Maíz. El sustento que da la vida.

Ricardo Ariza

El maíz es una aportación fundamental de los mexicanos para el mundo. El poeta Octavio Paz comparó esta creación con el invento del fuego por el hombre.

Ricardo Ariza, “Maíz. El sustento que da la vida. El huerto en casa, guía básica”. Editorial SelloImpreso. México. Septiembre 2014. 78. Págs.

Ricardo Ariza, “Maíz. El sustento que da la vida. El huerto en casa, guía básica”. Editorial SelloImpreso. México. Septiembre 2014. 78. Págs.

Alimento divino y símbolo de identidad, las civilizaciones mesoamericanas están ligadas indisolublemente a la creación del maíz; desde la cosmovisión precolombina los hombres no fueron hechos de barro, ni la mujer salió de una costilla, no, hombre y planta se formaron el uno al otro, son hermanos, es la madre o el padre, el dios generoso que comparte su cuerpo, también es mito fundacional, pero sobre todo, es diversidad, hay blancos, negros, morados, amarillos, rojos y pintos, clara muestra de la solidaridad de los pueblos y de su capacidad de preservar la memoria.

Con la invención de la agricultura surgieron la domesticación y el desarrollo de la planta en tierras del sur y del centro de México. Junto con el frijol, el chile y la calabaza, fue el cultivo característico de estos pueblos sobre una geografía conformada por cadenas montañosas, que permiten la presencia de hábitats propicios para el cultivo, sin embargo, hay maíces para todo tipo de suelo, clima y altura.

La herbácea americana de la familia de las gramíneas no puede desarrollarse por sí sola, sus granos se conglomeran fortísimamente en la mazorca, tiene espigas y frutos harinosos. De acuerdo a los más sólidos planteamientos científicos, la mayoría de las variedades que existen actualmente se derivan del teosintle, un pariente silvestre que representa toda la base genética del cultivo del maíz en el mundo.

Para conseguir las variedades evolucionadas que ahora conocemos, que no son capaces de crecer sin el trabajo del hombre, los habitantes de Mesoamérica seleccionaron los núcleos que produjeron las plantas más desarrolladas, y por métodos de cruza lograron conseguir mejores granos. El maíz cultivado que comemos no puede propagar solo sus semillas. Una buena mazorca, durante milenios, ha sido logro de habilidades y técnicas que no nada más tienen que ver con la siembra, la cosecha y el almacenamiento, sino que también se relaciona con la búsqueda de un germen mejorado, lo que representa un trabajo de profunda observación y conocimiento.

La palabra maíz la trajeron los españoles, quienes la escucharon en las islas del Caribe ya conquistadas, antes de la caída de México Tenochtitlan. Es un vocablo de la lengua taína de las Antillas, su significado es: Lo que sustenta la vida.

El grano no sólo ha alimentado a innumerables generaciones, también ha constituido su propia cosmovisión, la forma en la que el ser y el colectivo se han relacionado con el mundo y con el universo, a lo largo de más de siete mil años en América. Desde las antiguas civilizaciones olmecas, toltecas y teotihuacanos, quechuas, incas y mayas, durante la colonización de América, la Independencia, la Revolución de 1910 y hasta los tiempos actuales, comprender la importancia del maíz es un asunto simbólico y estratégico de soberanía alimentaria, es urgente revalorar el trabajo de los campesinos y reconocer la importancia del campo y de los frutos de la tierra. Negar al maíz, es negar al mexicano mismo. Más allá del estudio etnográfico, debe reconocerse y valorarse la actual situación de la reserva genética de granos nativos, porque México es el lugar de origen, domesticación y diversidad de este cereal.

Hoy en el mundo entero el maíz es utilizado como alimento y como materia prima en muchas industrias. El maíz blanco se utiliza para consumo humano y el amarillo para forraje y alimento de ganado, así como para producir almidón y etanol. Su menoscabo ha sido constante desde los tiempos de la conquista y la colonia, los españoles imponían una supuesta superioridad del trigo sobre los granos nativos, incluyendo al amaranto, la chía y el cacao. Hoy el maíz es considerado el más importante legado biocultural de nuestra tierra.

Dicen los tzeltales en la región montañosa de Chiapas “es en la semilla donde todo comienza y termina; es el principio y el fin”. Aproximadamente 59 razas y cientos de variedades existen en nuestro país, las semillas son tan importantes como el lenguaje, como los idiomas que han sido conquistados y desaparecidos, preservar lo que queda de ellos es tarea de todos, pues es la riqueza cultural de la nación para sí misma y ante el planeta.

Hoy el debate académico ¿incluye garantizar la demanda alimentaria en México y en el mundo?, pues el consumo del cereal ha aumentado, ya que se utiliza en distintas ramas de la industria y en la ganadería, lo que ha elevado su valor social. Se puede observar una recaída general en la siembra, la cosecha, la producción y el valor total del producto, que es considerado como la base de la alimentación mexicana. La gran diversidad de maíz criollo se encuentra principalmente en el estado de Oaxaca, pero actualmente no hay estado de la república en donde no se produzca a mayor o menor escala. “Hay frecuentemente muchos más tipos de maíz en una sola localidad de México que en todos los Estados Unidos” dijo Edgar Anderson, investigador norteamericano.

Resulta vital diseñar estrategias de conservación in situ de la diversidad genética del maíz, aprovechando que el intercambio de semillas se da principalmente entre las comunidades rurales, es ahí donde deben crearse cada vez más centros de resguardo y almacenamiento de la semilla, como forma de estrategia de seguridad alimentaria en los productores de menor escala. El maíz no es sólo un producto alimentario, sino principalmente un patrimonio cultural de nuestra sociedad pluriétnica. Las semillas criollas protegidas y conservadas a través del tiempo son únicas en cuanto a las características de resistencia a las sequías, lo que garantiza el desarrollo y mejoramiento del germoplasma de los maíces.


Ricardo Ariza, mexicano, es escritor, periodista y editor. Ha publicado el libro de poemas «El título es consecuencia del azar» (Colección El Ala del Tigre, UNAM, 1996). Y también el libro «Física de cuerpos ausentes» (Colección La Hogaza /5. Instituto de Cultura de Morelos, 2009). Así como la antología personal «En donde la memoria arda». (INBA, CONACULTA, SEP, Editorial Eternos Malabares, 2013). Ha sido becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (1997-1998) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2003-2004). Dirigió los periódicos «Postal» (2003-2007), «El papel cultural» (2008-2010). Ha publicado en varias antologías de poesía y cuento a nivel nacional y en Latinoamérica. Ha impartido talleres, conferencias y clases de poesía, narrativa, creación literaria, y periodismo. Ha publicado en la revista «Milenio» y en la «Jornada Semanal». Fue jefe de redacción por dos años del periódico «La Opinión de Morelos» 2011-2012. Actualmente es colaborador de la revista francesa «El Café Latino» con distribución en Canadá, Europa y Sudamérica.

Reconocimientos internacionales para el videopoesía mexicano “Perfect Storm”

Oficina de prensa MCC

«Perfect Storm is a video exploration of sensuality and emotion. The technique of translating word to image is used in this video poem, written by Eduardo Estala Rojas, to uncover the true nature of identity, and what can be achieved through self-belief.» 24th London Latin American Film Festival (14-23 November 2014), United Kingdom.

24th London Latin American Film Festival. United Kingdom.  www.latinamericanfilmfestival.com

24th London Latin American Film Festival. United Kingdom. http://www.latinamericanfilmfestival.com

El trabajo del equipo internacional conformado por los mexicanos Rafael Gutiérrez, Karla Romero, Cynthia Calderón, Daniel Muñoz, Adriana E. Vera y Eduardo Estala, ha destacado en los Estados Unidos, México, España y Reino Unido.

Reconocimientos internacionales

El 25 de abril de 2014 con “Perfect Storm”, obtuvieron el primer lugar del Concurso Internacional de Videopoesía, en Chicago, Illinois, Estados Unidos. Organizado por DePaul University y revista Contratiempo. El jurado estuvo compuesto por el fotógrafo Ignacio Guevara y el cineasta Luis Valenzuela. La premiación se realizó en Poetry Foundation, en el marco del VII Festival Internacional de Poesía en Español Poesía en Abril: Centenarios, del 24 al 27 de abril de 2014. El 18 de julio de 2014 fue selección oficial del V Festival de Poesía Tijuana-San Diego/PoeTi-Sa Fest, México-Estados Unidos. Organizado por el Centro Cultural Tijuana, con el apoyo de gestión y promoción cultural del Mexican Cultural Centre. El 28 de octubre de 2014 se proyectará como selección oficial del XVI Festival Internacional de Cine de Albacete, ABYCINE, España. Organizado por el Festival Poético Fractal y ABYCINE, con el apoyo de gestión y promoción cultural del Mexican Cultural Centre. El 13 de noviembre de 2014 se proyectará en el marco del XII Festival de Literatura del Noroeste, FeLiNo, México. Organizado por el Centro Cultural Tijuana, con el apoyo de gestión y promoción cultural del Mexican Cultural Centre. El 16 y 22 de noviembre de 2014 se proyectará como selección oficial en el 24th London Latin American Film Festival, Reino Unido. Con apoyo de gestión y promoción cultural del Mexican Cultural Centre.


Creadores del videopoesía


Rafael Gutiérrez. Foto: Especial.

Rafael Gutiérrez. Foto: Especial.

Director: Rafael Gutiérrez es comunicólogo por la Universidad de La Salle, México. Cuenta con una maestría en Artes Visuales por la Universidad Politécnica de Valencia, España. Además estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica de México. Se ha desarrollado en áreas de comunicación y animación de eventos artísticos.  Durante 5 años trabajó en el Centro de las Artes de Guanajuato, México, como coordinador de difusión y de los eventos culturales del espacio. Ha trabajado en la producción televisiva desde el año 1999, en la televisión pública del Estado de Guanajuato, México. También ha desarrollado productos cinematográficos en video con premios nacionales e internacionales. Es fundador de The Onion Films, México.


Eduardo Estala Rojas. Fotografía de Lidia Á. García.

Eduardo Estala Rojas. Fotografía de Lidia Á. García.

Autor poesía: Eduardo Estala es poeta, editor, narrador, periodista, dramaturgo y asesor cultural. Autor de los libros “Blanco Oro Negro” (Reino Unido, 2012) y “La llave de los elementos” (Reino Unido, 2013). Publicó la obra de teatro “El bosque y la magia de Sofía” (Mexican Cultural Centre, Reino Unido, 2014), en coautoría con Bertha Alicia Denton Casillas. Ha organizado a nivel internacional ferias de libro, simposios, festivales, coloquios, conferencias. Además ha trabajado como periodista, editor y jefe de redacción en diversos medios de prensa en los Estados Unidos, México, Reino Unido. Su trabajo literario y periodístico ha sido traducido al inglés, francés, portugués y árabe. Por su labor cultural y artística ha obtenido premios y reconocimientos internacionales. Es fundador y director general del Mexican Cultural Centre en Nottingham, Reino Unido.


Cynthia Calderón. Foto: Especial.

Cynthia Calderón. Foto: Especial.

Concepto y levantamiento de imagen: Cynthia Calderón es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Salle, México. Creadora y realizadora de proyectos, especialmente audiovisuales y culturales. Actualmente es la vocalista y manager de la banda de jazz “los increíbles Pájaros Lolos” y trabaja proyectos audiovisuales en Digital Gordon, México. Dirigió junto a Rafael Gutiérrez “Miradas a la muerte”, documental que se proyectó en el Nottingham Contemporary, Nottingham Trent University, University of Liverpool, Reino Unido. Con el apoyo de gestión y promoción cultural del Mexican Cultural Centre.


Karla Romero. Foto: Especial.

Karla Romero. Foto: Especial.

Locución: Karla Romero es licenciada en Mercadotecnia por la Universidad de La Salle, México. Ha tomado cursos integrales de fotografía impartidos por el Centro de la Imagen del Centro Nacional de las Artes y el CONACULTA, México. Ha trabajado locución y conducción televisiva.


Daniel Eduardo Muñoz. Foto: Especial.

Daniel Eduardo Muñoz. Foto: Especial.

Ecualización y masterización de audio: Daniel Eduardo Muñoz es productor de audio y músico profesional. Se ha encargado del diseño de audio en programas televisivos y productos publicitarios y cinematográficos. Ha trabajado desde el 2007 en la producción Tv4, televisora del Estado de Guanajuato, México. Realiza música original para la programación, diseño y postproducción de audio, encargado de las grabaciones de voz off para los diversos programas.


Adriana E. Vera. Foto: Especial.

Adriana E. Vera. Foto: Especial.

Traducción de español a inglés: Adriana E. Vera y Eduardo Estala. Adriana E. Vera trabaja en el programa de Historia Latinoamericana, Departamento de Historia, Universidad de Chicago, Estados Unidos. Es traductora acreditada por la American Translators Association. Cuenta con estudios de maestría por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ITESM, México.


Borderless Culture

Mara Maciel

A country’s culture broadcasting and promotion significantly builds up the country’s image in the rest of the world. Indeed, it works as an ambassador of that territory as well as allows a borderless gaze.

"2 Fly" by José Santos. http://www.jsantos.co.uk/

«2 Fly» by José Santos. http://www.jsantos.co.uk/

The promotion of the work of Mexican creators abroad, from abroad finally contributes to render a positive image that we wish for our country in the world. Mexico has been aim of the news from some years ago indeed, unfortunately this is due to the cruelty and violence that has been in the headlines of the media, these made us interact with gruesome and tragic scenes of men and women abused and violated. However, our country has experienced a remarkable production of cultural and artistic goods as an answer to this violence, and it is clear that the cultural politics of Mexico bets on social transformation through culture.

Technology plays a fundamental role, as it provides bringing up new audiences and possibilities for the artist’s works promotion. Nonetheless, the work of a cultural promoter from abroad can create immediate bonds with cultural and educative institutions, she facilitates independent spaces that allow the permanent interchange of the work of creators and artists.

In a recent interview Rafael Tovar y de Teresa, Minister of Conaculta (Mexico’s ministry of culture) pointed out: “our country needs to rank better, as we see that there is an international economic landscape of interest where Mexico can hold a place. The cultural side ought to be part of the strategy.”

We aim to create the networks that make possible the broadcasting and proyection of the lavish Mexican culture in the world and for the world; this implies the expansion of cultural knowledge beyond borders and that other countries are entitled to know too.

Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes Cárdenas.


Mara Maciel is Mexican, a dance and theatre artist. She is graduated as licentiate on Hispanic American Language and Literature. She has been sponsored by the Program of Support to Artistic Creation and Development and the Program of Support to Artistic and Cultural Promotion by which she attended the Programme of Training in Professional Creole Ballet in 2007-8 in Toronto, Canada. She is currently sub-Director of Cultural Promotion of Tijuana Cultural Centre, Mexico.

Imágenes de la Literatura Latinoamericana en el extranjero

Adolfo Castañón

Mientras traducía el libro de George Steiner titulado Después de Babel. Aspectos del lenguaje y de la traducción, me asaltó varias veces la tentación de corregir al autor o de completar su exposición con algunas notas al pie con menciones a los autores y obras de la cultura escrita en lengua española.

Adolfo Castañón.   Fotografía de: Jorge Dávila, Icoavs, AML.  http://www.academia.org.mx/Adolfo-Castanon

Adolfo Castañón.
Fotografía de: Jorge Dávila, Icoavs, AML. http://www.academia.org.mx/Adolfo-Castanon

Si no recuerdo mal, en el libro que cuenta más de medio millar de páginas sólo se menciona a tres escritores de nuestra lengua: al filósofo José Ortega y Gasset y a los escritores y poetas Jorge Luis Borges y Octavio Paz. Este desdén por la cultura española es una cuestión común y corriente en el ámbito de la crítica literaria y de las ciencias sociales y resulta quizá una herencia o un reflejo de la tenaz leyenda negra que hizo de la cultura española un continente perdido o desaparecido. Desde luego, hay razones de peso para explicar de algún modo esta situación: en España y sus colonias filiales quedó trunco a partir del siglo XVI el cultivo de la tradición clásica y la traducción de autores griegos y latinos se volvió oficio arriesgado gracias a la Inquisición. Los autores exponentes del nuevo experimentalismo intelectual —como Francis Bacon y Montaigne— no pudieron ver la luz oportunamente en nuestra lengua, mientras que el camino que llevó a Corneille, Racine y Moliere a inspirarse en Lope de Vega, Juan Ruiz de Alarcón, no tuvo camino de vuelta, y la cultura barroca hispánica se asfixió en los humos y cenizas de su propio apogeo. 

Al traducir a George Steiner, iba apareciendo ante los ojos de mi mente un abigarrado y animado paisaje crítico: en efecto sería apasionante escribir una historia de la traducción en los países de lengua española y portuguesa. Apasionante pero también decepcionante pues esa historia sería también una relación de ocultamientos y disimulaciones, una historia soslayada o del arte de soslayar, literalmente una criptografía histórica que terminaría buscando arcos de piedra perdidos en el páramo. Esa historia tiene dos vertientes: de un lado estarían las imágenes de la literatura latinoamericana en el extranjero; del otro, las obras de la literatura y el pensamiento europeos y americanos injertados en la América española y portuguesa.

De un lado, el teatro de la recepción europea de Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda y Octavio Paz —para sólo atenernos a los Premios Nobel. Del otro, el archipiélago de traducciones que se despliegan sobre el continente como ciudades invisibles que rectifican a las ciudades reales: ayer, por ejemplo, Benjamin Constant, Alexis de Tocqueville, Edmund Burke, los textos del Federalista, Max Weber y Norberto Bobbio en América Latina y hoy el pensamiento de François Furet, Edward Said, Jürgen Habermas. Traducción y recepción: los términos remiten a un idioma regido por las leyes de la hospitalidad intelectual.

El traductor —dice Valery Larbaud— está sentado en el último lugar: cuando le toca sentarse en algún lugar añadiríamos nosotros, pues suele suceder que en las bibliografías desaparezca el nombre del traductor. La gente no siempre se da cuenta de que está leyendo no a Montaigne sino a Constantino Román y Salamero, no a Max Weber sino a José Medina Echavarría, no a Carlos Castaneda sino a Juan Tovar.

En otro sentido, no siempre se tiene conciencia en Hispanoamérica de cuán indispensables han sido los traductores y estudiosos de sus letras. De Roger Caillois a Claude Fell, de Gregory Rabasa a Suzanne Jay Levine, Borges, Fuentes, García Márquez, Manuel Puig, deben como es obvio no poco a sus traductores pero ¿quién piensa en Jean Clarence Lambert o en Helen Vendler al hablar de Octavio Paz?

El auge editorial comercial nos hace perder de vista las traducciones hechas por amistad, gusto, simpatía. En esta categoría es irrenunciable la traducción de poesía pues es ahí donde se ponen a prueba como en un laboratorio las soluciones del idioma. El poema es el órgano vivo que pide traducción para despertar en otro idioma. El traductor vive sin cesar en otros: es un desposeído de sí mismo y un poseído por lo que traduce. El traductor tiene delante quien lo guíe. Por eso tiene la obligación de dar mejores pasos. Una obra, al ser traducida, inventará o encontrará un mundo de recepciones enteramente distinto del que lo vio nacer. Pero ese mundo, por distinto que sea, buscará reproducir la recepción inaugural o impondrá una recepción inaugural. La expresión suscita representaciones de muy diverso orden. Imagino librerías inmensas en las cuales, en un rincón, aparecen algunas obras escritas en español por autores latinoamericanos.

Recuerdo un anfiteatro en el Norte de Estados Unidos lleno de estudiantes mitad gringos, mitad “hispanos”, como ellos dicen, a cual más interesado por la latinidad criolla: los dos estudiantes sobresalientes son una enana joven riquísima y muy simpática y un mexicano alto y con granos en la cara que estudia para recobrar el país que perdieron sus padres. Evoco bandas de suecas y finlandesas, mujeres de gran tamaño y manazas de carnicero, que se abrigan con chamarras de alpaca y de vicuña mientras se inclinan hacia abajo para abrazar a sus maridos que hablan con acento quechua y tienen cara de ídolo prehispánico.

Imagino las transacciones millonarias entre una editorial y otra para llevarse a un best-seller latinoamericano, lo cual le permitirá a él terminar de pagar el departamento de su madre en su arrabal del trópico sub-húmedo latinoamericano. Imagino ruidosas fiestas en Embajadas latinoamericanas. Periódicos donde se ven abrazados el Dictador y el Escritor. Recuerdo las mesas de las librerías de viejo en cualquier ciudad latinoamericana donde las celebridades de ayer se decoloran a sol y a sombra. Busco inútilmente en mi memoria la hora y el lugar donde se adjudican en subasta los manuscritos de los escritos latinoamericanos, como en Sotheby’s o en Druot de Kafka, Breton y Eluard. ¿No es curiosa la ansiedad, el nerviosismo con que se habla del éxito internacional de nuestras letras? Y tanto estudiar a Azuela, Fuentes o Paz para que resulte que una Laura Esquivel con su Como agua para chocolate o un Paulo Coelho con su Alquimista venden en un año lo que todos ellos juntos en toda la vida.

Estas imágenes y anécdotas pueden, desde luego, aumentar y multiplicarse: un sueco recitando de memoria a Sor Juana en un invernal Estocolmo, una española diciendo de memoria Piedra de sol mientras amanece en Madrid luego de una trasnochada, una banda de jóvenes bohemios en el Metro de París jugando a rehacer Rayuela, un simposio sobre la literatura mexicana en Alabama donde la ensalada combina escritores de Chile (políticamente comprometidos), de dulce (triunfadores light) y de manteca (best-sellers).

Todas estas imágenes comparten un horizonte: una especie de complejo de inmadurez. Cierto: como en América Latina nadie —salvo nosotros: algunos de nosotros— toma en serio la literatura lo serio es la guerra, el crucifijo, la política y el football, la corrupción, el financiamiento ilegal de los partidos, los muertos, los desaparecidos mientras la literatura en realidad no es tan importante, salvo para quienes organizan los premios que la promueven. ¿Podría, por ejemplo, aplicarse a América Latina la frase que Paul Valéry dirigiera a Mallarmé: “aunque en apariencia no tenga usted noveles lectores, en cada ciudad de provincia en Francia hay un adolescente fervoroso dispuesto a dejarse sacrificar por usted”? ¿Cuántos adolescentes latinoamericanas estarían dispuestos a hacerse despedazar por Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Octavio Paz, José Lezama Lima, Alfonso Reyes, Gonzalo Rojas, Blanca Varela?

Medio siglo después de que Alfonso Reyes dijera: nosotros hispanoamericanos, hemos llegado tarde al banquete de la civilización —pero al fin y al cabo hemos llegado— aparece el famoso y sobado Boom, en parte asociado a la boga latinoamericana desencadenada por la Revolución Cubana. Reyes, Lezama, Teresa de la Parra, Azuela, Borges, Bioy, Paz fueron anteriores al mentado fenómeno editorial pero éste ganó los mercados con obras que, independientemente de la calidad, rompieron el aburrimiento en que se debatía una novela que el Nouveau Roman ya había condenado en vano a muerte. La lección que se puede sacar a partir del éxito internacional de las obras como del primer Fuentes y el primer Vargas Llosa, las de Cabrera Infante y Manuel Puig en que la experimentación era lícita siempre y cuando incluyera colores locales, alusiones regionales, violencia, guerra, guerrilla, fotonovela, carnaval, vida nocturna, magia, selvático sexo y caudillos.

El éxito arrollador de algunos de estos autores nos lleva a preguntar hasta qué punto el éxito comercial está relacionado con los sabores regionales. La poca o relativa suerte editorial en el extranjero de autores de gran envergadura y alta calidad como Juan García Ponce, Salvador Elizondo o Sergio Pitol, para hablar de México, o de José Bianco, H. A. Murena, Manuel Mújica, el propio Bioy, de Pedro Gómez Valderrama o Ricardo Cano Gaviria en Argentina nos hacen preguntarnos hasta qué punto las etiquetas de legitimación local ayudan a construir en el horizonte de una literatura unidimensional la imagen de un escritor. Sin embargo, esta conversación corre el riesgo de girar en círculos viciosos y llevarnos a argumentaciones espúreas del tipo: sólo importan en el extranjero los autores comerciales (entiéndase populares y baratos), mientras los autores difíciles y exigente tienen natural y justamente poco público. Quizá convendría para limpiar estas telarañas descansar un poco la vista en el espejo negro de la memoria.

¿Qué es la América Española y Portuguesa? ¿Culturalmente hablando dónde está la literatura hispanoamericana? No se puede soslayar el hecho de que descendemos de una cultura —la hispánica y portuguesa— que le dio la espalda a la modernidad mediante la Contrarreforma que expulsó a los árabes y a los judíos de su territorio, que abrió la Inquisición al mismo tiempo que clausuró la posibilidad de un estudio laico de las humanidades, en fin, que hablamos la lengua de un imperio que se hizo acreedor de una Leyenda Negra bajo cuya sombra todavía alentamos cautivos. Las empresas de la Emancipación y de la Independencia no mejoraron mucho las cosas. Con ellas se inicia formalmente la cultura del canibalismo y parricidio.

El criollo se sentía como un francés o un inglés que por mala suerte le había tocado hablar español. De hecho, a lo largo de todo el siglo XIX y durante buena parte del siglo XX, las instituciones republicanas asistieron de buena gana o al menos con consentida indiferencia a la destrucción de las instituciones coloniales —empezando por esa mezcla de banco, escuela, funeraria, registro civil y consultorio psiquiátrico que fue la Iglesia. Si España es la protagonista de una Leyenda Negra, el pasado colonial hispánico representaba la sobrevivencia de esa leyenda en nuestra propia casa —una leyenda que era preciso olvidar junto con la cultura que la había creado. Las convivencias republicanas nos enseñaron a ver en España y Portugal países atrasados, filosóficamente inexistentes, literariamente nulos.

Durante todo el siglo XIX, América fue un espejo de discordias y el movimiento que llevó de Estados Unidos a Inglaterra a un Henry Adams, a un William y a un Henry James, a una Edith Wharton, no tenía nada que ver con el movimiento que hizo que los mexicanos Payno o Altamirano pudieran consagrarse como novelistas exclusivamente locales —quizá porque no escribieron grandes novelas de interés universal. La insidiosa máquina del costumbrismo debilitó a no pocos de nuestros escritores, y quizá por ello los mejores talentos se han dedicado a la historia o la geografía.

El modernismo representa una ruptura pues afirma con Darío, a Casal, Gutiérrez Nájera, Asunción Silva que el idioma español representa un espacio cultural mucho más amplio y rico que la lengua que trafican los periódicos. Paralelamente al modernismo aparecen en el horizonte las recreaciones del pasado colonial —Palma, González Obregón, Riva Palacio— que aunque todavía lastrados por el costumbrismo y la documentación dejan aflorar la fantasía, los focos del trasmundo. Pero todavía subsiste el hecho de nuestra literatura, nos interesa (nos debe interesar, ¿no?) en primer lugar a nosotros mismos —cosa por demás natural: ¿cuántos novelistas finlandeses, cuantas narradoras del Camerún somos capaces de nombrar?— y eso no siempre.

Con el modernismo se dará también otra ruptura. El poeta modernista es un modelo de cosmopolitismo: el guatemalteco Gómez Carrillo vive casi toda su vida en Europa. Darío viaja incesantemente. Pero en su vida cosmopolita el poeta modernista va a descubrir que si es ciudadano del mundo lo es en primer lugar del mundo hispanoamericano. Descubre que el cosmopolitismo es un hispanoamericanismo o, mejor, un iberoamericanismo. Este descubrimiento será particularmente vivo en el París del primer tercio del siglo XX: Asturias, Carpentier, Reyes, Vallejo, Teresa de la Parra redefinen su condición hispanoamericana en el peregrinaje fuera de sus países. (Algo parecido le sucedería años antes a Martí en México y en Nueva York, años después en Madrid y en Ginebra a Borges). Alejandra Pizarnik, Copi, Julio Cortázar, Octavio Paz, Juan José Saer, Saúl Yurkievich afirmarán su vocación hispanoamericana en París; Carlos Fuentes, Vargas Llosa y Cabrera en Londres.

Esta reflexión nos permitirá situar con mayor equilibrio al Boom latinmoamericano en el extranjero. El Boomwhatever that means— ha sido importante para Hispanoamérica sobre todo puertas adentro ya que nos ha permitido el lujo pedagógico del reflujo que consiste en consumir nuestros propios best-seller como si fuesen objetos de exportación. Ha sido una columna vertebral, un bastidor tanto más frágil cuanto más intenso y rico es el conocimiento de nuestras literaturas. El luminoso Mariano Picón-Salas decía que literalmente hablando América Latina está más cerca de Europa que de sí misma: los lectores mexicanos saben muy poco de literatura guatemalteca, pero están al día de las novedades alemanas; pocos venezolanos conocen la literatura colombiana, pero vaya que se saben sus letras inglesas.

En este compás desconcertante existen algunas literaturas particularmente ausentes: Brasil y Portugal eran hasta hace muy poco hoyos negros, regiones centrípetas, continentes desconocidos; y la propia literatura española no es muy practicada entre nosotros. ¿Cuántos, por ejemplo, lamentaron la muerte del gaditano Fernando Quiñónez? En Cuautla ¿quién lee a Claudio Guillén? Otro país inmerso en el olvido y la distancia es el Caribe en sus diversas expresiones idiomáticas: nos son relativamente conocidos algunos autores puertorriqueños como Julia de Burgos, Luis Rafael Sánchez o Rosario Ferrer, pero ¿quién conoce al dominicano Marcio Veloz, al haitiano Frank Detienne? Hemos leído a André Breton pero no lo suficiente a Aimé Cesaire, a Albert Camus pero no a Jacques Stephan Alexis y si Dereck Walkott como Edouard Glissant se salvan del olvido es porque tienen lectores en Europa y les dieron —bien merecido— el Premio Nobel.

No está mal que nos preocupe el qué dirán del mundo pero es quizá más sensato que nos preguntemos qué dicen de nosotros nuestros hermanos y vecinos que los simpáticos y remotos, y no siempre inteligentes nietos de los Vikingos. Entre la traducción como estilo de vida y la recepción como estrategia de sobrevivencia, ser intelectual en América Hispana ha significado aún antes de la emancipación preguntarse qué significa tal condición, cuestionarse a propósito de ese quehacer y su sentido. La historia de la cultura hispanoamericana puede leerse como la sucesión de respuestas y declinaciones a esta pregunta. Desde la pedagogía liberal y la higiene positivista hasta la definición de la vocación singular de la raza y el crisol civilizatorio, pensar y escribir en América ha significado pensar esa circunstancia, redactar desde ese predicado: la filosofía y la crítica precisaban pasar por la historia y ésta a su vez correr el riesgo de diluirse en la geografía.

La historia de México de Justo Sierra fue además de una investigación, un ejercicio político de concordia, un ensayo intelectual de la paz social que sería uno de los valores esenciales del porfirismo y todavía hasta hace muy poco del México contemporáneo. De José Enrique Rodó —cuyo Ariel celebró 100 años de publicación— a José Vasconcelos —cuya Raza cósmica daría lema y doctrina a la Universidad Nacional y al mesianismo latinoamericano en el siglo XX, la literatura de ideas debate cómo se formulará y transmitirá la memoria nacional y regional, cuáles serán los relatos del auto-reconocimiento, las historias de familia cultural, cuáles habrían de ser los instrumentos de su crítica; entre el idealismo mesiánico de Rodó y el humanismo católico de Vasconcelos, se recorta la invención de una tradición clásica en Pedro Henríquez Ureña, en Alfonso Reyes, en Mariano Picón-Salas, en Jorge Cuesta o en Juan Antonio Ramos Sucre.

La búsqueda de un canon, la necesidad de encontrar una norma sui-géneris para contrastar la titánica, la enorme circunstancia americana, se trasluce en el título de uno de los primeros libros de Borges: El tamaño de mi esperanza que no deja de ser una discusión de la misión poética hispanoamericana. Partiendo de Walt Whitman —autor de lo que Harold Bloom llama con acierto la gnosis americana—, Borges llamará la atención sobre la desproporción entre las dimensiones y riquezas naturales del continente y los formatos e inhibiciones de la lengua y la cultura que resultan harto modestas en comparación con aquéllas. El texto de Borges es una llamada de atención respecto del naturalismo y el telurismo, pobres reflejos de la grandeza continental.

Alfonso Reyes publica en 1915 Visión de Anáhuac. No es un texto filosófico sino literario, pero la calidad de su factura, la originalidad de sus procedimientos, la singularidad de su actitud lo proyectan espontáneamente como un texto clave, faro confiable para navegar el mar incógnito de nuestro destino cultural. Más allá de su asunto: el descubrimiento de México-Tenochtitlán por los conquistadores españoles —Visión de Anáhuac— emite conceptos radicalmente pertinentes: los hispanoamericanos no nos podemos cortar la lengua: no cabe buscar la herencia prehispánica sin una búsqueda paralela de la tradición medieval y renacentista española, y ninguna de estas dos empresas es viable hoy si no se emplean todos los recursos de la literatura y la crítica modernas. No es una casualidad que se haya discutido la influencia de la Anabasis de Saint-John Perse sobre Visión de Anáhuac y por esas y otras razones, el texto de Reyes es uno de los primeros textos realmente universales de la literatura hispanoamericana moderna, un texto que hace ver que en la Edad Moderna poesía y crítica han de ir de la mano.

¿Qué significa ser escritor y artista en Hispanoamérica? La pregunta sigue como una sombra a la inteligencia americana. La historia de ésta es, repitámoslo, la de dicha pregunta. La respuesta está o puede estar en la historia de ese preguntar. Lo comprende así José Lezama Lima en La expresión americana. La historia verdadera es para Lezama la historia de la cultura, de las artes, de la pintura y de la arquitectura, de la música y las fiestas populares, de la danza y de la poesía. Lezama no sólo identificará la ciudad barroca americana como una matriz cultural. Frente a los viciosos círculos sanitarios de la razón positivista y el mercado liberal, sabrá discernir en la ciudad del arte barroco una subversiva que era imaginaria, hará ver que en la desproporción entre un continente titánico y un saber literario y filosófico modesto, existe un puente, un término medio: el arte, la cultura ¿no son continentes capaces de entregarnos una lección?

Al aprender a leernos a nosotros mismos, al desentrañar el logos incrustado en el amplio y disperso cuerpo cultural, las respuestas a las preguntas por nuestro ser y quehacer multiplican socialmente su eficacia: más allá de la República Literaria, la ciudad del Arte abre sus puertas a una ciudadanía que se define en términos amplios de un ethos, de una era imaginaria. Lezama radicalizará los postulados del humanismo católico vasconceliano, declinará el mesianismo radical de Rodó pero sobre todo introducirá una novedad: Pedro Henríquez Ureña había distinguido tres grandes coordenadas americanas; primera: la América de altura o de montaña, creadora de aparatos políticos centralistas, de ciudades aristocráticas e imaginaciones crepusculares (Bogotá, México, Quito, Lima); segunda: una América esteparia y llanera, agreste y primaria, pampera, errátil y aldeana, inmóvil en la quietud de sus horizontes inconmensurables, militar y pendenciera (la Pampa, los llanos venezolanos, los desiertos del norte de México, el bandidaje del lejano Oeste): es la América bárbara de Facundo y del general Paez, de la guerra del Chaco, es de Francisco Villa y de Martín Fierro y cuya expresión es el romance y el corrido.

Queda en tercer lugar, la América de las tierras bajas, de la costa y del Caribe: el lugar común europeo —alemán, francés e inglés— identifica tanto al llano como a la tierra caliente con la indolencia y la corrupción, es el universo pantanoso de la gana y auto-indulgencia sudamericana que el conde de Keyserling creyó discernir en el mundo argentino. Pero Lezama reconocería en el Archipiélago Antillano la cuna de un estilo —el barroco americano— donde la complejidad artística es el órgano —el panorganón— del amplio espectro cultural de la colonia y los virreinatos. Otra novedad del texto de Lezama: su diálogo con la tradición portuguesa y brasileña. Que la crítica de la cultura es una historia crítica y que la verdadera historia nos lleva a la geografía es algo que aflora en el texto de Lezama pero que Germán Arciniegas logra cristalizar en su Biografía del Caribe: a una historia crítica corresponde una geografía crítica, una conciencia del espacio en el tiempo, una memoria del tiempo hecho espacio, edad, era imaginaria.

El texto de Arciniegas, luminoso y central por más de un motivo, introduce en la conversación en torno a la identidad la variable del desdoblamiento, la corrupción y el contraste y propone un modelo cultural de la conciencia americana inspirado en la unidad de un espacio geográfico y cultural. Declina y relativiza las fronteras políticas, restituye al comercio su papel creador de la fábula americana, pero sobre todo reintroduce en el debate la conciencia de lo que los historiadores llaman la larga duración y los antropólogos la cuenta larga, los calendarios del pulso mercantil y civilizatorio.

No es extraño que la preocupación por fijar un ideal clásico, una apropiada norma elevada de justicia y belleza para América sea paralela a la propia conciencia americana. Tampoco lo es que en este continente dominado por el mito y cuya cultura no logra formular su propia situación trágica —¿no es la capitis diminutio en el fondo El pecado original de América Latina examinado por H. A. Murena?, continente asediado por las urgencias de la actualidad y donde la cultura es pervertida por las necesidades inmediatas— se empiecen a multiplicar tanteos, tientos y diferencias —para aludir a Alejo Carpentier cuyo horizonte es precisamente el calendario amplio del mito, las tablas periódicas de la antropología. Es curioso que las manecillas del reloj hispanoamericano repasen horas míticas como la que da El laberinto de la soledad. Ensayo singular pero no aislado del coloquio hispanoamericano, El laberinto de la soledad de Octavio Paz desentrañaría las eras imaginarias que se yuxtaponen en el yacimiento cultural mexicano.

La fuerza del texto deriva en buena medida del encuentro entre una certera intuición poética, un conocimiento profundo de la historia de México y un conocimiento eficaz y flexible del discurso antropológico contemporáneo —de Bataille y Caillois a Marcel Mauss, de Frazer a Lévy-Strauss. Redactado en la órbita conceptual de la España invertebrada de José Ortega y Gasset, El laberinto de la soledad conjuga las preguntas tradicionales en torno al ser y quehacer americano constelándolos, declinándolos en torno a los ejes históricos que son cráteres míticos: el diagnóstico de las heridas simbólicas del cuerpo cultural y político mexicano da lugar a una arqueología del saber americano y al nacimiento de una clínica cuyo espacio de acción son las costumbres. Genealogía de la moral ladina y criolla, el ensayo de Paz supo calar más allá de su época y de la circunstancia mexicana, y su examen de conciencia no dejó de tener réplicas en el sentido sísmico de Guatemala, las líneas de su mano de Cardoza. En Perú, donde Sebastián Salazar Bondy escribe La horrible o Julio Ortega Crítica de la identidad peruana con la cultura peruana, dibuja la otra cara de la civilización en América.

La complejidad de estos discursos que buscan tender un puente entre pasado histórico, análisis político y cultura popular es un signo de la época; los ensayos de Carlos Monsiváis se encauzan por una vertiente armónico-caótica que afirma que la cultura americana será popular o no será. El análisis sociológico de Monsiváis incluye un par de ingredientes nuevos: el mercado y la usamericanización. A las oposiciones primarias e ingenuas de un Roberto Fernández Retamar en ese Calibán que retoma el Ariel de Rodó en clave marxista, Monsiváis opone una mirada analítica, una crónica desprejuiciada de procesos de usamericanización: dime cómo te agringas y te diré qué tipo de latinoamericano eres. La aproximación de Monsiváis tiene un referente mitológico: la ciudad y dentro de ellas, las masas. Pero si Monsiváis está capacitado para entender el mercado y el supermercado de las conciencias, no parece limitado por su formación protestante para abrazar el ecumenismo católico como una vía de construcción civil. Siguiendo las huellas de la arqueología del saber nacional unificada por Octavio Paz en El laberinto de la soledad, Gabriel Zaid encuentra en el catolicismo de López Velarde, Ponce y Pellicer caminos seguros para proceder a esa reconstrucción al punto de que el discurso nacionalista revolucionario será difícilmente sostenible sin el respaldo del catolicismo civil impartido por las huestes religiosas.

¿Cómo continuar siendo hispanoamericano en un mundo donde las referencias nacionales parecen extinguirse? ¿Es posible establecer un equilibrio entre traducción y recepción? ¿No será necesario buscar ese equilibrio a partir del estudio comparado de las obras latinoamericanas traducidas a otras lenguas y de las grandes obras de la literatura y el pensamiento universales traducidos a nuestra lengua desde Latinoamérica? ¿Existirá alguna ecuación entre la fascinación por nuestra historia ostensible en la literatura latinoamericana en la avidez con que apura en traducciones el conocimiento de la historiografía moderna? Las referencias nacionales, no las regionales, se van eclipsando aparentemente (sólo aparentemente) en un mundo donde las comunidades imaginadas por la cultura impresa son sustituidas por las comunidades imaginadas por los medios electrónicos y ya no por la letra impresa. La pertinencia del análisis cultural se impone en esa perspectiva cuyo punto de fuga vertebral es la convivencia multicultural. El cubano Antonio Benítez Rojo en La isla que se repite enfoca con agudeza las disyuntivas de la asimilación y el desarraigo en el escenario de una historia que se define como cultura y una cultura que se afirma como ritual laico. Otro ejemplo es el de Ilan Stavans, mexicano-usamericano quien ha escrito una Hispanic Condition donde el angst de la transculturación que atormentaba a José Vasconcelos y se invierte en la descripción del crisol latino que propulsa a la cultura usamericana contemporánea.

Pero si México no es un país sino un continente, si cada región de nuestros países —por ejemplo, un Departamento en Caldas, Colombia— tiene las dimensiones de una nación europea, ¿no será sensato pensar que la descripción de nuestra cultura ha de ser plural y que Iberoamérica más que una cultura es una civilización? Esta es la intención inicial del Espejo enterrado (obra que ensaya en cierto modo una teatralización de la recesión) de Carlos Fuentes que prolonga el dispositivo pluridisciplinario de Lezama e inaugura el horizonte de la multiculturalidad. El mensaje de Fuentes en ese libro no es muy distinto del de Arciniegas en una obra poco citada fuera de Colombia: La América de siete colores. Es un mensaje que tiene que ver con Whitman y su gnosis americana pero que la radicaliza al invitarnos a reconocer en nuestra cultura un panteón abigarrado donde judíos, árabes, celtas, iberos, católicos de Pedro el Ermitaño, jacobinos de cepa republicana, usamericanos, hispanoamericanos de primera hora, revolucionarios y positivistas configuran un animado y bizarro cuadro de transculturaciones al interior de una misma cultura.

Es de buena educación concluir con notas optimistas. Destacaré una: A diferencia de las letras francesas o italianas o alemanas, la hispanoamericana es una literatura en expansión y cuyos procesos creativos aún no concluyen, y se están dando por así decir ante nuestros propios ojos —hemos conocido a Rulfo y a Cardoza, a Borges y a Paz, a Pellicer y a Zaid, a Juan José Arreola y a Cintio Vitier, a Gabriel García Márquez y a Efraín Huerta, a Elizondo, a García Ponce, a Gonzalo Rojas y a Blanca Varela. También su saber y crítica están en desarrollo: hace una generación referirse a un usamexicanista (o sea un mexicanista norteamericano) era hablar de un suicida frustrado. Hoy los estudios latinoamericanos en las universidades usamericanas son una industria en desarrollo. Nunca como ahora había habido ediciones críticas (como por ejemplo los edificios editoriales de la Asociación Archivos con su cuarentena de obras rigurosamente anotas, especie de Pleiade hispanoamericana o de Modern American Library latinoamericana). Aunque no exista aun el relevo de Cuadernos Hispanoamericanos. Estos estudios comparten un horizonte: una comprensión íntegra de la cultura hispana es una comprensión abierta y multidisciplinaria, necesitada de erudición y amplitud. Una comprensión multidisciplinaria. Por eso quizá la mejor manera de prepara el porvenir sea en nuestro caso mirar con ojos nuevos al pasado y a esa variedad elusiva del pretérito que llamamos presente.


Adolfo Castañón, mexicano, es poeta, narrador, ensayista, traductor, editor y crítico literario. Estudioso de las obras de Michel de Montaigne, Alfonso Reyes, Juan José Arreola y Octavio Paz. Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Ha sido miembro del consejo de redacción de varias revistas en Latinoamérica, como Vuelta, Letras Libres, La Cultura en México, Plural, Gradita y Literal.

Fomentar la diplomacia cultural de Latinoamérica en el extranjero

Miguel Ángel Muñoz

Siempre ha existido una relación cercana entre los países de América Latina, no sólo política, sino cultural. México fue durante años un país de referencia, aunque al paso de los años se ha perdido.

Miguel Ángel Muñoz.  Arte: Vladimir Cora, México, 2014.

Miguel Ángel Muñoz. Arte: Vladimir Cora, México, 2014.

Es necesario en pleno siglo XXI, llevar a cabo una política cultural más fuerte en el intercambio entre instituciones, donde no sólo se incluyan a los “grandes nombres”, sino que también tengan voz los nuevos creadores y los que no estén en el círculo de poder. Por ejemplo, en mi campo de investigación que es el arte, se necesita rearmar el rompecabezas de los museos, galerías, becas y difusión. Es decir, abrir un debate en el campo: ¿Qué papel juegan las instituciones de cada país? ¿Para qué sirven los museos? ¿Para qué las becas de intercambio cultural? ¿Existe un sistema efectivo de promoción fuera de nuestro país de origen?

Lo que me gustaría es que se configurara un centro de investigación de arte y literatura de América Latina, destinado a difundir y promover en todo el continente nuestras propuestas artísticas. Es difícil, lo sé. Pero creo que valdría la pena, ese intercambio de propuestas a partir de una gran red, cuyo eje central fuera dicha institución, por la entidad de los interlocutores: historiadores, críticos, artistas, poetas, novelistas, que han marcado en cada uno de sus países su apreciación sensible una mirada moderna.

Una propuesta en la que siempre vence el orden frente a la fragmentación, lo añejo a lo inmaduro. Por qué no ver y descubrir lo que pasa en Puerto Rico, Panamá, Haití, Costa Rica, República Dominicana. Son países maravillosos más allá del mero encanto de lo extraño. Son culturas desbordantes y con ganas de que su arte y literatura se difundan.

“Los espejos multiplican las cosa y sus efectos lumínicos son fascinantes”, decía mi admirado Robert Hughes. Cada civilización tiene su historia, y que mejor que crear un puente entre todas ellas. Creo que ese sería un buen aporte para crear una diplomacia cultural de Latinoamérica con el extranjero. Es un desafío y un reto de la política cultural de cada país, pero México podría ser el pionero de un proyecto clave y de vanguardia.

Lo veo posible: tenemos —a diferencia de muchos países— una infraestructura cultural armada, con una institución como CONACULTA, con muchos años de experiencia. Falta proponer y dar el paso, realizar un proyecto de tal magnitud. Ojalá y la propuesta tenga cabida en ese mundo burocrático que tanto daño nos hace.


Miguel Ángel Muñoz, mexicano, es poeta, historiador y crítico de arte. Doctor en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Miembro Asociado del Seminario de Cultura Mexicana. En el 2009, fue reconocido en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana, por su “contribución al estudio del Arte Contemporáneo”.

Cross-cultural Dialogue

Rose Mary Salum

Art is the manifestation of a nation’s soul. If we ponder of a State not as a unity, but as the sum of the people forming it as it is, then it is simpler and less abstract to denote its art as the manner in which the set of people expresses itself. 

Art: "Fly" by  José Santos.  http://www.jsantos.co.uk/

«Fly» by José Santos. http://www.jsantos.co.uk/

To halt support this dimension of society is as though cutting half of its being. In times in which consumerism is the rule it is ever so important to exalt this other part of human beings.

As for my particular case, since I left Mexico I realised that Mexican culture is only appreciated in very narrow and selected circles of educated people. The rest of the people does not really know who we are, let alone when they openly show contempt for what is Mexican. When I faced straightforwardly with such realisation (it is never the same to know this by TV or newspapers as living it in your own flesh), I decided that the responsibility was to shift this mindset in a one by one basis.

I, then, introduced ‘Literal’ magazine as a way of establishing a cross-cultural dialogue, in order to create a mean capable of export the richness of our artistic expressions abroad and by collaborating in the means that each individual’s ability suppose to spread our soul in the English-speaking world to be appreciated. Hence the importance of supporting art and culture in Mexico from abroad. Thence the need of people like you, reader, that regardless of distance from your country feel the duty of promote our soul.

Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes Cárdenas.


Rose Mary Salum is Mexican, founder and director of ‘Literal, Latin American Voices’, a bilingual magazine. She is author of the books of tales “Entre los espacios” (Spaces in Between) and “Vitrales”. She was guest editor of Hostos Review for the compilation of Almalafa and Caligrafía, Latin American writing of an Arabic origin (2010). Her poems and stories are included in anthologies from the USA, Australia, Argentina, Mexico, Colombia, Poland and Spain. She won the Terra Austral award, the Ana María Matute (Torremozas) Award, the Hispanic Excellence Award, the Lone Star Award, CELJ award, and the Classical Award given by the University of St. Thomas as well as the Maggie Award. We suggest to visit  http://www.literalmagazine.com/

The clearest zone of the air: A Tribute to Carlos Fuentes and The City as a Character

Paniel Reyes Cárdenas

People with a pervasive influence to a generation are inevitable, especially when it comes down to literature, the strength of prose can awake with vibrant voice the feelings of an otherwise slumbered community or mesmerize with sweet voice a giant, taming their rudest passions.

Dr. Paniel Reyes Cárdenas. Photo: Universidad del Golfo de México, rectoría centro.

Dr. Paniel Reyes Cárdenas. Photo: Universidad del Golfo de México, rectoría centro.

Carlos Fuentes did a hallmark in Hispanic American literature, not only because of the extension of his still unfathomed literary work, but also because that work was momentous and rendered possible a whole generation of writers, the “boom” generation. In the next few lines I’ll try to explain that claim by attending to his first novel: “La región más transparente”, in which he carries out the forbidden task of tackle the philosophical and sociological maze of the city. As Latin-Americans’ abroad (I must render the reader that I am a Mexican living in Sheffield, UK) we are peculiar human beings, we bring a past that define us and we are also shaped by the always new culture, this happens to such a extend that we end up belonging to no place, and nonetheless Mexico and Sheffield own us, can we escape from this fate? I think we should embrace it; only then we will be able to plant the seeds of a cultural lasting contribution. Bearing this thoughts in mind I will devout some of these lines to explain why I believe that Carlos Fuentes’ “La región más transparente” bears a meaning that the self-understanding of our steel city, Sheffield, can profit of, even in spite of being far away of a megalopolis-sized urban swarm, like Mexico City’s.

Indeed, nearly two hundred years of independence of the Latin-American countries weren’t enough to encourage writers to face the problem of the city, they took time to describe the encounter of human and nature, to depict landscapes and to visit the towns and villages that are germinal of the culture. Only when the time was ripe enough a whole new generation led by Carlos Fuentes will unwrap the riddle of the city, not only describing it, but also making of it a proper character.

Confronting the maze: diachronic and synchronic

Nonetheless, not everybody is ready to confront the maze, the city might suck you in the randomness and you can end up trapped into a labyrinth of meanings that cross over each other intensifying or diming significance. Carlos Fuentes sinks in the problem of the city wisely, not only describing its chaotic overtones, but with a specific approach. His novel is diachronic because he has an understanding of how the history of the Mexican revolution and post revolution generated mixed outcomes; on the one hand it changed the unfair ancient regime of the colony in the distant past and the Diaz’s dictatorship in the near past, both of them based in an unsurpassable division of classes, on the other hand, though, the revolution generated the mindset of the Mexican praise for the leadership of the cacique for whom people will give up reason for charisma.

Carlos Fuentes knows that we are children of confusion; we are mixed not only in race, but also in a love/hate relationship with our past, where everything is grey and beckoned to analytic interpretation. Diachronically, Carlos Fuentes explains the origin of the city in the expression of Alfonso Reyes: the most transparent region, he’s leading us back to the origin of the mythical Tenochtitlan, born in the middle of a clean lake, that unlike Venice or St Petersburg enjoyed an amazing tidiness. But everything comes to a price: the Aztecs fierce dominion and sacrifices sustained an oppressive order that granted the conquistadors the opportunity to divide and defeat. The colony didn’t change the fact of the sacrifice, but a different level now, at the price of having always the scar, pain, and resentment of the bondsman. And Carlos Fuentes tells us that we weren’t that better off in the independence, when the desire for a savior, a father of the nation, will continually blind us to irrationality.

What about the city in the mid 1950’s, where the novel is situated? It is exactly the time in which an awaking self-consciousness of who we are cropped up in a city of contrast. That is what the synchronic approach is about, because is a city of different urban roles, all of them incommensurable with the other, all of them linked deeply. Ixca Cienfuegos and Teodula Moctezuma are two unique characters, they both are extemporal, detached from the problems of the other characters, silent witnesses of the glory and disgrace of other lives. Yet they are still boosting the move forwards, sometimes patronizing, sometimes comforting, sometimes braving. Still they are the soul of the city, a welcoming mother and a human heart eater god, like Huitzilopoztli.

Sheffield is a small city, I have friends that look at it with some condescending disdain, up to the point of saying that this kingdom has only one proper city (the imposing London). So size-wise, it is really different from Mexico City, we don’t have pollution nor the hectic anxiety that pushes you forward towards a devouring routine. I will probably can’t extend an analogy between that urban monster and this vibrant student city from the synchronic point of view. But diachronically Sheffield is the daughter of the same circumstances that fathered our capital across the Atlantic Ocean. The industrial revolution and war wiped out a now seemingly mythical medieval past, progress mixed with class division was unleashed relentlessly ever since, at the same time people here had been always struggling for an utopia of justice and community, of shared values and shared pains.

Back in the 1980’s when David Blunkett put a banner in the town hall that reads: “The people’s republic of Sheffield”. Here, more than in any other place in the UK, the dialectic between a nation and a city has been a difficult one, Sheffield won battles but still had hurtful drawbacks, not an industrial city anymore though managed to survive that apparently lethal wound of bankruptcy with the vibrancy of two big universities. Rivers of people from everywhere have flooded Sheffield now, and the question about the maze emerges again: who are you, Sheffield? What are your foundations? What do you aim for now? I believe both cities never had that question of self-consciousness more strongly prompted. Carlos Fuentes passed away more than two years ago, but his mind still challenges us to find an axis of identity, he was recently worried about the antidemocratic drawback of the elections in Mexico, he was worried about the conservative impasse of Britain in the last election, how can we –synchronically, answer to that?


Paniel Reyes Cárdenas is a Mexican philosopher. Currently a research fellow at the University of Nottingham, United Kingdom. He was award a doctorate in Philosophy by the University of Sheffield, United Kingdom. Is founder of the Mexican Society for Metaphysics and the Philosophy of Science. We suggest to visit http://www.phiscimexico.com/home.html

Futuro de la universidad

Gabriel Zaid

La institución universitaria cumplirá un milenio este siglo. Es un invento medieval y estudiantil. Hubo en Bolonia abogados famosos que se habían formado en la práctica. Recibían como ayudantes a hijos de notables que deseaban tener en la familia expertos que abogaran por sus intereses.

El Museo Británico, Londres, Reino Unido. Fotografía de Eduardo Estala Rojas.

El Museo Británico, Londres, Reino Unido. Fotografía de Eduardo Estala Rojas.

Los artesanos medievales estaban agremiados, y entre sus reglas tenían las de aprendizaje y admisión de nuevos miembros. Cuando el aprendiz de un maestro demostraba que ya era capaz de hacer una obra maestra, entraba al gremio. El modelo gremial inspiró a los estudiantes. Formaron una cooperativa (universitas): una especie de gremio estudiantil para arrendar locales, contratar bedeles y pagar a los maestros que enseñaran ahí, no en su casa. Con el tiempo, también los maestros se agremiaron. Y aunque la nueva institución nació al margen de la Iglesia y el Estado, después quedó sujeta a su intervención.

El instrumento de control decisivo fue la autorización para ejercer. Nadie podía enseñar teología sin autorización eclesiástica. Nadie podía ejercer como abogado sin título profesional. Este monopolio privilegió a los titulados: excluyó a los que saben pero no tienen credenciales de saber.

Los primeros universitarios eran de clase alta, y no las necesitaban para subir a donde ya estaban. Pero las credenciales dieron la oportunidad de subir a los hijos de la clase media, y eso creó una demanda incontenible, que requería administración, mucha administración. En el siglo XX, las universidades se burocratizaron, como casi todo en el planeta. Hoy son instituciones buscadas, ante todo, por las credenciales que otorgan.

El negocio va mal, por razones económicas y tecnológicas. Cuando millones tienen credenciales para subir, la ventaja se devalúa: abundan los universitarios desempleados o con empleos de poca paga y prestigio. A pesar de lo cual, aumentan los costos de la institución, porque la administración se hincha y las exigencias sindicales son cada vez mayores. A esto hay que sumar la técnica medieval de enseñar, que se volvió obsoleta para un estudiantado masivo.

Quien haya tenido la fortuna de estudiar con buenos maestros, que en clase y fuera de clase le dieron atención personal para aprender y madurar, y hasta para iniciar con ellos su carrera profesional (en el despacho, consultorio o empresa del maestro), pueden creer que ese privilegio es generalizable a toda la población. No lo es.

Las universidades ya no valen lo que cuestan, y eso va a traer cambios. Tres están a la vista:

1. Separar dos funciones distintas: educar y credencializar, para concentrarse en educar. En muchos países ya existen organismos oficiales que no permiten ejercer (aunque se tenga un título universitario) sin aprobar exámenes uniformes. También existen asociaciones de especialistas que certifican los conocimientos de sus miembros.

Que las universidades certifiquen a sus graduados deforma su misión fundamental: educarlos. Si cobraran lo que cobran por dar los mismos cursos, pero sueltos y sin otorgar un título final, la demanda se desplomaría, reducida a los que quieren aprender, no sacar credenciales.

2. Separar las materias que requieren laboratorios, talleres, hospitales o la presencia física de un maestro de las que pueden enseñarse a distancia. Los costos de la presencia mutua del maestro y los estudiantes (desplazarse para coincidir en un lugar y momento) son elevadísimos, y sólo se justifican para algunas materias. Las demás deben impartirse de otra manera. Asombra el éxito de Coursera, una empresa asociada con universidades de prestigio para dar cursos en línea. En dos años pasó de cero a siete millones de estudiantes.

3. No ver la educación como una etapa previa a los años de trabajo, sino paralela y de toda la vida. Flexibilizar contenidos y calendarios en los planes de estudio para combinar educación y trabajo. Entrenar para el autodidactismo, y en particular: enseñar a leer libros completos, a resumirlos por escrito y discutirlos.

Después de la imprenta (renacentista) y la internet (actual), ¿se justifica la universidad (medieval)? Ya en el siglo XIX, Carlyle escribía: «La verdadera universidad hoy es una colección de libros». Lo más que puede hacer un maestro universitario por nosotros es lo mismo que un maestro de primaria: enseñarnos a leer (Los héroes, V). Desgraciadamente, se han multiplicado los universitarios que no saben leer libros, y las universidades no se hacen responsables de tamaña atrofia.


Nota del editor: Este artículo de opinión fue publicado en el periódico mexicano Reforma, 28 de septiembre de 2014. Se reproduce en el Mexican Cultural Centre, con la autorización del autor.


Gabriel Zaid, mexicano, es poeta, ensayista, crítico, traductor, editor, investigador. Miembro de El Colegio Nacional desde el 26 de septiembre de 1984, México. Recomendamos visitar: http://gabrielzaid.com/

Cuatro poemas de Wallace Stevens

Gerardo Cárdenas

No es fácil leer, mucho menos traducir a Wallace Stevens (1879-1955). Harold Bloom lo consideraba como la pieza fundamental de la poesía estadounidense del siglo XX, y a partir de él construye una crítica de los autores modernos de ese país. Hay quien estará en desacuerdo por muchas razones. A mí me gusta Stevens tanto como Merwin, Simic, Berryman, Anne Carson o Sylvia Plath.

Gerardo Cárdenas. Fotografía de Andrea Ojeda.

Gerardo Cárdenas. Fotografía de Andrea Ojeda.

Es innegable la fuerza poética de Stevens, su impresionante cadencia, la gran profundidad de sus versos. La oscuridad y erudición de los temas, y la peculiar musicalidad de su lenguaje hacen muy difícil la traducción. Así, mis dos poemas favoritos de Stevens: “Notas a un oboe” y “Las auroras de otoño”, los considero intraducibles, al menos en el sentido de que intentar traducirlos implica tasajear su ritmo y música. De los que seleccioné para el Mexican Cultural Centre, no puedo hablar más que de aproximaciones. Los tres primeros aparecen en The Collected Poems (Vintage Books, Nueva York, 1982), que es la mejor recopilación de su obra. El último fue escrito en 1954, prácticamente en los últimos meses de vida de Stevens, y apareció póstumo.

En “Variaciones a un tema de Williams”, un poeta discute con otro; casi podemos decir que Stevens le arrebata la palabra. De carreras casi paralelas, Williams y Stevens estaban en constante pugna estética. Stevens toma el poema de Williams y lo despoja de romanticismo para hacerle una crítica descarnada y altamente estética.

De “Credencias del verano”, un largo poema, escogí las tres primeras estrofas. No pude dejar de pensar al leerlo y traducirlo en el Desayuno sobre la hierba de Manet. “Mundo sin peculiaridad” pertenece al poemario Las auroras de otoño. Ahí vemos al Stevens más maduro y a un hombre sabedor de la proximidad de su muerte. Stevens, muchas veces áspero, pelea con su padre y su madre, que siente la inevitabilidad de su propio fin. La pobreza del polvo, insiste el poeta; polvo en que se convertirá.

Stevens encontraba paz y descanso en los Cayos de la Florida. Esa fue, seguramente, la inspiración del último de estos poemas: Of Mere Being, que me atrevo a traducir como “Apenas el ser”. Leo en este poema al Stevens agonizante, quien se va despidiendo y del que apenas queda el lenguaje: ígneo y terrible. Apunto al uso en mi traducción del término “ígneas” ante la virtual imposibilidad de traducir el neologismo que inventa Stevens: “fire-fangled feathers”. Lo que importa para Stevens es que el lenguaje sea la música, y ésta el vehículo de la imagen.


Variaciones a un tema de Williams

¡Es un extraño valor
el que me das, antigua estrella:

brillando sola en el alba
a la que no prestas nada!

I

Brilla sola, brilla al desnudo, brilla como el bronce
que no refleja mi faz ni ninguna otra parte
de mi ser, brilla como fuego, que nada refleja.

II

Nada prestes a ninguna humanidad
que te bañe en su propia luz.
No seas quimera de la mañana,
mitad hombre, mitad estrella.
No seas una inteligencia,
como el ave viuda
o un viejo caballo.


Credencias del verano

I

Ahora en mitad del verano con todos los tontos sacrificados
y las furias de la primavera consumidas y aún muy lejos
de las primeras inhalaciones del otoño, los polluelos
están en la hierba, las rosas cargadas con el peso
de su fragancia y la mente ha pospuesto sus tribulaciones.

Ahora la mente pospone sus tribulaciones y considera.
A esto llegan los sacudimientos de la memoria.
Hoy es el último día de un cierto año
más allá del cual nada queda del tiempo.
A esto llega, y a la vida imaginada.

Nada más fue inscrito ni pensado ni sentido
y esto debe reconfortar la corteza del corazón
contra falsos desastres —aquellos padres estacionarios,
aquellas madres que tocan, hablan, están cerca,
aquellos amantes que esperan sobre la seca, suave hierba.


Mundo sin peculiaridad

Grande y fuerte es el día—
pero su padre era fuerte, aquél que yace ahora
en la pobreza del polvo.

Nada puede ser más discreto que la manera
en que la luna avanza hacia la noche.
Pero lo que fue su madre regresa y llora sobre su pecho.

La roja madurez de redondas hojas está cargada
de las especias del rojo verano.
Pero ella a quien él amó se enfría al menor de sus roces.

¿De qué sirve que la tierra esté justificada,
que esté completa, que sea un fin,
que en sí misma sea suficiente?

Es la tierra misma que es humanidad…
Él es el hijo inhumano y ella,
ella es la fatídica madre, a quien él no conoce.

Ella es el día, el paso de la luna
entre las jadeantes especias y, a veces,
él también es humano y la diferencia se esfuma.

Y la pobreza del polvo, esa cosa sobre su pecho,
esa detestable mujer, ese lugar sin sentido,
se vuelven un solo ser, firme y verdadero.


Apenas el ser

La palmera al final de la mente,
más allá del último pensamiento, se yergue
en el broncíneo decorado.

Un ave de dorado plumaje
canta en la palmera, sin significado humano,
sin sentimiento humano, un canto foráneo.

Es ahí cuando sabes que no es la razón
la que nos hace felices o infelices.
El ave canta. Sus plumas brillan.

La palmera permanece al filo del espacio.
El viento se agita suavemente en el ramaje.
Penden las ígneas plumas del ave.

 


Gerardo Cárdenas, mexicano, es poeta, escritor, traductor y periodista cultural. Ha vivido en Madrid, Bruselas, Miami, Washington, D.C., y Chicago desde que salió de México en 1989. Radicado en Chicago a partir de 1998, es actualmente director editorial de la revista cultural contratiempo (http://contratiempo.net). Sus artículos, cuentos y poemas han sido publicados en medios impresos y electrónicos de México, Estados Unidos, España, Venezuela, y República Dominicana. Como narrador, ganó el premio John Barry de Ficción en Español desde Chicago en 2004 y 2007, y el segundo lugar del concurso de literatura erótica “Los Cuerpos del Deseo” de NeoClubPress, Miami, 2012. En 2011 publicó la colección de relatos “A veces llovía en Chicago” (Libros Magenta/Ediciones Vocesueltas), que se hizo acreedor al Premio Interamericano Carlos Montemayor de Literatura a Mejor Libro de Relatos. Un segundo libro de relatos “Correr es de cobardes”, se publicará próximamente. Relatos suyos han sido antologados en “El libro de los monstruos” (Escuela de Fantasía, Bubok, Madrid, 2012), “Los cuerpos del deseo: cuentos eróticos” (NeoClubPress, Miami, 2012) y “Bajo los adoquines está la calle” (Taller de Escritura Creativa Enrique Páez, Madrid, 1998). Trabaja actualmente en una novela y un poemario. Además de sus actividades literarias y editoriales, publica el blog “En la Ciudad de los Vientos” y es director de comunicación de la Organización No Gubernamental AARP en el Estado de Illinois, Estados Unidos. http://gerardo1313.wordpress.com/

Mexican Cultural Centre: Creation and international dialogue

Eduardo Estala Rojas

The Mexican Cultural Centre (MCC) is the first cultural virtual centre non-profit organisation registered in the United Kingdom. The MCC promotes and spreads Mexican culture in international collaboration with academic, artistic, and cultural projects.

Nottingham, United Kingdom. Photo: Eduardo Estala Rojas.

Nottingham, United Kingdom. Photo: Eduardo Estala Rojas.

The MCC holds with a team of skilled Mexicans as Adriana E. Vera Pérez, Ana L. Pazos González, José L. Santos López and Paniel Reyes Cárdenas. All our activities and contents uphold a high quality standard. Thanks to our joint effort and work, José Antonio Meade Kuribreña, Minister of Foreign Relations of Mexico, addressed us a diplomatic letter dated the 30th of January 2014 to Nottingham, UK. In his letter, he aimed to provide us of: “an acknowledgment for achieving to bring together a plurality of expert collaborators, whose participation yields in the quality of the edited works by this centre at your charge.”

Creation and international dialogue

For Salvador Venegas-Andraca, a PhD in Physics and Computational Science by the University of Oxford, England, “Mexico is native producer of artistic and scientific knowledge. Unfortunately, the image of Mexico abroad does not pay justices to our creative capacity.” On the work of the MCC he utters: “In this context the work of the MCC is justified: the high quality of the contents and their prompt publication using modern communication tools such as Facebook and e-mail lists, for example, made the MCC a necessary reference in Mexico and Europe.”

Sofía Alejandra González De Aguinaga is a BA in Marketing and holds a Master degree in Tourism, Environment and Development by King’s College London; she received a grant from CONACyT, and thus asserts: “The MCC is performing an excellent work of cultural broadcasting of Mexico’s culture and Mexico’s talent. This is a unique webpage that managed to sum up efforts to communicate with great quality both in structure and contents, written articles by professional that span not only Mexico’s but other international specialists. The fact that the contents of the website range different topics within the Mexican cultural context as well as written from different viewpoints makes ever more interesting its reading and, thus, more accessible. In addition, the MCC knows how to mingle the experiencies of Mexicans in the United Kingdom as well as publicise different events, conferences and call for applications in the UK, serving as a culture binder. Finally, the partnership of the MCC with other publications and organisations provides a significant boost to the website as well as its contents in terms of a broader outcast. In addition, little by little, the outreach of the MCC website has grown considerably and steadily through the use of social networks such as Facebook and the weekly newsletters. Consequently, I am altogether sure that the MCC will keep growing and delighting us with its contents.”

Ana Laura Pazos González, is a writer and master on Humanities by Anahuac University, Mexico, she expressed: “In these later times, the capital of the United Kingdom —where all accents and languages are heed— makes us think in a modern Babel Tower. The voice of Mexico is read in a loud and clear voice and in the social networks of the MCC, its span not only engulfs the British Isles, but also in different countries where the Spanish tongue is understood. It is through the articles, poetry, essays and stories published by the MCC that the Mexicans abroad can feel themselves closer to home, whereas the foreigners have an opportunity of approaching the cultural Mexican landscape”. Pazos González is Director-general of the Mexican cultural magazine “Bicaalú” and author of the book: “Parvada blanca en la ciudad.”

Last but not least, Adriana Elizabeth Vera Pérez, who works in the Program of Latin-American History at the University of Chicago, U.S.A., points out: “The MCC is fulfilling its aims, namely to introduce, promote and broadcast the various activities related with art and culture in its different manifestations in our own country, Mexico, and beyond its borders, in different cities of other countries in a clear and accessible manner. Information of various events is broadcast across localities and a wide range of cultural topics is made known. Another outstanding achievement is the acquaintance that has begotten in introducing Mexico’s culture in England and other European countries, both directly as well as indirectly reaching universities, cultural, artistic, governmental and social organisations.”

Editor’s note: This article has been published in its original Spanish version in various international media.

Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes-Cárdenas.


Eduardo Estala Rojas is Director-general of the Mexican Cultural Centre, Nottingham, United Kingdom.