno editorial pero éste ganó los mercados con obras que, independientemente de la calidad, rompieron el aburrimiento en que se debatía una novela que el Nouveau Roman ya había condenado en vano a muerte. La lección que se puede sacar a partir del éxito internacional de las obras como del primer Fuentes y el primer Vargas Llosa, las de Cabrera Infante y Manuel Puig en que la experimentación era lícita siempre y cuando incluyera colores locales, alusiones regionales, violencia, guerra, guerrilla, fotonovela, carnaval, vida nocturna, magia, selvático sexo y caudillos.

El éxito arrollador de algunos de estos autores nos lleva a preguntar hasta qué punto el éxito comercial está relacionado con los sabores regionales. La poca o relativa suerte editorial en el extranjero de autores de gran envergadura y alta calidad como Juan García Ponce, Salvador Elizondo o Sergio Pitol, para hablar de México, o de José Bianco, H. A. Murena, Manuel Mújica, el propio Bioy, de Pedro Gómez Valderrama o Ricardo Cano Gaviria en Argentina nos hacen preguntarnos hasta qué punto las etiquetas de legitimación local ayudan a construir en el horizonte de una literatura unidimensional la imagen de un escritor. Sin embargo, esta conversación corre el riesgo de girar en círculos viciosos y llevarnos a argumentaciones espúreas del tipo: sólo importan en el extranjero los autores comerciales (entiéndase populares y baratos), mientras los autores difíciles y exigente tienen natural y justamente poco público. Quizá convendría para limpiar estas telarañas descansar un poco la vista en el espejo negro de la memoria.

¿Qué es la América Española y Portuguesa? ¿Culturalmente hablando dónde está la literatura hispanoamericana? No se puede soslayar el hecho de que descendemos de una cultura —la hispánica y portuguesa— que le dio la espalda a la modernidad mediante la Contrarreforma que expulsó a los árabes y a los judíos de su territorio, que abrió la Inquisición al mismo tiempo que clausuró la posibilidad de un estudio laico de las humanidades, en fin, que hablamos la lengua de un imperio que se hizo acreedor de una Leyenda Negra bajo cuya sombra todavía alentamos cautivos. Las empresas de la Emancipación y de la Independencia no mejoraron mucho las cosas. Con ellas se inicia formalmente la cultura del canibalismo y parricidio.

El criollo se sentía como un francés o un inglés que por mala suerte le había tocado hablar español. De hecho, a lo largo de todo el siglo XIX y durante buena parte del siglo XX, las instituciones republicanas asistieron de buena gana o al menos con consentida indiferencia a la destrucción de las instituciones coloniales —empezando por esa mezcla de banco, escuela, funeraria, registro civil y consultorio psiquiátrico que fue la Iglesia. Si España es la protagonista de una Leyenda Negra, el pasado colonial hispánico representaba la sobrevivencia de esa leyenda en nuestra propia casa —una leyenda que era preciso olvidar junto con la cultura que la había creado. Las convivencias republicanas nos enseñaron a ver en España y Portugal países atrasados, filosóficamente inexistentes, literariamente nulos.

Durante todo el siglo XIX, América fue un espejo de discordias y el movimiento que llevó de Estados Unidos a Inglaterra a un Henry Adams, a un William y a un Henry James, a una Edith Wharton, no tenía nada que ver con el movimiento que hizo que los mexicanos Payno o Altamirano pudieran consagrarse como novelistas exclusivamente locales —quizá porque no escribieron grandes novelas de interés universal. La insidiosa máquina del costumbrismo debilitó a no pocos de nuestros escritores, y quizá por ello los mejores talentos se han dedicado a la historia o la geografía.

El modernismo representa una ruptura pues afirma con Darío, a Casal, Gutiérrez Nájera, Asunción Silva que el idioma español representa un espacio cultural mucho más amplio y rico que la lengua que trafican los periódicos. Paralelamente al modernismo aparecen en el horizonte las recreaciones del pasado colonial —Palma, González Obregón, Riva Palacio— que aunque todavía lastrados por el costumbrismo y la documentación dejan aflorar la fantasía, los focos del trasmundo. Pero todavía subsiste el hecho de nuestra literatura, nos interesa (nos debe interesar, ¿no?) en primer lugar a nosotros mismos —cosa por demás natural: ¿cuántos novelistas finlandeses, cuantas narradoras del Camerún somos capaces de nombrar?— y eso no siempre.

Con el modernismo se dará también otra ruptura. El poeta modernista es un modelo de cosmopolitismo: el guatemalteco Gómez Carrillo vive casi toda su vida en Europa. Darío viaja incesantemente. Pero en su vida cosmopolita el poeta modernista va a descubrir que si es ciudadano del mundo lo es en primer lugar del mundo hispanoamericano. Descubre que el cosmopolitismo es un hispanoamericanismo o, mejor, un iberoamericanismo. Este descubrimiento será particularmente vivo en el París del primer tercio del siglo XX: Asturias, Carpentier, Reyes, Vallejo, Teresa de la Parra redefinen su condición hispanoamericana en el peregrinaje fuera de sus países. (Algo parecido le sucedería años antes a Martí en México y en Nueva York, años después en Madrid y en Ginebra a Borges). Alejandra Pizarnik, Copi, Julio Cortázar, Octavio Paz, Juan José Saer, Saúl Yurkievich afirmarán su vocación hispanoamericana en París; Carlos Fuentes, Vargas Llosa y Cabrera en Londres.

Esta reflexión nos permitirá situar con mayor equilibrio al Boom latinmoamericano en el extranjero. El Boomwhatever that means— ha sido importante para Hispanoamérica sobre todo puertas adentro ya que nos ha permitido el lujo pedagógico del reflujo que consiste en consumir nuestros propios best-seller como si fuesen objetos de exportación. Ha sido una columna vertebral, un bastidor tanto más frágil cuanto más intenso y rico es el conocimiento de nuestras literaturas. El luminoso Mariano Picón-Salas decía que literalmente hablando América Latina está más cerca de Europa que de sí misma: los lectores mexicanos saben muy poco de literatura guatemalteca, pero están al día de las novedades alemanas; pocos venezolanos conocen la literatura colombiana, pero vaya que se saben sus letras inglesas.

En este compás desconcertante existen algunas literaturas particularmente ausentes: Brasil y Portugal eran hasta hace muy poco hoyos negros, regiones centrípetas, continentes desconocidos; y la propia literatura española no es muy practicada entre nosotros. ¿Cuántos, por ejemplo, lamentaron la muerte del gaditano Fernando Quiñónez? En Cuautla ¿quién lee a Claudio Guillén? Otro país inmerso en el olvido y la distancia es el Caribe en sus diversas expresiones idiomáticas: nos son relativamente conocidos algunos autores puertorriqueños como Julia de Burgos, Luis Rafael Sánchez o Rosario Ferrer, pero ¿quién conoce al dominicano Marcio Veloz, al haitiano Frank Detienne? Hemos leído a André Breton pero no lo suficiente a Aimé Cesaire, a Albert Camus pero no a Jacques Stephan Alexis y si Dereck Walkott como Edouard Glissant se salvan del olvido es porque tienen lectores en Europa y les dieron —bien merecido— el Premio Nobel.

No está mal que nos preocupe el qué dirán del mundo pero es quizá más sensato que nos preguntemos qué dicen de nosotros nuestros hermanos y vecinos que los simpáticos y remotos, y no siempre inteligentes nietos de los Vikingos. Entre la traducción como estilo de vida y la recepción como estrategia de sobrevivencia, ser intelectual en América Hispana ha significado aún antes de la emancipación preguntarse qué significa tal condición, cuestionarse a propósito de ese quehacer y su sentido. La historia de la cultura hispanoamericana puede leerse como la sucesión de respuestas y declinaciones a esta pregunta. Desde la pedagogía liberal y la higiene positivista hasta la definición de la vocación singular de la raza y el crisol civilizatorio, pensar y escribir en América ha significado pensar esa circunstancia, redactar desde ese predicado: la filosofía y la crítica precisaban pasar por la historia y ésta a su vez correr el riesgo de diluirse en la geografía.

La historia de México de Justo Sierra fue además de una investigación, un ejercicio político de concordia, un ensayo intelectual de la paz social que sería uno de los valores esenciales del porfirismo y todavía hasta hace muy poco del México contemporáneo. De José Enrique Rodó —cuyo Ariel celebró 100 años de publicación— a José Vasconcelos —cuya Raza cósmica daría lema y doctrina a la Universidad Nacional y al mesianismo latinoamericano en el siglo XX, la literatura de ideas debate cómo se formulará y transmitirá la memoria nacional y regional, cuáles serán los relatos del auto-reconocimiento, las historias de familia cultural, cuáles habrían de ser los instrumentos de su crítica; entre el idealismo mesiánico de Rodó y el humanismo católico de Vasconcelos, se recorta la invención de una tradición clásica en Pedro Henríquez Ureña, en Alfonso Reyes, en Mariano Picón-Salas, en Jorge Cuesta o en Juan Antonio Ramos Sucre.

La búsqueda de un canon, la necesidad de encontrar una norma sui-géneris para contrastar la titánica, la enorme circunstancia americana, se trasluce en el título de uno de los primeros libros de Borges: El tamaño de mi esperanza que no deja de ser una discusión de la misión poética hispanoamericana. Partiendo de Walt Whitman —autor de lo que Harold Bloom llama con acierto la gnosis americana—, Borges llamará la atención sobre la desproporción entre las dimensiones y riquezas naturales del continente y los formatos e inhibiciones de la lengua y la cultura que resultan harto modestas en comparación con aquéllas. El texto de Borges es una llamada de atención respecto del naturalismo y el telurismo, pobres reflejos de la grandeza continental.

Alfonso Reyes publica en 1915 Visión de Anáhuac. No es un texto filosófico sino literario, pero la calidad de su factura, la originalidad de sus procedimientos, la singularidad de su actitud lo proyectan espontáneamente como un texto clave, faro confiable para navegar el mar incógnito de nuestro destino cultural. Más allá de su asunto: el descubrimiento de México-Tenochtitlán por los conquistadores españoles —Visión de Anáhuac— emite conceptos radicalmente pertinentes: los hispanoamericanos no nos podemos cortar la lengua: no cabe buscar la herencia prehispánica sin una búsqueda paralela de la tradición medieval y renacentista española, y ninguna de estas dos empresas es viable hoy si no se emplean todos los recursos de la literatura y la crítica modernas. No es una casualidad que se haya discutido la influencia de la Anabasis de Saint-John Perse sobre Visión de Anáhuac y por esas y otras razones, el texto de Reyes es uno de los primeros textos realmente universales de la literatura hispanoamericana moderna, un texto que hace ver que en la Edad Moderna poesía y crítica han de ir de la mano.

¿Qué significa ser escritor y artista en Hispanoamérica? La pregunta sigue como una sombra a la inteligencia americana. La historia de ésta es, repitámoslo, la de dicha pregunta. La respuesta está o puede estar en la historia de ese preguntar. Lo comprende así José Lezama Lima en La expresión americana. La historia verdadera es para Lezama la historia de la cultura, de las artes, de la pintura y de la arquitectura, de la música y las fiestas populares, de la danza y de la poesía. Lezama no sólo identificará la ciudad barroca americana como una matriz cultural. Frente a los viciosos círculos sanitarios de la razón positivista y el mercado liberal, sabrá discernir en la ciudad del arte barroco una subversiva que era imaginaria, hará ver que en la desproporción entre un continente titánico y un saber literario y filosófico modesto, existe un puente, un término medio: el arte, la cultura ¿no son continentes capaces de entregarnos una lección?

Al aprender a leernos a nosotros mismos, al desentrañar el logos incrustado en el amplio y disperso cuerpo cultural, las respuestas a las preguntas por nuestro ser y quehacer multiplican socialmente su eficacia: más allá de la República Literaria, la ciudad del Arte abre sus puertas a una ciudadanía que se define en términos amplios de un ethos, de una era imaginaria. Lezama radicalizará los postulados del humanismo católico vasconceliano, declinará el mesianismo radical de Rodó pero sobre todo introducirá una novedad: Pedro Henríquez Ureña había distinguido tres grandes coordenadas americanas; primera: la América de altura o de montaña, creadora de aparatos políticos centralistas, de ciudades aristocráticas e imaginaciones crepusculares (Bogotá, México, Quito, Lima); segunda: una América esteparia y llanera, agreste y primaria, pampera, errátil y aldeana, inmóvil en la quietud de sus horizontes inconmensurables, militar y pendenciera (la Pampa, los llanos venezolanos, los desiertos del norte de México, el bandidaje del lejano Oeste): es la América bárbara de Facundo y del general Paez, de la guerra del Chaco, es de Francisco Villa y de Martín Fierro y cuya expresión es el romance y el corrido.

Queda en tercer lugar, la América de las tierras bajas, de la costa y del Caribe: el lugar común europeo —alemán, francés e inglés— identifica tanto al llano como a la tierra caliente con la indolencia y la corrupción, es el universo pantanoso de la gana y auto-indulgencia sudamericana que el conde de Keyserling creyó discernir en el mundo argentino. Pero Lezama reconocería en el Archipiélago Antillano la cuna de un estilo —el barroco americano— donde la complejidad artística es el órgano —el panorganón— del amplio espectro cultural de la colonia y los virreinatos. Otra novedad del texto de Lezama: su diálogo con la tradición portuguesa y brasileña. Que la crítica de la cultura es una historia crítica y que la verdadera historia nos lleva a la geografía es algo que aflora en el texto de Lezama pero que Germán Arciniegas logra cristalizar en su Biografía del Caribe: a una historia crítica corresponde una geografía crítica, una conciencia del espacio en el tiempo, una memoria del tiempo hecho espacio, edad, era imaginaria.

El texto de Arciniegas, luminoso y central por más de un motivo, introduce en la conversación en torno a la identidad la variable del desdoblamiento, la corrupción y el contraste y propone un modelo cultural de la conciencia americana inspirado en la unidad de un espacio geográfico y cultural. Declina y relativiza las fronteras políticas, restituye al comercio su papel creador de la fábula americana, pero sobre todo reintroduce en el debate la conciencia de lo que los historiadores llaman la larga duración y los antropólogos la cuenta larga, los calendarios del pulso mercantil y civilizatorio.

No es extraño que la preocupación por fijar un ideal clásico, una apropiada norma elevada de justicia y belleza para América sea paralela a la propia conciencia americana. Tampoco lo es que en este continente dominado por el mito y cuya cultura no logra formular su propia situación trágica —¿no es la capitis diminutio en el fondo El pecado original de América Latina examinado por H. A. Murena?, continente asediado por las urgencias de la actualidad y donde la cultura es pervertida por las necesidades inmediatas— se empiecen a multiplicar tanteos, tientos y diferencias —para aludir a Alejo Carpentier cuyo horizonte es precisamente el calendario amplio del mito, las tablas periódicas de la antropología. Es curioso que las manecillas del reloj hispanoamericano repasen horas míticas como la que da El laberinto de la soledad. Ensayo singular pero no aislado del coloquio hispanoamericano, El laberinto de la soledad de Octavio Paz desentrañaría las eras imaginarias que se yuxtaponen en el yacimiento cultural mexicano.

La fuerza del texto deriva en buena medida del encuentro entre una certera intuición poética, un conocimiento profundo de la historia de México y un conocimiento eficaz y flexible del discurso antropológico contemporáneo —de Bataille y Caillois a Marcel Mauss, de Frazer a Lévy-Strauss. Redactado en la órbita conceptual de la España invertebrada de José Ortega y Gasset, El laberinto de la soledad conjuga las preguntas tradicionales en torno al ser y quehacer americano constelándolos, declinándolos en torno a los ejes históricos que son cráteres míticos: el diagnóstico de las heridas simbólicas del cuerpo cultural y político mexicano da lugar a una arqueología del saber americano y al nacimiento de una clínica cuyo espacio de acción son las costumbres. Genealogía de la moral ladina y criolla, el ensayo de Paz supo calar más allá de su época y de la circunstancia mexicana, y su examen de conciencia no dejó de tener réplicas en el sentido sísmico de Guatemala, las líneas de su mano de Cardoza. En Perú, donde Sebastián Salazar Bondy escribe La horrible o Julio Ortega Crítica de la identidad peruana con la cultura peruana, dibuja la otra cara de la civilización en América.

La complejidad de estos discursos que buscan tender un puente entre pasado histórico, análisis político y cultura popular es un signo de la época; los ensayos de Carlos Monsiváis se encauzan por una vertiente armónico-caótica que afirma que la cultura americana será popular o no será. El análisis sociológico de Monsiváis incluye un par de ingredientes nuevos: el mercado y la usamericanización. A las oposiciones primarias e ingenuas de un Roberto Fernández Retamar en ese Calibán que retoma el Ariel de Rodó en clave marxista, Monsiváis opone una mirada analítica, una crónica desprejuiciada de procesos de usamericanización: dime cómo te agringas y te diré qué tipo de latinoamericano eres. La aproximación de Monsiváis tiene un referente mitológico: la ciudad y dentro de ellas, las masas. Pero si Monsiváis está capacitado para entender el mercado y el supermercado de las conciencias, no parece limitado por su formación protestante para abrazar el ecumenismo católico como una vía de construcción civil. Siguiendo las huellas de la arqueología del saber nacional unificada por Octavio Paz en El laberinto de la soledad, Gabriel Zaid encuentra en el catolicismo de López Velarde, Ponce y Pellicer caminos seguros para proceder a esa reconstrucción al punto de que el discurso nacionalista revolucionario será difícilmente sostenible sin el respaldo del catolicismo civil impartido por las huestes religiosas.

¿Cómo continuar siendo hispanoamericano en un mundo donde las referencias nacionales parecen extinguirse? ¿Es posible establecer un equilibrio entre traducción y recepción? ¿No será necesario buscar ese equilibrio a partir del estudio comparado de las obras latinoamericanas traducidas a otras lenguas y de las grandes obras de la literatura y el pensamiento universales traducidos a nuestra lengua desde Latinoamérica? ¿Existirá alguna ecuación entre la fascinación por nuestra historia ostensible en la literatura latinoamericana en la avidez con que apura en traducciones el conocimiento de la historiografía moderna? Las referencias nacionales, no las regionales, se van eclipsando aparentemente (sólo aparentemente) en un mundo donde las comunidades imaginadas por la cultura impresa son sustituidas por las comunidades imaginadas por los medios electrónicos y ya no por la letra impresa. La pertinencia del análisis cultural se impone en esa perspectiva cuyo punto de fuga vertebral es la convivencia multicultural. El cubano Antonio Benítez Rojo en La isla que se repite enfoca con agudeza las disyuntivas de la asimilación y el desarraigo en el escenario de una historia que se define como cultura y una cultura que se afirma como ritual laico. Otro ejemplo es el de Ilan Stavans, mexicano-usamericano quien ha escrito una Hispanic Condition donde el angst de la transculturación que atormentaba a José Vasconcelos y se invierte en la descripción del crisol latino que propulsa a la cultura usamericana contemporánea.

Pero si México no es un país sino un continente, si cada región de nuestros países —por ejemplo, un Departamento en Caldas, Colombia— tiene las dimensiones de una nación europea, ¿no será sensato pensar que la descripción de nuestra cultura ha de ser plural y que Iberoamérica más que una cultura es una civilización? Esta es la intención inicial del Espejo enterrado (obra que ensaya en cierto modo una teatralización de la recesión) de Carlos Fuentes que prolonga el dispositivo pluridisciplinario de Lezama e inaugura el horizonte de la multiculturalidad. El mensaje de Fuentes en ese libro no es muy distinto del de Arciniegas en una obra poco citada fuera de Colombia: La América de siete colores. Es un mensaje que tiene que ver con Whitman y su gnosis americana pero que la radicaliza al invitarnos a reconocer en nuestra cultura un panteón abigarrado donde judíos, árabes, celtas, iberos, católicos de Pedro el Ermitaño, jacobinos de cepa republicana, usamericanos, hispanoamericanos de primera hora, revolucionarios y positivistas configuran un animado y bizarro cuadro de transculturaciones al interior de una misma cultura.

Es de buena educación concluir con notas optimistas. Destacaré una: A diferencia de las letras francesas o italianas o alemanas, la hispanoamericana es una literatura en expansión y cuyos procesos creativos aún no concluyen, y se están dando por así decir ante nuestros propios ojos —hemos conocido a Rulfo y a Cardoza, a Borges y a Paz, a Pellicer y a Zaid, a Juan José Arreola y a Cintio Vitier, a Gabriel García Márquez y a Efraín Huerta, a Elizondo, a García Ponce, a Gonzalo Rojas y a Blanca Varela. También su saber y crítica están en desarrollo: hace una generación referirse a un usamexicanista (o sea un mexicanista norteamericano) era hablar de un suicida frustrado. Hoy los estudios latinoamericanos en las universidades usamericanas son una industria en desarrollo. Nunca como ahora había habido ediciones críticas (como por ejemplo los edificios editoriales de la Asociación Archivos con su cuarentena de obras rigurosamente anotas, especie de Pleiade hispanoamericana o de Modern American Library latinoamericana). Aunque no exista aun el relevo de Cuadernos Hispanoamericanos. Estos estudios comparten un horizonte: una comprensión íntegra de la cultura hispana es una comprensión abierta y multidisciplinaria, necesitada de erudición y amplitud. Una comprensión multidisciplinaria. Por eso quizá la mejor manera de prepara el porvenir sea en nuestro caso mirar con ojos nuevos al pasado y a esa variedad elusiva del pretérito que llamamos presente.


Adolfo Castañón, mexicano, es poeta, narrador, ensayista, traductor, editor y crítico literario. Estudioso de las obras de Michel de Montaigne, Alfonso Reyes, Juan José Arreola y Octavio Paz. Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Ha sido miembro del consejo de redacción de varias revistas en Latinoamérica, como Vuelta, Letras Libres, La Cultura en México, Plural, Gradita y Literal.

Cross-cultural Dialogue

Rose Mary Salum

Art is the manifestation of a nation’s soul. If we ponder of a State not as a unity, but as the sum of the people forming it as it is, then it is simpler and less abstract to denote its art as the manner in which the set of people expresses itself. 

Art: "Fly" by  José Santos.  http://www.jsantos.co.uk/

«Fly» by José Santos. http://www.jsantos.co.uk/

To halt support this dimension of society is as though cutting half of its being. In times in which consumerism is the rule it is ever so important to exalt this other part of human beings.

As for my particular case, since I left Mexico I realised that Mexican culture is only appreciated in very narrow and selected circles of educated people. The rest of the people does not really know who we are, let alone when they openly show contempt for what is Mexican. When I faced straightforwardly with such realisation (it is never the same to know this by TV or newspapers as living it in your own flesh), I decided that the responsibility was to shift this mindset in a one by one basis.

I, then, introduced ‘Literal’ magazine as a way of establishing a cross-cultural dialogue, in order to create a mean capable of export the richness of our artistic expressions abroad and by collaborating in the means that each individual’s ability suppose to spread our soul in the English-speaking world to be appreciated. Hence the importance of supporting art and culture in Mexico from abroad. Thence the need of people like you, reader, that regardless of distance from your country feel the duty of promote our soul.

Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes Cárdenas.


Rose Mary Salum is Mexican, founder and director of ‘Literal, Latin American Voices’, a bilingual magazine. She is author of the books of tales “Entre los espacios” (Spaces in Between) and “Vitrales”. She was guest editor of Hostos Review for the compilation of Almalafa and Caligrafía, Latin American writing of an Arabic origin (2010). Her poems and stories are included in anthologies from the USA, Australia, Argentina, Mexico, Colombia, Poland and Spain. She won the Terra Austral award, the Ana María Matute (Torremozas) Award, the Hispanic Excellence Award, the Lone Star Award, CELJ award, and the Classical Award given by the University of St. Thomas as well as the Maggie Award. We suggest to visit  http://www.literalmagazine.com/

Cuatro poemas de Wallace Stevens

Gerardo Cárdenas

No es fácil leer, mucho menos traducir a Wallace Stevens (1879-1955). Harold Bloom lo consideraba como la pieza fundamental de la poesía estadounidense del siglo XX, y a partir de él construye una crítica de los autores modernos de ese país. Hay quien estará en desacuerdo por muchas razones. A mí me gusta Stevens tanto como Merwin, Simic, Berryman, Anne Carson o Sylvia Plath.

Gerardo Cárdenas. Fotografía de Andrea Ojeda.

Gerardo Cárdenas. Fotografía de Andrea Ojeda.

Es innegable la fuerza poética de Stevens, su impresionante cadencia, la gran profundidad de sus versos. La oscuridad y erudición de los temas, y la peculiar musicalidad de su lenguaje hacen muy difícil la traducción. Así, mis dos poemas favoritos de Stevens: “Notas a un oboe” y “Las auroras de otoño”, los considero intraducibles, al menos en el sentido de que intentar traducirlos implica tasajear su ritmo y música. De los que seleccioné para el Mexican Cultural Centre, no puedo hablar más que de aproximaciones. Los tres primeros aparecen en The Collected Poems (Vintage Books, Nueva York, 1982), que es la mejor recopilación de su obra. El último fue escrito en 1954, prácticamente en los últimos meses de vida de Stevens, y apareció póstumo.

En “Variaciones a un tema de Williams”, un poeta discute con otro; casi podemos decir que Stevens le arrebata la palabra. De carreras casi paralelas, Williams y Stevens estaban en constante pugna estética. Stevens toma el poema de Williams y lo despoja de romanticismo para hacerle una crítica descarnada y altamente estética.

De “Credencias del verano”, un largo poema, escogí las tres primeras estrofas. No pude dejar de pensar al leerlo y traducirlo en el Desayuno sobre la hierba de Manet. “Mundo sin peculiaridad” pertenece al poemario Las auroras de otoño. Ahí vemos al Stevens más maduro y a un hombre sabedor de la proximidad de su muerte. Stevens, muchas veces áspero, pelea con su padre y su madre, que siente la inevitabilidad de su propio fin. La pobreza del polvo, insiste el poeta; polvo en que se convertirá.

Stevens encontraba paz y descanso en los Cayos de la Florida. Esa fue, seguramente, la inspiración del último de estos poemas: Of Mere Being, que me atrevo a traducir como “Apenas el ser”. Leo en este poema al Stevens agonizante, quien se va despidiendo y del que apenas queda el lenguaje: ígneo y terrible. Apunto al uso en mi traducción del término “ígneas” ante la virtual imposibilidad de traducir el neologismo que inventa Stevens: “fire-fangled feathers”. Lo que importa para Stevens es que el lenguaje sea la música, y ésta el vehículo de la imagen.


Variaciones a un tema de Williams

¡Es un extraño valor
el que me das, antigua estrella:

brillando sola en el alba
a la que no prestas nada!

I

Brilla sola, brilla al desnudo, brilla como el bronce
que no refleja mi faz ni ninguna otra parte
de mi ser, brilla como fuego, que nada refleja.

II

Nada prestes a ninguna humanidad
que te bañe en su propia luz.
No seas quimera de la mañana,
mitad hombre, mitad estrella.
No seas una inteligencia,
como el ave viuda
o un viejo caballo.


Credencias del verano

I

Ahora en mitad del verano con todos los tontos sacrificados
y las furias de la primavera consumidas y aún muy lejos
de las primeras inhalaciones del otoño, los polluelos
están en la hierba, las rosas cargadas con el peso
de su fragancia y la mente ha pospuesto sus tribulaciones.

Ahora la mente pospone sus tribulaciones y considera.
A esto llegan los sacudimientos de la memoria.
Hoy es el último día de un cierto año
más allá del cual nada queda del tiempo.
A esto llega, y a la vida imaginada.

Nada más fue inscrito ni pensado ni sentido
y esto debe reconfortar la corteza del corazón
contra falsos desastres —aquellos padres estacionarios,
aquellas madres que tocan, hablan, están cerca,
aquellos amantes que esperan sobre la seca, suave hierba.


Mundo sin peculiaridad

Grande y fuerte es el día—
pero su padre era fuerte, aquél que yace ahora
en la pobreza del polvo.

Nada puede ser más discreto que la manera
en que la luna avanza hacia la noche.
Pero lo que fue su madre regresa y llora sobre su pecho.

La roja madurez de redondas hojas está cargada
de las especias del rojo verano.
Pero ella a quien él amó se enfría al menor de sus roces.

¿De qué sirve que la tierra esté justificada,
que esté completa, que sea un fin,
que en sí misma sea suficiente?

Es la tierra misma que es humanidad…
Él es el hijo inhumano y ella,
ella es la fatídica madre, a quien él no conoce.

Ella es el día, el paso de la luna
entre las jadeantes especias y, a veces,
él también es humano y la diferencia se esfuma.

Y la pobreza del polvo, esa cosa sobre su pecho,
esa detestable mujer, ese lugar sin sentido,
se vuelven un solo ser, firme y verdadero.


Apenas el ser

La palmera al final de la mente,
más allá del último pensamiento, se yergue
en el broncíneo decorado.

Un ave de dorado plumaje
canta en la palmera, sin significado humano,
sin sentimiento humano, un canto foráneo.

Es ahí cuando sabes que no es la razón
la que nos hace felices o infelices.
El ave canta. Sus plumas brillan.

La palmera permanece al filo del espacio.
El viento se agita suavemente en el ramaje.
Penden las ígneas plumas del ave.

 


Gerardo Cárdenas, mexicano, es poeta, escritor, traductor y periodista cultural. Ha vivido en Madrid, Bruselas, Miami, Washington, D.C., y Chicago desde que salió de México en 1989. Radicado en Chicago a partir de 1998, es actualmente director editorial de la revista cultural contratiempo (http://contratiempo.net). Sus artículos, cuentos y poemas han sido publicados en medios impresos y electrónicos de México, Estados Unidos, España, Venezuela, y República Dominicana. Como narrador, ganó el premio John Barry de Ficción en Español desde Chicago en 2004 y 2007, y el segundo lugar del concurso de literatura erótica “Los Cuerpos del Deseo” de NeoClubPress, Miami, 2012. En 2011 publicó la colección de relatos “A veces llovía en Chicago” (Libros Magenta/Ediciones Vocesueltas), que se hizo acreedor al Premio Interamericano Carlos Montemayor de Literatura a Mejor Libro de Relatos. Un segundo libro de relatos “Correr es de cobardes”, se publicará próximamente. Relatos suyos han sido antologados en “El libro de los monstruos” (Escuela de Fantasía, Bubok, Madrid, 2012), “Los cuerpos del deseo: cuentos eróticos” (NeoClubPress, Miami, 2012) y “Bajo los adoquines está la calle” (Taller de Escritura Creativa Enrique Páez, Madrid, 1998). Trabaja actualmente en una novela y un poemario. Además de sus actividades literarias y editoriales, publica el blog “En la Ciudad de los Vientos” y es director de comunicación de la Organización No Gubernamental AARP en el Estado de Illinois, Estados Unidos. http://gerardo1313.wordpress.com/

Mexican Cultural Centre: Creation and international dialogue

Eduardo Estala Rojas

The Mexican Cultural Centre (MCC) is the first cultural virtual centre non-profit organisation registered in the United Kingdom. The MCC promotes and spreads Mexican culture in international collaboration with academic, artistic, and cultural projects.

Nottingham, United Kingdom. Photo: Eduardo Estala Rojas.

Nottingham, United Kingdom. Photo: Eduardo Estala Rojas.

The MCC holds with a team of skilled Mexicans as Adriana E. Vera Pérez, Ana L. Pazos González, José L. Santos López and Paniel Reyes Cárdenas. All our activities and contents uphold a high quality standard. Thanks to our joint effort and work, José Antonio Meade Kuribreña, Minister of Foreign Relations of Mexico, addressed us a diplomatic letter dated the 30th of January 2014 to Nottingham, UK. In his letter, he aimed to provide us of: “an acknowledgment for achieving to bring together a plurality of expert collaborators, whose participation yields in the quality of the edited works by this centre at your charge.”

Creation and international dialogue

For Salvador Venegas-Andraca, a PhD in Physics and Computational Science by the University of Oxford, England, “Mexico is native producer of artistic and scientific knowledge. Unfortunately, the image of Mexico abroad does not pay justices to our creative capacity.” On the work of the MCC he utters: “In this context the work of the MCC is justified: the high quality of the contents and their prompt publication using modern communication tools such as Facebook and e-mail lists, for example, made the MCC a necessary reference in Mexico and Europe.”

Sofía Alejandra González De Aguinaga is a BA in Marketing and holds a Master degree in Tourism, Environment and Development by King’s College London; she received a grant from CONACyT, and thus asserts: “The MCC is performing an excellent work of cultural broadcasting of Mexico’s culture and Mexico’s talent. This is a unique webpage that managed to sum up efforts to communicate with great quality both in structure and contents, written articles by professional that span not only Mexico’s but other international specialists. The fact that the contents of the website range different topics within the Mexican cultural context as well as written from different viewpoints makes ever more interesting its reading and, thus, more accessible. In addition, the MCC knows how to mingle the experiencies of Mexicans in the United Kingdom as well as publicise different events, conferences and call for applications in the UK, serving as a culture binder. Finally, the partnership of the MCC with other publications and organisations provides a significant boost to the website as well as its contents in terms of a broader outcast. In addition, little by little, the outreach of the MCC website has grown considerably and steadily through the use of social networks such as Facebook and the weekly newsletters. Consequently, I am altogether sure that the MCC will keep growing and delighting us with its contents.”

Ana Laura Pazos González, is a writer and master on Humanities by Anahuac University, Mexico, she expressed: “In these later times, the capital of the United Kingdom —where all accents and languages are heed— makes us think in a modern Babel Tower. The voice of Mexico is read in a loud and clear voice and in the social networks of the MCC, its span not only engulfs the British Isles, but also in different countries where the Spanish tongue is understood. It is through the articles, poetry, essays and stories published by the MCC that the Mexicans abroad can feel themselves closer to home, whereas the foreigners have an opportunity of approaching the cultural Mexican landscape”. Pazos González is Director-general of the Mexican cultural magazine “Bicaalú” and author of the book: “Parvada blanca en la ciudad.”

Last but not least, Adriana Elizabeth Vera Pérez, who works in the Program of Latin-American History at the University of Chicago, U.S.A., points out: “The MCC is fulfilling its aims, namely to introduce, promote and broadcast the various activities related with art and culture in its different manifestations in our own country, Mexico, and beyond its borders, in different cities of other countries in a clear and accessible manner. Information of various events is broadcast across localities and a wide range of cultural topics is made known. Another outstanding achievement is the acquaintance that has begotten in introducing Mexico’s culture in England and other European countries, both directly as well as indirectly reaching universities, cultural, artistic, governmental and social organisations.”

Editor’s note: This article has been published in its original Spanish version in various international media.

Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes-Cárdenas.


Eduardo Estala Rojas is Director-general of the Mexican Cultural Centre, Nottingham, United Kingdom.

A Gaze from the Outside: Cultural transactions from abroad

Liliana Pedroza Castillo

Given that diplomatic relations between countries are often introduced as though it was a feast of distinctive arts and unique culture, it is necessary to rethink how to establish these links of communication between different cultures.

Nottingham Castle, United Kingdom. Photograph: Eduardo Estala Rojas.

Nottingham Castle, United Kingdom. Photograph: Eduardo Estala Rojas.

I discern from my own experience in cultural exchange within and without Mexico in the alternative spaces of cultural negotiation: it is paramount and necessary to show the artistic discourse surrounding the fringes of cultural marketing, i.e. that discourse that hardly comes out to be appreciated by the broader public and nonetheless spans in a network of connecting little places and small doses. Galleries, libraries, pubs, theatres, parks, any place can be a venue to gather artists of different fields and create a suitable atmosphere for the interactions across creators and spectators: they generate spaces for the encounter with the public deliberately summoned to share an entire afternoon or a key moment of the day’s routine. They generate a new audience. They provoke the crossover of art with daily life blurring its borders. They allow to play with the spaces, the artists, the spectators assorted in all possible manners. They elicit awe.

The cultural attaché is also a mediator between the artist and the public. However, she ought not to be seen just as an intermediate point, mean, conduct, but as a curator of a complex cultural interdisciplinary discourse. The cultural attaché is an aerialist that must tense the rope that will be her way between tradition and breakthrough art, this happening in a cultural dynamic of constant renovation—those static paradigms present in the foreign imagination and societies of a nation against the vital flux that transforms and rejuvenates the same paradigms. The cultural attaché is mediator between the own and the foreign gaze.

While cultural activism diversifies and is transformed through the numerous artistic inputs, the development of cultural diplomacy is tempted to fall in the stagnation of bureaucracy, of a limited range of defined action, of repetition. The development, rather, aims to cross roads and sum up efforts. The development is about the junction of one and another’s work so culture breathes beyond in other spaces and propagates to other spectators. It is, thus, necessary to take over the streets so culture and art can habituate the daily life beyond aseptic and isolated places. The development should generate a meeting point of cultures not only to underline difference but to observe similarities. In this shared territory, cultural diplomacy places in equality both the official cultural discourse and the emergent one. Behold the challenge.


Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes-Cárdenas.

 

Liliana Pedroza Castillo is a Mexican writer and narrator. She majored in Spanish Literature in the Autonomous University of Chihuahua, Mexico. She was award a doctorate in Hispanic American Literature by the Complutense University of Madrid, Spain. Liliana was awarded the National Prize of Young Stories “Julio Torri” in Mexico, 2009. She won the Chihuahua Contest of Literature in Mexico, 2008, in the category of tales. She has been included in different editions and published in national and foreign cultural journals. Some of her stories have been translated into French and Greek languages. She is author of “Andamos huyendo, Elena” (Tierra Adentro publications, Mexico, 2007); “Vida en otra parte” (Ficticia Editorial, Mexico, 2009) and “Aquello que nos resta” (Tierra Adentro publications, Mexico, 2009). We suggest to visit http://www.lilianapedroza.com

Iniciação / Iniciación

En exclusiva para el Mexican Cultural Centre (MCC), la escritora, poeta y traductora brasileña Adriana Zapparoli, traduce un poema al portugués del libro Blanco Oro Negro (Reino Unido, 2012), de Eduardo Estala Rojas.


 The Major Oak of Sherwood Forest, Nottinghamshire, England. Fotografía de Eduardo Estala Rojas.


The Major Oak of Sherwood Forest, Nottinghamshire, England. Fotografía de Eduardo Estala Rojas.

Iniciação

O Ouro é Branco quando a palavra desperta

nas entranhas da minha terra;

me lembra dos nove caminhos da vida e da morte.

Tudo fala quando ouço o ar trinta e três vezes.

as árvores,

o olhar juvenil,

o poeta do século vinte e um,

os amuletos de Isis.

Tudo fala quando eu escrevo em silêncio trinta e três vezes.

Viajo com Isis em um barco,

trilhamos o planeta Terra em trinta e três dias…

e um sonho

—se manifesta em decreto—

 ***

Iniciación

El Oro es Blanco cuando la palabra despierta

en las entrañas de mi tierra;

me recuerda a los nueve caminos de la vida y la muerte.

Todo habla cuando escucho al aire treinta y tres veces

los árboles,

la mirada juvenil,

el poeta del siglo veintiuno,

los amuletos de Isis.

Todo habla cuando escribo en silencio treinta y tres veces.

Viajo junto a Isis en una barca,

recorremos el planeta Tierra en treinta y tres días…

y un sueño

—se manifiesta en decreto—

 

Blanco Oro Negro, Eduardo Estala Rojas, Reino Unido, 2012, p.19.  

Adriana Zapparoli (Campinas, São Paulo, Brasil) es escritora, poeta y traductora. Ha realizado estudios de postdoctorado en la Universidad Estatal de Campinas (SP). Sus poemas han sido publicados en revistas de arte y literatura en diversos países. Es autora de los libros “A flor da abissínia” (versión bilingüe) en 2007; “Cocatriz” en 2008; “Violeta de Sofía” en 2009; “Tílias e tulipas” (versión bilingüe) en 2010, “O leão de Neméia” en 2011; “Flor de lírio” (versión bilingüe) en 2012, “Flor de lótus” (versión bilingüe) en el año 2013, todos han sido editados por Lumme Editor (Bauru, SP). Actualmente es editora de la revista electrónica «Zunái de Poesía y Debate» (ISSN 1983 – 2621), junto con el poeta Claudio Daniel. Edita el blog:  http://zappazine.blogspot.com.br