Montserrat: La montaña sagrada de Cataluña

Octavi Piulats

En este artículo no vamos a entrar en describir Montserrat desde la óptica geológica, ni paranormal, ni desde el punto de vista religioso convencional o desde la perspectiva social o excursionista, sino que nos vamos a adentrar en su historia espiritual mistérica. Intentaremos explicar como a través de los siglos hasta nuestros días Montserrat ha marcado, y no solo para Cataluña y España, un ritmo espiritual de primer orden.

Dr. Octavi Piulats. Foto Especial.

Dr. Octavi Piulats. Foto: Especial.

Algunas culturas y religiones poseen su montaña sagrada. El judaísmo en el Sinaí, el hinduismo en el Arunachala, la religión animista inca en el Machu Pichu, lo religioso de la cultura aborigen en Australia en el Ayers Rock, el budismo tibetano en el Kailas, la antigua religión olímpica griega en el monte Olimpo, y así sucesivamente. No debemos confundir lugares magnéticos y sagrados con montes o cordilleras sagradas: en España existen muchos lugares sagrados y místicos, e incluso cimas de montes donde según la tradición habitan dioses o hadas, pero montañas sagradas donde además de apariciones divinas exista una tradición milenaria de anacoretas y ermitaños y las formas de la montaña acaben induciendo a la visión mística y paranormal solo conocemos una: el macizo de Montserrat, que se yergue con inusitadas formas en la provincia de Barcelona. Por esta razón podemos considerar que la cultura catalana tiene el privilegio de tener algo que solo algunas culturas poseen: una montaña sagrada.

¿Qué es un misterio, entendido no como intriga sino en sentido religioso? Misterio, según la antigua tradición, es algo que no podemos aprehender ni entender solo con los sentidos y la razón; es algo que trasciende al pensamiento moderno. Para entenderlo sólo existe una vía: la iniciación a ese misterio. Iniciarse según las antiguas tradiciones consiste en aproximarnos a un enigma desconocido de nuestra vida no mentalmente, sino a través de una vivencia plena y absoluta; significa vivir la estructura de lo oculto con todas las capacidades integrales de nuestra conciencia, normalmente no utilizadas, incluidas las emociones y las intuiciones.

WOLFRANG VON ESCHENBACH Y LA LEYENDA DEL GRIAL

Si planteamos una historia de la espiritualidad de esta montaña, del monte aserrado (pues eso es lo que semánticamente quiere decir Montserrat), debemos retrotraernos a la baja edad media, a la época de los libros de caballerías y las leyendas artúricas coronadas por la búsqueda del Santo Grial. Es cierto que mucho antes, en la época megalítica, en torno a 3.000 a. C., la montaña y sus cuevas ya constituían un lugar de culto para la religión de la gran diosa, y en la época grecorromana existía en sus faldas el famoso templo a Venus-Afrodita (donde hoy se encuentra la ermita de San Miguel) y que el misterioso monumento funerario romano ‘la torre del Breny’ (luego utilizado por las brujas) también es exponente de esa espiritualidad. Pero la historia moderna de Montserrat empieza con el Perceval de Wolfrang von Eschenbach.

En esta primera novela medieval inspirada en la vida de caballeros templarios y cátaros se nos describe la trayectoria de un caballero de la tabla redonda artúrica llamado Perceval, quien después del amor cortés y los duelos con caballeros emprende la búsqueda de un objeto sagrado situado en un castillo que el trovador llamado Kyot (nombre que apunta a etimología catalana u occitana) sitúa no lejos de los Pirineos. Toda esa acción transcurre en unas tierras que geográficamente coinciden bastante con la antigua Cataluña-Occitania. Además del paisaje, otro dato que apunta a Cataluña es la aparición de ermitaños en la narración en las cercanías de la montaña; nos referimos a Trevericent, quien mostrará a Perceval cómo puede aproximarse correctamente al Grial. Según Emma Jung, esposa de Carl Gustav Jung, quien trabajó durante años en esa leyenda histórica y posiblemente viajó a la Cataluña francesa y española, lo fundamental de la narración lo constituye la experiencia simbólica de un viaje personal al encuentro de uno mismo y el destino asignado a cada persona, así como el descubrimiento de la dimensión espiritual divina de nuestra biografía.

Históricamente el Santo Grial, identificado como una copa donde José de Arimatea recogió parte de la sangre de Jesús, o como el cáliz de la última cena (existen dos versiones), tiene que ver en sus avatares históricos con Cataluña-Aragón. Sabemos que en los albores del cristianismo el Papa Sixtino II habría recibido ese cáliz de Cesárea. Sixtino II era amigo de Orígenes y se aproximaba a las versiones gnósticas del cristianismo. Al ser asesinado Sixtino II por el emperador Valeriano su diácono, el aragonés Lorenzo, se llevó dicho cáliz a su patria, a la provincia de Huesca, posiblemente al monasterio de San Juan de la Peña, para ocultarlo de los musulmanes, y más tarde se trasladó hacia el noroeste de los Pirineos, hacia Montsegur o/y Montserrat.

IGNACIO DE LOYOLA Y MONTSERRAT

Sorprendentemente la historia de los libros de caballerías relativas a Montserrat y el Grial empieza a hacerse realidad histórica en 1522. En este año, y camino a Jerusalén, pasa por Montserrat un caballero vasco llamado Iñigo, lleno de dudas respecto a su vida. El joven Iñigo es un Perceval renacentista que, al subir a la montaña y entrar en la abadía, tiene una experiencia mística frente a la imagen de la Virgen negra, la Moreneta. Con seguridad subió a la ermita de Sant Dimas (una de las más montaraces) para confesarse, y es en esos días de estancia en Montserrat donde su vida adquiere un giro inesperado: va a rechazar la vida de caballero mundano, dedicado a la guerra y al amor galante, para convertirse en caballero de Dios. Entregará su espada a la Virgen y dará sus ropas a los mendigos. Vale la pena mencionar que la ermita de Sant Dimas había sido habitada por el famoso padre Boil, el monje que acompañó a Colón en sus viajes al Nuevo Mundo. A través de Boil el nombre de Montserrat se difundió por toda América Latina.

El joven Iñigo decide vivir algunos meses como ermitaño no lejos de la montaña, en unas cuevas del río Cardener en Manresa que se hallan frente a Montserrat. Y es allí donde escribe las primeras ideas de los conocidos Ejercicios Espirituales, que fueron inspirados por la atmósfera de esa montaña. Muchos años después, cuando Iñigo, ya convertido en Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, desde Roma recuerda cómo empezó todo, señala que fue en Montserrat-Manresa donde, a través de experiencias místicas, vivió una iluminación y un estado de gracia que le permitió extender esa energía montserratina por todo el mundo con las fundaciones de la Compañía.

MONTSERRAT Y EL CÍRCULO DE WEIMAR

En 1800, en los orígenes del Romanticismo, Montserrat volverá a mostrar su energía griálica. En ese año Guillermo de Humboldt viaja a España en un viaje crucial para la cultura europea. Guillermo forma parte del círculo alemán cultural de Weimar (el círculo del que saldrá el Romanticismo) y es amigo personal de Goethe y de Schiller. El impacto que las formas y las ermitas de la montaña tienen sobre Humboldt lo va a llevar, al final de la ascensión y llegada al monasterio, a una experiencia mística. Revive en su interior, sin proponérselo, la odisea del hermano Marcos, el personaje central de un poema religioso de J.W. Goethe denominado Los Misterios. Humbold está atónito, porque la mayoría de las formas y los acontecimientos que Goethe menciona en aquel poema se le ofrecen ante sus ojos, y sin embargo Goethe NUNCA ESTUVO EN MONTSERRAT. El entusiasmo de Humboldt sube al máximo cuando visita las doce ermitas y compara la vida de aquellos hombres con la de su amigo Rousseau; se admira Humboldt de la vida vegetariana y sencilla de aquellos anacoretas en lugares inverosímiles. Todavía hoy Montserrat nos presenta una naturaleza intocada, salvaje y original, a pesar de la embestida de la industrialización.

De aquella vivencia Humboldt redacta un ensayo hoy en día famoso, El Montserrat, que fue traducido al castellano por Unamuno. Ese ensayo será enviado a Goethe en Weimar. Cuando Goethe recibe el ensayo su contenido le produce una gran impresión, a tal extremo que invita a Schiller a su casa y le muestra el manuscrito. La espiritualidad de Montserrat ejercerá a través del ensayo de Humboldt su influencia sobre ambos personajes. Con respecto a Schiller, meses más tarde tratará por medio de una frase genial de explicar la atracción que ejerce la montaña. Según Schiller la montaña se encuentra por sus formas aislada de su entorno, y al hombre que se acerca a ella le sucede lo mismo, se siente aislado del exterior y ensimismado en su interioridad; va así al encuentro con lo espiritual interior, lo más elevado.

Impresionado por la tesis de Schiller, Goethe reflexionará durante años sobre Montserrat y su significación, y años más tarde, en una respuesta a un grupo de escolares para explicar el contenido de su poema, escribirá la frase clave: “el ser humano sólo puede encontrar paz y felicidad en su propio Montserrat”. Con esta frase Goethe coloca a Montserrat en el imaginario romántico europeo; la pone como símbolo de una evolución o crecimiento espiritual elevado en el ser humano. La felicidad del ser humano reside no en lo exterior sino en su interior, y sobre todo en su parte más elevada y divina, en la experiencia de su evolución hacia el descubrimiento de su destino, y eso queda idealizado por la metáfora de Montserrat. Las ideas de Goethe sobre Montserrat serán recogidas por autores románticos, y se pondrán en conexión con el Perceval de Wolfrang von Eschenbach. Eso dará pie a que Richard Wagner, cuando escriba el Parsifal en el siglo XIX, sitúe el castillo del Grial, Montsalvatge, en el escenario del Montserrat catalán.

EL ROMANTICISMO CATALÁN Y EL JOVEN GAUDÍ

El Romanticismo catalán redescubrió para Cataluña la significación espiritual de la montaña que Europa le había concedido. Entre los numerosos poetas que versificaron sobre la montaña destacaremos a dos: Jacint Verdaguer y Joan Maragall, y a un arquitecto genial: Antonio Gaudí.

Verdaguer es una de las figuras centrales de la conocida Renaixenca catalana y una figura central del romanticismo patrio. Aparte de crear en gran parte la misma lengua catalana y de explicarnos el simbolismo de Cataluña en su poema L’Atlàntida, Verdaguer se sintió ya desde muy joven fascinado por la montaña de Montserrat. Fue él quien se dio cuenta, en sus excusiones, de que en las ermitas troglodíticas estaba presente una energía de gran intensidad. También fue Verdaguer quien bautizó algunas formas de la montaña y nos señaló algunas rutas esotéricas prácticamente desconocidas en su época. Pero su culminación estuvo por supuesto en la inspiración que le llevó a poner letra en poesía mística al Virolai, el Himno de Montserrat y puede decirse de Cataluña (por cierto muy diferente de ese himno violento y oscuro que es Els Segadors) y también en la construcción de la leyenda de Fray Garí. En el Virolai Verdaguer sostiene la tesis de la intervención de entidades angélicas en la formación geológica de la montaña y su conexión astrológica.

Es Verdaguer quien asegura que los espíritus post-mortem de los habitantes de Cataluña tienen en Montserrat su puerta de acceso a otra dimensión, y es plenamente consciente el poeta catalán de que Montserrat es el Sinaí catalán; constituye el monte sagrado de esta nación, porque la inspiración espiritual de sus habitantes desciende y asciende por las “puertas de la montaña. Por otra parte con la Leyenda de Fray Garí señala, siguiendo a Ramon Llull, que la figura del ermitaño en Cataluña es clave para la evolución espiritual.

Escasos años después encontramos a Joan Maragall, otro poeta catalán, fascinado por la montaña. Maragall había traducido a Goethe y al filósofo Friedrich Schelling y por tanto conocía o barruntaba probablemente las tesis románticas europeas sobre Montserrat como montaña de iniciación al crecimiento personal. Maragall, en sus poemas sobre Montserrat, apunta y explora el carácter femenino de la montaña y es capaz de conectar con el arcano divino femenino, con la cultura de la Gran Diosa que una vez, en la época megalítica, fue adorada en esta montaña.

Pero quizás el catalán más universal fascinado por Montserrat sea el arquitecto Antonio Gaudí. El encuentro del joven Gaudí con Montserrat tuvo lugar a finales del siglo XIX. Por aquel entonces Gaudí era estudiante de arquitectura y viajó a Montserrat como ayudante de un arquitecto de gran prestigio, F.P. Villar Lozano, a quien el abad de Montserrat, el padre Muntadas, había encargado la construcción del camarín de la Virgen. El camarín de la Virgen y su capilla posterior, aprovechando el ábside de la abadía, constituye sin lugar a dudas el lugar más mágico de la Iglesia, y está realizado en el más puro estilo romántico, con gran policromía.

Por anotaciones sabemos que el joven Gaudí tuvo un protagonismo importante en la colocación de frisos y estatuas, y es por tanto probable que la situación de los ocho gigantescos ángeles y sus extrañas posiciones múdricas de manos y brazos no fueran ajenas al joven estudiante de arquitectura. Pero más adelante, ya como arquitecto de prestigio, Gaudí continuaría realizando monumentos místicos en la montaña, como la Resurrección en los llamados ‘Misterios’. Pero lo fundamental es que las formas de Montserrat quedaron grabadas para siempre en la arquitectura tectónica y cavernaria de Gaudí, y todas sus construcciones llevan el sello de las curvas y las calizas montserratinas, así como la espiritualidad de la montaña impregna todas sus casas, a veces incluso con referencias directas a la Virgen Moreneta. Tampoco hay que olvidar que la Sagrada Familia está inspirada en unas formaciones estalagmíticas que se encuentran en las cuevas montserratinas del Salnitre en Collbató.

EL SIGLO XX: DE OTTO RAHN A BEUYS

Pero la cultura germana todavía no había dicho su última palabra sobre Montserrat. El primer pensador de la modernidad que sin haber estado nunca en Montserrat aludió a su extraña significación fue Rudolf Steiner, el creador de la Antroposofía. A principios de siglo, Steiner dictó una conferencia sobre la interpretación de los Misterios, es decir del poema de Goethe conectado con Montserrat. Steiner indicó correctamente que Goethe había escrito no solo un poema religioso y místico de estilo panteísta sino que además tenía una significación en clave de filosofía de los rosacruces. En este contexto y en posteriores conferencias Steiner aludía al carácter esotérico y simbólico del viaje de Humboldt a Montserrat y la extraña relación con el panteísmo de Goethe.

Algunas de esas ideas antroposóficas fueron asimiladas por un joven antropólogo alemán, me refiero a Otto Rahn, posiblemente el verdadero Indiana Jones del siglo XX. Rahn llevaba años trabajando en la veracidad histórica de la leyenda del Santo Grial, y en los años 30 inició una expedición al sur de Francia y a la Cataluña francesa para seguir la pista al Grial. Rahn postuló dos grandes tesis al respecto: a) que los guardianes del Grial habían sido los cátaros; b) que el Grial había estado no tanto en Montserrat como en Montsegur, y que tras su destrucción por los cruzados fue ocultado en las cuevas de Lombrives. Durante los años treinta, y para asegurarse de que el Grial no estaba en la Cataluña sur, Otto Rahn viajó a Montserrat. Y cuando más adelante, para continuar sus investigaciones, acabó formando parte de las SS alemanas bajo la dirección de Heinrich Himmler y formando parte de la Fundación para la Herencia de los Antepasados, se vio obligado a poner sus ideas al servicio del III Reich. De esa forma Himmler conoció todas las tesis sobre el Grial y, por extensión, sobre la peculiaridad de Montserrat. Tras la muerte de Otto Rahn (posiblemente asesinado por agentes nazis) Himmler viajó, ya durante la II Guerra Mundial, a Montserrat con la intención de asegurarse de que realmente Rahn tenía razón y de que el Grial no estaba allí. El viaje de Himmler fue infructuoso, ya que los monjes no colaboraron con él.

Pero en los años 60 Montserrat volvió a interesar a la cultura germana. Esta vez fue un artista, escultor y pintor, Joseph Beuys, quien viajó a Cataluña y se sintió fascinado por la energía de la montaña. Cuando descubrió la relación de Montserrat con San Ignacio de Loyola y con el Grial permaneció como antaño había permanecido Ignacio, semanas en aquellos alrededores, y cuando volvió a Alemania escribió la obra Manresa estación central, en la que el artista, partiendo de la antroposofía de R. Steiner, presenta su visión de la obra de Ignacio desde la perspectiva de la modernidad. La performance artística tuvo lugar tiempo después de la muerte de Beuys en la Santa Cueva de Manresa y Beuys, como testamento a los catalanes, dejó su ‘cruz antroposófica’ en el Cardener frente a Montserrat, con extraños anagramas que todavía hoy pueden verse e interpretarse.

Así pues personajes históricos con alta sensibilidad (aparte de los germanos tenemos al francés Alexandre de Laborde y al inglés William Thackeray, entre otros) han sido atraídos por la energía de la montaña. Esta atracción en la mayoría de los casos ha ido más allá del factor meramente estético o social, hacia la psicología profunda, el descubrimiento de la propia interioridad.

SENTIR MONTSERRAT

Parece como si en Montserrat fuese más fácil el contacto con lo invisible y lo divino; las energías de la montaña parecen ofrecer una vibración espiritual que favorece la elevación del espíritu a otras dimensiones. Poetas místicos cristianos no van tan desencaminados cuando afirman en canciones y poesías que fuerzas astrales personificadas por la mentalidad cristiana, como ángeles, están en juego en esta montaña. Esto no es nada más que la expresión de que Montserrat es un lugar sagrado, en el sentido de que es diferente del resto de la geografía, porque sus energías telúricas y astrales pueden conducir al misterio de lo invisible.

No debemos caer en el error de la mentalidad ilustrada y progresista clásica, que solo ve en Montserrat ‘monjes y misas’ de la cultureta catalana. La montaña nos abre la posibilidad de acceder a una espiritualidad más allá del monoteísmo, de encontrar lo divino oculto en la naturaleza y no contra esta. El ejemplo más palpable lo tenemos en las ermitas. Un paseo por las mismas nos convencerá de que son lugares de poder y espiritualidad ancestrales y que proyectan una geometría sagrada que converge hacia un punto central. La energía telúrica de las mismas nos abrirá perspectivas insospechadas para nuestra evolución espiritual. Por consiguiente, si realizamos la ruta de las ermitas, terminando en el camarín de la Virgen, y meditamos en determinados lugares energéticos de la montaña, reconstruiremos lo que los viajeros románticos y místicos antaño sintieron y pensaron, y sin lugar a dudas nos iniciaremos en los misterios de esa montaña, ya que viviremos sensaciones que la mera razón y la mera estética no pueden transmitirnos.


Octavi Piulats es licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona, España, y doctor en Filosofía por la Universidad JW.Goethe de Frankfurt, Alemania, con una tesis sobre Hegel y el mundo antiguo. Es profesor titular de filosofía de la cultura y antropología de la facultad de filosofía de la Universidad de Barcelona. Dpto. Historia de la Filosofía, Estética y Filosofía de la Cultura.

Maíz. El sustento que da la vida.

Ricardo Ariza

El maíz es una aportación fundamental de los mexicanos para el mundo. El poeta Octavio Paz comparó esta creación con el invento del fuego por el hombre.

Ricardo Ariza, “Maíz. El sustento que da la vida. El huerto en casa, guía básica”. Editorial SelloImpreso. México. Septiembre 2014. 78. Págs.

Ricardo Ariza, “Maíz. El sustento que da la vida. El huerto en casa, guía básica”. Editorial SelloImpreso. México. Septiembre 2014. 78. Págs.

Alimento divino y símbolo de identidad, las civilizaciones mesoamericanas están ligadas indisolublemente a la creación del maíz; desde la cosmovisión precolombina los hombres no fueron hechos de barro, ni la mujer salió de una costilla, no, hombre y planta se formaron el uno al otro, son hermanos, es la madre o el padre, el dios generoso que comparte su cuerpo, también es mito fundacional, pero sobre todo, es diversidad, hay blancos, negros, morados, amarillos, rojos y pintos, clara muestra de la solidaridad de los pueblos y de su capacidad de preservar la memoria.

Con la invención de la agricultura surgieron la domesticación y el desarrollo de la planta en tierras del sur y del centro de México. Junto con el frijol, el chile y la calabaza, fue el cultivo característico de estos pueblos sobre una geografía conformada por cadenas montañosas, que permiten la presencia de hábitats propicios para el cultivo, sin embargo, hay maíces para todo tipo de suelo, clima y altura.

La herbácea americana de la familia de las gramíneas no puede desarrollarse por sí sola, sus granos se conglomeran fortísimamente en la mazorca, tiene espigas y frutos harinosos. De acuerdo a los más sólidos planteamientos científicos, la mayoría de las variedades que existen actualmente se derivan del teosintle, un pariente silvestre que representa toda la base genética del cultivo del maíz en el mundo.

Para conseguir las variedades evolucionadas que ahora conocemos, que no son capaces de crecer sin el trabajo del hombre, los habitantes de Mesoamérica seleccionaron los núcleos que produjeron las plantas más desarrolladas, y por métodos de cruza lograron conseguir mejores granos. El maíz cultivado que comemos no puede propagar solo sus semillas. Una buena mazorca, durante milenios, ha sido logro de habilidades y técnicas que no nada más tienen que ver con la siembra, la cosecha y el almacenamiento, sino que también se relaciona con la búsqueda de un germen mejorado, lo que representa un trabajo de profunda observación y conocimiento.

La palabra maíz la trajeron los españoles, quienes la escucharon en las islas del Caribe ya conquistadas, antes de la caída de México Tenochtitlan. Es un vocablo de la lengua taína de las Antillas, su significado es: Lo que sustenta la vida.

El grano no sólo ha alimentado a innumerables generaciones, también ha constituido su propia cosmovisión, la forma en la que el ser y el colectivo se han relacionado con el mundo y con el universo, a lo largo de más de siete mil años en América. Desde las antiguas civilizaciones olmecas, toltecas y teotihuacanos, quechuas, incas y mayas, durante la colonización de América, la Independencia, la Revolución de 1910 y hasta los tiempos actuales, comprender la importancia del maíz es un asunto simbólico y estratégico de soberanía alimentaria, es urgente revalorar el trabajo de los campesinos y reconocer la importancia del campo y de los frutos de la tierra. Negar al maíz, es negar al mexicano mismo. Más allá del estudio etnográfico, debe reconocerse y valorarse la actual situación de la reserva genética de granos nativos, porque México es el lugar de origen, domesticación y diversidad de este cereal.

Hoy en el mundo entero el maíz es utilizado como alimento y como materia prima en muchas industrias. El maíz blanco se utiliza para consumo humano y el amarillo para forraje y alimento de ganado, así como para producir almidón y etanol. Su menoscabo ha sido constante desde los tiempos de la conquista y la colonia, los españoles imponían una supuesta superioridad del trigo sobre los granos nativos, incluyendo al amaranto, la chía y el cacao. Hoy el maíz es considerado el más importante legado biocultural de nuestra tierra.

Dicen los tzeltales en la región montañosa de Chiapas “es en la semilla donde todo comienza y termina; es el principio y el fin”. Aproximadamente 59 razas y cientos de variedades existen en nuestro país, las semillas son tan importantes como el lenguaje, como los idiomas que han sido conquistados y desaparecidos, preservar lo que queda de ellos es tarea de todos, pues es la riqueza cultural de la nación para sí misma y ante el planeta.

Hoy el debate académico ¿incluye garantizar la demanda alimentaria en México y en el mundo?, pues el consumo del cereal ha aumentado, ya que se utiliza en distintas ramas de la industria y en la ganadería, lo que ha elevado su valor social. Se puede observar una recaída general en la siembra, la cosecha, la producción y el valor total del producto, que es considerado como la base de la alimentación mexicana. La gran diversidad de maíz criollo se encuentra principalmente en el estado de Oaxaca, pero actualmente no hay estado de la república en donde no se produzca a mayor o menor escala. “Hay frecuentemente muchos más tipos de maíz en una sola localidad de México que en todos los Estados Unidos” dijo Edgar Anderson, investigador norteamericano.

Resulta vital diseñar estrategias de conservación in situ de la diversidad genética del maíz, aprovechando que el intercambio de semillas se da principalmente entre las comunidades rurales, es ahí donde deben crearse cada vez más centros de resguardo y almacenamiento de la semilla, como forma de estrategia de seguridad alimentaria en los productores de menor escala. El maíz no es sólo un producto alimentario, sino principalmente un patrimonio cultural de nuestra sociedad pluriétnica. Las semillas criollas protegidas y conservadas a través del tiempo son únicas en cuanto a las características de resistencia a las sequías, lo que garantiza el desarrollo y mejoramiento del germoplasma de los maíces.


Ricardo Ariza, mexicano, es escritor, periodista y editor. Ha publicado el libro de poemas «El título es consecuencia del azar» (Colección El Ala del Tigre, UNAM, 1996). Y también el libro «Física de cuerpos ausentes» (Colección La Hogaza /5. Instituto de Cultura de Morelos, 2009). Así como la antología personal «En donde la memoria arda». (INBA, CONACULTA, SEP, Editorial Eternos Malabares, 2013). Ha sido becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (1997-1998) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2003-2004). Dirigió los periódicos «Postal» (2003-2007), «El papel cultural» (2008-2010). Ha publicado en varias antologías de poesía y cuento a nivel nacional y en Latinoamérica. Ha impartido talleres, conferencias y clases de poesía, narrativa, creación literaria, y periodismo. Ha publicado en la revista «Milenio» y en la «Jornada Semanal». Fue jefe de redacción por dos años del periódico «La Opinión de Morelos» 2011-2012. Actualmente es colaborador de la revista francesa «El Café Latino» con distribución en Canadá, Europa y Sudamérica.

Reconocimientos internacionales para el videopoesía mexicano “Perfect Storm”

Oficina de prensa MCC

«Perfect Storm is a video exploration of sensuality and emotion. The technique of translating word to image is used in this video poem, written by Eduardo Estala Rojas, to uncover the true nature of identity, and what can be achieved through self-belief.» 24th London Latin American Film Festival (14-23 November 2014), United Kingdom.

24th London Latin American Film Festival. United Kingdom.  www.latinamericanfilmfestival.com

24th London Latin American Film Festival. United Kingdom. http://www.latinamericanfilmfestival.com

El trabajo del equipo internacional conformado por los mexicanos Rafael Gutiérrez, Karla Romero, Cynthia Calderón, Daniel Muñoz, Adriana E. Vera y Eduardo Estala, ha destacado en los Estados Unidos, México, España y Reino Unido.

Reconocimientos internacionales

El 25 de abril de 2014 con “Perfect Storm”, obtuvieron el primer lugar del Concurso Internacional de Videopoesía, en Chicago, Illinois, Estados Unidos. Organizado por DePaul University y revista Contratiempo. El jurado estuvo compuesto por el fotógrafo Ignacio Guevara y el cineasta Luis Valenzuela. La premiación se realizó en Poetry Foundation, en el marco del VII Festival Internacional de Poesía en Español Poesía en Abril: Centenarios, del 24 al 27 de abril de 2014. El 18 de julio de 2014 fue selección oficial del V Festival de Poesía Tijuana-San Diego/PoeTi-Sa Fest, México-Estados Unidos. Organizado por el Centro Cultural Tijuana, con el apoyo de gestión y promoción cultural del Mexican Cultural Centre. El 28 de octubre de 2014 se proyectará como selección oficial del XVI Festival Internacional de Cine de Albacete, ABYCINE, España. Organizado por el Festival Poético Fractal y ABYCINE, con el apoyo de gestión y promoción cultural del Mexican Cultural Centre. El 13 de noviembre de 2014 se proyectará en el marco del XII Festival de Literatura del Noroeste, FeLiNo, México. Organizado por el Centro Cultural Tijuana, con el apoyo de gestión y promoción cultural del Mexican Cultural Centre. El 16 y 22 de noviembre de 2014 se proyectará como selección oficial en el 24th London Latin American Film Festival, Reino Unido. Con apoyo de gestión y promoción cultural del Mexican Cultural Centre.


Creadores del videopoesía


Rafael Gutiérrez. Foto: Especial.

Rafael Gutiérrez. Foto: Especial.

Director: Rafael Gutiérrez es comunicólogo por la Universidad de La Salle, México. Cuenta con una maestría en Artes Visuales por la Universidad Politécnica de Valencia, España. Además estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica de México. Se ha desarrollado en áreas de comunicación y animación de eventos artísticos.  Durante 5 años trabajó en el Centro de las Artes de Guanajuato, México, como coordinador de difusión y de los eventos culturales del espacio. Ha trabajado en la producción televisiva desde el año 1999, en la televisión pública del Estado de Guanajuato, México. También ha desarrollado productos cinematográficos en video con premios nacionales e internacionales. Es fundador de The Onion Films, México.


Eduardo Estala Rojas. Fotografía de Lidia Á. García.

Eduardo Estala Rojas. Fotografía de Lidia Á. García.

Autor poesía: Eduardo Estala es poeta, editor, narrador, periodista, dramaturgo y asesor cultural. Autor de los libros “Blanco Oro Negro” (Reino Unido, 2012) y “La llave de los elementos” (Reino Unido, 2013). Publicó la obra de teatro “El bosque y la magia de Sofía” (Mexican Cultural Centre, Reino Unido, 2014), en coautoría con Bertha Alicia Denton Casillas. Ha organizado a nivel internacional ferias de libro, simposios, festivales, coloquios, conferencias. Además ha trabajado como periodista, editor y jefe de redacción en diversos medios de prensa en los Estados Unidos, México, Reino Unido. Su trabajo literario y periodístico ha sido traducido al inglés, francés, portugués y árabe. Por su labor cultural y artística ha obtenido premios y reconocimientos internacionales. Es fundador y director general del Mexican Cultural Centre en Nottingham, Reino Unido.


Cynthia Calderón. Foto: Especial.

Cynthia Calderón. Foto: Especial.

Concepto y levantamiento de imagen: Cynthia Calderón es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Salle, México. Creadora y realizadora de proyectos, especialmente audiovisuales y culturales. Actualmente es la vocalista y manager de la banda de jazz “los increíbles Pájaros Lolos” y trabaja proyectos audiovisuales en Digital Gordon, México. Dirigió junto a Rafael Gutiérrez “Miradas a la muerte”, documental que se proyectó en el Nottingham Contemporary, Nottingham Trent University, University of Liverpool, Reino Unido. Con el apoyo de gestión y promoción cultural del Mexican Cultural Centre.


Karla Romero. Foto: Especial.

Karla Romero. Foto: Especial.

Locución: Karla Romero es licenciada en Mercadotecnia por la Universidad de La Salle, México. Ha tomado cursos integrales de fotografía impartidos por el Centro de la Imagen del Centro Nacional de las Artes y el CONACULTA, México. Ha trabajado locución y conducción televisiva.


Daniel Eduardo Muñoz. Foto: Especial.

Daniel Eduardo Muñoz. Foto: Especial.

Ecualización y masterización de audio: Daniel Eduardo Muñoz es productor de audio y músico profesional. Se ha encargado del diseño de audio en programas televisivos y productos publicitarios y cinematográficos. Ha trabajado desde el 2007 en la producción Tv4, televisora del Estado de Guanajuato, México. Realiza música original para la programación, diseño y postproducción de audio, encargado de las grabaciones de voz off para los diversos programas.


Adriana E. Vera. Foto: Especial.

Adriana E. Vera. Foto: Especial.

Traducción de español a inglés: Adriana E. Vera y Eduardo Estala. Adriana E. Vera trabaja en el programa de Historia Latinoamericana, Departamento de Historia, Universidad de Chicago, Estados Unidos. Es traductora acreditada por la American Translators Association. Cuenta con estudios de maestría por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ITESM, México.


«Voyage a la constellation du centaure»: entretien de Don Adolfo Castañón, membre numéraire de l’Académie Mexicaine de la Langue

Eduardo Estala Rojas

Le 8 août prochain, Adolfo Castañón fêtera ses soixante ans. Au cours des années, il crée une œuvre prolifique tant de poète et de conteur que d’essayiste, d’éditeur et de critique littéraire. Parmi ses travaux, on remarque ses études sur Montaigne, Alfonso Reyes, Juan José Arreola et Octavio Paz.

Adolfo Castañón. Photographie spécial.

Adolfo Castañón. Photographie spécial.

Il est membre de l’Académie Mexicaine de la Langue depuis le 10 mars 2005 et a reçu le prix Diana Moreno Toscano (1976), le premier prix national de littérature Mazatlán (1995), le prix Xavier Villaurrutia (2008), le prix national de journalisme José Pagés Llergo (2010) dans la catégorie des programmes culturels de la télévision pour l’émission  «Les maîtres derrière les idées» diffusée sur TV UNAM. Il a aussi été promu Officier des Arts et Lettres par le gouvernement français en 2004. Aujourd’hui, il occupe le poste de bibliothécaire archiviste de l’Académie Mexicaine de la Langue et est secrétaire de la Commission de Consultations Linguistiques depuis 2005 et président de la Commission de Communication et d’Informatique depuis 2009. Enfin, Adolfo Castañón est membre du Programme de chercheurs associés du Collège du Mexique pour lequel il prépare l’édition de la seconde partie de la correspondance entre Alfonso Reyes et Pedro Henríquez Ureña (1914-1916), en collaboration avec Isaura Contreras et Alma Delia Hernández.

—En 1973, vous publiez une biographie d’Alphonse Gabriel Capone dit Al Capone, votre premier livre que vous signez d’un pseudonyme et, grâce aux droits d’auteur, vous voyagez en Europe pendant quatorze mois. Vous vivez en Israël, dans un kibboutz, et en France où se conforte votre vocation. En quoi ce voyage a-t-il été déterminant pour votre esprit encyclopédique?

—En réalité, la biographie d’Al Capone n’a pas été mon premier livre, avant il y avait eu Autobiographie précoce, une commande d’Huberto Batis, et un certain nombre de poèmes, de contes et d’essais. Le voyage a été une expérience initiatique. En plus d’Israël qui se trouvait en pleine Guerre du Kippour, je suis allé en Grèce, en Turquie, en Italie, en Espagne et en France. J’ai connu la rue où j’ai appris à dormir, j’ai vécu des aventures, la pauvreté, les intempéries, l’amitié, l’art de survivre physiquement et mentalement. Ce voyage était motivé par l’envie de savoir si la civilisation avait réellement existé. Par exemple, j’ai rejoint à pied le port grec de Patras à la ville d’Olympie distante de 175 km. Ce fut un grand tour dans l’esprit de ceux que faisaient les jeunes Anglais du XIXe siècle. Le Castañón qui a quitté le Mexique en 1973 était une personne très différente de celui qui est revenu au milieu de 1974. Le fil conducteur dans le labyrinthe du voyage a été la culture grecque et latine. Je transportais deux livres: Le cicérone de Jakob Burckhardt et l’édition française du Bain de Diane de Pierre Klossowski.

—Vous dites dans un entretien à Radio France International: «Mon premier jeu a été une fenêtre à travers laquelle je regardais passer les gens et les voitures. Les noms de ces voitures m’impressionnaient. Et j’aimais inventer des mots». Quelle est votre fenêtre aujourd’hui? Quels mots aimeriez-vous inventer au XXIe siècle?

—Mes fenêtres actuelles sont celles de l’Académie de la Langue et du Collège du Mexique, des institutions où je travaille et auxquelles j’essaye de dédier tous mes efforts. Je ne sais pas si mon truc aujourd’hui est d’«inventer de nouveaux mots», bien que je vienne de mettre au point le livre des jitanjáforas* d’Alfonso Reyes, mais j’ai toujours été attiré par le secret métier de ceux qui baptisent les nouveaux produits pharmaceutiques de noms qui, j’en suis sûr, obéissent à des règles et des codes. Je n’aimerais pas tant inventer de nouveaux mots —qui s’apparentent parfois à des étiquettes mensongères ou même mercantiles— que de donner un sens plus intense, puissant et pur à des mots comme «silence», «eau», «amitié», «roche».

—Vous êtes l’un des critiques littéraires de tradition et d’autorité pour la langue espagnole, vos livres rendent compte de cela, par exemple: Anthologie de la littérature mexicaine, América syntaxis, Voyage au Mexique. Où placez-vous la critique littéraire au Mexique, en Amérique Latine et dans les Caraïbes en cette première décennie du XXIe siècle?

—Je crois que la critique littéraire dans notre monde hispanique, américain et latin, a une fonction spéciale: celle d’aider à construire et à restaurer le sens communautaire et réanimer les traditions enfouies, expatriées ou enterrées par la destruction pratiquée par ce qu’on appelle le «progrès». Ce n’est ni le travail du lecteur critique, ni celui d’un disc-jockey —pour le dire en français— qui passe de la musique pour accompagner la dernière fête ou celui d’un camelot vantant au supermarché les nouvelles promotions déjà périmées, mais peut-être celui d’un archéologue qui va identifier dans une lande les gisements archéologiques que le sous-sol garde jalousement, les ressources grâce auxquelles le voyageur peut survivre à la longue par lui-même et vaincre les effets de la pauvreté spirituelle. Ces gisements peuvent être certainement des sources qu’il est important de conserver et de réévaluer. La mission est celle, modeste, de sauver la musique cachée du monde dans les travaux des auteurs et artistes contemporains.  

—Cela entre dans la tradition mexicaine depuis Alfonso Reyes, Octavio Paz, Juan José Arreola et José de la Colina. Où vous situez-vous dans la tradition littéraire au Mexique?

—Une tradition, c’est un peu plus qu’une donnée nationale. J’aimerais m’inscrire dans l’orbite d’Alfonso Reyes, de Pedro Henríquez Ureña, d’Octavio Paz et de leurs amis des revues Plural et Vuelta, de José Lezama Lima, Eliseo Diego, Fina García Marruz —que j’ai préfacés et intégrés dans mon anthologie—, de José Bergamín, de León Felipe, de Cyril Connolly, d’Evelyn Waugh, de George Steiner et de l’historien Harold Acton. Une tradition de style austère, presque apollinien… quoique les voix de la culture populaire telles qu’elles s’expriment à travers Carlos Monsiváis ne cessent de m’accompagner.

—En octobre 2000 et en janvier 2001 la NRF, célèbre revue française, vous a invité comme éditeur à préparer deux numéros sur la littérature mexicaine contemporaine. Quels auteurs sélectionneriez-vous pour un nouveau dossier en 2012 ? Et pourquoi?

—Je ne sais pas si je serais intéressé à refaire un dossier comme ceux-là, —strictement mexicains— qui incluaient Octavio Paz, Juan José Arreola, Salvador Elizondo, Alejandro Rossi, José de la Colina, Eduardo Lizalde et Carlos Fuentes. Si je devais refaire une anthologie de cette espèce, une gageure serait peut-être d’inclure les mêmes auteurs avec d’autres textes, mais en essayant de les mettre en correspondance avec des auteurs hispano-américains vivants ou morts comme Blanca Varela, Ramón Xirau, Eugenio Montejo, Rafael Cadenas, José Balza, José Kozer. C’est que j’éprouve la nécessité chaque fois plus pressante de nous réunir autour du foyer de la culture communautaire. J’intégrerais aussi des auteurs comme le poète Francisco Cervantes, l’historien Luis González y González, parmi ceux de ma génération les Mexicains José Luis Rivas, Francisco Hinojosa, Francisco Segovia ou encore le critique Christopher Domínguez et des plus jeunes, des auteurs comme la Mexicaine Malva Flores et la Colombienne Gloria Posada. Mais, dans la mesure où ce qui m’intéresse maintenant, c’est chercher la manière de sauver, de réunir et d’harmoniser nos lettres, je n’ai plus pour le moment le désir d’affirmer notre littérature hors de nos régions, mais celui de lui donner une signification durable à l’intérieur de notre propre espace culturel. 

—Il faut reconnaître que le monde de l’édition au Mexique manque de professionnalisation. Qu’en pensez-vous?

—Le manque de professionnalisation dans le monde de l’édition vient du fait qu’on valorise et reconnaît peu à l’université le travail éditorial en général ou dans ses différentes étapes. Ni la traduction, ni le commentaire de livres, ni la révision, et encore moins la vente ou la diffusion sont des disciplines reconnues académiquement ou appréciées d’un point de vue scientifique ou technique. Le marché de l’édition et au-delà celui de la gestion culturelle sont dans leur ensemble dominés par l’improvisation et la contingence, le népotisme et par d’autres mots en «ismes» infâmes comme celui attribué à la triste mère Malinche qui s’agenouille devant tout ce qui vient de l’étranger. Un éditeur qui se respecte doit savoir lire et écrire, relire et récrire au moins dans trois langues, sans parler de la maîtrise des terribles minuties de nature typographique. 

—Comment développer la professionnalisation de l’éditeur?

—Le problème de la professionnalisation des éditeurs est un thème qui pourrait faire partie d’une réforme universitaire générale. Je n’irai pas si loin. Je me contenterais du fait que les gens sachent lire et relire, écrire et récrire dans leur propre langue et dans d’autres, et, en plus, qu’ils possèdent plusieurs dictionnaires, mais tout dépend du type d’éditeur. Il existe beaucoup de titres et de manuels ad hoc. Voir: Martínez de Souza. A consulter aussi: Les mythes de l’éditeur de votre conseiller en lecture: Adolfo Castañón (Lectorum, 2005).  

—A quels défis est confrontée l’édition de livres face aux différentes formes de publications numériques?

—La compétition entre le numérique et le non numérique est un leurre. Il est évident qu’un bon éditeur le reste dans un espace ou dans l’autre.

—Quelle est la principale thématique de La troisième moitié du cœur, votre recueil de poèmes à paraître?

—Dans La troisième moitié du cœur, il y a bien sûr des déclarations d’amour et des déclarations de guerre. C’est un livre insondable pour moi-même, mais je crois que le lecteur pourra y trouver une carte du labyrinthe et une boussole pour en sortir.

*Type de poème bruitiste.

En espagnol:

http://www.siempre.com.mx/2012/01/viaje-a-la-constelacion-del-centauro/


Eduardo Estala Rojas est directeur et fondateur du Mexican Cultural Centre, Royaume-Uni.

Borderless Culture

Mara Maciel

A country’s culture broadcasting and promotion significantly builds up the country’s image in the rest of the world. Indeed, it works as an ambassador of that territory as well as allows a borderless gaze.

"2 Fly" by José Santos. http://www.jsantos.co.uk/

«2 Fly» by José Santos. http://www.jsantos.co.uk/

The promotion of the work of Mexican creators abroad, from abroad finally contributes to render a positive image that we wish for our country in the world. Mexico has been aim of the news from some years ago indeed, unfortunately this is due to the cruelty and violence that has been in the headlines of the media, these made us interact with gruesome and tragic scenes of men and women abused and violated. However, our country has experienced a remarkable production of cultural and artistic goods as an answer to this violence, and it is clear that the cultural politics of Mexico bets on social transformation through culture.

Technology plays a fundamental role, as it provides bringing up new audiences and possibilities for the artist’s works promotion. Nonetheless, the work of a cultural promoter from abroad can create immediate bonds with cultural and educative institutions, she facilitates independent spaces that allow the permanent interchange of the work of creators and artists.

In a recent interview Rafael Tovar y de Teresa, Minister of Conaculta (Mexico’s ministry of culture) pointed out: “our country needs to rank better, as we see that there is an international economic landscape of interest where Mexico can hold a place. The cultural side ought to be part of the strategy.”

We aim to create the networks that make possible the broadcasting and proyection of the lavish Mexican culture in the world and for the world; this implies the expansion of cultural knowledge beyond borders and that other countries are entitled to know too.

Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes Cárdenas.


Mara Maciel is Mexican, a dance and theatre artist. She is graduated as licentiate on Hispanic American Language and Literature. She has been sponsored by the Program of Support to Artistic Creation and Development and the Program of Support to Artistic and Cultural Promotion by which she attended the Programme of Training in Professional Creole Ballet in 2007-8 in Toronto, Canada. She is currently sub-Director of Cultural Promotion of Tijuana Cultural Centre, Mexico.

Imágenes de la Literatura Latinoamericana en el extranjero

Adolfo Castañón

Mientras traducía el libro de George Steiner titulado Después de Babel. Aspectos del lenguaje y de la traducción, me asaltó varias veces la tentación de corregir al autor o de completar su exposición con algunas notas al pie con menciones a los autores y obras de la cultura escrita en lengua española.

Adolfo Castañón.   Fotografía de: Jorge Dávila, Icoavs, AML.  http://www.academia.org.mx/Adolfo-Castanon

Adolfo Castañón.
Fotografía de: Jorge Dávila, Icoavs, AML. http://www.academia.org.mx/Adolfo-Castanon

Si no recuerdo mal, en el libro que cuenta más de medio millar de páginas sólo se menciona a tres escritores de nuestra lengua: al filósofo José Ortega y Gasset y a los escritores y poetas Jorge Luis Borges y Octavio Paz. Este desdén por la cultura española es una cuestión común y corriente en el ámbito de la crítica literaria y de las ciencias sociales y resulta quizá una herencia o un reflejo de la tenaz leyenda negra que hizo de la cultura española un continente perdido o desaparecido. Desde luego, hay razones de peso para explicar de algún modo esta situación: en España y sus colonias filiales quedó trunco a partir del siglo XVI el cultivo de la tradición clásica y la traducción de autores griegos y latinos se volvió oficio arriesgado gracias a la Inquisición. Los autores exponentes del nuevo experimentalismo intelectual —como Francis Bacon y Montaigne— no pudieron ver la luz oportunamente en nuestra lengua, mientras que el camino que llevó a Corneille, Racine y Moliere a inspirarse en Lope de Vega, Juan Ruiz de Alarcón, no tuvo camino de vuelta, y la cultura barroca hispánica se asfixió en los humos y cenizas de su propio apogeo. 

Al traducir a George Steiner, iba apareciendo ante los ojos de mi mente un abigarrado y animado paisaje crítico: en efecto sería apasionante escribir una historia de la traducción en los países de lengua española y portuguesa. Apasionante pero también decepcionante pues esa historia sería también una relación de ocultamientos y disimulaciones, una historia soslayada o del arte de soslayar, literalmente una criptografía histórica que terminaría buscando arcos de piedra perdidos en el páramo. Esa historia tiene dos vertientes: de un lado estarían las imágenes de la literatura latinoamericana en el extranjero; del otro, las obras de la literatura y el pensamiento europeos y americanos injertados en la América española y portuguesa.

De un lado, el teatro de la recepción europea de Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda y Octavio Paz —para sólo atenernos a los Premios Nobel. Del otro, el archipiélago de traducciones que se despliegan sobre el continente como ciudades invisibles que rectifican a las ciudades reales: ayer, por ejemplo, Benjamin Constant, Alexis de Tocqueville, Edmund Burke, los textos del Federalista, Max Weber y Norberto Bobbio en América Latina y hoy el pensamiento de François Furet, Edward Said, Jürgen Habermas. Traducción y recepción: los términos remiten a un idioma regido por las leyes de la hospitalidad intelectual.

El traductor —dice Valery Larbaud— está sentado en el último lugar: cuando le toca sentarse en algún lugar añadiríamos nosotros, pues suele suceder que en las bibliografías desaparezca el nombre del traductor. La gente no siempre se da cuenta de que está leyendo no a Montaigne sino a Constantino Román y Salamero, no a Max Weber sino a José Medina Echavarría, no a Carlos Castaneda sino a Juan Tovar.

En otro sentido, no siempre se tiene conciencia en Hispanoamérica de cuán indispensables han sido los traductores y estudiosos de sus letras. De Roger Caillois a Claude Fell, de Gregory Rabasa a Suzanne Jay Levine, Borges, Fuentes, García Márquez, Manuel Puig, deben como es obvio no poco a sus traductores pero ¿quién piensa en Jean Clarence Lambert o en Helen Vendler al hablar de Octavio Paz?

El auge editorial comercial nos hace perder de vista las traducciones hechas por amistad, gusto, simpatía. En esta categoría es irrenunciable la traducción de poesía pues es ahí donde se ponen a prueba como en un laboratorio las soluciones del idioma. El poema es el órgano vivo que pide traducción para despertar en otro idioma. El traductor vive sin cesar en otros: es un desposeído de sí mismo y un poseído por lo que traduce. El traductor tiene delante quien lo guíe. Por eso tiene la obligación de dar mejores pasos. Una obra, al ser traducida, inventará o encontrará un mundo de recepciones enteramente distinto del que lo vio nacer. Pero ese mundo, por distinto que sea, buscará reproducir la recepción inaugural o impondrá una recepción inaugural. La expresión suscita representaciones de muy diverso orden. Imagino librerías inmensas en las cuales, en un rincón, aparecen algunas obras escritas en español por autores latinoamericanos.

Recuerdo un anfiteatro en el Norte de Estados Unidos lleno de estudiantes mitad gringos, mitad “hispanos”, como ellos dicen, a cual más interesado por la latinidad criolla: los dos estudiantes sobresalientes son una enana joven riquísima y muy simpática y un mexicano alto y con granos en la cara que estudia para recobrar el país que perdieron sus padres. Evoco bandas de suecas y finlandesas, mujeres de gran tamaño y manazas de carnicero, que se abrigan con chamarras de alpaca y de vicuña mientras se inclinan hacia abajo para abrazar a sus maridos que hablan con acento quechua y tienen cara de ídolo prehispánico.

Imagino las transacciones millonarias entre una editorial y otra para llevarse a un best-seller latinoamericano, lo cual le permitirá a él terminar de pagar el departamento de su madre en su arrabal del trópico sub-húmedo latinoamericano. Imagino ruidosas fiestas en Embajadas latinoamericanas. Periódicos donde se ven abrazados el Dictador y el Escritor. Recuerdo las mesas de las librerías de viejo en cualquier ciudad latinoamericana donde las celebridades de ayer se decoloran a sol y a sombra. Busco inútilmente en mi memoria la hora y el lugar donde se adjudican en subasta los manuscritos de los escritos latinoamericanos, como en Sotheby’s o en Druot de Kafka, Breton y Eluard. ¿No es curiosa la ansiedad, el nerviosismo con que se habla del éxito internacional de nuestras letras? Y tanto estudiar a Azuela, Fuentes o Paz para que resulte que una Laura Esquivel con su Como agua para chocolate o un Paulo Coelho con su Alquimista venden en un año lo que todos ellos juntos en toda la vida.

Estas imágenes y anécdotas pueden, desde luego, aumentar y multiplicarse: un sueco recitando de memoria a Sor Juana en un invernal Estocolmo, una española diciendo de memoria Piedra de sol mientras amanece en Madrid luego de una trasnochada, una banda de jóvenes bohemios en el Metro de París jugando a rehacer Rayuela, un simposio sobre la literatura mexicana en Alabama donde la ensalada combina escritores de Chile (políticamente comprometidos), de dulce (triunfadores light) y de manteca (best-sellers).

Todas estas imágenes comparten un horizonte: una especie de complejo de inmadurez. Cierto: como en América Latina nadie —salvo nosotros: algunos de nosotros— toma en serio la literatura lo serio es la guerra, el crucifijo, la política y el football, la corrupción, el financiamiento ilegal de los partidos, los muertos, los desaparecidos mientras la literatura en realidad no es tan importante, salvo para quienes organizan los premios que la promueven. ¿Podría, por ejemplo, aplicarse a América Latina la frase que Paul Valéry dirigiera a Mallarmé: “aunque en apariencia no tenga usted noveles lectores, en cada ciudad de provincia en Francia hay un adolescente fervoroso dispuesto a dejarse sacrificar por usted”? ¿Cuántos adolescentes latinoamericanas estarían dispuestos a hacerse despedazar por Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Octavio Paz, José Lezama Lima, Alfonso Reyes, Gonzalo Rojas, Blanca Varela?

Medio siglo después de que Alfonso Reyes dijera: nosotros hispanoamericanos, hemos llegado tarde al banquete de la civilización —pero al fin y al cabo hemos llegado— aparece el famoso y sobado Boom, en parte asociado a la boga latinoamericana desencadenada por la Revolución Cubana. Reyes, Lezama, Teresa de la Parra, Azuela, Borges, Bioy, Paz fueron anteriores al mentado fenómeno editorial pero éste ganó los mercados con obras que, independientemente de la calidad, rompieron el aburrimiento en que se debatía una novela que el Nouveau Roman ya había condenado en vano a muerte. La lección que se puede sacar a partir del éxito internacional de las obras como del primer Fuentes y el primer Vargas Llosa, las de Cabrera Infante y Manuel Puig en que la experimentación era lícita siempre y cuando incluyera colores locales, alusiones regionales, violencia, guerra, guerrilla, fotonovela, carnaval, vida nocturna, magia, selvático sexo y caudillos.

El éxito arrollador de algunos de estos autores nos lleva a preguntar hasta qué punto el éxito comercial está relacionado con los sabores regionales. La poca o relativa suerte editorial en el extranjero de autores de gran envergadura y alta calidad como Juan García Ponce, Salvador Elizondo o Sergio Pitol, para hablar de México, o de José Bianco, H. A. Murena, Manuel Mújica, el propio Bioy, de Pedro Gómez Valderrama o Ricardo Cano Gaviria en Argentina nos hacen preguntarnos hasta qué punto las etiquetas de legitimación local ayudan a construir en el horizonte de una literatura unidimensional la imagen de un escritor. Sin embargo, esta conversación corre el riesgo de girar en círculos viciosos y llevarnos a argumentaciones espúreas del tipo: sólo importan en el extranjero los autores comerciales (entiéndase populares y baratos), mientras los autores difíciles y exigente tienen natural y justamente poco público. Quizá convendría para limpiar estas telarañas descansar un poco la vista en el espejo negro de la memoria.

¿Qué es la América Española y Portuguesa? ¿Culturalmente hablando dónde está la literatura hispanoamericana? No se puede soslayar el hecho de que descendemos de una cultura —la hispánica y portuguesa— que le dio la espalda a la modernidad mediante la Contrarreforma que expulsó a los árabes y a los judíos de su territorio, que abrió la Inquisición al mismo tiempo que clausuró la posibilidad de un estudio laico de las humanidades, en fin, que hablamos la lengua de un imperio que se hizo acreedor de una Leyenda Negra bajo cuya sombra todavía alentamos cautivos. Las empresas de la Emancipación y de la Independencia no mejoraron mucho las cosas. Con ellas se inicia formalmente la cultura del canibalismo y parricidio.

El criollo se sentía como un francés o un inglés que por mala suerte le había tocado hablar español. De hecho, a lo largo de todo el siglo XIX y durante buena parte del siglo XX, las instituciones republicanas asistieron de buena gana o al menos con consentida indiferencia a la destrucción de las instituciones coloniales —empezando por esa mezcla de banco, escuela, funeraria, registro civil y consultorio psiquiátrico que fue la Iglesia. Si España es la protagonista de una Leyenda Negra, el pasado colonial hispánico representaba la sobrevivencia de esa leyenda en nuestra propia casa —una leyenda que era preciso olvidar junto con la cultura que la había creado. Las convivencias republicanas nos enseñaron a ver en España y Portugal países atrasados, filosóficamente inexistentes, literariamente nulos.

Durante todo el siglo XIX, América fue un espejo de discordias y el movimiento que llevó de Estados Unidos a Inglaterra a un Henry Adams, a un William y a un Henry James, a una Edith Wharton, no tenía nada que ver con el movimiento que hizo que los mexicanos Payno o Altamirano pudieran consagrarse como novelistas exclusivamente locales —quizá porque no escribieron grandes novelas de interés universal. La insidiosa máquina del costumbrismo debilitó a no pocos de nuestros escritores, y quizá por ello los mejores talentos se han dedicado a la historia o la geografía.

El modernismo representa una ruptura pues afirma con Darío, a Casal, Gutiérrez Nájera, Asunción Silva que el idioma español representa un espacio cultural mucho más amplio y rico que la lengua que trafican los periódicos. Paralelamente al modernismo aparecen en el horizonte las recreaciones del pasado colonial —Palma, González Obregón, Riva Palacio— que aunque todavía lastrados por el costumbrismo y la documentación dejan aflorar la fantasía, los focos del trasmundo. Pero todavía subsiste el hecho de nuestra literatura, nos interesa (nos debe interesar, ¿no?) en primer lugar a nosotros mismos —cosa por demás natural: ¿cuántos novelistas finlandeses, cuantas narradoras del Camerún somos capaces de nombrar?— y eso no siempre.

Con el modernismo se dará también otra ruptura. El poeta modernista es un modelo de cosmopolitismo: el guatemalteco Gómez Carrillo vive casi toda su vida en Europa. Darío viaja incesantemente. Pero en su vida cosmopolita el poeta modernista va a descubrir que si es ciudadano del mundo lo es en primer lugar del mundo hispanoamericano. Descubre que el cosmopolitismo es un hispanoamericanismo o, mejor, un iberoamericanismo. Este descubrimiento será particularmente vivo en el París del primer tercio del siglo XX: Asturias, Carpentier, Reyes, Vallejo, Teresa de la Parra redefinen su condición hispanoamericana en el peregrinaje fuera de sus países. (Algo parecido le sucedería años antes a Martí en México y en Nueva York, años después en Madrid y en Ginebra a Borges). Alejandra Pizarnik, Copi, Julio Cortázar, Octavio Paz, Juan José Saer, Saúl Yurkievich afirmarán su vocación hispanoamericana en París; Carlos Fuentes, Vargas Llosa y Cabrera en Londres.

Esta reflexión nos permitirá situar con mayor equilibrio al Boom latinmoamericano en el extranjero. El Boomwhatever that means— ha sido importante para Hispanoamérica sobre todo puertas adentro ya que nos ha permitido el lujo pedagógico del reflujo que consiste en consumir nuestros propios best-seller como si fuesen objetos de exportación. Ha sido una columna vertebral, un bastidor tanto más frágil cuanto más intenso y rico es el conocimiento de nuestras literaturas. El luminoso Mariano Picón-Salas decía que literalmente hablando América Latina está más cerca de Europa que de sí misma: los lectores mexicanos saben muy poco de literatura guatemalteca, pero están al día de las novedades alemanas; pocos venezolanos conocen la literatura colombiana, pero vaya que se saben sus letras inglesas.

En este compás desconcertante existen algunas literaturas particularmente ausentes: Brasil y Portugal eran hasta hace muy poco hoyos negros, regiones centrípetas, continentes desconocidos; y la propia literatura española no es muy practicada entre nosotros. ¿Cuántos, por ejemplo, lamentaron la muerte del gaditano Fernando Quiñónez? En Cuautla ¿quién lee a Claudio Guillén? Otro país inmerso en el olvido y la distancia es el Caribe en sus diversas expresiones idiomáticas: nos son relativamente conocidos algunos autores puertorriqueños como Julia de Burgos, Luis Rafael Sánchez o Rosario Ferrer, pero ¿quién conoce al dominicano Marcio Veloz, al haitiano Frank Detienne? Hemos leído a André Breton pero no lo suficiente a Aimé Cesaire, a Albert Camus pero no a Jacques Stephan Alexis y si Dereck Walkott como Edouard Glissant se salvan del olvido es porque tienen lectores en Europa y les dieron —bien merecido— el Premio Nobel.

No está mal que nos preocupe el qué dirán del mundo pero es quizá más sensato que nos preguntemos qué dicen de nosotros nuestros hermanos y vecinos que los simpáticos y remotos, y no siempre inteligentes nietos de los Vikingos. Entre la traducción como estilo de vida y la recepción como estrategia de sobrevivencia, ser intelectual en América Hispana ha significado aún antes de la emancipación preguntarse qué significa tal condición, cuestionarse a propósito de ese quehacer y su sentido. La historia de la cultura hispanoamericana puede leerse como la sucesión de respuestas y declinaciones a esta pregunta. Desde la pedagogía liberal y la higiene positivista hasta la definición de la vocación singular de la raza y el crisol civilizatorio, pensar y escribir en América ha significado pensar esa circunstancia, redactar desde ese predicado: la filosofía y la crítica precisaban pasar por la historia y ésta a su vez correr el riesgo de diluirse en la geografía.

La historia de México de Justo Sierra fue además de una investigación, un ejercicio político de concordia, un ensayo intelectual de la paz social que sería uno de los valores esenciales del porfirismo y todavía hasta hace muy poco del México contemporáneo. De José Enrique Rodó —cuyo Ariel celebró 100 años de publicación— a José Vasconcelos —cuya Raza cósmica daría lema y doctrina a la Universidad Nacional y al mesianismo latinoamericano en el siglo XX, la literatura de ideas debate cómo se formulará y transmitirá la memoria nacional y regional, cuáles serán los relatos del auto-reconocimiento, las historias de familia cultural, cuáles habrían de ser los instrumentos de su crítica; entre el idealismo mesiánico de Rodó y el humanismo católico de Vasconcelos, se recorta la invención de una tradición clásica en Pedro Henríquez Ureña, en Alfonso Reyes, en Mariano Picón-Salas, en Jorge Cuesta o en Juan Antonio Ramos Sucre.

La búsqueda de un canon, la necesidad de encontrar una norma sui-géneris para contrastar la titánica, la enorme circunstancia americana, se trasluce en el título de uno de los primeros libros de Borges: El tamaño de mi esperanza que no deja de ser una discusión de la misión poética hispanoamericana. Partiendo de Walt Whitman —autor de lo que Harold Bloom llama con acierto la gnosis americana—, Borges llamará la atención sobre la desproporción entre las dimensiones y riquezas naturales del continente y los formatos e inhibiciones de la lengua y la cultura que resultan harto modestas en comparación con aquéllas. El texto de Borges es una llamada de atención respecto del naturalismo y el telurismo, pobres reflejos de la grandeza continental.

Alfonso Reyes publica en 1915 Visión de Anáhuac. No es un texto filosófico sino literario, pero la calidad de su factura, la originalidad de sus procedimientos, la singularidad de su actitud lo proyectan espontáneamente como un texto clave, faro confiable para navegar el mar incógnito de nuestro destino cultural. Más allá de su asunto: el descubrimiento de México-Tenochtitlán por los conquistadores españoles —Visión de Anáhuac— emite conceptos radicalmente pertinentes: los hispanoamericanos no nos podemos cortar la lengua: no cabe buscar la herencia prehispánica sin una búsqueda paralela de la tradición medieval y renacentista española, y ninguna de estas dos empresas es viable hoy si no se emplean todos los recursos de la literatura y la crítica modernas. No es una casualidad que se haya discutido la influencia de la Anabasis de Saint-John Perse sobre Visión de Anáhuac y por esas y otras razones, el texto de Reyes es uno de los primeros textos realmente universales de la literatura hispanoamericana moderna, un texto que hace ver que en la Edad Moderna poesía y crítica han de ir de la mano.

¿Qué significa ser escritor y artista en Hispanoamérica? La pregunta sigue como una sombra a la inteligencia americana. La historia de ésta es, repitámoslo, la de dicha pregunta. La respuesta está o puede estar en la historia de ese preguntar. Lo comprende así José Lezama Lima en La expresión americana. La historia verdadera es para Lezama la historia de la cultura, de las artes, de la pintura y de la arquitectura, de la música y las fiestas populares, de la danza y de la poesía. Lezama no sólo identificará la ciudad barroca americana como una matriz cultural. Frente a los viciosos círculos sanitarios de la razón positivista y el mercado liberal, sabrá discernir en la ciudad del arte barroco una subversiva que era imaginaria, hará ver que en la desproporción entre un continente titánico y un saber literario y filosófico modesto, existe un puente, un término medio: el arte, la cultura ¿no son continentes capaces de entregarnos una lección?

Al aprender a leernos a nosotros mismos, al desentrañar el logos incrustado en el amplio y disperso cuerpo cultural, las respuestas a las preguntas por nuestro ser y quehacer multiplican socialmente su eficacia: más allá de la República Literaria, la ciudad del Arte abre sus puertas a una ciudadanía que se define en términos amplios de un ethos, de una era imaginaria. Lezama radicalizará los postulados del humanismo católico vasconceliano, declinará el mesianismo radical de Rodó pero sobre todo introducirá una novedad: Pedro Henríquez Ureña había distinguido tres grandes coordenadas americanas; primera: la América de altura o de montaña, creadora de aparatos políticos centralistas, de ciudades aristocráticas e imaginaciones crepusculares (Bogotá, México, Quito, Lima); segunda: una América esteparia y llanera, agreste y primaria, pampera, errátil y aldeana, inmóvil en la quietud de sus horizontes inconmensurables, militar y pendenciera (la Pampa, los llanos venezolanos, los desiertos del norte de México, el bandidaje del lejano Oeste): es la América bárbara de Facundo y del general Paez, de la guerra del Chaco, es de Francisco Villa y de Martín Fierro y cuya expresión es el romance y el corrido.

Queda en tercer lugar, la América de las tierras bajas, de la costa y del Caribe: el lugar común europeo —alemán, francés e inglés— identifica tanto al llano como a la tierra caliente con la indolencia y la corrupción, es el universo pantanoso de la gana y auto-indulgencia sudamericana que el conde de Keyserling creyó discernir en el mundo argentino. Pero Lezama reconocería en el Archipiélago Antillano la cuna de un estilo —el barroco americano— donde la complejidad artística es el órgano —el panorganón— del amplio espectro cultural de la colonia y los virreinatos. Otra novedad del texto de Lezama: su diálogo con la tradición portuguesa y brasileña. Que la crítica de la cultura es una historia crítica y que la verdadera historia nos lleva a la geografía es algo que aflora en el texto de Lezama pero que Germán Arciniegas logra cristalizar en su Biografía del Caribe: a una historia crítica corresponde una geografía crítica, una conciencia del espacio en el tiempo, una memoria del tiempo hecho espacio, edad, era imaginaria.

El texto de Arciniegas, luminoso y central por más de un motivo, introduce en la conversación en torno a la identidad la variable del desdoblamiento, la corrupción y el contraste y propone un modelo cultural de la conciencia americana inspirado en la unidad de un espacio geográfico y cultural. Declina y relativiza las fronteras políticas, restituye al comercio su papel creador de la fábula americana, pero sobre todo reintroduce en el debate la conciencia de lo que los historiadores llaman la larga duración y los antropólogos la cuenta larga, los calendarios del pulso mercantil y civilizatorio.

No es extraño que la preocupación por fijar un ideal clásico, una apropiada norma elevada de justicia y belleza para América sea paralela a la propia conciencia americana. Tampoco lo es que en este continente dominado por el mito y cuya cultura no logra formular su propia situación trágica —¿no es la capitis diminutio en el fondo El pecado original de América Latina examinado por H. A. Murena?, continente asediado por las urgencias de la actualidad y donde la cultura es pervertida por las necesidades inmediatas— se empiecen a multiplicar tanteos, tientos y diferencias —para aludir a Alejo Carpentier cuyo horizonte es precisamente el calendario amplio del mito, las tablas periódicas de la antropología. Es curioso que las manecillas del reloj hispanoamericano repasen horas míticas como la que da El laberinto de la soledad. Ensayo singular pero no aislado del coloquio hispanoamericano, El laberinto de la soledad de Octavio Paz desentrañaría las eras imaginarias que se yuxtaponen en el yacimiento cultural mexicano.

La fuerza del texto deriva en buena medida del encuentro entre una certera intuición poética, un conocimiento profundo de la historia de México y un conocimiento eficaz y flexible del discurso antropológico contemporáneo —de Bataille y Caillois a Marcel Mauss, de Frazer a Lévy-Strauss. Redactado en la órbita conceptual de la España invertebrada de José Ortega y Gasset, El laberinto de la soledad conjuga las preguntas tradicionales en torno al ser y quehacer americano constelándolos, declinándolos en torno a los ejes históricos que son cráteres míticos: el diagnóstico de las heridas simbólicas del cuerpo cultural y político mexicano da lugar a una arqueología del saber americano y al nacimiento de una clínica cuyo espacio de acción son las costumbres. Genealogía de la moral ladina y criolla, el ensayo de Paz supo calar más allá de su época y de la circunstancia mexicana, y su examen de conciencia no dejó de tener réplicas en el sentido sísmico de Guatemala, las líneas de su mano de Cardoza. En Perú, donde Sebastián Salazar Bondy escribe La horrible o Julio Ortega Crítica de la identidad peruana con la cultura peruana, dibuja la otra cara de la civilización en América.

La complejidad de estos discursos que buscan tender un puente entre pasado histórico, análisis político y cultura popular es un signo de la época; los ensayos de Carlos Monsiváis se encauzan por una vertiente armónico-caótica que afirma que la cultura americana será popular o no será. El análisis sociológico de Monsiváis incluye un par de ingredientes nuevos: el mercado y la usamericanización. A las oposiciones primarias e ingenuas de un Roberto Fernández Retamar en ese Calibán que retoma el Ariel de Rodó en clave marxista, Monsiváis opone una mirada analítica, una crónica desprejuiciada de procesos de usamericanización: dime cómo te agringas y te diré qué tipo de latinoamericano eres. La aproximación de Monsiváis tiene un referente mitológico: la ciudad y dentro de ellas, las masas. Pero si Monsiváis está capacitado para entender el mercado y el supermercado de las conciencias, no parece limitado por su formación protestante para abrazar el ecumenismo católico como una vía de construcción civil. Siguiendo las huellas de la arqueología del saber nacional unificada por Octavio Paz en El laberinto de la soledad, Gabriel Zaid encuentra en el catolicismo de López Velarde, Ponce y Pellicer caminos seguros para proceder a esa reconstrucción al punto de que el discurso nacionalista revolucionario será difícilmente sostenible sin el respaldo del catolicismo civil impartido por las huestes religiosas.

¿Cómo continuar siendo hispanoamericano en un mundo donde las referencias nacionales parecen extinguirse? ¿Es posible establecer un equilibrio entre traducción y recepción? ¿No será necesario buscar ese equilibrio a partir del estudio comparado de las obras latinoamericanas traducidas a otras lenguas y de las grandes obras de la literatura y el pensamiento universales traducidos a nuestra lengua desde Latinoamérica? ¿Existirá alguna ecuación entre la fascinación por nuestra historia ostensible en la literatura latinoamericana en la avidez con que apura en traducciones el conocimiento de la historiografía moderna? Las referencias nacionales, no las regionales, se van eclipsando aparentemente (sólo aparentemente) en un mundo donde las comunidades imaginadas por la cultura impresa son sustituidas por las comunidades imaginadas por los medios electrónicos y ya no por la letra impresa. La pertinencia del análisis cultural se impone en esa perspectiva cuyo punto de fuga vertebral es la convivencia multicultural. El cubano Antonio Benítez Rojo en La isla que se repite enfoca con agudeza las disyuntivas de la asimilación y el desarraigo en el escenario de una historia que se define como cultura y una cultura que se afirma como ritual laico. Otro ejemplo es el de Ilan Stavans, mexicano-usamericano quien ha escrito una Hispanic Condition donde el angst de la transculturación que atormentaba a José Vasconcelos y se invierte en la descripción del crisol latino que propulsa a la cultura usamericana contemporánea.

Pero si México no es un país sino un continente, si cada región de nuestros países —por ejemplo, un Departamento en Caldas, Colombia— tiene las dimensiones de una nación europea, ¿no será sensato pensar que la descripción de nuestra cultura ha de ser plural y que Iberoamérica más que una cultura es una civilización? Esta es la intención inicial del Espejo enterrado (obra que ensaya en cierto modo una teatralización de la recesión) de Carlos Fuentes que prolonga el dispositivo pluridisciplinario de Lezama e inaugura el horizonte de la multiculturalidad. El mensaje de Fuentes en ese libro no es muy distinto del de Arciniegas en una obra poco citada fuera de Colombia: La América de siete colores. Es un mensaje que tiene que ver con Whitman y su gnosis americana pero que la radicaliza al invitarnos a reconocer en nuestra cultura un panteón abigarrado donde judíos, árabes, celtas, iberos, católicos de Pedro el Ermitaño, jacobinos de cepa republicana, usamericanos, hispanoamericanos de primera hora, revolucionarios y positivistas configuran un animado y bizarro cuadro de transculturaciones al interior de una misma cultura.

Es de buena educación concluir con notas optimistas. Destacaré una: A diferencia de las letras francesas o italianas o alemanas, la hispanoamericana es una literatura en expansión y cuyos procesos creativos aún no concluyen, y se están dando por así decir ante nuestros propios ojos —hemos conocido a Rulfo y a Cardoza, a Borges y a Paz, a Pellicer y a Zaid, a Juan José Arreola y a Cintio Vitier, a Gabriel García Márquez y a Efraín Huerta, a Elizondo, a García Ponce, a Gonzalo Rojas y a Blanca Varela. También su saber y crítica están en desarrollo: hace una generación referirse a un usamexicanista (o sea un mexicanista norteamericano) era hablar de un suicida frustrado. Hoy los estudios latinoamericanos en las universidades usamericanas son una industria en desarrollo. Nunca como ahora había habido ediciones críticas (como por ejemplo los edificios editoriales de la Asociación Archivos con su cuarentena de obras rigurosamente anotas, especie de Pleiade hispanoamericana o de Modern American Library latinoamericana). Aunque no exista aun el relevo de Cuadernos Hispanoamericanos. Estos estudios comparten un horizonte: una comprensión íntegra de la cultura hispana es una comprensión abierta y multidisciplinaria, necesitada de erudición y amplitud. Una comprensión multidisciplinaria. Por eso quizá la mejor manera de prepara el porvenir sea en nuestro caso mirar con ojos nuevos al pasado y a esa variedad elusiva del pretérito que llamamos presente.


Adolfo Castañón, mexicano, es poeta, narrador, ensayista, traductor, editor y crítico literario. Estudioso de las obras de Michel de Montaigne, Alfonso Reyes, Juan José Arreola y Octavio Paz. Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Ha sido miembro del consejo de redacción de varias revistas en Latinoamérica, como Vuelta, Letras Libres, La Cultura en México, Plural, Gradita y Literal.

Fomentar la diplomacia cultural de Latinoamérica en el extranjero

Miguel Ángel Muñoz

Siempre ha existido una relación cercana entre los países de América Latina, no sólo política, sino cultural. México fue durante años un país de referencia, aunque al paso de los años se ha perdido.

Miguel Ángel Muñoz.  Arte: Vladimir Cora, México, 2014.

Miguel Ángel Muñoz. Arte: Vladimir Cora, México, 2014.

Es necesario en pleno siglo XXI, llevar a cabo una política cultural más fuerte en el intercambio entre instituciones, donde no sólo se incluyan a los “grandes nombres”, sino que también tengan voz los nuevos creadores y los que no estén en el círculo de poder. Por ejemplo, en mi campo de investigación que es el arte, se necesita rearmar el rompecabezas de los museos, galerías, becas y difusión. Es decir, abrir un debate en el campo: ¿Qué papel juegan las instituciones de cada país? ¿Para qué sirven los museos? ¿Para qué las becas de intercambio cultural? ¿Existe un sistema efectivo de promoción fuera de nuestro país de origen?

Lo que me gustaría es que se configurara un centro de investigación de arte y literatura de América Latina, destinado a difundir y promover en todo el continente nuestras propuestas artísticas. Es difícil, lo sé. Pero creo que valdría la pena, ese intercambio de propuestas a partir de una gran red, cuyo eje central fuera dicha institución, por la entidad de los interlocutores: historiadores, críticos, artistas, poetas, novelistas, que han marcado en cada uno de sus países su apreciación sensible una mirada moderna.

Una propuesta en la que siempre vence el orden frente a la fragmentación, lo añejo a lo inmaduro. Por qué no ver y descubrir lo que pasa en Puerto Rico, Panamá, Haití, Costa Rica, República Dominicana. Son países maravillosos más allá del mero encanto de lo extraño. Son culturas desbordantes y con ganas de que su arte y literatura se difundan.

“Los espejos multiplican las cosa y sus efectos lumínicos son fascinantes”, decía mi admirado Robert Hughes. Cada civilización tiene su historia, y que mejor que crear un puente entre todas ellas. Creo que ese sería un buen aporte para crear una diplomacia cultural de Latinoamérica con el extranjero. Es un desafío y un reto de la política cultural de cada país, pero México podría ser el pionero de un proyecto clave y de vanguardia.

Lo veo posible: tenemos —a diferencia de muchos países— una infraestructura cultural armada, con una institución como CONACULTA, con muchos años de experiencia. Falta proponer y dar el paso, realizar un proyecto de tal magnitud. Ojalá y la propuesta tenga cabida en ese mundo burocrático que tanto daño nos hace.


Miguel Ángel Muñoz, mexicano, es poeta, historiador y crítico de arte. Doctor en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Miembro Asociado del Seminario de Cultura Mexicana. En el 2009, fue reconocido en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana, por su “contribución al estudio del Arte Contemporáneo”.

Cross-cultural Dialogue

Rose Mary Salum

Art is the manifestation of a nation’s soul. If we ponder of a State not as a unity, but as the sum of the people forming it as it is, then it is simpler and less abstract to denote its art as the manner in which the set of people expresses itself. 

Art: "Fly" by  José Santos.  http://www.jsantos.co.uk/

«Fly» by José Santos. http://www.jsantos.co.uk/

To halt support this dimension of society is as though cutting half of its being. In times in which consumerism is the rule it is ever so important to exalt this other part of human beings.

As for my particular case, since I left Mexico I realised that Mexican culture is only appreciated in very narrow and selected circles of educated people. The rest of the people does not really know who we are, let alone when they openly show contempt for what is Mexican. When I faced straightforwardly with such realisation (it is never the same to know this by TV or newspapers as living it in your own flesh), I decided that the responsibility was to shift this mindset in a one by one basis.

I, then, introduced ‘Literal’ magazine as a way of establishing a cross-cultural dialogue, in order to create a mean capable of export the richness of our artistic expressions abroad and by collaborating in the means that each individual’s ability suppose to spread our soul in the English-speaking world to be appreciated. Hence the importance of supporting art and culture in Mexico from abroad. Thence the need of people like you, reader, that regardless of distance from your country feel the duty of promote our soul.

Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes Cárdenas.


Rose Mary Salum is Mexican, founder and director of ‘Literal, Latin American Voices’, a bilingual magazine. She is author of the books of tales “Entre los espacios” (Spaces in Between) and “Vitrales”. She was guest editor of Hostos Review for the compilation of Almalafa and Caligrafía, Latin American writing of an Arabic origin (2010). Her poems and stories are included in anthologies from the USA, Australia, Argentina, Mexico, Colombia, Poland and Spain. She won the Terra Austral award, the Ana María Matute (Torremozas) Award, the Hispanic Excellence Award, the Lone Star Award, CELJ award, and the Classical Award given by the University of St. Thomas as well as the Maggie Award. We suggest to visit  http://www.literalmagazine.com/

The clearest zone of the air: A Tribute to Carlos Fuentes and The City as a Character

Paniel Reyes Cárdenas

People with a pervasive influence to a generation are inevitable, especially when it comes down to literature, the strength of prose can awake with vibrant voice the feelings of an otherwise slumbered community or mesmerize with sweet voice a giant, taming their rudest passions.

Dr. Paniel Reyes Cárdenas. Photo: Universidad del Golfo de México, rectoría centro.

Dr. Paniel Reyes Cárdenas. Photo: Universidad del Golfo de México, rectoría centro.

Carlos Fuentes did a hallmark in Hispanic American literature, not only because of the extension of his still unfathomed literary work, but also because that work was momentous and rendered possible a whole generation of writers, the “boom” generation. In the next few lines I’ll try to explain that claim by attending to his first novel: “La región más transparente”, in which he carries out the forbidden task of tackle the philosophical and sociological maze of the city. As Latin-Americans’ abroad (I must render the reader that I am a Mexican living in Sheffield, UK) we are peculiar human beings, we bring a past that define us and we are also shaped by the always new culture, this happens to such a extend that we end up belonging to no place, and nonetheless Mexico and Sheffield own us, can we escape from this fate? I think we should embrace it; only then we will be able to plant the seeds of a cultural lasting contribution. Bearing this thoughts in mind I will devout some of these lines to explain why I believe that Carlos Fuentes’ “La región más transparente” bears a meaning that the self-understanding of our steel city, Sheffield, can profit of, even in spite of being far away of a megalopolis-sized urban swarm, like Mexico City’s.

Indeed, nearly two hundred years of independence of the Latin-American countries weren’t enough to encourage writers to face the problem of the city, they took time to describe the encounter of human and nature, to depict landscapes and to visit the towns and villages that are germinal of the culture. Only when the time was ripe enough a whole new generation led by Carlos Fuentes will unwrap the riddle of the city, not only describing it, but also making of it a proper character.

Confronting the maze: diachronic and synchronic

Nonetheless, not everybody is ready to confront the maze, the city might suck you in the randomness and you can end up trapped into a labyrinth of meanings that cross over each other intensifying or diming significance. Carlos Fuentes sinks in the problem of the city wisely, not only describing its chaotic overtones, but with a specific approach. His novel is diachronic because he has an understanding of how the history of the Mexican revolution and post revolution generated mixed outcomes; on the one hand it changed the unfair ancient regime of the colony in the distant past and the Diaz’s dictatorship in the near past, both of them based in an unsurpassable division of classes, on the other hand, though, the revolution generated the mindset of the Mexican praise for the leadership of the cacique for whom people will give up reason for charisma.

Carlos Fuentes knows that we are children of confusion; we are mixed not only in race, but also in a love/hate relationship with our past, where everything is grey and beckoned to analytic interpretation. Diachronically, Carlos Fuentes explains the origin of the city in the expression of Alfonso Reyes: the most transparent region, he’s leading us back to the origin of the mythical Tenochtitlan, born in the middle of a clean lake, that unlike Venice or St Petersburg enjoyed an amazing tidiness. But everything comes to a price: the Aztecs fierce dominion and sacrifices sustained an oppressive order that granted the conquistadors the opportunity to divide and defeat. The colony didn’t change the fact of the sacrifice, but a different level now, at the price of having always the scar, pain, and resentment of the bondsman. And Carlos Fuentes tells us that we weren’t that better off in the independence, when the desire for a savior, a father of the nation, will continually blind us to irrationality.

What about the city in the mid 1950’s, where the novel is situated? It is exactly the time in which an awaking self-consciousness of who we are cropped up in a city of contrast. That is what the synchronic approach is about, because is a city of different urban roles, all of them incommensurable with the other, all of them linked deeply. Ixca Cienfuegos and Teodula Moctezuma are two unique characters, they both are extemporal, detached from the problems of the other characters, silent witnesses of the glory and disgrace of other lives. Yet they are still boosting the move forwards, sometimes patronizing, sometimes comforting, sometimes braving. Still they are the soul of the city, a welcoming mother and a human heart eater god, like Huitzilopoztli.

Sheffield is a small city, I have friends that look at it with some condescending disdain, up to the point of saying that this kingdom has only one proper city (the imposing London). So size-wise, it is really different from Mexico City, we don’t have pollution nor the hectic anxiety that pushes you forward towards a devouring routine. I will probably can’t extend an analogy between that urban monster and this vibrant student city from the synchronic point of view. But diachronically Sheffield is the daughter of the same circumstances that fathered our capital across the Atlantic Ocean. The industrial revolution and war wiped out a now seemingly mythical medieval past, progress mixed with class division was unleashed relentlessly ever since, at the same time people here had been always struggling for an utopia of justice and community, of shared values and shared pains.

Back in the 1980’s when David Blunkett put a banner in the town hall that reads: “The people’s republic of Sheffield”. Here, more than in any other place in the UK, the dialectic between a nation and a city has been a difficult one, Sheffield won battles but still had hurtful drawbacks, not an industrial city anymore though managed to survive that apparently lethal wound of bankruptcy with the vibrancy of two big universities. Rivers of people from everywhere have flooded Sheffield now, and the question about the maze emerges again: who are you, Sheffield? What are your foundations? What do you aim for now? I believe both cities never had that question of self-consciousness more strongly prompted. Carlos Fuentes passed away more than two years ago, but his mind still challenges us to find an axis of identity, he was recently worried about the antidemocratic drawback of the elections in Mexico, he was worried about the conservative impasse of Britain in the last election, how can we –synchronically, answer to that?


Paniel Reyes Cárdenas is a Mexican philosopher. Currently a research fellow at the University of Nottingham, United Kingdom. He was award a doctorate in Philosophy by the University of Sheffield, United Kingdom. Is founder of the Mexican Society for Metaphysics and the Philosophy of Science. We suggest to visit http://www.phiscimexico.com/home.html

Futuro de la universidad

Gabriel Zaid

La institución universitaria cumplirá un milenio este siglo. Es un invento medieval y estudiantil. Hubo en Bolonia abogados famosos que se habían formado en la práctica. Recibían como ayudantes a hijos de notables que deseaban tener en la familia expertos que abogaran por sus intereses.

El Museo Británico, Londres, Reino Unido. Fotografía de Eduardo Estala Rojas.

El Museo Británico, Londres, Reino Unido. Fotografía de Eduardo Estala Rojas.

Los artesanos medievales estaban agremiados, y entre sus reglas tenían las de aprendizaje y admisión de nuevos miembros. Cuando el aprendiz de un maestro demostraba que ya era capaz de hacer una obra maestra, entraba al gremio. El modelo gremial inspiró a los estudiantes. Formaron una cooperativa (universitas): una especie de gremio estudiantil para arrendar locales, contratar bedeles y pagar a los maestros que enseñaran ahí, no en su casa. Con el tiempo, también los maestros se agremiaron. Y aunque la nueva institución nació al margen de la Iglesia y el Estado, después quedó sujeta a su intervención.

El instrumento de control decisivo fue la autorización para ejercer. Nadie podía enseñar teología sin autorización eclesiástica. Nadie podía ejercer como abogado sin título profesional. Este monopolio privilegió a los titulados: excluyó a los que saben pero no tienen credenciales de saber.

Los primeros universitarios eran de clase alta, y no las necesitaban para subir a donde ya estaban. Pero las credenciales dieron la oportunidad de subir a los hijos de la clase media, y eso creó una demanda incontenible, que requería administración, mucha administración. En el siglo XX, las universidades se burocratizaron, como casi todo en el planeta. Hoy son instituciones buscadas, ante todo, por las credenciales que otorgan.

El negocio va mal, por razones económicas y tecnológicas. Cuando millones tienen credenciales para subir, la ventaja se devalúa: abundan los universitarios desempleados o con empleos de poca paga y prestigio. A pesar de lo cual, aumentan los costos de la institución, porque la administración se hincha y las exigencias sindicales son cada vez mayores. A esto hay que sumar la técnica medieval de enseñar, que se volvió obsoleta para un estudiantado masivo.

Quien haya tenido la fortuna de estudiar con buenos maestros, que en clase y fuera de clase le dieron atención personal para aprender y madurar, y hasta para iniciar con ellos su carrera profesional (en el despacho, consultorio o empresa del maestro), pueden creer que ese privilegio es generalizable a toda la población. No lo es.

Las universidades ya no valen lo que cuestan, y eso va a traer cambios. Tres están a la vista:

1. Separar dos funciones distintas: educar y credencializar, para concentrarse en educar. En muchos países ya existen organismos oficiales que no permiten ejercer (aunque se tenga un título universitario) sin aprobar exámenes uniformes. También existen asociaciones de especialistas que certifican los conocimientos de sus miembros.

Que las universidades certifiquen a sus graduados deforma su misión fundamental: educarlos. Si cobraran lo que cobran por dar los mismos cursos, pero sueltos y sin otorgar un título final, la demanda se desplomaría, reducida a los que quieren aprender, no sacar credenciales.

2. Separar las materias que requieren laboratorios, talleres, hospitales o la presencia física de un maestro de las que pueden enseñarse a distancia. Los costos de la presencia mutua del maestro y los estudiantes (desplazarse para coincidir en un lugar y momento) son elevadísimos, y sólo se justifican para algunas materias. Las demás deben impartirse de otra manera. Asombra el éxito de Coursera, una empresa asociada con universidades de prestigio para dar cursos en línea. En dos años pasó de cero a siete millones de estudiantes.

3. No ver la educación como una etapa previa a los años de trabajo, sino paralela y de toda la vida. Flexibilizar contenidos y calendarios en los planes de estudio para combinar educación y trabajo. Entrenar para el autodidactismo, y en particular: enseñar a leer libros completos, a resumirlos por escrito y discutirlos.

Después de la imprenta (renacentista) y la internet (actual), ¿se justifica la universidad (medieval)? Ya en el siglo XIX, Carlyle escribía: «La verdadera universidad hoy es una colección de libros». Lo más que puede hacer un maestro universitario por nosotros es lo mismo que un maestro de primaria: enseñarnos a leer (Los héroes, V). Desgraciadamente, se han multiplicado los universitarios que no saben leer libros, y las universidades no se hacen responsables de tamaña atrofia.


Nota del editor: Este artículo de opinión fue publicado en el periódico mexicano Reforma, 28 de septiembre de 2014. Se reproduce en el Mexican Cultural Centre, con la autorización del autor.


Gabriel Zaid, mexicano, es poeta, ensayista, crítico, traductor, editor, investigador. Miembro de El Colegio Nacional desde el 26 de septiembre de 1984, México. Recomendamos visitar: http://gabrielzaid.com/