Cuatro poemas de Wallace Stevens

Gerardo Cárdenas

No es fácil leer, mucho menos traducir a Wallace Stevens (1879-1955). Harold Bloom lo consideraba como la pieza fundamental de la poesía estadounidense del siglo XX, y a partir de él construye una crítica de los autores modernos de ese país. Hay quien estará en desacuerdo por muchas razones. A mí me gusta Stevens tanto como Merwin, Simic, Berryman, Anne Carson o Sylvia Plath.

Gerardo Cárdenas. Fotografía de Andrea Ojeda.

Gerardo Cárdenas. Fotografía de Andrea Ojeda.

Es innegable la fuerza poética de Stevens, su impresionante cadencia, la gran profundidad de sus versos. La oscuridad y erudición de los temas, y la peculiar musicalidad de su lenguaje hacen muy difícil la traducción. Así, mis dos poemas favoritos de Stevens: “Notas a un oboe” y “Las auroras de otoño”, los considero intraducibles, al menos en el sentido de que intentar traducirlos implica tasajear su ritmo y música. De los que seleccioné para el Mexican Cultural Centre, no puedo hablar más que de aproximaciones. Los tres primeros aparecen en The Collected Poems (Vintage Books, Nueva York, 1982), que es la mejor recopilación de su obra. El último fue escrito en 1954, prácticamente en los últimos meses de vida de Stevens, y apareció póstumo.

En “Variaciones a un tema de Williams”, un poeta discute con otro; casi podemos decir que Stevens le arrebata la palabra. De carreras casi paralelas, Williams y Stevens estaban en constante pugna estética. Stevens toma el poema de Williams y lo despoja de romanticismo para hacerle una crítica descarnada y altamente estética.

De “Credencias del verano”, un largo poema, escogí las tres primeras estrofas. No pude dejar de pensar al leerlo y traducirlo en el Desayuno sobre la hierba de Manet. “Mundo sin peculiaridad” pertenece al poemario Las auroras de otoño. Ahí vemos al Stevens más maduro y a un hombre sabedor de la proximidad de su muerte. Stevens, muchas veces áspero, pelea con su padre y su madre, que siente la inevitabilidad de su propio fin. La pobreza del polvo, insiste el poeta; polvo en que se convertirá.

Stevens encontraba paz y descanso en los Cayos de la Florida. Esa fue, seguramente, la inspiración del último de estos poemas: Of Mere Being, que me atrevo a traducir como “Apenas el ser”. Leo en este poema al Stevens agonizante, quien se va despidiendo y del que apenas queda el lenguaje: ígneo y terrible. Apunto al uso en mi traducción del término “ígneas” ante la virtual imposibilidad de traducir el neologismo que inventa Stevens: “fire-fangled feathers”. Lo que importa para Stevens es que el lenguaje sea la música, y ésta el vehículo de la imagen.


Variaciones a un tema de Williams

¡Es un extraño valor
el que me das, antigua estrella:

brillando sola en el alba
a la que no prestas nada!

I

Brilla sola, brilla al desnudo, brilla como el bronce
que no refleja mi faz ni ninguna otra parte
de mi ser, brilla como fuego, que nada refleja.

II

Nada prestes a ninguna humanidad
que te bañe en su propia luz.
No seas quimera de la mañana,
mitad hombre, mitad estrella.
No seas una inteligencia,
como el ave viuda
o un viejo caballo.


Credencias del verano

I

Ahora en mitad del verano con todos los tontos sacrificados
y las furias de la primavera consumidas y aún muy lejos
de las primeras inhalaciones del otoño, los polluelos
están en la hierba, las rosas cargadas con el peso
de su fragancia y la mente ha pospuesto sus tribulaciones.

Ahora la mente pospone sus tribulaciones y considera.
A esto llegan los sacudimientos de la memoria.
Hoy es el último día de un cierto año
más allá del cual nada queda del tiempo.
A esto llega, y a la vida imaginada.

Nada más fue inscrito ni pensado ni sentido
y esto debe reconfortar la corteza del corazón
contra falsos desastres —aquellos padres estacionarios,
aquellas madres que tocan, hablan, están cerca,
aquellos amantes que esperan sobre la seca, suave hierba.


Mundo sin peculiaridad

Grande y fuerte es el día—
pero su padre era fuerte, aquél que yace ahora
en la pobreza del polvo.

Nada puede ser más discreto que la manera
en que la luna avanza hacia la noche.
Pero lo que fue su madre regresa y llora sobre su pecho.

La roja madurez de redondas hojas está cargada
de las especias del rojo verano.
Pero ella a quien él amó se enfría al menor de sus roces.

¿De qué sirve que la tierra esté justificada,
que esté completa, que sea un fin,
que en sí misma sea suficiente?

Es la tierra misma que es humanidad…
Él es el hijo inhumano y ella,
ella es la fatídica madre, a quien él no conoce.

Ella es el día, el paso de la luna
entre las jadeantes especias y, a veces,
él también es humano y la diferencia se esfuma.

Y la pobreza del polvo, esa cosa sobre su pecho,
esa detestable mujer, ese lugar sin sentido,
se vuelven un solo ser, firme y verdadero.


Apenas el ser

La palmera al final de la mente,
más allá del último pensamiento, se yergue
en el broncíneo decorado.

Un ave de dorado plumaje
canta en la palmera, sin significado humano,
sin sentimiento humano, un canto foráneo.

Es ahí cuando sabes que no es la razón
la que nos hace felices o infelices.
El ave canta. Sus plumas brillan.

La palmera permanece al filo del espacio.
El viento se agita suavemente en el ramaje.
Penden las ígneas plumas del ave.

 


Gerardo Cárdenas, mexicano, es poeta, escritor, traductor y periodista cultural. Ha vivido en Madrid, Bruselas, Miami, Washington, D.C., y Chicago desde que salió de México en 1989. Radicado en Chicago a partir de 1998, es actualmente director editorial de la revista cultural contratiempo (http://contratiempo.net). Sus artículos, cuentos y poemas han sido publicados en medios impresos y electrónicos de México, Estados Unidos, España, Venezuela, y República Dominicana. Como narrador, ganó el premio John Barry de Ficción en Español desde Chicago en 2004 y 2007, y el segundo lugar del concurso de literatura erótica “Los Cuerpos del Deseo” de NeoClubPress, Miami, 2012. En 2011 publicó la colección de relatos “A veces llovía en Chicago” (Libros Magenta/Ediciones Vocesueltas), que se hizo acreedor al Premio Interamericano Carlos Montemayor de Literatura a Mejor Libro de Relatos. Un segundo libro de relatos “Correr es de cobardes”, se publicará próximamente. Relatos suyos han sido antologados en “El libro de los monstruos” (Escuela de Fantasía, Bubok, Madrid, 2012), “Los cuerpos del deseo: cuentos eróticos” (NeoClubPress, Miami, 2012) y “Bajo los adoquines está la calle” (Taller de Escritura Creativa Enrique Páez, Madrid, 1998). Trabaja actualmente en una novela y un poemario. Además de sus actividades literarias y editoriales, publica el blog “En la Ciudad de los Vientos” y es director de comunicación de la Organización No Gubernamental AARP en el Estado de Illinois, Estados Unidos. http://gerardo1313.wordpress.com/

Mexican Cultural Centre: Creation and international dialogue

Eduardo Estala Rojas

The Mexican Cultural Centre (MCC) is the first cultural virtual centre non-profit organisation registered in the United Kingdom. The MCC promotes and spreads Mexican culture in international collaboration with academic, artistic, and cultural projects.

Nottingham, United Kingdom. Photo: Eduardo Estala Rojas.

Nottingham, United Kingdom. Photo: Eduardo Estala Rojas.

The MCC holds with a team of skilled Mexicans as Adriana E. Vera Pérez, Ana L. Pazos González, José L. Santos López and Paniel Reyes Cárdenas. All our activities and contents uphold a high quality standard. Thanks to our joint effort and work, José Antonio Meade Kuribreña, Minister of Foreign Relations of Mexico, addressed us a diplomatic letter dated the 30th of January 2014 to Nottingham, UK. In his letter, he aimed to provide us of: “an acknowledgment for achieving to bring together a plurality of expert collaborators, whose participation yields in the quality of the edited works by this centre at your charge.”

Creation and international dialogue

For Salvador Venegas-Andraca, a PhD in Physics and Computational Science by the University of Oxford, England, “Mexico is native producer of artistic and scientific knowledge. Unfortunately, the image of Mexico abroad does not pay justices to our creative capacity.” On the work of the MCC he utters: “In this context the work of the MCC is justified: the high quality of the contents and their prompt publication using modern communication tools such as Facebook and e-mail lists, for example, made the MCC a necessary reference in Mexico and Europe.”

Sofía Alejandra González De Aguinaga is a BA in Marketing and holds a Master degree in Tourism, Environment and Development by King’s College London; she received a grant from CONACyT, and thus asserts: “The MCC is performing an excellent work of cultural broadcasting of Mexico’s culture and Mexico’s talent. This is a unique webpage that managed to sum up efforts to communicate with great quality both in structure and contents, written articles by professional that span not only Mexico’s but other international specialists. The fact that the contents of the website range different topics within the Mexican cultural context as well as written from different viewpoints makes ever more interesting its reading and, thus, more accessible. In addition, the MCC knows how to mingle the experiencies of Mexicans in the United Kingdom as well as publicise different events, conferences and call for applications in the UK, serving as a culture binder. Finally, the partnership of the MCC with other publications and organisations provides a significant boost to the website as well as its contents in terms of a broader outcast. In addition, little by little, the outreach of the MCC website has grown considerably and steadily through the use of social networks such as Facebook and the weekly newsletters. Consequently, I am altogether sure that the MCC will keep growing and delighting us with its contents.”

Ana Laura Pazos González, is a writer and master on Humanities by Anahuac University, Mexico, she expressed: “In these later times, the capital of the United Kingdom —where all accents and languages are heed— makes us think in a modern Babel Tower. The voice of Mexico is read in a loud and clear voice and in the social networks of the MCC, its span not only engulfs the British Isles, but also in different countries where the Spanish tongue is understood. It is through the articles, poetry, essays and stories published by the MCC that the Mexicans abroad can feel themselves closer to home, whereas the foreigners have an opportunity of approaching the cultural Mexican landscape”. Pazos González is Director-general of the Mexican cultural magazine “Bicaalú” and author of the book: “Parvada blanca en la ciudad.”

Last but not least, Adriana Elizabeth Vera Pérez, who works in the Program of Latin-American History at the University of Chicago, U.S.A., points out: “The MCC is fulfilling its aims, namely to introduce, promote and broadcast the various activities related with art and culture in its different manifestations in our own country, Mexico, and beyond its borders, in different cities of other countries in a clear and accessible manner. Information of various events is broadcast across localities and a wide range of cultural topics is made known. Another outstanding achievement is the acquaintance that has begotten in introducing Mexico’s culture in England and other European countries, both directly as well as indirectly reaching universities, cultural, artistic, governmental and social organisations.”

Editor’s note: This article has been published in its original Spanish version in various international media.

Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes-Cárdenas.


Eduardo Estala Rojas is Director-general of the Mexican Cultural Centre, Nottingham, United Kingdom.

A Gaze from the Outside: Cultural transactions from abroad

Liliana Pedroza Castillo

Given that diplomatic relations between countries are often introduced as though it was a feast of distinctive arts and unique culture, it is necessary to rethink how to establish these links of communication between different cultures.

Nottingham Castle, United Kingdom. Photograph: Eduardo Estala Rojas.

Nottingham Castle, United Kingdom. Photograph: Eduardo Estala Rojas.

I discern from my own experience in cultural exchange within and without Mexico in the alternative spaces of cultural negotiation: it is paramount and necessary to show the artistic discourse surrounding the fringes of cultural marketing, i.e. that discourse that hardly comes out to be appreciated by the broader public and nonetheless spans in a network of connecting little places and small doses. Galleries, libraries, pubs, theatres, parks, any place can be a venue to gather artists of different fields and create a suitable atmosphere for the interactions across creators and spectators: they generate spaces for the encounter with the public deliberately summoned to share an entire afternoon or a key moment of the day’s routine. They generate a new audience. They provoke the crossover of art with daily life blurring its borders. They allow to play with the spaces, the artists, the spectators assorted in all possible manners. They elicit awe.

The cultural attaché is also a mediator between the artist and the public. However, she ought not to be seen just as an intermediate point, mean, conduct, but as a curator of a complex cultural interdisciplinary discourse. The cultural attaché is an aerialist that must tense the rope that will be her way between tradition and breakthrough art, this happening in a cultural dynamic of constant renovation—those static paradigms present in the foreign imagination and societies of a nation against the vital flux that transforms and rejuvenates the same paradigms. The cultural attaché is mediator between the own and the foreign gaze.

While cultural activism diversifies and is transformed through the numerous artistic inputs, the development of cultural diplomacy is tempted to fall in the stagnation of bureaucracy, of a limited range of defined action, of repetition. The development, rather, aims to cross roads and sum up efforts. The development is about the junction of one and another’s work so culture breathes beyond in other spaces and propagates to other spectators. It is, thus, necessary to take over the streets so culture and art can habituate the daily life beyond aseptic and isolated places. The development should generate a meeting point of cultures not only to underline difference but to observe similarities. In this shared territory, cultural diplomacy places in equality both the official cultural discourse and the emergent one. Behold the challenge.


Translated from Spanish by Dr. Paniel Reyes-Cárdenas.

 

Liliana Pedroza Castillo is a Mexican writer and narrator. She majored in Spanish Literature in the Autonomous University of Chihuahua, Mexico. She was award a doctorate in Hispanic American Literature by the Complutense University of Madrid, Spain. Liliana was awarded the National Prize of Young Stories “Julio Torri” in Mexico, 2009. She won the Chihuahua Contest of Literature in Mexico, 2008, in the category of tales. She has been included in different editions and published in national and foreign cultural journals. Some of her stories have been translated into French and Greek languages. She is author of “Andamos huyendo, Elena” (Tierra Adentro publications, Mexico, 2007); “Vida en otra parte” (Ficticia Editorial, Mexico, 2009) and “Aquello que nos resta” (Tierra Adentro publications, Mexico, 2009). We suggest to visit http://www.lilianapedroza.com

Mirar desde afuera: Gestiones culturales en el extranjero

Liliana Pedroza Castillo

En el entendido que las relaciones diplomáticas entre países se inauguran a modo de gozoso festín a través de las artes y de la cultura, es necesario repensar sobre cómo se establecen estos lazos de comunicación entre culturas.

Nottingham Castle, Reino Unido. Fotografía de Eduardo Estala Rojas.

Nottingham Castle, Reino Unido. Fotografía de Eduardo Estala Rojas.

En mi experiencia en la gestión cultural de los espacios alternativos dentro y fuera de México, discierno que lo urgente y necesario en este caso es mostrar el discurso artístico que ronda en la periferia del mercado de la cultura, ese que difícilmente sale para ser recibido por una gran cantidad de público. Sin embargo extiende sus redes de conexión a través de pequeños recintos y en pequeñas dosis. Galerías, bibliotecas, bares, teatros, parques, cualquier lugar puede ser aforo para convocar a artistas de distintas disciplinas y crear un ambiente propicio para la interacción entre creadores y espectadores. Generar espacios para el encuentro con público llamado deliberadamente a compartir la tarde o espontáneo que interrumpe su itinerario del día. Generar un nuevo público. Provocar el cruce del arte con la vida cotidiana hasta que su frontera se difumine. Jugar con los espacios, los artistas, los espectadores en todas las combinaciones posibles. Provocar el asombro.

El agregado cultural es también un intermediario entre el artista y el público, pero no sólo visto en esa labor simplificada como un medio o un conductor que une un punto u otro, sino con el deber de ser además el curador de un complejo discurso cultural y multidisciplinario. Un equilibrista que debe tensar la cuerda por la que va a caminar entre la tradición y la ruptura en el arte y en una dinámica cultural en constante renovación  —aquellos paradigmas estáticos en el imaginario extranjero sobre las sociedades de un país frente al flujo vital que transforma y renueva esos mismos paradigmas—. Mediar entre la mirada propia y la ajena.

Mientras que el activismo cultural se diversifica y se transforma a partir de los numerosos estímulos del arte, el desempeño de la diplomacia cultural está tentado en caer en la trampa del anquilosamiento de la burocracia, de un radio de acción delimitado, de la repetición. De lo que se trataría entonces, tal vez, es de cruzar caminos y sumar esfuerzos. La confluencia del quehacer de uno y otro para que el arte y la cultura respire en otros ámbitos y contagie a sus espectadores. Que dentro de lo pertinente y necesario fuera el de tomar por asalto las calles para que la cultura y el arte dejen de vivir en espacios asépticos y alejados de la vida diaria. Provocar un encuentro entre culturas no sólo para marcar las diferencias sino para poder mirar las coincidencias. Y dentro de ese territorio común, colocar en igualdad la cultura oficial y la emergente. He ahí el reto.


Liliana Pedroza Castillo, mexicana, es narradora y ensayista. Licenciada en Letras Españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua, México, y doctora en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Complutense de Madrid, España. Ha obtenido el Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri, México, 2009, el Premio Chihuahua de Literatura, México, 2008, en género cuento. Ha sido incluida en diversas antologías y publicado en revistas culturales nacionales y extranjeras; algunos de sus cuentos han sido traducidos al francés y griego. Es autora de “Andamos huyendo, Elena” (Ed. Tierra Adentro, México, 2007), “Vida en otra parte” (Ficticia Editorial, México, 2009) y «Aquello que nos resta» (Ed. Tierra Adentro, México, 2009). Recomendamos visitar: http://www.lilianapedroza.com

Cuentos de hadas olvidados

Ana Laura Pazos González

‟Ya te dije que no tengo nuevos libros de cuentos, ni los tendré en lo que resta del año, así que mejor vete a cazar ranas o a matar ciempiés.”

Ana Laura Pazos González. Foto cortesía.

Ana L. Pazos González. Foto: cortesía de la autora.

Mauricio miró al dependiente de la librería con una mezcla de decepción y desasosiego en los ojos, resopló y se fue por donde había venido. Era primavera y los jardines resplandecían como cofres abiertos: alfombras de césped brillante, aterciopeladas rosas color espinela, lirios blancos como el mármol, y celestinas abiertas de par en par: flores azul cielo que sólo crecían en esas tierras. En el jardín de su casa, en cambio, se extendía una pastura amarillenta y nada más.

Su padre masticaba una espiga de trigo y escondía el rostro enjuto detrás de un periódico. Casi no hablaba pero cuando lo hacía, a la cocinera y a Mauricio les daba insomnio.

—Aquí nada crece por la maldición, que pronto también caerá sobre nosotros—dijo aquella noche sin salir de su escondite. Ellos no sabían en qué consistía la maldición pero sus palabras, pronunciadas con voz grave y helada, siempre hacían que les sudaran las manos. La cocinera, redonda como un polvorón, se preocupaba por el niño y sacrificaba parte de su salario para que Mauricio pudiera comprar libros de cuentos de hadas, que solían tranquilizarlo más que las infusiones de valeriana y las pastillas color de rosa que le daba a tomar su padre. Sin embargo, Mauricio ya había devorado todos los libros en español que vendían en el pueblo y, de momento, estaba condenado a la vigilia.

Calentito en su cama, cerró los ojos pensando que la maldición vendría por él disfrazada de una mujer muy hermosa. Y, como si la hubiera conjurado, escuchó una voz entre aguda y grave: ‟Ven al jardín, niño insomne, pero hazlo solo. Si traes a la mujer gorda, yo lo sabré y perderás tu oportunidad de dormir esta noche…” Mauricio abrió los ojos y se puso a reflexionar: ‟Es la maldición o es el Diablo, pero también existe la posibilidad de que yo esté equivocado”. La voz repitió la cantaleta y, harto de escucharla aunque muerto de miedo, Mauricio decidió salir al jardín.

Ahí lo esperaba una criatura vegetal. Tenía el tallo grueso, como el de un árbol, brazos de mazorca y manos con dedos verdes y largos. El rostro enfurruñado era oscuro y desentonaba con los pétalos amarillos que lo circundaban. Era un girasol monstruoso que se fumaba un cigarrillo.

—Sé que ya leíste todos los cuentos de los Hermanos Grimm, los de Perrault, los de Hans Christian Andersen y hasta los antiguos cuentos de hadas egipcios. ¿Qué harías si te dijera que existen quinientos cuentos de hadas que permanecieron ocultos por ciento cincuenta años, y que sólo yo puedo contártelos?[1] —preguntó la criatura, mientras exhalaba figuras de humo.

Mauricio sintió frío y calor al mismo tiempo.

—¿Cómo sé que no me estás engañando? —replicó. —Franz Xaver Schönwerth es el nombre del folclorista que escuchó los cuentos de boca de los campesinos de Oberpfalz, y fue él quien los reunió en tres volúmenes. Los mentirosos no suelen ser tan específicos…

—Claro que sí, por eso consiguen salirse con la suya —contestó Mauricio, con los ojos entornados y las manos en la cintura. —Puedes creer en mis palabras o resignarte a una vida de insomnio.

Los ojos de la criatura resplandecieron como dos fogatas que iluminaron el pasto moribundo. Mauricio los miró fijamente.

—Está bien, cuéntame los cuentos, pero si me estás engañando te cortaré las piernas con un hacha. —Por eso, de entre todos los niños del pueblo, te elegí a ti. Eres audaz y precavido a la vez. En los cuentos de Schönwerth, en lugar de las princesas, destacan los héroes masculinos[2], quienes deben soportar toda clase de penurias y enfrentar a sus brutales padres, como hizo el príncipe de los rizos de oro y como deberás hacer tú…

—¿Quién es el príncipe de los rizos de oro? Cuéntame su historia. —No va a ser tan fácil —dijo la criatura, mientras apagaba el cigarrillo en su lengua húmeda y bífida—. Si voy a pasar quinientas noches aquí, me voy a sentir muy solo. Necesitaré amigos, compañeras… Éste es el trato: debes imaginar una flor que yo nunca haya visto, y luego buscar una semilla de cáñamo, de granada o de girasol (de ésas que guarda la cocinera) y plantarla en el jardín. Si la flor crece, yo traduciré los cuentos de Schönwerth del alemán al español [3] y te los contaré, uno cada noche. Pero si no lo hace, la maldición de la que habla tu padre caerá sobre ustedes como un relámpago.

Mauricio sopesó razones. Si aceptaba la oferta, podría escuchar las historias de ese misterioso cuentista alemán y dormir como un minino; si no lo hacía, su mayor miedo finalmente se manifestaría en la realidad. Concluyó que si la maldición iba a llegar tarde o temprano, lo mejor era que lo hiciera de una buena vez; así dejaría de pasar las noches en vela pensando en algo que quizá no era tan terrible.

—Acepto el trato, Girasol— Mauricio alargó el brazo para estrechar la verde mano de la criatura. —No vuelvas a llamarme así. Mi nombre es Flaviano.

Mauricio era bueno para imaginar cosas. Concebir en la pantalla de su mente una flor que el monstruo vegetal nunca hubiera visto sería cosa fácil. Pero, ¿cómo esperaba ese cabeza de girasol que algo creciera en aquel terreno muerto? Tal vez Flaviano tenía poderes mágicos —como el hada que otorgaba inteligencia a las personas feas y belleza a las personas estúpidas en el cuento de Charles Perrault ‟Enriquete, el del copete”— y daría vida a la flor imaginada.  Se presentó ante la criatura al anochecer del día siguiente con varias propuestas y un puñado de semillas en el bolsillo: ‟una flor de pétalos lunares con un ojo luminoso en lugar del receptáculo con el que pueda ver el futuro de los niños”. ‟Vi una de esas hace dos primaveras”, contestó Flaviano, mientras se arrancaba un grano seco del brazo de mazorca. ‟Una flor de prismas de colores que llenen de luces el jardín”. ‟¿En serio, niño?”, preguntó el monstruo con los ojos como dos ascuas. Mauricio dijo con voz temblorosa: ‟una flor de pétalos color plata cerrados en forma de huevo que contenga todas las flores del mundo”. Los ojos de Flaviano se apagaron hasta convertirse en un par de suaves dientes de león. ‟Ahora planta la semilla y hazla crecer”, ordenó, y lo que había comenzado como una llovizna se convirtió en tormenta.

Pasaron los días y nada crecía en el jardín, a no ser una pastura amarillenta. Mauricio, resignado, se tendió en la cama a esperar que la maldición cayera sobre él. Entró en un estado de duermevela y escuchó su voz mezclada con otra, aguda y grave al mismo tiempo, que decía: ‟No basta con tener imaginación, también hay que creer con el corazón”. En sueños, Mauricio vio una semilla que germinaba y crecía hasta convertirse en un huevo de pétalos plateados que resguardaba todas las flores del mundo en su interior. Todavía con los ojos cerrados, sintió que alguien le hacía cosquillas en la nariz con una pluma de ganso —o quizá con una hoja fresca—, lo cual le provocó un tremendo estornudo que hizo que los pétalos de la flor primordial se abrieran, liberando incontables flores distintas que fueron descendiendo de los aires hasta enraizarse en el mortecino suelo. Mauricio sintió una felicidad absoluta. Hubiera deseado quedarse en el sueño por siempre, pero la cocinera lo despertó. Gritaba como si la estuvieran matando. No la encontró en la cocina, así que salió al jardín: ahí estaba ella, intentando no pisar ninguna flor con sus gordos pies, y también su padre, que se daba golpes en la cabeza calva con un periódico enrollado: ‟No vuelvo a beber ginebra, ni whisky”, repetía con la expresión hueca de un pájaro dodo.

Como una reina, la flor huevo-primordial extendía sus flamígeros pétalos hacia los cuatro puntos cardinales, rodeada por una infinidad de cortesanas de diferentes tamaños, colores y formas. El perfume de todas ellas viajó por los callejones del pueblo y comenzó a atraer a los curiosos.

—No basta con tener imaginación, también hay que creer con el corazón —dijo Flaviano, cuyo rostro se perdía entre el ejército de flores—. Como superaste mis expectativas, no sólo voy a contarte los cuentos de Schönwerth, también los de Theodor Vernaleken, Joseph Haltrich, Emmanuel Cosquin, y de tantos otros folcloristas cuyos cuentos permanecen olvidados.

Esa noche, mientras su padre telefoneaba al psiquiatra y la cocinera preparaba un pastel de rosas, Mauricio escuchó el cuento ‟El rey Rizos de Oro”, de Franz Xaver Schönwerth: la historia de un niño que decide liberar al gigante que su padre, el rey, había capturado. Dominado por la ira, el padre de Rizos de Oro manda decapitar a su hijo por haberlo hecho quedar en ridículo frente a sus invitados, quienes esperaban, con morbo, poder ver a la extraña criatura. Los sirvientes, encargados de matarlo, se compadecen del príncipe, lo dejan en libertad y presentan la lengua y el ojo de un perro ante el rey como evidencia del asesinato. Rizos de Oro huye, se hace pasar por un jardinero, y se casa con la hermosa princesa de una tierra lejana. Con la ayuda del gigante, encuentra un jardín encantado, con árboles de oro y frutas hechas de piedras preciosas, donde consigue manzanas del paraíso y la leche de una serpiente, las cuales tienen poderes curativos; también gana la guerra a favor de su suegro, monarca de aquella región. Tras la muerte del padre de Rizos de Oro, unos mensajeros llegan al palacio para dar la noticia y declarar rey al hijo de éste, pues se han enterado de sus hazañas. Entonces Rizos de Oro descubre por primera vez el cabello dorado que había mantenido oculto, demostrando así su identidad, y se convierte en soberano del reino que lo vio nacer.

Había tantos cuentos de hadas nuevos para Mauricio, que descubrió uno distinto cada noche de su vida. Nunca volvió a padecer insomnio, pues comprendió que la maldición existía sólo en la atormentada mente de su padre, quien hasta su muerte creyó que el paraíso que circundaba su casa era una monumental alucinación.


Fuentes citadas

[1] En 2010, fueron descubiertos quinientos textos —mitos, leyendas, anécdotas y cuentos de hadas— recopilados por el historiador y folclorista alemán Franz Xaver Schönwerth (1810-1886) durante su viaje por Oberpfalz, Baviera, en Alemania. Como hicieron los Hermanos Grimm en la comarca de Kassel, Schönwerth entrevistó a los campesinos de dicha región para escuchar de viva voz las historias que, durante generaciones, se habían transmitido oralmente para preservar el folclore y la sabiduría popular.

[2] Durante el siglo XIX, debido al nuevo estilo de vida que exigía la industrialización, la tradición narrativa dejó de ser una actividad que involucraba a toda la familia, y los cuentos de hadas comenzaron a ser contados por las madres y las nanas a los niños antes de la hora de dormir. Se piensa que las narradoras preferían las historias en las que destacaban las heroínas, por lo que los cuentos protagonizados por héroes masculinos tuvieron dificultades para sobrevivir.

[3] En 2011, se publicó una selección de cuentos de Franz Xaver Schönwerth —en su idioma original— bajo el título Prinz Roẞzwifl (Príncipe Escarabajo). Apenas un puñado de ellos ha sido traducido al inglés y sólo un par ha sido traducido al español por entusiastas de los cuentos de hadas.


Ana Laura Pazos González, mexicana, es escritora y directora de la revista cultural mexicana Bicaalú. Cuenta con estudios de Maestría en Humanidades por la Universidad Anáhuac, México. Autora del libro “Parvada blanca en la ciudad” (Editorial Jus, México, 2011). Recomendamos visitar: http://www.bicaalu.com/

Mexican Cultural Centre: Creación y diálogo internacional

Eduardo Estala Rojas

El Mexican Cultural Centre (MCC) es el primer centro virtual mexicano sin fines de lucro, registrado en el Reino Unido, que promueve y difunde la cultura mexicana, en colaboración internacional con proyectos académicos, culturales y artísticos.

Nottingham, Reino Unido. Fotografía de Eduardo Estala Rojas.

Nottingham, Reino Unido. Foto: Eduardo Estala Rojas.

Contamos con un equipo de profesionales mexicanos como Adriana E. Vera Pérez, Ana L. Pazos González, José L. Santos López, Paniel Reyes Cárdenas. Todas nuestras actividades y contenidos editoriales tienen estándares de calidad.

Por nuestro trabajo, José Antonio Meade Kuribreña, Secretario de Relaciones Exteriores de México, nos envió una carta diplomática el 30 de enero de 2014, a Nottingham, Reino Unido, con el propósito de darnos: “Un reconocimiento por lograr conjuntar una pluralidad de expertos colaboradores, cuya participación deriva en la excelencia de los trabajos editados por ese centro bajo su digno cargo”.

Creación y diálogo internacional

Para Salvador Venegas-Andraca, doctor en Física y Ciencias de la Computación por la Universidad de Oxford, Inglaterra: “México es un productor nato de conocimiento científico y artístico. Desafortunadamente, la imagen que México tiene en el extranjero no hace justicia a nuestra capacidad creadora”. Sobre el trabajo del Mexican Cultural Centre, expresa: “En este contexto el trabajo del MCC se justifica. La muy alta calidad de los contenidos y la pertinente promoción de los mismos empleando herramientas modernas de comunicación como Facebook y correo electrónico, por ejemplo, han logrado que el MCC sea ya un referente en México y Europa”.

Sofía Alejandra González De Aguinaga, licenciada en Mercadotecnia y maestra en Tourism, Environment and Development, por la Universidad de King’s College London, Inglaterra, como becaria CONACyT, declara al respecto: “El Mexican Cultural Centre ha realizado un excelente trabajo de promoción cultural de México y de reconocimiento al talento mexicano. Éste es un portal único que ha sabido sumar esfuerzos para comunicar con gran calidad, tanto de forma como de fondo, artículos escritos por profesionales no sólo mexicanos sino también internacionales. El hecho de que los contenidos del portal abarquen diversos temas dentro del contexto cultural mexicano, y sean escritos desde diferentes puntos de vista, hace mucho más interesante su lectura y por lo tanto más accesible. Asimismo, el MCC ha sabido conjugar las experiencias de los mexicanos en el Reino Unido y difundir diversas convocatorias, eventos y conferencias para mexicanos en dicho país, sirviendo como enlace cultural. Finalmente, la asociación del MCC con otras publicaciones y organizaciones le ha dado más empuje tanto al portal como a sus contenidos permitiéndoles mayor difusión. Además, poco a poco la comunicación del portal del MCC ha ido consolidándose cada vez más a través de las redes sociales, como Facebook, y de los boletines semanales. Por todo esto, estoy segura de que el MCC seguirá creciendo y deleitándonos con sus contenidos”.

Ana Laura Pazos González, comunicadora y maestra en Humanidades por la Universidad Anáhuac de México, comenta: “En últimos tiempos, la capital del Reino Unido —donde se escuchan infinidad de acentos e idiomas— nos hace pensar en una moderna Torre de Babel. La voz de México se lee fuerte y clara en el portal y las redes sociales del MCC, la cual resuena no sólo en las islas británicas, sino en diferentes países donde se entiende el español. A través de los artículos, poesías, ensayos y cuentos publicados por el Mexican Cultural Centre, los mexicanos que están lejos pueden sentirse cerca de casa, y los extranjeros tienen la oportunidad de acercarse al mundo cultural mexicano”. Pazos González es directora general de la revista cultural mexicana Bicaalú y autora del libro “Parvada blanca en la ciudad”.

Finalmente, Adriana Elizabeth Vera Pérez, quien trabaja en el Programa de Historia Latinoamericana, Universidad de Chicago, Estados Unidos, señala: “El MCC ha cumplido su objetivo, que es el de dar a conocer, promover y difundir las diversas actividades relacionadas con el arte y la cultura en sus diversas manifestaciones dentro de nuestro propio país, México, y aún más allá de sus fronteras, en diferentes ciudades de otros países, de una manera accesible y clara. Se da a conocer, se recibe información de diversos eventos, en diferentes localidades, y de una amplia variedad de tópicos. Otra cosa importantísima es que también ha dado a conocer a México y su cultura en Inglaterra y otros países de Europa, tanto directamente como indirectamente al alcanzar diversas universidades y organizaciones culturales, artísticas, sociales y gubernamentales”.


Nota del editor: Este artículo se ha publicado en diversos medios de prensa internacionales.

Fuentes citadas

http://www.siempre.com.mx/2014/07/mexican-cultural-centre/

http://www.ventanalatina.co.uk/2014/07/el-mexican-cultural-centre-creacion-y-dialogo-internacional/

http://www.eliberico.com/el-mexican-cultural-centre-creacion-y-dialogo-internacional.html

http://www.bicaalu.com/tintero_digital/2014/2014_mayo_02.html

http://zonafranca.mx/el-mexican-cultural-centre-creacion-y-dialogo-internacional/


Eduardo Estala Rojas, mexicano, es el Director General del Mexican Cultural Centre en Nottingham, Reino Unido. 

Luna Nueva

Publicamos en exclusiva en el Mexican Cultural Centre, el prólogo del libro «Luna Nueva», de la escritora mexicana Elena Ortiz Muñiz. Harmonía Editores Inc. Colección Libélula. República Dominicana, 2014.

Araceli Otamendi

Al leer estos poemas de Elena Ortiz Muñiz recordé al poeta argentino Almafuerte, seudónimo de Pedro Bonifacio Palacios, donde en su poesía, los límites y las formas han desaparecido y por sobre su apariencia prevalece la palabra mensajera, jubilosa o terrible del alma.

"Luna Nueva", Elena Ortiz Muñiz. Harmonía Editores Inc. Colección Libélula.  República Dominicana, 2014.  ISBN: 978-9945-8933-3-5.

«Luna Nueva», Elena Ortiz Muñiz. Harmonía Editores Inc. Colección Libélula. República Dominicana, 2014. ISBN: 978-9945-8933-3-5.

Así como Almafuerte, Elena Ortiz Muñiz saca fruto de las palabras:

Para mí las palabras siempre son bellas.
Y siempre de cualquiera se saca fruto,
La más vil, la más vana de todas ellas
Contiene la presencia de lo absoluto…

Almafuerte

El poeta ha sabido encontrar en las palabras de su poesía, como encontró Almafuerte en sus «Siete sonetos medicinales», la medicina, en este caso, para la noche oscura del alma. Como decía Octavio Paz, “cada poema es una lección práctica de armonía y de concordia, aunque su tema sea la cólera del héroe, la soledad de la muchacha abandonada o el hundirse de la conciencia en el agua quieta del espejo. La poesía es el antídoto de la técnica y del mercado”. A eso se reduce lo que podría ser, en nuestro tiempo y en el que llega, la función de la poesía ¿Nada más? Nada menos.

Como Almafuerte, Elena Ortiz Muñiz no se sometió en estos poemas a la tiranía de la forma, sino que como el poeta-profeta, prescindió de todo lo que no fuera la expresión directa y vibrante de su profecía. Leamos entonces estos poemas como una iluminación de la noche oscura y como un antídoto entre tantas banalidades.


Elena Ortiz Muñiz, mexicana-española, comenzó su carrera como escritora en 1998, ha escrito cuentos para niños, relatos cortos, monólogos, narrativa y poesía. Entre sus logros destaca su monólogo “El Loco”, por el cual obtuvo el tercer lugar en el Festival de Monólogos en Mérida, Venezuela. Con la novela “Corazón en Clave de Sol”, participó en el Concurso Internacional de Literatura Juvenil Libresa 2010, obtuvo la recomendación por parte del jurado para que fuera publicada. Ha publicado en revistas y espacios literarios de Canadá, México, Colombia, Argentina, España, Chile, Reino Unido. Autora del libro de relatos “La librería del Centro”. Edición de autor. Bubok México, 2012; 123 pp. http://www.elenaortizm.com/

El sueño de Parténope

La Sirena es un lienzo realizado por la artista argentina Marigela Pueyrredon para la exposición Las balconadas. Inicia una itinerancia por los pueblos de Altea, Alfaz del Pi, Agost y Benimantell, pueblos característicos de la Costa Blanca y del interior de Alicante, Comunidad Valenciana, España. 

La Sirena. Técnica mixta sobre lienzo. 150 x 140 cm. Marigela Pueyrredon, 2014. http://marigela.wix.com/marigela-pueyrredon

La Sirena. Técnica mixta sobre lienzo. 150 x 140 cm. Marigela Pueyrredon, 2014. http://marigela.wix.com/marigela-pueyrredon

El sueño de Parténope, inspirado por la contemplación del lienzo de La Sirena  y preso de su inaudible canto, el poeta mexicano Gerardo Cárdenas decide escribir inmediatamente sus emociones. Parténope, la sirena de Ulises, se sumerge en el sueño de un hombre que a su vez sueña atrapado por la fuerza del deseo.

La poesía de Cárdenas incorpora una nueva dimensión a la contemplación del cuadro y le otorga sonido a la voz, un canto onírico que atrae inexorablemente a los navegantes.

El sueño de Parténope

Duerme la sirena y en el torbellino de su sueño

soy un pez seducido por su carne de mujer,

enganchado a la promesa de su cintura,

sin ver el anzuelo, sin prever el festín.

Ella acaricia una a una mis escamas

y las besa antes de arrancármelas

para hacerse un collar que acaricie su pecho.

Al tragarme, sus ojos de monstruo marino

abarcan la inmensidad del abismo.

Ella gira en eterna seducción y eterno sacrificio

entre la luz de las aguas del alba y la tiniebla abisal

y mis huesos limpios son la arena de este sueño.

Duerme la sirena y en las mareas de su sueño

soy un hombre que come sin pausa su cola de pez

inmune a su canto y a la suavidad de sus senos.

La devoro escama a escama

y ella me encierra en su abismo, me canta entre sus brazos

me arrastra al vórtice oscuro.

El alba me sorprende besando sus cabellos

para cortarlos y ceñirlos a mi cintura.

Inmersos en un círculo de mar y noche

el sueño se repite sin pausa, a los cuatro vientos el deseo se ensancha,

la carne llama, distante en la silueta borrosa del arrecife;

despiertan el hombre y la sirena, duermen el pez y la mujer


Gerardo Cárdenas, mexicano, es poeta, escritor y periodista cultural. Ha vivido en Madrid, Bruselas, Miami, Washington, D.C., y Chicago desde que salió de México en 1989. Radicado en Chicago a partir de 1998, es actualmente director editorial de la revista cultural contratiempo (http://contratiempo.net). Sus artículos, cuentos y poemas han sido publicados en medios impresos y electrónicos de México, Estados Unidos, España, Venezuela, y República Dominicana. Como narrador, ganó el premio John Barry de Ficción en Español desde Chicago en 2004 y 2007, y el segundo lugar del concurso  de literatura erótica Los Cuerpos del Deseo de NeoClubPress, Miami, 2012. En 2011 publicó la colección de relatos A veces llovía en Chicago (Libros Magenta/Ediciones Vocesueltas), que se hizo acreedor al Premio Interamericano Carlos Montemayor de Literatura a Mejor Libro de Relatos. Un segundo libro de relatos, Correr es de cobardes se publicará este año. Actualmente trabaja en una novela y un poemario. Relatos suyos han sido antologados en El libro de los monstruos  (Escuela de Fantasía, Bubok, Madrid, 2012), Los cuerpos del deseo: cuentos eróticos (NeoClubPress, Miami, 2012) y Bajo los adoquines está la calle (Taller de Escritura Creativa Enrique Páez, Madrid, 1998). Además de sus actividades literarias y editoriales, publica el blog En la Ciudad de los Vientos y es director de comunicación de la Organización No Gubernamental AARP en el estado de Illinois. http://gerardo1313.wordpress.com/

Entrevista con Elena Garro: “Estoy absolutamente sola, ya no tengo amigos”

Miguel Ángel Muñoz

Exiliada en Cuernavaca desde hace casi cinco años, Elena Garro (Puebla, 1920-Cuernavaca 1998) frágil, triste, desgarrada en todos los sentidos, refleja una soledad inmensa, además de estar delgadísima por no comer según palabras de su hija Helena Paz. Pero la Garro la contradice: “Sí como, pero Helena que es necia quiere que coma como pelón de hospicio y no puedo, no me da hambre”.

Elena Garro. Fotografía del periódico mexicano Excelsior.

Elena Garro. Fotografía:  Excélsior.

En su novela Inés (Editorial Grijalbo, 1995), Elena Garro nos presenta la vida de una muchacha que sale del convento para trabajar como sirvienta en una casa de París. Ahí ocurren sucesos inauditos; tal vez el más extraño: la visita de una mujer que se hace llamar María Sabina. Autora de libros claves en la literatura mexicana, como sus novelas: Los recuerdos del porvenir, (1963), Testimonios sobre Mariana, (1981), Y matarazo no llamó… (1991); sus obras de teatro: Felipe Ángeles (1979), Un hogar sólido (1958), Sócrates y los gatos (2003); sus cuentos memorables: Andamos huyendo Lola (1980), La culpa es de los tlaxcaltecas (1987) y El accidente y otros cuentos inéditos (1997) y su inolvidable testimonio: Memorias de España 1937 (1982). En entrevista, la Garro habla de Inés de sus fantasmas y demonios, del insólito ritual que se desarrolla a través de las páginas de su más reciente novela.

¿Cómo se siente Elena Garro viviendo en Cuernavaca y con la aparición de su novela Inés?

Feliz con el libro, pero también muy triste y sola. Ahora es todo tan feo, hay que salir a la calle con una máscara anti-gas, todo está horrible, antes se podía ver el cielo libremente, era un país bonito, pero ahora, ¿qué le han hecho? Hoy es otro país, Cuernavaca es otra ciudad que yo no conozco, toda harapienta y mugrosa, con todas sus calles pintadas y descarapeladas, ese toque poético se perdió. Será que entré en una dimensión desconocida. A la gente que observo triste, destrozada y apachurrada, nadie es feliz en medio del desastre en que vivimos.

¿Por qué Inés se mantuvo inédita tantos años?

No tenía ganas de publicarla. Además no me acordaba que la novela estaba en manos de la Editorial Grijalbo y que se encontraba desde hace años ahí. Entonces, hablé con el editor y le di permiso de publicarla. Por otro lado, no tengo dinero y de lo único que vivo es de mis libros, así que tuve que publicar. Inés la escribí allá por los años setenta, pero se presentaron algunos viajes y es ahí donde conozco a diversos personajes entre ellos a la protagonista: una monja buena, que se enfrenta al ateísmo y la crueldad de los seres humanos.

La novela refleja en momentos un fuerte fervor religioso al presentar al personaje de Inés como una monja inocente ante el mundo, ¿cree que sea igual al fervor religioso de usted?

La idea de Inés es la de una chica inocente, pura, que viene de un convento y acaba en manos de un grupo de degenerados y verdugos humanos. Pierde su fervor cuando le pasan esas cosas horribles, además nadie le ayuda, ni Dios y mucho menos sus amigos, algo muy parecido me pasa hoy día. La gente es mala. Recuerdo cuando alojaba a líderes campesinos en casa de Octavio Paz, allá por los años setenta. Siempre ayudé en lo que pude; en momentos alojé hasta cien personas en la casa, dormían en el salón o en la biblioteca y comíamos juntos. Hacían cosas horribles con los campesinos y lo siguen haciendo. Ahora lo veo aquí cerca en Ahuatepec y los siento igual de dolidos, es por eso que Inés tiene miedo del mundo y de los seres que están en la novela por malos.

¿Cree que el fervor religioso de Inés en nuestra sociedad actual se pierde totalmente por la maldad del mundo?

Ahora el amor es tecnológico, por ejemplo, el erotismo es la técnica del amor. También hay un grupo de hombres progresistas y yo los odio; esos seres que se empeñan en destrozar al planeta para darnos un mundo horribles sin amor, caridad, pasión, hasta sin Dios, lo cual es cosa de ellos, que han terminado con ese mundo poético y bello que algún día conocí.

¿Quiénes son esos hombres?

No quiero hablar de eso, están ahí nada más y hay que tener mucho cuidado con ellos.

¿Cómo era ese mundo de aquellos años y que no presenta en Inés? 

Lleno de amor, bondad, pasión por el amor; además, había un respeto por la iglesia y no teníamos tantos curalocos o psiquiatras como hoy día. Es por eso que Inés pierde ese amor por Dios, por la vida misma, pues descubre que vive en un mundo de terror, lleno de odio, descompuesto por todos lados. Ahora me pongo muy triste pensando en esas cosas, pero quién es el culpable de todo esto Dios de los Cielos, para colgarlo o fusilarlo por lo menos ¿no?…

¿Con la publicación de Inés sigue siendo su novela preferida Y matarazo no llamó… o ya cambió de opinión?

No, la única que me gusta es Y matarazo no llamó… ¿no te parece? Es una novela diferente. Inés la publiqué por dinero, porque no tengo casi ni muebles, no hay sillas, tampoco tengo una cama y mucho menos una mesa donde escribir. Antes escribía en el suelo, pero ahora me dan asco las cucarachas y todos los demás animales que rondan la casa.

¿Cree que Inés es parte del realismo mágico o de esa literatura fantástica de sus novelas anteriores como Los recuerdos del porvenir?

No me gustan los inventos literarios. Alejo Carpentier definió de maravilloso el realismo mágico de algunos de mis cuentos, pero él no me gusta, no sabía escribir en español, sabía escribir en francés. Y bien, él y yo nos conocimos en España en 1937 y se portó atento sólo que como escritor no me interesa.

¿Quiénes son sus escritores preferidos?

Me gusta Martín Luis Guzmán por su español perfecto, al igual que Vasconcelos y Rulfo. Pero todos ellos ya están muertos. Ahora queda simplemente el recuerdo de esa gran literatura.

Y de los nuevos escritores, ¿qué piensa, los lee?

No conozco nada, no me dan ganas de leerlos. Sólo me he dado cuenta de que a los jóvenes ya no les interesa leer a los clásicos españoles. Recuerdo que en la universidad leíamos a los ingleses en inglés, a los latinos en latín, pero era otra época, otros tiempos, ahora con esos seres malvados que quieren acabar con toda la literatura hermosa. Hoy estoy absolutamente sola, no tengo amigos y nadie me visita.

Pero usted tiene muchos amigos, gente que la quiere y algunos de ellos la han ayudado desde su regreso de París. ¿Por qué se siente sola, es la misma soledad de Inés?

No tengo amigos, cuáles amigos. Además, me están jodiendo esas personas que escriben que Elena Garro es la maestra, la genio, la mejor escritora de nuestro país y de América Latina. Por eso nos tienen muertas de hambre. Todo eso lo utilizan para hacerse de puestos en el gobierno y sacarle dinero. Dicen que Elena Garro tiene muchos amigos, y que se le da apoyo, que pronto nos darán una casa, un trabajo magnífico a la hija, todo lo que quiera… ahora tengo que escribir libros para no morirme de hambre. Emilio Carballido habló para traerme y para qué, para morirme de hambre solamente. En París, éramos de la clase media francesa, aquí no somos nada.

¿Qué hay de sus textos inéditos, qué espera de Elena Garro para los años que le faltan por vivir?

Estoy por sacar Un corazón en un bote de basura. Se editará en Grijalbo pues necesito dinero, y de lo único que vivo es de ellos. Tengo que escribir, aunque en las noches me entra una depresión horrible y no puedo hacerlo; pienso en historias y no duermo, pero luego aunque no quiera me duermo.

¿Cuáles son las preocupaciones hoy día de Elena Garro?

Mis gatos, que no me gusta dejarlos con nadie porque no los tratan bien. En México, les ha pasado desgracia tras desgracia; además, en nuestro país la gente no tiene ningún respeto por los animales, dicen que no tienen alma, que no sufren. No me gustan los toros y tampoco los rastros, es mejor ser vegetariano, ¿no?…


Nota del editor: Esta entrevista pertenece al libro Cronicas de la memoria, de Miguel Ángel Muñoz, de próxima aparición.

Miguel Ángel Muñoz, mexicano, es poeta, historiador y crítico de arte. Su dedicación a la creación artística actual es absoluta; compagina su labor en El Financiero, La Jornada Semanal y en la revista Casa del Tiempo, con la de comisario de exposiciones. Ha trabajado personalmente con muchos artistas; entre ellos, Eduardo Chillida, Rafael Canogar, José Luis Cuevas, Josep Guinovart, Roberto Matta, Antoni Tàpies, Richard Serra, María Girona, Vicente Gandía, Ricardo Martínez, Chema Madoz, Luis Feito, Xavier Grau, Charo Pradas, Ignacio Iturria, Albert Ràfols-Casamada, Robert Rauschenberg y Luoise Bourgeois. Es autor de los libros de ensayo: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos (Editorial Praxis, 1999), Ricardo Martínez: una poética de la figura (CONACULTA, 2001), La imaginación del instante: signos de José Luis Cuevas (Editorial Praxis, 2001), El espacio invisible. Una vuelta al arte contemporáneo (Ediciones Batarro, Málaga, España, 2004), Convergencia y contratiempo (Plan C Editores- CONACULTA, 2008), Espacio, superficie y sustancia. La obra de Ricardo Martínez (Siglo XXI Editores, 2009) El espacio vacío, (CONACULTA, 2009), Gutiierre Tibón. Lo extraño y lo maravilloso (CONACULTA, 2009). Asimismo ha editado y comentado los libros El asombro de la mirada. Convergencia de textos. (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2010) Espejismo y realidad. Divergencias estéticas de Rafael Canogar (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2011) y Elogio del espacio. Apreciaciones sobre arte de Rubén Bonifaz Nuño (UNAM, El Colegio Nacional y UAM, México 2012). Además, es autor de los libros de poesía El origen de la niebla (CONACULTA, 2005), Espacio y luz (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) con serigrafías originales de Albert Ràfols-Casamada, Convergencia (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) y Travesías (Centro de Producción Gráfica, México,2004) con serigrafías originales de José Luis Cuevas, Cinco espacios para Rafael Canogar (Ediciones El Taller, Madrid, España, 2004), con grabados originales de Rafael Canogar y Fuego de círculos (Editorial Praxis, México 2012). Sus textos se publican en diversas publicaciones de México, España y América Latina. Es director de la revista literaria Tinta Seca. Es colaborador, asimismo, de las revistas Metérika (Costa Rica), Banda Hispánica y Agulha (Brasil). Actualmente se está capacitando como doctor en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Miembro Asociado del Seminario de Cultura Mexicana. En 2009, fue reconocido por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana y la Facultad de Artes por su “contribución al estudio del Arte Contemporáneo”.

Entrevista con Fernando del Paso: “Contra el prejuicio a la novela policial mexicana”

Miguel Ángel Muñoz

Bajo el sello de Plaza y Janés, apareció Linda 67, historia de un crimen (1995), que es la novela policial que Fernando del Paso decidió escribir allá por 1965. Del Paso empezó publicando José Trigo (1966), historia sobre un ferrocarrilero de Nonoalco- Tlatelolco; en 1976, publicó Palinuro de México y en 1987, Noticias del imperio, historia magistral sobre Maximiliano, Carlota y Juárez. Estos tres libros lo establecen, sin duda, como uno de los mejores narradores de nuestro país. 

Fernando del Paso. Fotografía del Semanario Zeta de Tijuana, México.

Fernando del Paso. Fotografía: Semanario Zeta de Tijuana, México.

Linda 67, es la historia de David Srorense, un mexicano cosmopolita que asesina a su esposa gringa, Linda Laggrange –nacida en 1967 para poder cobrar un rescate de 15 millones de dólares y desaparecer con su amante Olivia. Del Paso plática cómo acabó con el prejuicio contra la novela policial mexicana y cómo se desarrollan sus personajes.

Usted tuvo la inquietud de escribir una novela policial allá por 1965, y la publica apenas a fines de 1995, ¿cree que se haya demorado un poco en participar en el género criminal de la literatura?

Mi inquietud por escribir una novela policial nació hace más de 30 años, antes de que me fuera a Inglaterra, porque era un buen lector de la colección El séptimo círculo y de otras novelitas que no figuraban en esa serie. Seguí el consejo de llevarme de vacaciones novelas del género porque me transformaban en un lector inocente. Ya tenía la deformación profesional de novelista, que le impide a uno disfrutar de una novela como un lector común y corriente. La novela policiaca si me daba esa posibilidad. Y siempre pensé que sería un reto interesante para un novelista de los que se llaman serios, o para un novelista como todos, o para uno tan común y no tan corriente, el hacer una novela policial. En Londres seguí leyendo libros con este tema de vez en cuando. No soy del todo un lector contante del género, es algo que me atrae por temporadas.

El ambiente de Londres e Inglaterra es el que ha prevalecido en las novelas de este tipo. La mayor parte de los grandes autores de la novela política son ingleses o norteamericanos. Casi todos pertenecen a las letras anglosajonas con excepciones que ponen a prueba la regla como Simenon, o Eco con su maravillosa policial que es El nombre de la rosa. Creo que mi estancia en Londres influyó para que situara la novela en un ambiente anglosajón. Pero no pude escapar a la casi necesidad de que el protagonista de la novela, David Sorense, fuera mexicano y cosmopolita.

Antes de concluir el texto original, ¿cuántos cambios de historia y estructura tuvo la novela?

En realidad hace sólo diez años me llegó, como caída del cielo, la idea de la trama, la esencia de ésta. Pero necesitaba mucho desarrollo, y entretenido como estaba con Noticias del imperio, tuve que suspender el proyecto de la novela en forma definitiva. De hecho después de Noticias del imperio, pasó por un largo periodo de silencio hasta que volvió esa inquietud y me dije: “Bueno, ¿Soy capaz o no lo soy? Lo intento y no”. Si mi respuesta era afirmativa había que hacerlo ya de una vez y no posponerlo más. Entonces, empecé a desarrollar la trama pero básicamente en la cabeza. Hasta hace un año que me senté a escribirla y me enfrenté a una serie de dificultades con las que no contaba y que se fueron solucionando en el camino.

La novela se desarrolla en San Francisco, ¿qué tanto investigó el medio ambiente de esa ciudad para escribir este libro?

Lo hice, aunque superficialmente. Pasé por algunos sitios que relato en el texto, hay unos por supuesto muy duros, a los que uno entra para hacer determinada actividad… Creo que era indispensable reflejar ese mundo, no se puede prescindir de este aspecto de San Francisco como la ciudad misma: los gays, travestís, prostitutas, etc. Creo que en la novela hay más imaginación que otra cosa. El lector se dará cuenta de por qué digo esto. El enigma, para resolverse, no necesita de mucha perspicacia, por parte del detective de la novela, ni tampoco el lector. Lo que sucede es que si hubo investigación, fue en torno a San Francisco como ciudad. En aquel entonces el cónsul mexicano era Javier Aguilar. Él me proporcionó una información muy amplia sobre detalles que eran necesarios para la obra. Por ejemplo: ¿cuál es la ley que en California rige para arrastrar a alguien durante determinado tiempo? Yo no sabía si se aplicaba la cámara de gas o la silla eléctrica. Detalles que eran indispensables para aplicarlos dentro de cualquier texto literario bien fundamentado. En California resulta que los condenados a muerte pueden escoger entre una inyección letal o la cámara de gas. También me interesaba conocer información sobre periódicos, estaciones de televisión y de radio de San Francisco. Hice dos viajes a la ciudad, primero uno de tres días y luego otro de tres semanas. Al inicio había trabajado sobre un plano, que como su nombre lo indica, es plano. Tuve la necesidad de ir allá a ver qué calles subían y qué calles bajaban. Así como digo que el coche del inspector daba vuelta a la derecha, tengo que decir también que subía por la calle, etc. Todos esos elementos en la novela son enriquecedores, ayudan a crear la atmósfera y el ambiente, lo que le proporcionan carne a ese esqueleto de la trama, que en la novela policiaca es inflexible, pues está predeterminado, y uno no se puede salir de él. Hay que darle al lector, en todo caso, la idea de que no existe tal fisura. En cambio en la novela en general todos los escritores sabemos que la obra se va por rumbos que no nos imaginamos nunca. He conocido escritores muy pocos escritores que hagan un plano de la novela y lo siguen al pie de la letra. Uno de ellos era Sergio Galindo, y me parece que esa fue una falla, no se salía de lo establecido.

¿Cuál fue el propósito al enterar al lector desde la primera página que David ha asesinado a su esposa Linda?

En este caso, mi primer antecedente es Un condamné Sâchappe, la película de Bresson, de los años cincuenta. El título mismo anuncia todo: el condenado a muerte se va a escapar. Pero no por eso se pierde el interés. El supuesto está tan logrado que estamos sobre las uñas todo el tiempo viendo esa cinta. En el thriller –a diferencia de la novela policiaca se sabe quién es el asesino desde el principio. El problema es crear un suspenso que atraiga al lector hasta la última letra del texto.

Retomando un poco la estructura del texto, ¿cómo diseño el plano a seguir para no dejar caer la historia?

Empecé por el principio, cosa muy rara en mí. Lo que hice fue el primer capítulo y posteriormente lo tuve que modificar varias veces a medida que se desarrollaba la novela, que se complicara la trama y que ponía pequeñas trampas para el lector o agregaba dosis de suspenso para que él creyera una cosa distinta a lo que al final de cuando le sucede al protagonista. Siempre lo tuve claro, aunque surgieron nuevos elementos que como ya lo dije modificaron la novela.

¿Por qué no desarrollo Linda 67 en nuestro país como sus anteriores novelas?

Requería una ciudad con un centro pequeño, como se ve casi al final del libro. Pero además, a mí no me funciona mucho mejor la novela policial en un ambiente anglosajón. Será porque la mayor parte de ellas se desarrollan en sitios de esa especie. Y por lo demás, tal vez fue un capricho personal. San Francisco es una ciudad que a mí me encanta, es maravillosa, y es por eso que su escenario me pareció adecuado para el texto. 

¿Siguió determinados cánones estéticos para desarrollar cada uno de los capítulos de la novela?

No. Solamente recordaba una de las 28 reglas de Van Dyne que me parecen indispensables para escribir una novela de este tipo, pero siempre quise tener libertad para escribir el libro. De todos modos, aun así, el personaje de alguna manera impuso la forma de renovelar su tragedia, porque yo quería hacer una novela policial y me salió un thriller. Creo que una novela policiaca al estilo clásico es ingenua. Y regreso con Eco en su novela El nombre de la rosa, donde demostró que siempre es posible hacer un soneto sobre la rosa y que los temas son inagotables.

¿Considera usted que Linda 67 se pueda ver en el cine?

A mí me parece muy difícil que eso ocurra porque juego con muchos planos y muchos tiempos; además, no cuento con una mentalidad cinematográfica. No es mi oficio hacer guiones, nunca los he hecho y no quiero meterme en camisa de once varas. Sin embargo, la opinión de otros es diferente: varias personas que leyeron el texto antes de ser publicado, incluyendo a mi editor, creen que esta historia bien podría llevarse al cine.


Nota del editor: Esta entrevista pertenece al libro Crónicas de la memoria de Miguel Ángel Muñoz, de próxima aparición.

Miguel Ángel Muñozmexicano, es poeta, historiador y crítico de arte. Su dedicación a la creación artística actual es absoluta; compagina su labor en El Financiero, La Jornada Semanal y en la revista Casa del Tiempo, con la de comisario de exposiciones. Ha trabajado personalmente con muchos artistas; entre ellos, Eduardo Chillida, Rafael Canogar, José Luis Cuevas, Josep Guinovart, Roberto Matta, Antoni Tàpies, Richard Serra, María Girona, Vicente Gandía, Ricardo Martínez, Chema Madoz, Luis Feito, Xavier Grau, Charo Pradas, Ignacio Iturria, Albert Ràfols-Casamada, Robert Rauschenberg y Luoise Bourgeois. Es autor de los libros de ensayo: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos (Editorial Praxis, 1999), Ricardo Martínez: una poética de la figura (CONACULTA, 2001), La imaginación del instante: signos de José Luis Cuevas (Editorial Praxis, 2001), El espacio invisible. Una vuelta al arte contemporáneo (Ediciones Batarro, Málaga, España, 2004), Convergencia y contratiempo (Plan C Editores- CONACULTA, 2008), Espacio, superficie y sustancia. La obra de Ricardo Martínez (Siglo XXI Editores, 2009) El espacio vacío, (CONACULTA, 2009), Gutiierre Tibón. Lo extraño y lo maravilloso (CONACULTA, 2009). Asimismo ha editado y comentado los libros El asombro de la mirada. Convergencia de textos. (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2010) Espejismo y realidad. Divergencias estéticas de Rafael Canogar (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2011) y Elogio del espacio. Apreciaciones sobre arte de Rubén Bonifaz Nuño (UNAM, El Colegio Nacional y UAM, México 2012). Además, es autor de los libros de poesía El origen de la niebla (CONACULTA, 2005), Espacio y luz (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) con serigrafías originales de Albert Ràfols-Casamada, Convergencia (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) y Travesías (Centro de Producción Gráfica, México,2004) con serigrafías originales de José Luis Cuevas, Cinco espacios para Rafael Canogar (Ediciones El Taller, Madrid, España, 2004), con grabados originales de Rafael Canogar y Fuego de círculos (Editorial Praxis, México 2012). Sus textos se publican en diversas publicaciones de México, España y América Latina. Es director de la revista literaria Tinta Seca. Es colaborador, asimismo, de las revistas Metérika (Costa Rica), Banda Hispánica y Agulha (Brasil). Actualmente se está capacitando como doctor en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Miembro Asociado del Seminario de Cultura Mexicana. En 2009, fue reconocido por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana y la Facultad de Artes por su “contribución al estudio del Arte Contemporáneo”.