Revisiones y configuraciones de ver la crítica y el arte contemporáneo

Miguel Ángel Muñoz*

¿Renovarse o morir? Nunca me ha interesado definir al arte en corrientes, vanguardias o tendencias estéticas. Desde ahí el crítico, poeta  o historiador de arte se erige como comparsa de lo que propone, hay que analizar detenidamente, el papel que juegan hoy los marchantes de arte más poderosos, las revistas especializadas que siguen los pasos de éstos y los museos que apoyan sus intereses más banales. Los conceptos, el arte y uno mismo cambia, evoluciona.

Miguel Ángel Muñoz.  Autor: Vicente Gandía, 2001. Técnica: Gráfito sobre papel. Colección: Miguel Ángel Muñoz.

Miguel Ángel Muñoz. Autor: Vicente Gandía, 2001. Técnica: Gráfito sobre papel. Colección: Miguel Ángel Muñoz.

Sin embargo, no hay que negarnos el derecho a informar a un público más amplio que el «especialista» ni a emitir una opinión personal: cuanto más haya, más puede criticarse y calibrarse la imposición salvaje de las modas y minimovimientos que aparecen y desaparecen en segundos. En este sentido, lo que tiene de interesante cualquier momento artístico no es tener que seguir fielmente y como se creyó en los años ochenta o noventa lo más reciente, ni mucho menos, como creen los posmodernos en su versión más superficial, relativizar completamente el gusto sino la capacidad de releer críticamente lo que fue el arte moderno del siglo XX. De ahí que mis modelos de crítica sean, más que los franceses, sajones y estadounidenses, entre ellos cuatro figuras fundamentales: Robert Hughes, Meyer Schapiro, Clement Greenberg, Arthur C. Danto y Rosalind E. Krauss, que han adquirido a lo largo de los años la categoría de dioses insuperables, de maestros indiscutibles.

Por otra parte, la crítica de arte como especialidad autónoma en el relato artístico nació, como cualquier otra especialidad surgida de la modernidad, como consecuencia temprana de la división capitalista del trabajo intelectual, y se ha justificado, a mi modo de ver a la contra, en paralelo con la progresiva emancipación de los lenguajes creativos, con su distanciamiento de una trama histórica estratificada en estilos y momentos formales.  El crítico ha sido el defensor a ultranza de la forma contra la norma, y en ciertos momentos, a la inversa, de la legendaria perspicacia moderna del Diderot de los salones al radicalismo poético y crítico de Baudelaire, Válery o Apollinaire en plena   vanguardia  visual.

Parece que el historiador y el crítico de arte  -me gustaría incluir a los poetas que ejercen y han ejercido la crítica de forma brillante como Octavio Paz, José Hierro, José Angel Valente, Luis Cardoza y Aragón o Claude Esteban -, se sitúan en dos polos antagónicos, cuando de hecho la escritura del arte demuestra la dosis de voluntad adivinatoria y el conjunto de saberes inéditos, necesarios para adentrarse en la esfera artística que privilegia la inmersión  sensible,  frente a la interpretación narrativa lineal. En sus orígenes, la historia del arte era poco más que la de los artistas   –Vasari es el ejemplo– vinculados por parentelas del oficio, taller y patronazgo. Winckelman subrayó la excelencia individual de las obras de arte con relación a los ideales de perfección del arte griego, que en alguna medida debían imitar.  La historiografía romántica sintetizó un proceso lineal de progresiva complejidad formal y modelo cíclico –inicio, madurez y declive -, que hacen de los estilos sucesivos variables temporales del arte, y que tiempo después llevó al crítico norteamericano Greenberg a negar que el interés de la “crítica reside en el método y no en el contenido de los juicios”.

La crítica, suele aferrarse a las obras y movimientos concretos –más los autores “contemporáneos”-, caracterizadas a partir de la evolución del artista o a través del reflejo especular de los problemas perceptivos y sensibles que sugiere. Se trata de integrar la obra en la cabeza de hallazgos e intuiciones sensibles que construye el artista. Un análisis enraizado en el lenguaje propio del arte que discute las obras visuales como síntesis acabadas o fallidas de un enunciado formal. Es decir, de dar voz no sólo al concepto artístico, sino también a su lenguaje poético y lingüístico.

Pero la difusa realidad artística, política y cultural de hoy hace superflua cualquier diferencia y apela a la desnuda sensibilidad subjetiva, casi personal, frente a la obra plástica. Algunos críticos que admiro,  Arthur C. Danto, André Chastel, John Golding,  Clement Greenberg,  Meyer  Schapiro, John Ashbery,  J. F. Yvars, John Berger,  Yves Bonnefoy, Rosalind E. Krauss, Francisco Calvo Serraller, Valeriano Bozal, David Sylvester, Robert Hugues, Thomas McEvilley, Benjamin H.D. Buchloh y  Donald Kuspit, universales y diversos en formación, método y análisis,  utilizan en su aproximación al arte cuanta información  histórica colabora a desvelar el misterio o la trama de la obra nueva, pero conscientes siempre de las trampas que la autonomía formal supone para la coherencia de su narración, en algunos de ellos hay un rechazo total a la metodología historicista, para apoyarse en las teorías estructuralistas sobre la relación existe entre significado e imagen, para formular un discurso  sorprendente, como es el caso de Rasalind E. Krauss.

Desde hace años han surgido múltiples visiones distintas a las propuestas por Alfred Barr Jr, para el Museo de arte Moderno de Nueva York, que otorgaba toda la primacía a Picasso y Matisse; así, la recuperación de una visión europea ha vuelto a considerar movimientos infravalorados como el expresionismo alemán o el constructivismo ruso. Pero, se puede también, sin temor a considerarnos involucionistas afirmar que Jean Dubuffet,  Balthus, Morandi o Giacometti son grandes artistas, mientras la recuperación de Picabia posdadá ( que ya se dio en la excelente exposición que  organizó la Tate de Londres, bajo la curaduría de Jennifer Mundy),  hay que entenderla como una justificación de tendencias actuales, aunque esto nos conduzca a configurar un campo de estudio fragmentario, en el que el concepto de historia o crítica de arte, se entienda sólo como una visión global de un fenómeno.

En las recuperaciones, hay mucho de justo, algo de esnob y una gran necesidad de encontrar nuevos valores en el mercado del arte, que lleva años muy hambriento de encontrar causes nuevos. En Estados Unidos está de moda afirmar que una exposición de Rothko Gorky, Hopper Kokoschka o Motherwell » ha decepcionado» y se ensalza a un grupo insignificante de artistas «posmodernos», cuando la calidad es abismal. ¿Un discurso de la modernidad artística? No lo sé todavía.

¿Qué decir del momento actual? Leo Castelli, uno de los grandes galeristas del siglo XX, que tenía un ojo sorprendente y cuya edad le permitió mirar detenidamente el pasado, comentó en algún momento la brevedad y caducidad de ciertos movimientos emergentes como el Pattern painting, que apenas duró unos años en Estados Unidos. El recorrido propuesto es un viaje, entre el tardomodernismo y la globalización a lo largo de dos décadas tan turbulentas como amorfas. Unos años en los que se proclamó la muerte y resurrección de la historia y el tiempo y la realidad se ensancharon en todas direcciones. Esa época en la que el mercado se alzó definitivamente con el poder y el todo-vale se convirtió en nada-importa-gran-cosa-en-realidad. Cada lectura es siempre una opción. En mis planes, proyectos y escritos como historiador de arte está revisar con una cadencia anual la parte de lo contemporáneo, pero para contar esta historia en concreto, de teatralidad, resistencia y cambio, he optado  siempre por una selección de artistas y movimientos, que a mí no sólo me dicen algo, sino que también me rompen los esquemas estéticos. Hay ausencias deliberadas y otras impuestas por el espacio de un ensayo breve. Aunque en el fondo de mi selección artística subyace la fidelidad a la pintura, la fotografía y la gráfica, que son una sucesión lineal de nombres propios. Ese es el verdadero credo que me gusta, obseciona y gobierna.

Para construir mi relato, he escogido unos cuantos nombres y, obviamente, he dejado a muchos otros fuera. Dado que la reescritura de la historia resulta uno de los temas centrales del arte contemporáneo, la licencia parece plenamente justificada. Ahora bien, ¿es posible contar todo esto sin recurrir a la obra de artistas de la corriente dominante como Los expresionistas alemanes de finales de los setenta, Baselitz, Lüpertz y Penck o la artista conceptual Rebecca Horn siguen aportando una obra sólida, pero es Anselm Kiefer el que continúa con una fuerza que influye a cientos de jóvenes, o artistas más actuales como Roland Fischer y Günteher Förg, sin olvidar a mis admirados Sigmar Polke y Gerhard Richter. Los españoles Miquel Barceló, Cristina Iglesias, Francesc Torres, Susana Solano, José María Sicilia, Xavier Grau, Charo Pradas, Xomin Badiola, Pedro G. Romero, Rogelio López Cuenca, Alberto García Alix, Esteve Casanoves, Pello Irazu, y Chema Madoz, continúan ejerciendo una influencia decisiva en generaciones recientes, no sólo de España, sino de Europa. ¿Y sin un guiño a la triquiñuela mercadotécnica de Damien Hirst, Tracey Emin y el resto de los Young British Artists, que con tanta soltura dominaron los medios en los noventa? En Brasil, pienso en Ernesto Neto, Vik Muñiz, Adriana Verajao, Valeska Soares, Rosángela Renno y Cildo Meireles. De este último la sensación que provocan sus obras es la de pretender la superación de los límites, de una búsqueda de la expresión del infinito. Otros de mi galería son  el sueco Lars Arrhenius, los ingleses Gillian Wearing, Steven Rodney McQueenel; el suizo Peter Wiilthrich, los norteamericanos Lorna Simpson, Julian Schnabel, Mike Kelly y Paul McCarthy; el uruguayo Ignacio Iturria; el argentino Guillermo Kuitca; los dominicanos Elvis Avilés, Hilario Olivo, Tony Capellán, Raquel Paiewonsky, Jorge Pineda; los panameños Brooke Alfaro, Sandra Eleta y Jonathan Harker; los cuabanos  Kcho, José Bedia y Roberto Fabelo; los guatemaltecos Jorge de León, Yasmin Hage, Sandra Monterroso. Tengo que aceptar que hoy. En México el arte contemporáneo: pintura, gráfica, fotografía e instalación tiene un discurso estético importante, con una filosofía crítica, y hallagos reveladores en sus propuestas, cada vez más lejos de las corrientes en boga. Gabriel Orozco, Pablo Vargas Lugo, Erick Beltrán, Eduardo Abaroa, Minerva Cuevas, Demian Ortega, Laureana Toledo, Diego Guzmán, Rubén Leyva, José Villalobos, Gabriel de la Mora, Ernesto Ríos, Dulce Pinzón, César Flores, Patricia Henríquez, Francisco Quintanar, Tatiana Montoya, Marisa Boullosa, Jorge del Ángel, Sandra Pani, Luis Felipe Ortega, Alfonso Mena, Miguel Ángel Alamilla, Fernanda Deschamsp… Por otra parte, son muy interesantes, las disputas de género y los activismos feministas y homosexuales han alzado la voz en años recientes, bien desde los carteles que reivindican con enfado la ocupación de las calles, bien por la vía de lo grotesco (como en Freak Orlando, de Ulrike Ottinger) o en las poéticas visiones de Itziar Okariz y Eulàlia Valldosera.

En el terreno de la escultura la cosa se mueve con interés, como para afirmar que su último momento de eclosión, el minimalismo, ha sido superado y desbordado desde posiciones mucho más matéricas y metafóricas. No es extraño, que vuelvan a reconsiderarse los artistas del Arte povera italiano, junto a los que emerge otra generación (Luigi Mainolfi, Patrizia Guerresi, Lucia Romualdi); en España Jaume Plensa, Susana Solano y Juan Muñoz, han logrado propuestas contundes; los italianos Giovanni Anselmo, Michelangelo Pistoletto y Luciano Frabro, o, en Gran Bretaña los nombres de Anish Kapoor, Richard Deacon, Richard Long, Tony Cragg o Barry Flanagan, con mayor o menor fortuna, proponen a su vez obras distintas. Tengo que decirlo: mis artistas más admirados en este momento, y a los cuales sigo constante por el mundo; además de tener una devoción total por su arte desde hace un par de años son: Cai Guo-Qiang, William Kentridge, Sean Scully, Anselm Kiefer, Giuseppe Penone y Shirin Neshat. Artistas con una poética luminosa, única, que me conmueven hasta el límite. No pretendo con esto, hacer ni un mínimo de registro de lo que pasa hoy en el arte contemporáneo en México y Europa, sino sólo dar un paseo breve por algunos artistas que me interesan, y dejar registro de su situación en el mercado del arte actual.

*Miguel Ángel Muñoz, mexicano, es poeta, historiador y crítico de arte. Su dedicación a la creación artística actual es absoluta; compagina su labor en El Financiero, La Jornada Semanal y en la revista Casa del Tiempo, con la de comisario de exposiciones. Ha trabajado personalmente con muchos artistas; entre ellos, Eduardo Chillida, Rafael Canogar, José Luis Cuevas, Josep Guinovart, Roberto Matta, Antoni Tàpies, Richard Serra, María Girona, Vicente Gandía, Ricardo Martínez, Chema Madoz, Luis Feito, Xavier Grau, Charo Pradas, Ignacio Iturria, Albert Ràfols-Casamada, Robert Rauschenberg y Luoise Bourgeois. Es autor de los libros de ensayo: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos (Editorial Praxis, 1999), Ricardo Martínez: una poética de la figura (CONACULTA, 2001), La imaginación del instante: signos de José Luis Cuevas (Editorial Praxis, 2001), El espacio invisible. Una vuelta al arte contemporáneo (Ediciones Batarro, Málaga, España, 2004), Convergencia y contratiempo (Plan C Editores- CONACULTA, 2008), Espacio, superficie y sustancia. La obra de Ricardo Martínez (Siglo XXI Editores, 2009), El espacio vacío, (CONACULTA, 2009), Gutierre Tibón. Lo extraño y lo maravilloso (CONACULTA, 2009). Asimismo ha editado y comentado los libros El asombro de la mirada. Convergencia de textos (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2010), Espejismo y realidad. Divergencias estéticas de Rafael Canogar (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2011) y Elogio del espacio. Apreciaciones sobre arte de Rubén Bonifaz Nuño ( UNAM, El Colegio Nacional y UAM, México 2012). Además, es autor de los libros de poesía El origen de la niebla (CONACULTA, 2005), Espacio y luz (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) con serigrafías originales de Albert Ràfols-Casamada, Convergencia (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) y Travesías (Centro de Producción Gráfica, México,2004) con serigrafías originales de José Luis Cuevas, Cinco espacios para Rafael Canogar (Ediciones El Taller, Madrid, España, 2004), con grabados originales de Rafael Canogar y Fuego de círculos (Editorial Praxis, México 2012). Sus textos se publican en diversas publicaciones de México, España y América Latina. Es director de la revista literaria Tinta Seca. Es colaborador, asimismo, de las revistas Metérika (Costa Rica), Banda Hispánica y Agulha (Brasil). Actualmente se está capacitando como doctor en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Miembro Asociado del Seminario de Cultura Mexicana. En 2009 fue reconocido por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana y la Facultad de Artes por su “contribución al estudio del Arte Contemporáneo”.

Marco Fonz

Marco Fonz. Foto:  Iliana Vargas.

Marco Fonz. Foto: Iliana Vargas.

Epístola alucinatoria

 

Me visité hoy:

estornudaba gracias.

La bestia se me salía de algún lado

y ya era nuevamente la luz.

El sol con su piano en la costilla

el ladrido canis mordía feroz el aire

la visita de mí suspiraba ventanas

y no dejaba de moverse por el cuarto.

Algo de enfermero enmascarado

algo de sonámbula niebla;

el féretro era el visitado, me supongo.

Porque el visitante sonreía bajito

y con la taza del humor llamada alma

intentaba sacudir en mi territorio

                                                algo baldío. 

Me visité hoy

y por primera vez no me vestí solo.

Un paraguas de nubes trajo el agua

lo otro era caminar del brazo de mi visita

como si nunca nos hubiéramos conocido.

 

Una isla

 

El futuro de América Latina es volverse una isla.

Que cada uno empaque a su país en una bolsa

y evite caer al charco cuando se escape por el camino.

Una sola isla con mil trapos

todos flotando en sí mismos y a la deriva

como una canción en girones

como una palmera seducida por el huracán.

La arena creará espejismos

en las pestañas del nuevo isleño

y construirá trasatlánticos níveos

sobre un fondo de fuego:

el atardecer será lo contrario al llamado a comer

pero todos saborearán las piedras hervidas

de los otros futuros que corren y escapan

por el camino de la nueva isla.

 

Fui dejando al hombre

 

Melancolía: palabra para decirse en medio de una fiesta.

Dos vasos de vapor no dan nunca unas monedas.

Es necesario salir un rato a los balcones humanos

fumar un cigarro de pieles exóticas

Y comenzar de nuevo:

Melancolía: palabra para decirse en medio de una película.

Dos manos de sudor no hacen nunca mundos alternos.

Es necesario tener siempre a la mano un socket sin foco

meter los dedos en la vagina de la aurora

Y comenzar de nuevo

Melancolía: palabra que se dice cuando se está desnudo frente al espejo.

Un ser humano de sangre y verso nunca darán un poeta.

Para eso falta dejar al hombre en un contenedor de grasa

y después verlo correr a lo lejos en una carretera

y transparentar el play.

Marco Fonzmexicano, es poeta, editor y difusor cultural. Ha publicado Cantos siniestros a Chiapas, El ojo lleno de dientes o Los buscadores de Shavana-Lamar. Mereció el Premio Estatal de Poesía Rodulfo Figueroa. Recientemente ha ofrecido talleres de poesía en Perú y Ecuador.

Justicia y Derechos Humanos bajo fuego amigo: autodefensa y policía comunitaria

Karlos Castilla*

En las semanas que han transcurrido del año 2013 son muchos los temas relacionados con derechos humanos y justicia que han estado presentes en el debate jurídico en México. Desde iniciativas de reforma constitucional regresivas, pasando por polémicos casos resueltos por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y otros no tanto aunque se refieran a los mismos derechos y hechos parecidos; la entrada en vigor de una ley y discusión en el Congreso de otra que de manera deficiente pretenden ocuparse de las víctimas y de la garantía de los derechos humanos, respectivamente, y hasta algunos respecto a los que no se sabe bien de lo que tratan por el desconocimiento que tenemos de nuestros pueblos indígenas, pero de los cuales, como en casi todos los anteriores, la opinión fácil y desinformada es lo que prevalece.

El Portal de los Derechos Humanos en México. Crédito de imagen: http://justiciahable.org/

El Portal de los Derechos Humanos en México. Crédito de imagen: http://justiciahable.org/

En prácticamente todos esos debates es fácil invocar la Constitución, algún tratado de derechos humanos y un poco de retórica para ofrecer una solución, que buena o no, gira en torno de lo que todos más o menos conocemos de una parte de nuestro sistema jurídico nacional. Sin embargo, el tema de las “autodefensas”, “policías comunitarias” y “tribunales populares”, no puede ser analizado bajo la misma fórmula al incluir un aspecto que debe hacernos cambiar las variables “ordinarias”: la presencia de pueblos indígenas.

Para quienes creen que el sistema jurídico mexicano contenido en la Constitución es uno solo —el emanado de los órganos del Estado—, y que la presencia de pueblos indígenas en esa configuración es irrelevante, porque éstos simplemente deben sujetarse al orden Estatal, lo que sigue les parecerá fuera de lugar. Como tal parece, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, un número importante de opiniones y, por supuesto, la gran mayoría de los periodistas que reportan ello, sin  investigar a fondo e  intentar entender el texto constitucional y en un ambiente de inseguridad y violencia como el que se vive en México, han calificado los actos y acciones desarrollados por diversas comunidades en Guerrero, Oaxaca, Jalisco y Michoacán de paramilitarismo, ilegalidad, salvajismo, irracionalidad, rompimiento del orden constitucional, y más. Pero,  ¿se han preguntado si no todo ello que así se califica podría tal vez encontrarse, al menos, dentro de lo establecido en el artículo 2, apartado A, fracción II, de la Constitución:

A. Esta Constitución reconoce y garantiza el derecho de los pueblos y las comunidades indígenas a la libre determinación y, en consecuencia, a la autonomía para:

II. Aplicar sus propios sistemas normativos en la regulación y solución de sus conflictos internos, sujetándose a los principios generales de esta Constitución, respetando las garantías individuales, los derechos humanos y, de manera relevante, la dignidad e integridad de las mujeres. La ley establecerá los casos y procedimientos de validación por los jueces o tribunales correspondientes.

¿No estaremos en los diversos casos que se han documentado en Guerrero, pero también en Jalisco, Oaxaca y Michoacán, o antes Chiapas, frente al legítimo ejercicio de los derechos de los pueblos indígenas? Pueblos a los que históricamente les hemos negado dichos derechos, discriminado, marginado, robado sus tierras, sumidos en la pobreza, orillados a terminar con su cultura, su lengua y una vez más, su orden, formas de organización y sistemas de regulación interna. ¿No nos encontramos una vez más ante esa histórica negación de la pluralidad jurídica que no toleramos ni aceptamos pese a que está reconocida en la Constitución? Pluralidad jurídica que preferimos negar, criminalizar y banalizar una y otra vez porque no somos capaces de ver a los pueblos indígenas como sujetos de derecho capaces de regirse con su propia normatividad.

Será que una vez más, gobiernos, medios de comunicación, quienes se dicen defensores de derechos humanos y practicantes del Derecho desde múltiples posiciones estamos ignorando y negando la validez de los sistemas normativos indígenas. Acaso si no logramos encuadrarlos en “nuestro” sistema, por más que lo diga la Constitución, diremos que son ilegales porque para nosotros sólo la norma escrita y codificada, es decir, el derecho positivo del Estado, tiene validez y es lo único que jurídicamente nos parece relevante y digno de respeto y observancia por mal que esté elaborado y discriminatorio que sea.

¿No será que “el problema” no es de los pueblos indígenas, sino de quienes desconocemos qué es el derecho consuetudinario, cuáles son los sistemas normativos de los pueblos indígenas mexicanos y cómo funcionan? Esto, en parte porque prácticamente ninguna escuela o Facultad de Derecho en México se ocupa de manera seria del estudio de sistemas normativos distintos a los emanados de los órganos del Estado, muy pocos nos hemos preocupado por conocer los sistemas normativos indígenas y, prácticamente nada se ha hecho para crear los mecanismos de comunicación y diálogo entre los sistemas normativos indígenas y el sistema Estatal (La ley establecerá los casos y procedimientos de validación…), por lo que ante ello, lo fácil es criminalizar, descalificar y llamar justicia por propia mano a lo que en el fondo es un olvido y desinterés total a nuestros pueblos indígenas, pese a que presumimos por el mundo ser una Nación pluricultural. ¿No será que llamamos salvaje, ilegal y que no respeta las garantías del debido proceso a algo que ni siquiera nos hemos tomado la molestia de conocer, de estudiar, de considerar parte del sistema jurídico mexicano?

Descalificar y negar el derecho que tienen los pueblos indígenas para administrarse justicia es olvidar que junto con la lengua, los sistemas normativos son uno de los elementos básicos de identidad étnica de un pueblo y que, “cuando un pueblo ha perdido la vigencia de su derecho tradicional, ha perdido también una parte esencial de su identidad étnica, de su identidad como pueblo, aun cuando conserve otras características no menos importantes para su identidad”[i].

Será que tal vez nos parece suficiente el deficiente acceso a la jurisdicción del Estado que les hemos dado a las personas pertenecientes a pueblos indígenas (fracción VIII, del artículo 2, apartado A, constitucional). Esto, aunque la mayoría de las veces se encuentran como acusados en materia penal y sólo en excepcionales casos como demandantes y con la posibilidad real de reclamar sus derechos, no por una mera casualidad, ni por su elevada criminalidad, sino por una discriminación institucional y social que impide tomar en cuenta sus costumbres y especificidades culturales, así como garantizarles en todo tiempo el derecho a ser asistidos por intérpretes y defensores que tengan conocimiento de su lengua y cultura. Y si no es así, porqué se presumen los casos que se cuentan con los dedos de una mano en los que tras un largo camino en la jurisdicción estatal, la Suprema Corte, no siempre y bien, pero si en algunos casos, y otros tribunales, casi siempre federales, de manera excepcional les garantizan sus derechos en la jurisdicción del Estado, cuando ello debería ser la regla, lo normal, lo que constitucionalmente corresponde y no siempre un afortunada excepción que se celebra.

¿No será que cuando los pueblos indígenas se organizan nos asusta, porque no hemos sido capaces de garantizarles un acceso efectivo a la jurisdicción del Estado, pero tampoco aceptamos que no necesitan para ello del Estado porque bien pueden resolver sus problemas y conflictos, como lo hacían incluso antes de que la idea de Estado existiera, o lo hacen en tanto no tocan o interfieren con las esferas de poder mestizo, en tanto no ponen en entredicho la injusta e inequitativa legalidad selectiva de las autoridades estatales? ¿No será que tanto los hemos ignorado que nos asustan los llamados grupos de autodefensa cuando éstos son parte de sus estructuras comunitarias que históricamente han funcionado como “la policía” del pueblo. No será que si algo no cuadra en los términos jurídicos que nos enseñaron a los abogados en la Facultad, preferimos decir que son inválidos, ilegales y contrarios a derecho, cuando más bien solo muestran nuestra ignorancia y que no hemos sido capaces de entender la pluralidad jurídica reconocida constitucionalmente en México? Y que, contrario a lo que muchos pudieran pensar, el reconocimiento y aplicación de los sistemas normativos sancionadores indígenas distan mucho de traducirse en lo que el artículo 17 constitucional considera como autojusticia al establecer que ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho.

Será que no nos ha importado conocer los sistemas normativos indígenas, pero que además olvidamos el contenido del artículo 2, apartado A, fracción II, de la Constitución de “nuestro sistema”, pero que tampoco hemos leído u olvidamos de igual forma el contenido de los artículos 8.2 y 9.1 del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo que también integran “nuestro sistema” al ser México Parte de éste y en los cuales se establece:

8.2. Dichos pueblos deberán tener el derecho de conservar sus costumbres e instituciones propias, siempre que éstas no sean incompatibles con los derechos fundamentales definidos por el sistema jurídico nacional ni con los derechos humanos internacionalmente reconocidos. Siempre que sea necesario, deberán establecerse procedimientos para solucionar los conflictos que puedan surgir en la aplicación de este principio.

9.1. En la medida en que ello sea compatible con el sistema jurídico nacional y con los derechos humanos internacionalmente reconocidos, deberán respetarse los métodos a los que los pueblos interesados recurren tradicionalmente para la represión de los delitos cometidos por sus miembros.

Puedo equivocarme, y puede ser cierto que todos esos “grupos armados” que se nos dice han surgido recientemente no pertenezcan a pueblos indígenas y no tenga porque incluirse este estándar de análisis a lo que están llevando a cabo. Si es así, las personas que integran dicho grupos denominados de autodefensa deben ser investigadas y sancionadas para en verdad evitar paramilitarismo como el que hubo y actuó en Acteal, Chiapas, hace algunos años, por lo que si están cometiendo algún delito y, sobre todo, si han cometido abusos y violaciones de derechos humanos el Estado debe actuar, sino para evitar ello, sí cumpliendo con las funciones que por lo visto no ha podido cumplir en todas esas zonas. Tal y como debían investigarse y sancionarse los abusos y graves violaciones de derechos humanos que militares han cometido justamente en esas regiones del país en nombre de esa seguridad, ese orden y ese Estado de Derecho que tanto se defienden pese a su ineficiencia, tal y como lo atestiguan, entre otros, los casos de Inés Fernández y Valentina Rosendo Cantú, casos que pese a haber sido conocidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, las sentencias siguen sin cumplirse en partes esenciales que servirían para combatir la impunidad, la perpetuación de las violaciones de los derechos humanos.

Pero si se confirma, como todo parece indicar que así es, que todos esos grupos perteneces a pueblos indígenas, antes de seguir criminalizando, atacando y desprestigiándolos, debemos reflexionar un poco respecto a lo antes dicho, porque tal vez y de nueva cuenta, la responsabilidad que ello tome una magnitud que logra llamar la atención, no se debe a la “rebeldía” de los pueblos indígenas, sino al abandono, desprecio y desatención que por años han tenido. No Sólo en lo social que es evidente, sino también en lo jurídico aunque casi siempre sabemos ocultarlo “técnicamente” bien.

Que hoy nos asuste ello porque no sepamos como coordinar esos sistemas con el sistema Estatal, porque no esté definido de manera clara hasta dónde llega la competencia personal, territorial y material de los sistemas normativos indígenas, no es culpa de los pueblos indígenas, es culpa de nosotros que los hemos ignorado, que hemos tomado como simulación de justicia o incluso, como meros linchamientos los métodos que éstos tienen para la represión de delitos.

Tal vez no son los pueblos indígenas, sino los que no hemos hecho nada por conocer sus sistemas normativos, quienes sistemáticamente los invisibilizamos y olvidamos sus diferencias culturales, su cosmovisión, quienes sólo creemos que la única jurisdicción válida es la del Estado, los que estamos incumpliendo y violando la Constitución.

Los pueblos indígenas no necesitan nuestra caridad, ni nuestra lástima por una situación determinada, sino el respeto y ejercicio de sus derechos y libertades siempre.


[i] Stavenhagen Rodolfo, Entre la ley y la costumbre. El derecho consuetudinario indígena en América Latina, México, Instituto Indigenista Interamericano, Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 1990. p. 55.

Nota del editor: Este artículo fue publicado en http://justiciahable.org/ el 22 de febrero de 2013. Se reproduce en el Mexican Cultural Centre con la autorización del autor.

*Karlos Castillamexicano, es abogado especialista en derecho constitucional y derecho internacional de los derechos humanos. Doctorando y asistente de docencia en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona, Cataluña, España.  

¿La nueva medicina?

Ana Laura Pazos González*

Sentada al lado de la ventanilla, me preparé mentalmente para soportar las siguientes diez horas de mi vida. Saqué de la maleta de mano un libro, un iPod con suficientes canciones para amortiguar el ruido de las turbinas durante todo el viaje y, en el menú de estrenos del sistema personalizado de entretenimiento, encontré dos películas de mi interés. Alguien quien, como yo, es incapaz de conciliar el sueño abordo de un avión, debe optimizar los recursos disponibles para no enloquecer por el aburrimiento.

Ana Laura Pazos González. Foto cortesía.

Ana Laura Pazos González. Foto cortesía.

Me alegré al notar que el asiento contiguo seguía desocupado, lo cual representaba la bendición de no tener que despertar al vecino con un ‟Disculpe, con permiso” cada determinado tiempo para poder estirar las piernas o ir al baño. Abrí el libro, complacida, pero antes de que pudiera pasar la página, vislumbré una figura al fondo del pasillo que amenazaba con violentar mi comodidad. Conforme la figura iba acercándose, sus rasgos se fueron revelando. La mujer de cabello corto, ojos inteligentes y abrigo azul colocó sus pertenencias en el compartimento; antes de sentarse junto a mí, soltó un ‟Buenas noches” acompañado de una sonrisa y, de inmediato, se sumergió en el estudio de unas fotocopias impresas por ambos lados.

Resignada, volví a mi lectura, mientras la vecina resaltaba frases con un marcador amarillo y hacía anotaciones en un pequeño cuaderno. Poco tiempo después, trajeron la cena. Yo elegí el pollo con pasta, que venía con una pieza de pan y, como postre, el yogur de fresa. A la señora sentada a mi lado le sirvieron un platillo excepcional que consistía en una variedad de frutas, verduras y semillas. ‟Debe ser vegetariana”, pensé.

Supongo que entré en un milagroso estado de duermevela, porque cuando abrí los ojos ya habían apagado las luces y se escuchaban ronquidos lejanos. En medio de la oscuridad, una luz sutil iluminaba la página que mi compañera de viaje examinaba en ese momento: ‟La Nueva Medicina Germánica”, tenía por título, y en el margen superior derecho se alcanzaba a leer el nombre de la autora: Caroline Markolin, Ph. D. (Me pregunté si ése sería el nombre de la estudiosa pasajera.) Tuve que forzar la vista para descifrar el primer párrafo: ‟En agosto de 1978, el doctor Ryke Geerd Hamer —jefe de internistas en la clínica oncológica de la Universidad de Munich, Alemania— recibió la terrible noticia de que a su hijo Dirk le habían disparado. Dirk murió en diciembre de ese mismo año. Pocos meses más tarde, el doctor Hamer fue diagnosticado con cáncer de testículo; inmediatamente supuso que el desarrollo de esta enfermedad podría estar relacionado con la trágica pérdida de su hijo. La muerte de Dirk y su propia experiencia con el cáncer motivaron al doctor Hamer a investigar la historia personal de sus pacientes. Rápidamente aprendió que, como él, todos sus pacientes habían pasado por un episodio traumático antes de desarrollar cáncer.”

Me hubiera gustado continuar leyendo, pero las manos que sostenían la hoja de papel me impedían avanzar.

Fui diagnosticada con cáncer de pulmón hace tres meses—. La mujer me dedicó una mirada intensa y dejó injustificada su abrupta confesión.

Lo lamento mucho. Discúlpeme también por andar metiendo la nariz donde no me llaman, pero me pareció interesante la hipótesis de ese doctor Hamer—. Supongo que una expresión parecida a la que tienen las personas en un velorio se formó en mi rostro, porque ella replicó:

La palabra ‟cáncer” no es sinónimo de muerte, como muchos piensan. Yo me encuentro perfectamente y no tuve que someterme a ningún tratamiento convencional. El problema es que, al enfermarse, las personas depositan no sólo su confianza, sino su preciosa vida, en las manos de los médicos. No trabajan con ellas mismas, no buscan el verdadero origen del problema, y por eso mueren de sus males.

Intenté digerir aquellos conceptos, pero me causaron indigestión. Entorné los ojos, escéptica, y le pedí a la mujer que fuera más despacio.

Al poco tiempo de que su hijo fuera asesinado, el doctor Hamer fundador de la Nueva Medicina Germánicadesarrolló un cáncer testicular; más tarde, su esposa fue diagnosticada con cáncer de mama. A diferencia de lo que hubieran creído la mayoría de los oncólogos que el evento trágico y la enfermedad habían sido cosas aisladas sin ninguna relación entre síel doctor Hamer supuso que la segunda había sido una reacción de la primera. Para demostrar la hipótesis de que las enfermedades son controladas desde el cerebro, realizó miles de tomografías a pacientes y las comparó con las historias de vida de cada uno de ellos, con lo cual descubrió que en el momento que ocurre un ‟choque de conflicto” o episodio de extrema tensión emocional, cierta parte del cerebro sufre una lesión, la cual tiene una repercusión en el cuerpo, una enfermedad…

Todo eso suena lógico —acepté— pero mi experiencia personal me hace dudar. Como cualquiera, he tenido episodios traumáticos a lo largo de mi vida y, afortunadamente, nunca he padecido una enfermedad grave. 

Verás… los choques de conflicto a los que se refiere Hamer nos toman completamente desprevenidos y están condicionados por nuestras experiencias pasadas, vulnerabilidades, percepciones, valores y creencias. Cuando se activa una alarma debido a un conflicto emocional o biológico, el inconsciente recibe esta señal y proporciona una solución biológica a la que llamamos enfermedad, que puede ir desde una gastritis o una afección en la piel, hasta un cáncer…

Me perdí de nuevo. ¿Qué es un conflicto biológico? ¿Y cómo es posible que una enfermedad sea una ‟solución”?

Shhh, ¡dejen dormir!, exclamó una voz aletargada al fondo de la cabina. La mujer contestó casi en un murmullo:

Pongamos como ejemplo a la esposa de Hamer. El cáncer glandular de mama, según los hallazgos del doctor, es el resultado de un conflicto de ‟preocupación madre-hijo”, el cual impacta al llamado ‟cerebro antiguo”, específicamente al área que controla las glándulas que producen leche. Un primitivo programa biológico de respuesta se activó en ella al enterarse de la muerte de Dirk, del mismo modo que se activaba en las mujeres prehistóricas cuando sus crías se encontraban en peligro. Ante un evento de esta índole, las células de las glándulas mamarias se multiplican y forman un tumor; el propósito biológico de la proliferación de células es habilitarse para proporcionar más leche al descendiente que sufre, inclusive si éste ha muerto.

Pero eso significaría que todas las mujeres que se preocupan en exceso por un hijo o deben afrontar su muerte desarrollarán cáncer de mama la interrumpí—, lo cual es inverosímil.

Recuerda lo que te dije acerca de las características individuales. La alarma tiende a sonar con mayor intensidad en algunas personas que en otras, y de ello depende que se active o no el programa.

Y en usted… ¿por qué se activó? me atreví a preguntar.

En mi caso, un conflicto de ‟muerte o miedo a morir” programó el cáncer de pulmón. Hace diez años, fui a cenar con unas amigas. Para evitarle a una de ellas la molestia de tener que llevarme a mi casa, tomé un taxi. Unos tipos, coludidos con el chofer, se subieron al coche cuando nos detuvimos frente a una luz roja. Les entregué el celular, el efectivo, las tarjetas y hasta una joya con valor sentimental y, no obstante, durante las dos horas que duró la peregrinación por los cajeros automáticos, se la pasaron intimidándome con una pistola y haciéndome pequeños cortes con una navaja en el cuello. Amenazaban diciendo que si me atrevía a mirarlos, me matarían, no sin antes violarme. Me dejaron en una calle solitaria, donde unas personas me permitieron usar el teléfono

Por primera vez durante la plática, la mujer perdió la expresión estoica y se le quebró la voz.

Hace cinco meses, me ocurrió algo parecido continuó sólo que esta vez los secuestradores me llevaron a pasear en mi propio coche… Al poco tiempo, me diagnosticaron cáncer de pulmón. El pánico a la muerte es traducido por el cerebro como una incapacidad para respirar, por lo que las células de los alveolos comienzan a multiplicarse formando un tumor. Ante este o cualquier otro tipo de enfermedad, en lugar de caer en la desesperación y sentirnos desahuciados, debemos preguntarnos por qué nuestro inconsciente activó tal o cual solución biológica.

Hasta aquí he comprendido que las enfermedades no ocurren porque sí, pues son el resultado de un evento traumático, de una información inconsciente que las desencadena; también que existe una relación directa entre cada enfermedad y determinada parte del cerebro, el cual activa programas que operan en el órgano correspondiente, pero ¿cómo es el proceso de curación?

Me contó que, según el doctor Hamer, toda enfermedad procede en dos fases: una activa, donde el organismo entero intenta encontrar los motivos inconscientes del trauma; y una curativa, cuando se ha resuelto el conflicto y se genera una transformación a nivel orgánico. En esta segunda fase, la proliferación de las células (en el caso del cáncer) o el desgaste de las mismas (si pensamos en otras enfermedades) se detiene e inicia el proceso de reparación.

Sin embargo, si una persona pasa demasiado tiempo en la etapa ‟activa” de la enfermedad, puede morir debido a la pérdida de energía, a la privación del sueño, y al agotamiento emocional y mental. Por ello es muy importante la ‟biodescodificación”, una técnica desarrollada por el psicólogo español Enrico Corbera donde, a través de la hipnosis ericksoniana, la programación neurolingüística y otras técnicas para acceder al inconsciente, el terapeuta busca ayudar al enfermo a desentrañar las emociones ocultas detrás del conflicto, las cuales no se manifiestan de manera consciente debido a tabúes y otras cuestiones culturales. Al hacerlas evidentes, se resuelve el conflicto y comienza la etapa de sanación. El cuerpo se cura solo.

La mujer también me dijo que, además de las sesiones de ‟biodescodificación”, ella había ayudado a su organismo a recuperarse al seguir una dieta rigurosa consistente en alimentos alcalinos como determinadas frutas, verduras y semillas ya que las células cancerosas, que tienen una estructura diferente a la de las células normales, se alimentan sólo de sus contrarios, los alimentos ácidos, como los lácteos, el azúcar y las carnes rojas, entre otros.

El avión comenzó el descenso para aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Madrid. Miré por la ventanilla, la Catedral de Almudena aparecía bañada por los rayos del sol… El tiempo había volado sin necesidad de que recurriera a ninguno de mis medios de entretenimiento. Antes de terminar el viaje, tenía una pregunta más para mi nueva amiga:

Caroline, si la Nueva Medicina Germánica es tan efectiva, ¿por qué permanece oculta?

¿Caroline? ¡Ja! Ése es el nombre de la autora del ensayo que estaba estudiando. Me estoy preparando para ser ‟biodescodificadora” y vengo a Madrid a presentar un examen… Respecto a tu pregunta, cuando Hamer expuso su tesis ante los académicos aunque estos no desaprobaron ni censuraron sus descubrimientosdecidieron despojarlo de su licencia médica porque se negaba a ajustarse a los designios de la medicina convencional. Desde entonces vive en el exilio aquí, en España.

La madre de una de mis amigas españolas tiene cáncer intrauterino. Les conté a ambas acerca de Laura mi tocaya del avióny, si bien no las exhorté a abandonar el tratamiento médico convencional, les dije: ‟Ya, tías, que no van a perder nada por intentarlo”, con el mejor acento madrileño que pude.

Nota: Las opiniones y tesis del doctor Ryke Geerd Hamer no representan la postura oficial del sector médico para el tratamiento de enfermedades graves como el cáncer. La autora no responde por las ideas vertidas sobre esta materia. Como siempre, la mejor opinión es la de usted, querido lector.

*Ana Laura Pazos González, mexicana, es escritora y directora de la revista Bicaalú.  Cuenta con estudios de Maestría en Humanidades por la Universidad Anáhuac. Autora del libro Parvada blanca en la ciudad (Editorial Jus, México, 2011). 

El Turismo como herramienta de promoción y transmisión cultural

Sofía Alejandra González De Aguinaga*  

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la cultura en su término popular es “un conjunto de manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo”. Ésta representa las costumbres de una sociedad, el ‘modo’ particular de hacer y pensar de los que la conforman, las maneras en que se relacionan y expresan y el cómo viven ‘el día a día’. Entonces la cultura es, sin lugar a dudas, de vital importancia ya que define e identifica a un pueblo haciéndolo por ende diferente al resto, al mismo tiempo que le da a su gente un sentido de pertenencia y comunión.

México como uno de los mejores destinos turísticos en el 2014/ Lonely Planet.

México como uno de los mejores destinos turísticos en el 2014/ Lonely Planet.

Particularmente, la cultura de una sociedad suele fascinar a aquellos que no forman parte de ella. Hace unos días encontré una foto de un amigo tomada en un canal de Londres, que ilustraba un pizarrón con la frase “Before I die I want to…” (“Antes de morir quiero…”) esperando a ser respondida por los visitantes. Muchas de las respuestas que complementaban esta frase incluían un viaje, por ejemplo, se leía ‘Ir a África’, ‘Ir a Venecia’, ‘Viajar alrededor del mundo’ entre otras. No es entonces una sorpresa encontrarnos con la fascinación natural del ser humano por ir a un lugar ‘desconocido’ o ‘nuevo’, en donde una cultura ajena a la nuestra está lista para ser explorada con la promesa de invaluables experiencias.

En este sentido, podemos decir que el turismo, entendido como la actividad de viajar de un lugar a otro con estancias cortas, facilita el intercambio cultural ya que rompe con fronteras de diversas maneras. Por un lado, la actividad turística promociona una cultura a través de la publicidad con el fin de aumentar el número de visitantes a determinado lugar. Y por otro lado, el turismo al fomentar el viaje y desarrollar productos y servicios turísticos, permite que las personas experimenten personalmente, en el lugar visitado, aquellas características que constituyen a lo que hemos llamado ‘cultura’.

Hablando de México, el turismo representa alrededor del 9% del PIB (SECTUR, Dirección General de Comunicación Social, 2013) y actualmente a través de la campaña publicitaria titulada “Mexico, Live It to Believe It” (“México, vívelo para creerlo”) la Secretaría de Turismo (SECTUR) busca promover y posicionar al país alrededor del mundo como uno de los principales destinos turísticos. Esta campaña presentada en Londres a principios del mes de noviembre en la ‘Tower of London’ como parte de la gira de la Secretaria Claudia Ruiz Massieu, estuvo también presente en ‘The World Travel Market’, uno de los eventos turísticos más importantes del mundo con sede en Londres. 

Campaña turística “México, Live It to Believe It” presentada en Londres en noviembre 2013/Claudia Ruiz Massieu archivo personal en Facebook.

Campaña turística “México, Live It to Believe It” presentada en Londres en noviembre 2013/Claudia Ruiz Massieu archivo personal en Facebook.

Con esto la SECTUR enfatiza su esfuerzo hacia la promoción de la cultura, como lo expresó en la ‘Cuarta Feria Mundial del Turismo Cultural’ el pasado mes de noviembre. Tal es el caso que en el 2013 la inversión pública que se destinó al turismo cultural representó el 58% de la inversión turística (SECTUR, Subsecretaria de Operación Turística, 2012), cifra muy por arriba de la inversión destinada para el turismo de ‘sol y playa’, que ha caracterizado al país anteriormente.

En efecto, conocer diferentes lenguajes, costumbres, vestimentas, gastronomía, paisajes, entre otros aspectos culturales que entendemos como capitales inherentes en una sociedad, en un pueblo o un país, constituyen uno de los motores principales y de mayor auge del turismo. En este sentido, la cultura funciona como una herramienta de desarrollo sustentable para las comunidades (OEI, Cultura y Desarrollo). Sin embargo, se suele pensar que la cultura es un atributo ‘estático’ y probablemente un ‘recurso inagotable’ de una sociedad cuando por el contrario el turismo ejemplifica los riesgos que ésta corre al comercializarla.

Por lo tanto, lejos de cuestionar la efectividad de los esfuerzos turísticos mencionados anteriormente, éstos nos dan apertura para analizar y plantearnos críticamente diferentes cuestionamientos relacionados con el rol que juega el turismo en la promoción e intercambio cultural. Por ejemplo, ¿El turismo nos ayuda a comunicar nuestra cultura y tradiciones? o por el contrario, ¿Nos quita un poquito de esa cultura al intentar satisfacer las expectativas de los turistas, especialmente a los occidentales? Es decir, ¿Vendemos nuestra cultura ‘original’ o la adaptamos? ¿Resaltamos ciertos atributos para que causen más asombro y/o reducimos otros para que el turista se sienta más identificado y por lo tanto más cómodo? Entonces, ¿Hasta qué grado el turismo nos ayuda a remarcar lo que nos hace diferentes y hasta qué grado nos adapta para parecernos al resto? ¿Hasta dónde se adecúan los productos/servicios turísticos a los estereotipos que los turistas tienen y que por ende esperan encontrar? Y por lo tanto, ¿Hasta qué grado el turismo perpetua la existencia de estereotipos culturales?

Pero entonces, ¿Hay alguna manera de mostrar nuestra cultura ‘original’ sin modificarla con el simple acto de transformar un lugar a un ‘espacio turístico’? ¿Qué aspectos se pierden y cuales permanecen? Y, ¿Quién (es) deciden esto? Por ejemplo, a pesar del compromiso público de la SECTUR en preservar las ciudades que son patrimonio nacional, la presidenta del Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), Olga Orive Belinguer, recientemente comunicó su preocupación acerca de la creación de ‘Pueblos Mágicos’. De acuerdo con ella, éstos le restan autenticidad a una comunidad indígena al transformarla en un espacio comercial, y al respecto enfatizó que varias ciudades han puesto en riesgo la conservación del patrimonio cultural debido al desarrollo de políticas públicas orientadas principalmente al crecimiento del turismo (Milenio, 2013).

Así mismo, múltiples investigaciones han demostrado que los países en desarrollo, como México, presentan un crecimiento acelerado del sector servicios como consecuencia del desarrollo del turismo, provocando que otras actividades ‘tradicionales’ o ‘culturales’ que han caracterizado y definido a cierta sociedad (tales como la agricultura, la pesca entre otras actividades primarias que usualmente pasan de generación en generación) sean desplazadas al mismo ritmo (Ver Fernández Agraz, 2011), surgiendo entonces el debate entre la ‘modernidad’ y ‘la tradición’. Sin embargo, algunas actividades culturales que permanecen, por ejemplo las relacionadas con las artesanías, también enfrentan cuestionamientos de autenticidad. Por ejemplo, ¿Los souvenirs que adquirimos son elaborados en el destino visitado? ¿Cuántas veces no nos hemos encontrado con la famosa etiqueta “Hecho en China” en nuestros propios productos culturales?

Por lo tanto, la comercialización de la cultura resultante del turismo plantea importantes cuestionamientos que ponen en riesgo la autenticidad y permanencia de la misma. En este sentido y dada la importancia de la cultura, habrá no sólo que apoyarla fuera y dentro del país, sino que habrá también que incluir la dimensión cultural como factor primordial en la agenda turística y de desarrollo, de tal manera que se planteen nuevas estrategias que permitan tanto difundir una cultura como conservarla, y para que a la vez, ésta sirva como alternativa de desarrollo sustentable.

Para concluir, podemos decir que el turismo además de contribuir al crecimiento económico de una sociedad, juega un papel primordial en la promoción y transmisión de una cultura, ya que éste permite que ‘otros’ puedan ‘vivirla’, mientras que al mismo tiempo tiene el potencial de reforzar el arraigo cultural de sus propios pueblos. Sin embargo, en éste intento de transmisión cultural debemos preguntarnos y analizar el tipo de cuestionamientos planteados anteriormente si es que como sociedad deseamos impulsar y conservar nuestra cultura, ya que éstas nos muestran la estrecha pero compleja relación que existe entre el turismo y la cultura. El turismo enfrenta éstas y más interrogantes que habrá de responder pronto si ha de fortalecer, fomentar y transmitir una cultura en vez de destruirla.

Sofía Alejandra González De Aguinagamexicana, es licenciada en Mercadotecnia, y Maestra en ‘Tourism, Environment and Development’ por la Universidad de King’s College London como becaria CONACYT. También ha escrito para ‘The Tourism Society’ en Londres.

Pablo Acevedo

El Mexican Cultural Centre tiene el honor de publicar los poemas “Mi corazón es un alfiletero”, “Pez varado en una lámpara” y “Torre abolida”,  del poeta español Pablo Acevedo.

Pablo Acevedo. Foto cortesía.

Pablo Acevedo. Foto cortesía.

MI CORAZÓN ES UN ALFILETERO[i]

La noche es un dedal que protege mi índice cuando señalo la luna y mil aullidos cosen la risa del mundo. Mi instinto de vigilia es un doble corazón que lucha por anticiparse, un corazón de cinco puntas. Mamá equivocó el órgano de su cuerpo que debiera soportar el embate del hijo. Yo nací en un parto de garganta, como una lisonja o un escupitajo. Mi moneda es una amenaza invisible, un acorde trepado de repente.

Conocí a una mujer que cocinaba para mí la clavícula del día con un aliño de sorpresa. En su mortero hacía galopar un potro escapado de mi sueño. Las estaciones eran vírgenes a su lado, y yo me entretenía en mancillarlo todo como un pobre niño rabioso. Un día desperté y ya no estaba. La busqué por el precipicio de una sonrisa, por el monólogo de una prenda cazada al vuelo. Incluso llegué a pensar que quizá nunca hubiera existido. El amor es grave inconveniencia si uno quiere viajar con las tormentas. Qué pena no tener un dedal para el corazón.

PEZ VARADO EN UNA LÁMPARA[ii]

la noche pronuncia

el grillo del Asombro.

a veces un error cósmico

también produce hermosas flores,

como la muerte de tus ojos

insolados.

pájaros evangélicos

picotean la hostia de la luna,

precipitada al horizonte

en una sorda eucaristía.

descifremos los guarismos de la Creación

con la aritmética del paroxismo.

concibamos una fauna maravillosa

para nuestro furor indígena;

¡rompamos

la almendra de los astros!

pronto, escanciemos

la botella del enigma,

y agitémonos porque somos

cocteleras de lo Insólito.

TORRE ABOLIDA[iii]

Antes de morar en esta aciaga Torre

donde mis demonios administran

una hacienda de congojas

(paria trágico en la agonía de su ocaso

místico de ningún dios ─apóstata y devoto─

que ostenta el cadáver insepulto

de su entusiasmo)

yo había cruzado mil desiertos

sin más destino que yo mismo

arrastrando los horizontes y los equinoccios

bajo el cielo de la indiferencia

exacerbando el lenguaje con catástrofes mínimas

y un sosiego inútil

de mineral equivocado.

Mucho antes de que mil soles estallaran

adentro de su caverna

y frente al negro hocico de la existencia

fundaran la aurora del Gran Estilo

erré por mil dialectos imposibles

por mil oscuras lenguas y en mil formas

no compartidas

buscando una palabra que no es desierto

que no es arena… ni alacrán… ni exilio

Dulce caravasar de estas horas lentas

como dunas…

de este pensar lento… camello azul del tedio…

jorobas de tristeza…

de esta sed lenta de parásito…

garrapata de tinta…


[i] Onirisma, con prólogo de Joaquín Roses, profesor de la Univ. de Córdoba (Granada: Ediciones Dauro, 2001).

[ii] Cazamariposas (Madrid: Calima Ediciones, 2006).

[iii] Estrella varada, con prólogo del escritor venezolano Juan Carlos Chirinos (Madrid: Polibea, colección “Los Conjurados”, 2012).

*Pablo Acevedo, español, es poeta y ensayista. Licenciado en Filología Hispánica y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los poemarios: Onirisma (Ediciones Dauro, 2001), con prólogo del profesor Joaquín Roses, de la Univ. de Córdoba; Cazamariposas (Calima Ediciones, 2006); y Estrella varada (colección «Los Conjurados», Polibea, 2012), con prólogo del escritor venezolano Juan Carlos Chirinos. Algunos de sus poemas han sido antologados y reseñados en publicaciones españolas e hispanoamericanas, entre las que cabe citar: El siglo expira (Córdoba: Facultad de Filosofía y letras, 1999); Siete samuráis II (Granada: La Isla del Moro, 2005); Territorios comunes: antología de textos literarios. Andalucía-España, Jalisco-México (Salta, Argentina: Biblioteca de Textos Universitarios, 2006); Los jueves poéticos II (Madrid: Hiperión, 2008); Cuadernos del abismo (Madrid: Literaturas.com Libros, 2008).

Casa Xochiquetzal. Foto: Edith Carbajal.

Casa Xochiquetzal

Edith Carbajal Triano*

La Casa Xochiquetzal en México, el único refugio en el mundo para trabajadoras sexuales de la tercera edad.

Casa Xochiquetzal. Foto: Edith Carbajal.

Casa Xochiquetzal. Foto: Edith Carbajal Triano.

Xochiquetzal” significa xochitl, flor y quetzal, hermosa; ‘pájaro florido’, ‘flor y pluma rica’ o ‘flor hermosa’, es la joven diosa de la belleza, las flores, el amor, el placer amoroso y las artes.

Todo comenzó en 2001 cuando una trabajadora sexual de nombre Carmen Muñoz se percató de que sus compañeras, mujeres de edad avanzada, dormían en las calles al tener que decidir entre comer o pagar un lugar para pasar la noche.

Durante la administración de Andrés Manuel López Obrador, académicas y activistas como Marta Lamas, Elena Poniatowska y Jesusa Rodríguez hicieron eco en el gobierno para sensibilizarlo sobre esta situación y les brindaran apoyo a estas mujeres.

El Gobierno del Distrito Federal se concientizó de la situación y dio en comodato un inmueble. Entre varias opciones, decidieron quedarse con el edificio que albergaba el Museo de la Fama. Aunque se encontraba en ruinas, fue con el apoyo de las propias mujeres y autoridades que se realizaron las mejoras a lo que sería el refugio Xochiquetzal.

El refugio se inauguró en 2006 para brindarles a las trabajadoras sexuales de la tercera edad un lugar donde vivir, pues la mayoría de ellas han sido excluidas de sus familias y de la sociedad, o bien, ha sido decisión propia alejarse de sus seres queridos. No contar con los servicios básicos para sobrevivir y una vida digna, fueron los motivos por los cuales muchas de estas mujeres decidieron habitar la casa.

La asociación civil Mujeres Xochiquetzal en lucha por su dignidad, A.C., surgió en 2009, es decir, hace cuatro años en los que el proyecto ha afrontado muchas dificultades, pues los apoyos que reciben son insuficientes para dar atención médica, psicológica y alimentación a las habitantes del refugio.

Isela Vegas, Jesusa Rodríguez, Rosalba Ríos y Jesica Vargas González son las encargadas de administrar los recursos y compartir la responsabilidad en el refugio, donde actualmente residen 20 mujeres.

La casa cuenta con un reglamento interno que las mismas habitantes de la casa ayudaron a formalizar. El albergue, único en el mundo, tiene como ejes básicos el respeto entre compañeras y hacia las y los visitantes, mantener sus habitaciones limpias, apoyar en roles de limpieza y cocina, y en general a que todas participen en las actividades enfocadas a hacer “comunidad”.

Otro de los requisitos es que asistan a sus citas médicas, psicológicas, jurídicas. El refugio es de puertas abiertas, es decir, ellas pueden salir durante el día y regresar a más tardar a las 10 de la noche, hora en la que se cierran las puertas y nadie más puede ingresar.

Cada uno de los casos es distinto, ya que muchas de ellas no tienen identificaciones o documentos oficiales. Todos los servicios que se les brindan son gratuitos; de aquí la importancia de contar con recursos para solventar los gastos.

“Cuidado con el perro”

Esta advertencia, que provoca que uno se ponga nervioso al pasar junto a la puerta, está en la puerta de Pato, una residente de la casa, que nos abre la puerta y nos invita a pasar y conocer a sus perros. Al entrar, nos recibe con una gran sonrisa y carcajadas, y nos muestra a sus mascotas, vigilantes las 24 horas del día.

La conocen por su poesía…

Ya era la hora de comer. Carmen, de 58 años, fue por sus alimentos y cuando regresaba a su habitación le pedimos unos momentos para platicar. Encantada nos invitó a la estancia de la casa, trajo de inmediato sus libros, fotografías, y empezamos…

¿Cómo llegó aquí Carmen?

“Yo trabajaba en la limpieza en el Metro, me accidenté, no tenía a dónde ir, vine a dar al jardín de enfrente, me dijeron que aquí era una casa hogar, toqué pero no me recibieron ese día hasta el siguiente, vine y me recibieron, eso ya tiene 5 años. Esta es una casa única y muy especial porque no hay otra en el mundo. Es una casa para mujeres que hemos sido marginadas, señaladas, mal vistas por la sociedad, porque desafortunadamente la misma sociedad nos induce a esto y nos critica. Tengo estudios, me faltó un semestre para terminar mi carrera profesional, me vi forzada a truncar mis estudios por un embarazo, busqué trabajo en muchas empresas, me cerraron las puertas, busqué trabajo de sirvienta, me decían eres joven y bonita, ve tú a saber qué mañas traigas”.

¿Sabemos que escribes poesía Carmen?

“Sí, me gusta mucho, participé en el concurso de Poesía de Aguascalientes, que ganó un chico de Acapulco. Siempre me ha gustado escribir poesía, yo hacía discursos para abrir y cerrar campañas para un partido político, no me gustaba que me dijeran qué escribir”.

¿Cómo han sido estos cinco años?

“He vivido el infierno y la gloria, somos diferentes criterios. La gloria por tener un techo, una cama, un plato de frijoles, una nueva familia. Encontré una nueva forma de vida. Yo intentaba suicidarme, ahora tengo por qué vivir, ese alguien importante ahora soy yo”.

¿Estás haciendo tu biografía?

“Así es, en ese libro escribo todo, porque en la actualidad hay muchos tipos de abusos, hay más violencia aquí en la ciudad que en los pueblos, a veces, para mí la ciudad es un monstruo que te devora, si no la sabes librar te devora, a mí me gustó mucho la lectura desde pequeña, siempre estar con un libro en la mano. Las drogas, el tabaco y el alcohol no me llamaron la atención. Yo te aseguro que todo lo que he vivido lo volvería a vivir”.

Raquel, una de las primeras que llegó a darle una mano de gato a la casa, dice.

¿Te gusta estar aquí Raquel?

“Sí, me gusta. Aquí aprendí a hacer muchas cosas de manualidades, cosas que vendemos para ayudar a la casa. Las personas aquí son buenas. Yo salgo porque ayudo a un comerciante a vender ropa, y me da algo de dinero, es poquito pero compro pan, ropa interior, para alguna cosita que se me antoja para comer. Todas nos tratan muy bien, hoy por ejemplo, tuvimos terapia de baile, a veces talleres, y congregación de la biblia”.

¿Y tu familia?

“No tengo familia, yo aquí he estado sola y ya. Sí tengo dos chamacas, pero no me arrimo con ellos porque no quiero problemas con el yerno. Aquí hago mis labores, les ayudo, aquí cooperamos con nuestro esfuerzo. La casa cuesta, si sales fuera de aquí de la casa, te cuesta hasta 2 mil pesos un cuarto chiquito, aquí tenemos buenos alimentos, porque somos mexicanos sabemos comer de todo”.

Se acerca a nosotros Emma, de 70 años, nos muestra sus pasos de baile, entre risas de sus compañeras y aplausos para motivarla a que bailara.

¿Qué te trajo aquí Emma?

“Yo busco compañeras para platicar, mi familia me acepta pero yo no quiero estar con mi familia; ellos me aceptan pero yo no. Tengo tres días aquí y ellas me aceptan bien, creo que voy a durar aquí porque las personas me verán como soy, cooperativa, no me gustan los pleitos nada de eso, soy tranquila. Ahora que esto aquí no me arrepiento”.

¿Quieres platicarnos más de tu familia?

“Soy casada, pero tiene como ocho años que él se fue para cuidar a su mamá, yo me separé de él porque siempre me golpeó, me humillaba, me acostumbré a vivir sola. Pero los días lluviosos se me hacen tristes, me deprime, pero aquí estoy contenta. Me traje mi grabadora, le pongo a la salsa y a las cumbias, saber de noticias, a veces me voy a bailar a las plazas, o con los muchachos que son estudiantes de Bellas Artes, ya me conocen, ahí me echo mi bailada”.

¿Te has visto en la necesidad de prostituirte para mantener a tus hijos?

“Sí, porque he tenido varias parejas, terminaba con ellos y me quedaba sin dinero, así que tenía que mantener a mis hijos. A mi hija la puse a trabajar como sirvienta saliendo de la secundaria, a mi otro hijo también lo mandé a otro trabajo. A mis hijos yo nada más les di la secundaria, otra de ellas estudió la mitad de la preparatoria. Estuve prostituyéndome como veinte años, ahora ya no tengo edad para eso, no lo necesito ya. Mis hijos ya crecieron, ellos se defienden solos, me siento contenta sola, he vivido ocho años solita, tengo miedo solamente porque tengo enfisema pulmonar, pero si no estoy enferma, vivo sola y tranquila”.

¿Emma llevas tres días en la casa, dónde estaba antes de venir aquí?

“En la Doctores, son departamentos que parecen vecindades. Hay otro problema porque el vecino de junto me desconectó el tubo del agua, en el día no podía agarrar agua, no quiero saber de allá nada. Aquí me he sentido tranquila, trato de llevarme bien con las personas, me gusta ser acomedida, no estar a que me caiga todo, no, me gusta ayudar”.

¿Quién es Mamá Ede?

“Ha trabajado por casi 30 años realizando trabajo de promoción y defensa de los derechos humanos de trabajadores sexuales de la tercera edad, es así como ha establecido lazos con diversas organizaciones para ayudar a chicos y chicas en situación de calle, además de personas adultas. Ahora trabaja dando asesoría jurídica en Casa Xochiquetzal, además de talleres de manualidades a las habitantes del refugio, quienes le han tomado un cariño muy especial y aprecian mucho su trabajo”.

“Nunca pedí trabajar con ellas. Dando una asesoría jurídica llegó una chica [a la] que iban a lanzar de su casa, nunca les cobraba, llega y da 20 pesos hace casi 20 años para la leche de mis niños, un día que llegó una notificación, dije dónde la busco, y su vecina me dijo dónde encontrarla, llegué y fui a las cuatro esquinas, ella me encontró, empezó a llevarme más y más, luego me cayó el 20 y tuve que aprender”.

Mamá Ede afirma que en la calle no hay sueldos “lo trabajas por amor, me decía un sacerdote, mi sede siempre ha sido la iglesia de la Soledad, ahí tuve un hogar que se le puso La Casita, les dábamos de comer a 300 personas indigentes diario, a nadie se le daba de comer gratis, había muchísimas escobas, aunque sea barrían un minuto, a nadie se le daba nada gratis, a mis chicos de calle siempre les he dicho que no pueden llevar vida de perro”.

“Cada uno tiene una historia terrible, por no seguir reglas también, poco a poco aprendí a no juzgarlas, cada una de ellas tiene una historia, muchas están obligadas. Empecé a darles clases en un cuarto de hotel, derechos humanos, algo de derecho constitucional, algo de género, les decía: es tu cuerpo, es tu vida, tú sabes que entras pero no sabes si vas a salir. ¿Por qué tienes que dar el dinero de tu cuerpo?”.

Los productos que realizan han tenido mucho éxito, algunos visitantes se han interesado y hay pedidos que incluso se van al extranjero, países como Rusia son ya un destino de las manualidades que con tanto empeño hacen las habitantes de la casa, siempre lideradas por Mamá Ede.

Jesica Vargas González, directora de la Casa Xochiquetzal, platicó con nosotros.

¿Qué pasa cuando hay una emergencia, cuando se enferma alguna de ellas?

“Cuando se enferman de urgencia, inmediatamente la llevamos al hospital, se le canaliza, se le atiende, y se estabiliza; pero muchas de estas clínicas tienen desabasto de medicamentos, entonces lo que hacemos es buscar donativos en especie o efectivo para comprar lo que se necesite”.

¿Los alimentos son suficientes?

“Desde que se creó el proyecto muchas instituciones decidieron apoyar, uno de ellos es el DIF, en los inicios traían el alimento preparado, luego cambió ahora nada más traen los insumos, aquí se tienen que preparar, poco a poco se ha ido recortando el presupuesto. Este año no contamos ni con verduras ni con frutas, nosotros tenemos que hacernos cargo de buscar el financiamiento para cubrir los tres alimentos diarios de los 30 días del mes. No hay donativo pequeño, se va juntando y se pueden hacer muchas cosas”.

¿La casa se encuentra en un momento difícil por los escasos recursos con que cuenta?

“Vamos al día, todavía no sé si voy a poder cubrir los alimentos para el día de mañana, o dentro de dos semanas, tiene que ser un trabajo y un apoyo constante. Es un trabajo constante estar consiguiendo para tener financiamiento y tener el dinero para brindarles a las habitantes los servicios. Entiendo que cuando se hizo este comodato tenían que haber condonado el pago de luz, y hasta la fecha sigue llegando el recibo como Museo de la Fama, son como 120 mil pesos de adeudo, no se ha cubierto y hasta la fecha no sabemos, he buscado un acercamiento con la Secretaría de Desarrollo Social”.

¿Qué hace falta?

“Hace falta un cambio de conciencia allá afuera, a nivel político, tendrían que haber políticas públicas para la tercera edad en esta condición, para los niños de calle, pero tiene que haber un cambio de conciencia. Nos traen ropa usada en muy malas condiciones, nos traen perecederos a días de caducar, nos traen electrodomésticos que no sirven, hay que pensar en las necesidades que tiene una persona común de la tercera edad y multiplicarlo por veinte, es medicamento, dinero para transporte por consultas médicas, dinero para medicamentos, alimentos, gas, jabón, cloro, aromatizante, son muchas necesidades, las de cualquier persona”.

¿Cuáles son los requisitos que deben cumplir las mujeres que vienen aquí para ser aceptadas?

“Son tres requisitos: que cumplan con la edad, 55 años, aunque hemos recibido a personas de 53 o 54 años que necesitan el apoyo de la casa; que hayan sido trabajadoras sexuales o lo sigan siendo, y que no cuenten con redes familiares o no tengan ningún apoyo. Una vez que ingresan se les da una inducción, apoyos, beneficios y responsabilidades, se lee el reglamento interno, firman su hoja de ingreso y que están de acuerdo con todas las condiciones que tiene la Casa Xochiquetzal”.

¿En lo personal, cómo manejas esta labor al frente del refugio?

“Al principio había muchos problemas de conducta por parte de las habitantes. Aquí nos hacemos psicólogos, a veces salimos de aquí con tanto problema, pero finalmente al terminar el día estoy contenta con lo que hago, feliz de estar aquí, de que me hayan aceptado, de quererlas. Agradezco que me quieran, porque no me imagino en otro lugar, no me imagino sin ellas, son como mis abuelitas, tengo muy marcada esa sensibilidad, esa empatía, convivir con ellas es como ver a mi abuela en ellas, son parte de mi familia. Podrán ser peleoneras, contestonas, pero tienen un corazón tan grande que me han enseñado a ver más allá. La sociedad marca mucho las etiquetas, ellas me han enseñado a ver más allá, a pesar de todo lo que han vivido y todas las historias tan fuertes detrás de ellas, están aquí luchando y siguen viviendo, se ríen y disfrutan las cosas que tienen y los momentos que viven también”.

Casa Xochiquetzal. Foto: Edith Carbajal Triano.

Casa Xochiquetzal. Foto: Edith Carbajal Triano.

Datos bancarios de Casa Xochiquetzal, si desea realizar algún donativo:

Banco: SANTANDER

No. Cuenta: 65503635422

Sucursal: 5544

Clabe Interbancaria: 014180655036354227

A nombre de: Mujeres Xochiquetzal en lucha por su dignidad, A.C.

RFC: MXL090807HR0

Si requiere más información, visite la página:

http://casaxochiquetzal.wordpress.com/donaciones/

Nota del editor: Este reportaje fue publicado en México en la Revista Igualdad de Género del Senado de la República, para consultar el ejemplar completo, visite la página: www.senado.gob.mx. Se reproduce en el Mexican Cultural Centre con la autorización de la autora.

*Edith Carbajal Triano, periodista mexicana, egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con Maestría en Periodismo Político y Especialidad en Información Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Ha laborado en diversos medios de comunicación como analista y coordinadora de información para el Periódico Reforma, Once Noticias, Televisa, Unotv; de igual forma, ha ocupado diversos cargos en la Administración Pública en la Procuraduría General de la República y el Senado de la República. Actualmente se encuentra realizando sus estudios de doctorado en Sociología de las Políticas Públicas en la Universidad de Zaragoza, España. Es editora de la Revista Igualdad de Género del Senado de la República en México, y directora editorial del libro “Senadoras de México”, que próximamente será publicado.

LUVINA: Cinta (2013)

 Mario Duarte*

-¿Qué es? –me dijo.

-¿Qué es qué? –le pregunté.

-Eso, el ruido ese.

-Es el silencio

Mario Duarte. Foto:  Zak Hane.

Mario Duarte. Foto: Zak Hane.

La figura de la Muerte es muy importante en la cultura mexicana, basta con caminar unos cuantos metros por alguna calle de México para darse cuenta de ello. El mexicano convive diariamente con la Muerte, le coloca altares, la estampa en su piel, se burla de ella mediante ingeniosos versos e incluso se la come en forma de azúcar. Cada año recordamos a nuestros amigos y familiares que han muerto, los alimentamos y convivimos con ellos.

Juan Rulfo es uno de los mejores artistas que han retratado esta visión del imaginario mexicano, obras como Luvina y Pedro Páramo son buenos ejemplos. La grabación que ahora les presento es una pieza acusmática basada en el cuento homónimo de Rulfo para conmemorar el 60 aniversario del El Llano en Llamas. La cinta trata de recrear auditivamente la construcción narrativa del cuento mediante gestos sonoros concretos.

Rulfo propone una contraposición entre dos mundos, la muerte –la vida; y el silencio– el sonido. Esta relación que se complementa y contrapone es la que traté de expresar en la obra mediante el uso de grabaciones instrumentales que podríamos definir como elementos activos o vivos; y objetos sintetizados, elementos pasivos, que han sido creados o procesados a partir del uso de software especializado. Mediante esta analogía empecé a desarrollar el material sonoro. Las grabaciones instrumentales conservan giros melódicos y naturaleza acústica. Pero éstas a su vez conviven con gestos y texturas sintéticas. Todo ello para recrear los dos ambientes que suceden en el cuento de Rulfo y rendirle un merecido homenaje musical.

“No se oye sino el silencio que hay en todas las soledades”.

Escucha la grabación:

*Mario Duarte, mexicano, inició sus estudios de guitarra con Juan Manuel Olguín. Posee una licenciatura del Trinity College of London en Teoría Musical, Crítica y Literatura; y un Diploma en ejecución guitarrística por The Royal School of Music. Después de completar su entrenamiento musical trabajó como compositor, guionista, productor y locutor en Opus 94.5 FM del IMER. Su música ha sido interpretada en los principales foros y festivales del país. En el 2010 inició el programa Comunidades Sonoras cuya labor se centra en la creación de agrupaciones musicales para tratar de reconstruir el tejido social en áreas marginadas de la Ciudad de México. Actualmente realiza un Doctorado en Composición en el NOVARS Research Centre de la Universidad de Mánchester.

La lámpara danesa

El Mexican Cultural Centre publica en exclusiva el cuento La lámpara danesa del narrador mexicano Gerardo Cárdenas*. Incluido en las páginas 231-238 de su libro de relatos A veces llovía en Chicago (Libros Magen­ta/Voce­suel­tas, México-Es­ta­dos Unidos, 2011). Con este libro obtuvo el Premio Intera­me­ricano de Literatura Carlos Montemayor para obra publicada en los años 2011-2012, en su segunda edición, correspondiente al género cuento. Convocado por la Secretaría de Edu­cación, Cultura y Deporte en coordinación con el Instituto Chihuahuense de la Cultura.

 “A veces llovía en Chicago” de Gerardo Cárdenas.  Encuadernación: Rústica. Páginas: 243. Año 2011. Medidas: 19 x 13 cm. Género Cuento. ISBN 978-0-9800042-6-7.


“A veces llovía en Chicago” de Gerardo Cárdenas.  Encuadernación: Rústica. Páginas: 243. Países: México-EUA. Año 2011. Medidas: 19 x 13 cm. Género Cuento. ISBN 978-0-9800042-6-7.

He recogido el otro día, al hacer limpieza, lo que quedaba de tus cosas. No mucho. El gigantesco diccionario Moliner, las viejas agendas telefónicas que te negabas a desechar y que se iban acumulando al lado de los libros, el cartón de cigarrillos ingleses que luego usaste para guardar CDs, y una lata de espuma de afeitar que no sé por qué se quedó en casa. Por no dejar, no dejaste ni una corbata, ni una fotografía. Sabía que al irte, no quedaría de ti ni la sombra, que tus cosas siempre fueron muy tuyas. Me sorprendió, pero me guardé muy bien de decírtelo, que reconocías cada objeto que había sido tuyo como si pudieras distinguir a simple vista la presencia de tus huellas digitales. El último recuerdo que tengo, y que de vez en cuando me viene en las mañanas, es verte vestido todo de marrón – la chamarra de pana, los pantalones, los viejos zapatones que no soportaba verte puestos, caminando apresuradamente entre cuatro maletas, yendo hacia la ventana para mirar si Adela venía finalmente a recogerte. Yo miraba un documental en la televisión y saboreaba un café humeante, bien cargado de azúcar. Después de tantos años de café insípido, y cuando a mí me quedó claro que te ibas, corrí a la tienda y compré dos frascos de café soluble y un kilo de azúcar morena. Herví el agua, y me hice un café que tú jamás habrías podido apreciar, con cinco cucharadas de azúcar. Tu mirada y tu gesto de asco fueron mi primer pequeño triunfo, mi manera de decirte, por fin, que la casa era mía, y mía la cocina, y el café, y el azúcar, y que mañana, además, me compro una de esas conchas de azúcar y manteca que tampoco soportas; y que tú, vestido de marrón, con tus maletas bien llenas, no eras ya más importante que el cartero que a veces subía con una carta certificada, o el hombre del gas que viene a revisar el calentador. Alguien que sólo estará unos minutos, y que apenas dirá palabra.

Te llevaste lo tuyo, pero la lámpara danesa es mía. ¿Recuerdas cómo llegó a esta casa? Tu madre la trajo, y antes de abrir el paquete, cuando tú y yo sospechábamos lo que contenía, te dio un gran beso y con voz grave nos recordó que tu abuelo la había traído consigo, como lo único que pudo salvar cuando los nazis arrasaron la casa de su familia, en las afueras de Copenhague. Tu madre nos la dio como un regalo de boda extemporáneo, como algo, dijo, que ya merecía pertenecerte – nunca me mencionó a mí – porque por fin habías sentado cabeza e iniciado tu propia familia. Tú me habías dicho muchas veces que la lámpara no te gustaba, que era una de esas cosas que siempre estaban a la vista de todos en la casa en la que creciste, y que en realidad a nadie, sólo a tu madre, le gustaba. Pero yo la vi, casi desde el primer momento, como algo que venía destinado a mí, algo que pese a haber sido fabricado a miles de kilómetros de distancia, tenía que terminar en mis manos, aunque el camino para llegar a ellas incluyese la Segunda Guerra Mundial, el escape del Holocausto, y un largo viaje a tierras completamente extrañas. Algo que había sido creado para deleite de mis sentidos. No entiendo cómo, después de tantas veces que la vi en casa de tus padres, sólo cuando tu madre nos la dio comencé a fijarme en ella, y a sentirla parte de mí. ¿Sabes? Creo que es lo único tuyo que realmente se quedó dentro de mí.

Hay que decir que, a primera vista, es una lámpara fea. Está hecha toda de hojalata, o al menos eso me parece. Nunca indagué sobre su fabricación, aunque por Internet he visto muchas lámparas parecidas, sobre todo en subastas electrónicas. Pero, ¿cómo iba a poder preguntar, si sólo podía preguntárselo a tu madre, y estaba claro que aunque era un regalo extemporáneo de boda, como ella decía, no era en realidad para mí? Por tanto, no hice preguntas. Tampoco importa de qué esté hecha.

La estructura de la lámpara es muy curiosa. Se basa en un plato de hojalata, con cuatro pequeños huecos. En cada hueco se debe colocar una vela. Del centro del cuerpo surge un tubo delgado que sostiene el resto del armazón. A mitad de camino hay una estrella de seis puntas, y a cada lado de ella, un tubo aún más delgado que termina en dos campanillas. A la altura de las campanillas, y dentro del espacio que éstas abren, se sitúan tres caballitos que giran y giran. De la punta superior de la estrella continúa el tubo central, que termina en un pequeño techo, y por encima de éste hay un payaso. El aire caliente que despiden las velas es lo que hace girar el mecanismo de la lámpara, y al girar, los caballitos pasan al lado de las campanas y las golpean, haciéndolas repicar.

Las campanas producen un ruido hipnótico, es algo tan simple que da risa, pero yo podía pasarme horas enteras mirando la lámpara dar vueltas, y escuchando el canto de las campanillas. Al principio éramos sólo la lámpara danesa y yo. Después comprendí que ella iba a ser mi única compañía aún si tú estabas en casa, porque estabas siempre muy ocupado leyendo, o pensando, sin importar si yo estaba a tu lado. La lámpara y yo girábamos a la misma velocidad cansina, y las velas se iban consumiendo a la misma velocidad que mis ganas de estar contigo. Primero hiciste algunos comentarios irónicos. Hasta dijiste que tu madre y yo habíamos caído en la misma boba ensoñación por la lámpara. Nunca soporté que hicieras esas comparaciones, pero te agradecí con el tiempo – y es de lo poco que tengo que agradecerte – que hubieses renunciado desde el comienzo a considerar a la lámpara como parte de tus posesiones, y que me la hubieras enjaretado, aunque fuese por desinterés. Alguna vez hasta te pedí que fueras a la tienda de la esquina a comprarme más velas. Tal vez en ese momento, cuando te negaste a hacerlo porque tenías que revisar por enésima vez el mismo informe, me di cuenta de lo poco que yo significaba para ti. Estuve una semana sin velas, hasta que me harté y fui a comprarlas yo misma.

Tú lograste que la vida diaria fuera un ritual, pero levantaste muy pronto una barrera para que tu ritual no se confundiese con el mío. Llegabas todos los días a la misma hora – antes, claro está, de que te diera por llegar a altas horas de la madrugada, o de plano no llegar – y dejabas el portafolio en el mismo sitio junto a la puerta, la chamarra en el respaldo de la misma silla, siempre con las mangas arrugadas. Te sentabas en el mismo sitio del sofá y respondías con no más de veinte palabras a mis preguntas. Y entonces, cuando la conversación parecía ineludible, te enredabas a hablar por teléfono, releer informes del trabajo, hasta que comenzabas a alisarte del pelo repitiendo, para ti mismo, lo cansado que estabas, como para que yo entendiera que sería una descortesía de mi parte interrumpir tus cavilaciones con mis preguntas o mis reflexiones sobre la aburrida vida doméstica. Y yo, con el paso de cada día, encontraba en el tañer de las campanillas, más variedad que en muchos años de conversación. A veces, con el celular en la mano izquierda y un bolígrafo en la derecha, los papeles sobre tu pierna derecha que siempre cruzabas sobre la otra, mirabas el girar de la lámpara danesa y, sin verme, elevabas los ojos al cielo raso como pidiendo paciencia.

Hubiera querido a veces tener la lámpara en mi mesita de noche. Sé que no lo hubieras permitido, y yo al principio lo entendí porque quería respetar la total intimidad que reclamabas. Luego me hice a la idea que, para vivir contigo, yo también necesitaba mis rituales, o me perdería en la nada a la que me habías condenado. Por eso la dejé en la sala, porque ahí nunca la mirarías y yo siempre la tendría a la mano, porque jamás podrías reclamar su presencia en un lugar que era tierra de nadie, pero que secretamente era mío. Y ahí, en mi lado del sofá, con una buena manta en los días de invierno, y con poco más que una camiseta en las noches de verano, encendías las velas y me perdía en el suave repicar de las campanillas, en el paseo de los caballitos en torno al eje, en los leves giros del payasito.

¿Recuerdas aquella feria de artesanías escandinavas en Grant Park a la que fuimos juntos? No creo que puedas recordarla, porque por aquel entonces ya se te había metido en los ojos mi prima Adela. En todo caso, accediste a acompañarme sólo porque era sábado y no había trabajo pendiendo. Curiosamente, vimos muchas lámparas danesas, suecas y noruegas muy parecidas a la mía, pero ninguna igual. Había algunas más grandes, de madera, que reproducían carruseles enteros. Me tentaste a comprar una, quizás a modo de sugerencia de que  ya te habías hartado de verme embobada con aquella especie de juguete que había pasado de las manos de tu abuelo, a las de tu madre, y a las mías. ¿Sabes por qué ninguna de esas lámparas me gustó? Es que necesitaban velas más grandes, y a mí me gustaba que, en mi lámpara, sólo cupiesen velas delgadas y pequeñas, que no duraban más de dos días. Todo en mi lámpara era pequeño, y en su dimensión yo podía ver pasar toda mi vida, girando en el sentido de las manecillas del reloj, agitándose rítmicamente, pero con tan poco sentido como las vueltas de los caballitos, tan estática e inútil como podría ser la vida del payasito. Pero eran mi vida y mi lámpara. Con las otras lámparas, no sé, tal vez me hubiera distraído su tamaño, sus colores, la gran cantidad de figurillas que bailaban en su interior. La mía era simplemente perfecta, metálica, hipnótica, irónica. El sonido de sus campanillas siempre me dijo algo, en una casa en la que las palabras carecían de sentido.

Todo esto nunca lo viste, ¿no es así? Nunca viste que en el girar de los caballitos yo había descubierto tu enamoramiento de Adela, que no era más que un reflejo del vacío que habías construido en torno a mí. Nunca viste, por ejemplo, que mientras te colgabas del celular en plena de feria de artesanías escandinavas para hablar con tus socios, yo coqueteaba impunemente con un enorme noruego que vendía pretzels y rebanadas de pastel de manzanas.

Me reí mucho de ustedes dos – del noruego y de ti. Me reí del noruego, que entendía de antigüedades, y en cuya ordenada cabeza nórdica no cabía la posibilidad de que una rara lámpara danesa extraída del hogar de una acomodada familia judía de Copenhague hubiese terminado en Chicago, en mis manos. Me reí de su gesto plácido y sonriente, cuando dormía agotado a mi lado aquella noche, una de tantas en que ya no llegaste a dormir, pero la primera en que ya no te molestarías en inventar explicaciones y excusas. Me reí de ti y de mi prima Adela, porque los giros de mi lámpara y el canto suave y monótono de sus campanillas me impidieron enfurecerme de que me hubieras cambiado por esa atolondrada insustancial, que no para de hablar. Tú, que nunca soportaste la palabrería, acabaste en la cama y en la cotidianeidad de una cotorra. ¿Averiguaste, por lo menos, si a ella le gusta el café sin azúcar?

*Gerardo Cárdenas, mexicano, es escritor y periodista cultural. Tras salir de México como corresponsal en 1989, vivió en Estados Unidos, Bélgica y España antes de radicarse en Chicago en 1998. Es director de Contratiempo, la única revista cultural en español en el Medio Oeste de los Estados Unidos. Sus artículos, cuentos y poemas han sido publicados en medios impresos y electrónicos de México, Estados Unidos, España, Venezuela, y la República Dominicana. Su libro de relatos A veces llovía en Chicago (Libros Magenta/Ediciones Vocesueltas) ganó el Premio Interamericano de Literatura Carlos Montemayor al mejor libro de relatos publicado en 2011 y 2012. Es autor del blog semanal En la Ciudad de los Vientos donde escribe sobre literatura y política. En la actualidad prepara la publicación de un poemario y un segundo volumen de relatos.

Correo secreto

El Mexican Cultural Centre publica en exclusiva el poema Correo secreto del poeta serbio Vasko Popa*. Incluido en la página 461 del libro El cansancio ajeno, Poesía completa (Ediciones Vaso Roto, Colección Esenciales Poesía, México-España, 2012). Este volumen recoge, por primera vez en español, la totalidad de la obra poética de Vasko Popa. La traducción es de Dubravka Sužnjevic.

"El cansancio ajeno, Poesía completa” de Vasko Popa. Traducción: Dubravka Sužnjevic. 524 pp. Tamaño: 14 x 21 cm. Encuadernación: Pasta dura. Lengua: Serbio. Edición bilingüe. ISBN: 978-84-15168-60-7.

«El cansancio ajeno, Poesía completa” de Vasko Popa. Traducción: Dubravka Sužnjevic. 524 pp. Tamaño: 14 x 21 cm. Encuadernación: Pasta dura. Lengua: Serbio. Edición bilingüe. ISBN: 978-84-15168-60-7.

Me cuenta el poeta Octavio Paz

Los pequeños correos con rostro de barro cocido

Desempeñaron un gran papel

En la revolución de los sin tierra

Ellos también correspondieron a la bandera

Del descalzo general Zapata

Yo los sigo en su camino

Desde un ojo azteca del poeta

Al otro

Llevan de aldea en aldea

Cartas llenas de tierra y libertad

Y de serpientes emplumadas y rojos jaguares

Hasta esta noche avanzada

Hasta aquí en Cuernavaca

1975

*Vasko Popa nació en 1922 en Grebenac, Vojvodina, Serbia, y falleció la mañana de Reyes de 1991. Estudió en Belgrado, Bucarest y Viena, y luchó como partisano durante la Segunda Guerra Mundial, lo que le llevó al campo de concentración nazi de Bečkerek  (hoy Zrenjamin). Tras la guerra fue editor de la importante editorial Nolit. Escribió los ocho libros de poemas que se reúnen en este volumen y compiló la influyente colección de poemas populares, cuentos anónimos, proverbios y adivinanzas serbios titulada La manzana dorada (1958). También antologó la poesía humorística serbia en El hombre que ríe (1960).