Cuentos de hadas olvidados

Ana Laura Pazos González

‟Ya te dije que no tengo nuevos libros de cuentos, ni los tendré en lo que resta del año, así que mejor vete a cazar ranas o a matar ciempiés.”

Ana Laura Pazos González. Foto cortesía.

Ana L. Pazos González. Foto: cortesía de la autora.

Mauricio miró al dependiente de la librería con una mezcla de decepción y desasosiego en los ojos, resopló y se fue por donde había venido. Era primavera y los jardines resplandecían como cofres abiertos: alfombras de césped brillante, aterciopeladas rosas color espinela, lirios blancos como el mármol, y celestinas abiertas de par en par: flores azul cielo que sólo crecían en esas tierras. En el jardín de su casa, en cambio, se extendía una pastura amarillenta y nada más.

Su padre masticaba una espiga de trigo y escondía el rostro enjuto detrás de un periódico. Casi no hablaba pero cuando lo hacía, a la cocinera y a Mauricio les daba insomnio.

—Aquí nada crece por la maldición, que pronto también caerá sobre nosotros—dijo aquella noche sin salir de su escondite. Ellos no sabían en qué consistía la maldición pero sus palabras, pronunciadas con voz grave y helada, siempre hacían que les sudaran las manos. La cocinera, redonda como un polvorón, se preocupaba por el niño y sacrificaba parte de su salario para que Mauricio pudiera comprar libros de cuentos de hadas, que solían tranquilizarlo más que las infusiones de valeriana y las pastillas color de rosa que le daba a tomar su padre. Sin embargo, Mauricio ya había devorado todos los libros en español que vendían en el pueblo y, de momento, estaba condenado a la vigilia.

Calentito en su cama, cerró los ojos pensando que la maldición vendría por él disfrazada de una mujer muy hermosa. Y, como si la hubiera conjurado, escuchó una voz entre aguda y grave: ‟Ven al jardín, niño insomne, pero hazlo solo. Si traes a la mujer gorda, yo lo sabré y perderás tu oportunidad de dormir esta noche…” Mauricio abrió los ojos y se puso a reflexionar: ‟Es la maldición o es el Diablo, pero también existe la posibilidad de que yo esté equivocado”. La voz repitió la cantaleta y, harto de escucharla aunque muerto de miedo, Mauricio decidió salir al jardín.

Ahí lo esperaba una criatura vegetal. Tenía el tallo grueso, como el de un árbol, brazos de mazorca y manos con dedos verdes y largos. El rostro enfurruñado era oscuro y desentonaba con los pétalos amarillos que lo circundaban. Era un girasol monstruoso que se fumaba un cigarrillo.

—Sé que ya leíste todos los cuentos de los Hermanos Grimm, los de Perrault, los de Hans Christian Andersen y hasta los antiguos cuentos de hadas egipcios. ¿Qué harías si te dijera que existen quinientos cuentos de hadas que permanecieron ocultos por ciento cincuenta años, y que sólo yo puedo contártelos?[1] —preguntó la criatura, mientras exhalaba figuras de humo.

Mauricio sintió frío y calor al mismo tiempo.

—¿Cómo sé que no me estás engañando? —replicó. —Franz Xaver Schönwerth es el nombre del folclorista que escuchó los cuentos de boca de los campesinos de Oberpfalz, y fue él quien los reunió en tres volúmenes. Los mentirosos no suelen ser tan específicos…

—Claro que sí, por eso consiguen salirse con la suya —contestó Mauricio, con los ojos entornados y las manos en la cintura. —Puedes creer en mis palabras o resignarte a una vida de insomnio.

Los ojos de la criatura resplandecieron como dos fogatas que iluminaron el pasto moribundo. Mauricio los miró fijamente.

—Está bien, cuéntame los cuentos, pero si me estás engañando te cortaré las piernas con un hacha. —Por eso, de entre todos los niños del pueblo, te elegí a ti. Eres audaz y precavido a la vez. En los cuentos de Schönwerth, en lugar de las princesas, destacan los héroes masculinos[2], quienes deben soportar toda clase de penurias y enfrentar a sus brutales padres, como hizo el príncipe de los rizos de oro y como deberás hacer tú…

—¿Quién es el príncipe de los rizos de oro? Cuéntame su historia. —No va a ser tan fácil —dijo la criatura, mientras apagaba el cigarrillo en su lengua húmeda y bífida—. Si voy a pasar quinientas noches aquí, me voy a sentir muy solo. Necesitaré amigos, compañeras… Éste es el trato: debes imaginar una flor que yo nunca haya visto, y luego buscar una semilla de cáñamo, de granada o de girasol (de ésas que guarda la cocinera) y plantarla en el jardín. Si la flor crece, yo traduciré los cuentos de Schönwerth del alemán al español [3] y te los contaré, uno cada noche. Pero si no lo hace, la maldición de la que habla tu padre caerá sobre ustedes como un relámpago.

Mauricio sopesó razones. Si aceptaba la oferta, podría escuchar las historias de ese misterioso cuentista alemán y dormir como un minino; si no lo hacía, su mayor miedo finalmente se manifestaría en la realidad. Concluyó que si la maldición iba a llegar tarde o temprano, lo mejor era que lo hiciera de una buena vez; así dejaría de pasar las noches en vela pensando en algo que quizá no era tan terrible.

—Acepto el trato, Girasol— Mauricio alargó el brazo para estrechar la verde mano de la criatura. —No vuelvas a llamarme así. Mi nombre es Flaviano.

Mauricio era bueno para imaginar cosas. Concebir en la pantalla de su mente una flor que el monstruo vegetal nunca hubiera visto sería cosa fácil. Pero, ¿cómo esperaba ese cabeza de girasol que algo creciera en aquel terreno muerto? Tal vez Flaviano tenía poderes mágicos —como el hada que otorgaba inteligencia a las personas feas y belleza a las personas estúpidas en el cuento de Charles Perrault ‟Enriquete, el del copete”— y daría vida a la flor imaginada.  Se presentó ante la criatura al anochecer del día siguiente con varias propuestas y un puñado de semillas en el bolsillo: ‟una flor de pétalos lunares con un ojo luminoso en lugar del receptáculo con el que pueda ver el futuro de los niños”. ‟Vi una de esas hace dos primaveras”, contestó Flaviano, mientras se arrancaba un grano seco del brazo de mazorca. ‟Una flor de prismas de colores que llenen de luces el jardín”. ‟¿En serio, niño?”, preguntó el monstruo con los ojos como dos ascuas. Mauricio dijo con voz temblorosa: ‟una flor de pétalos color plata cerrados en forma de huevo que contenga todas las flores del mundo”. Los ojos de Flaviano se apagaron hasta convertirse en un par de suaves dientes de león. ‟Ahora planta la semilla y hazla crecer”, ordenó, y lo que había comenzado como una llovizna se convirtió en tormenta.

Pasaron los días y nada crecía en el jardín, a no ser una pastura amarillenta. Mauricio, resignado, se tendió en la cama a esperar que la maldición cayera sobre él. Entró en un estado de duermevela y escuchó su voz mezclada con otra, aguda y grave al mismo tiempo, que decía: ‟No basta con tener imaginación, también hay que creer con el corazón”. En sueños, Mauricio vio una semilla que germinaba y crecía hasta convertirse en un huevo de pétalos plateados que resguardaba todas las flores del mundo en su interior. Todavía con los ojos cerrados, sintió que alguien le hacía cosquillas en la nariz con una pluma de ganso —o quizá con una hoja fresca—, lo cual le provocó un tremendo estornudo que hizo que los pétalos de la flor primordial se abrieran, liberando incontables flores distintas que fueron descendiendo de los aires hasta enraizarse en el mortecino suelo. Mauricio sintió una felicidad absoluta. Hubiera deseado quedarse en el sueño por siempre, pero la cocinera lo despertó. Gritaba como si la estuvieran matando. No la encontró en la cocina, así que salió al jardín: ahí estaba ella, intentando no pisar ninguna flor con sus gordos pies, y también su padre, que se daba golpes en la cabeza calva con un periódico enrollado: ‟No vuelvo a beber ginebra, ni whisky”, repetía con la expresión hueca de un pájaro dodo.

Como una reina, la flor huevo-primordial extendía sus flamígeros pétalos hacia los cuatro puntos cardinales, rodeada por una infinidad de cortesanas de diferentes tamaños, colores y formas. El perfume de todas ellas viajó por los callejones del pueblo y comenzó a atraer a los curiosos.

—No basta con tener imaginación, también hay que creer con el corazón —dijo Flaviano, cuyo rostro se perdía entre el ejército de flores—. Como superaste mis expectativas, no sólo voy a contarte los cuentos de Schönwerth, también los de Theodor Vernaleken, Joseph Haltrich, Emmanuel Cosquin, y de tantos otros folcloristas cuyos cuentos permanecen olvidados.

Esa noche, mientras su padre telefoneaba al psiquiatra y la cocinera preparaba un pastel de rosas, Mauricio escuchó el cuento ‟El rey Rizos de Oro”, de Franz Xaver Schönwerth: la historia de un niño que decide liberar al gigante que su padre, el rey, había capturado. Dominado por la ira, el padre de Rizos de Oro manda decapitar a su hijo por haberlo hecho quedar en ridículo frente a sus invitados, quienes esperaban, con morbo, poder ver a la extraña criatura. Los sirvientes, encargados de matarlo, se compadecen del príncipe, lo dejan en libertad y presentan la lengua y el ojo de un perro ante el rey como evidencia del asesinato. Rizos de Oro huye, se hace pasar por un jardinero, y se casa con la hermosa princesa de una tierra lejana. Con la ayuda del gigante, encuentra un jardín encantado, con árboles de oro y frutas hechas de piedras preciosas, donde consigue manzanas del paraíso y la leche de una serpiente, las cuales tienen poderes curativos; también gana la guerra a favor de su suegro, monarca de aquella región. Tras la muerte del padre de Rizos de Oro, unos mensajeros llegan al palacio para dar la noticia y declarar rey al hijo de éste, pues se han enterado de sus hazañas. Entonces Rizos de Oro descubre por primera vez el cabello dorado que había mantenido oculto, demostrando así su identidad, y se convierte en soberano del reino que lo vio nacer.

Había tantos cuentos de hadas nuevos para Mauricio, que descubrió uno distinto cada noche de su vida. Nunca volvió a padecer insomnio, pues comprendió que la maldición existía sólo en la atormentada mente de su padre, quien hasta su muerte creyó que el paraíso que circundaba su casa era una monumental alucinación.


Fuentes citadas

[1] En 2010, fueron descubiertos quinientos textos —mitos, leyendas, anécdotas y cuentos de hadas— recopilados por el historiador y folclorista alemán Franz Xaver Schönwerth (1810-1886) durante su viaje por Oberpfalz, Baviera, en Alemania. Como hicieron los Hermanos Grimm en la comarca de Kassel, Schönwerth entrevistó a los campesinos de dicha región para escuchar de viva voz las historias que, durante generaciones, se habían transmitido oralmente para preservar el folclore y la sabiduría popular.

[2] Durante el siglo XIX, debido al nuevo estilo de vida que exigía la industrialización, la tradición narrativa dejó de ser una actividad que involucraba a toda la familia, y los cuentos de hadas comenzaron a ser contados por las madres y las nanas a los niños antes de la hora de dormir. Se piensa que las narradoras preferían las historias en las que destacaban las heroínas, por lo que los cuentos protagonizados por héroes masculinos tuvieron dificultades para sobrevivir.

[3] En 2011, se publicó una selección de cuentos de Franz Xaver Schönwerth —en su idioma original— bajo el título Prinz Roẞzwifl (Príncipe Escarabajo). Apenas un puñado de ellos ha sido traducido al inglés y sólo un par ha sido traducido al español por entusiastas de los cuentos de hadas.


Ana Laura Pazos González, mexicana, es escritora y directora de la revista cultural mexicana Bicaalú. Cuenta con estudios de Maestría en Humanidades por la Universidad Anáhuac, México. Autora del libro “Parvada blanca en la ciudad” (Editorial Jus, México, 2011). Recomendamos visitar: http://www.bicaalu.com/

Mexican Cultural Centre: Creación y diálogo internacional

Eduardo Estala Rojas

El Mexican Cultural Centre (MCC) es el primer centro virtual mexicano sin fines de lucro, registrado en el Reino Unido, que promueve y difunde la cultura mexicana, en colaboración internacional con proyectos académicos, culturales y artísticos.

Nottingham, Reino Unido. Fotografía de Eduardo Estala Rojas.

Nottingham, Reino Unido. Foto: Eduardo Estala Rojas.

Contamos con un equipo de profesionales mexicanos como Adriana E. Vera Pérez, Ana L. Pazos González, José L. Santos López, Paniel Reyes Cárdenas. Todas nuestras actividades y contenidos editoriales tienen estándares de calidad.

Por nuestro trabajo, José Antonio Meade Kuribreña, Secretario de Relaciones Exteriores de México, nos envió una carta diplomática el 30 de enero de 2014, a Nottingham, Reino Unido, con el propósito de darnos: “Un reconocimiento por lograr conjuntar una pluralidad de expertos colaboradores, cuya participación deriva en la excelencia de los trabajos editados por ese centro bajo su digno cargo”.

Creación y diálogo internacional

Para Salvador Venegas-Andraca, doctor en Física y Ciencias de la Computación por la Universidad de Oxford, Inglaterra: “México es un productor nato de conocimiento científico y artístico. Desafortunadamente, la imagen que México tiene en el extranjero no hace justicia a nuestra capacidad creadora”. Sobre el trabajo del Mexican Cultural Centre, expresa: “En este contexto el trabajo del MCC se justifica. La muy alta calidad de los contenidos y la pertinente promoción de los mismos empleando herramientas modernas de comunicación como Facebook y correo electrónico, por ejemplo, han logrado que el MCC sea ya un referente en México y Europa”.

Sofía Alejandra González De Aguinaga, licenciada en Mercadotecnia y maestra en Tourism, Environment and Development, por la Universidad de King’s College London, Inglaterra, como becaria CONACyT, declara al respecto: “El Mexican Cultural Centre ha realizado un excelente trabajo de promoción cultural de México y de reconocimiento al talento mexicano. Éste es un portal único que ha sabido sumar esfuerzos para comunicar con gran calidad, tanto de forma como de fondo, artículos escritos por profesionales no sólo mexicanos sino también internacionales. El hecho de que los contenidos del portal abarquen diversos temas dentro del contexto cultural mexicano, y sean escritos desde diferentes puntos de vista, hace mucho más interesante su lectura y por lo tanto más accesible. Asimismo, el MCC ha sabido conjugar las experiencias de los mexicanos en el Reino Unido y difundir diversas convocatorias, eventos y conferencias para mexicanos en dicho país, sirviendo como enlace cultural. Finalmente, la asociación del MCC con otras publicaciones y organizaciones le ha dado más empuje tanto al portal como a sus contenidos permitiéndoles mayor difusión. Además, poco a poco la comunicación del portal del MCC ha ido consolidándose cada vez más a través de las redes sociales, como Facebook, y de los boletines semanales. Por todo esto, estoy segura de que el MCC seguirá creciendo y deleitándonos con sus contenidos”.

Ana Laura Pazos González, comunicadora y maestra en Humanidades por la Universidad Anáhuac de México, comenta: “En últimos tiempos, la capital del Reino Unido —donde se escuchan infinidad de acentos e idiomas— nos hace pensar en una moderna Torre de Babel. La voz de México se lee fuerte y clara en el portal y las redes sociales del MCC, la cual resuena no sólo en las islas británicas, sino en diferentes países donde se entiende el español. A través de los artículos, poesías, ensayos y cuentos publicados por el Mexican Cultural Centre, los mexicanos que están lejos pueden sentirse cerca de casa, y los extranjeros tienen la oportunidad de acercarse al mundo cultural mexicano”. Pazos González es directora general de la revista cultural mexicana Bicaalú y autora del libro “Parvada blanca en la ciudad”.

Finalmente, Adriana Elizabeth Vera Pérez, quien trabaja en el Programa de Historia Latinoamericana, Universidad de Chicago, Estados Unidos, señala: “El MCC ha cumplido su objetivo, que es el de dar a conocer, promover y difundir las diversas actividades relacionadas con el arte y la cultura en sus diversas manifestaciones dentro de nuestro propio país, México, y aún más allá de sus fronteras, en diferentes ciudades de otros países, de una manera accesible y clara. Se da a conocer, se recibe información de diversos eventos, en diferentes localidades, y de una amplia variedad de tópicos. Otra cosa importantísima es que también ha dado a conocer a México y su cultura en Inglaterra y otros países de Europa, tanto directamente como indirectamente al alcanzar diversas universidades y organizaciones culturales, artísticas, sociales y gubernamentales”.


Nota del editor: Este artículo se ha publicado en diversos medios de prensa internacionales.

Fuentes citadas

http://www.siempre.com.mx/2014/07/mexican-cultural-centre/

http://www.ventanalatina.co.uk/2014/07/el-mexican-cultural-centre-creacion-y-dialogo-internacional/

http://www.eliberico.com/el-mexican-cultural-centre-creacion-y-dialogo-internacional.html

http://www.bicaalu.com/tintero_digital/2014/2014_mayo_02.html

http://zonafranca.mx/el-mexican-cultural-centre-creacion-y-dialogo-internacional/


Eduardo Estala Rojas, mexicano, es el Director General del Mexican Cultural Centre en Nottingham, Reino Unido. 

Luna Nueva

Publicamos en exclusiva en el Mexican Cultural Centre, el prólogo del libro «Luna Nueva», de la escritora mexicana Elena Ortiz Muñiz. Harmonía Editores Inc. Colección Libélula. República Dominicana, 2014.

Araceli Otamendi

Al leer estos poemas de Elena Ortiz Muñiz recordé al poeta argentino Almafuerte, seudónimo de Pedro Bonifacio Palacios, donde en su poesía, los límites y las formas han desaparecido y por sobre su apariencia prevalece la palabra mensajera, jubilosa o terrible del alma.

"Luna Nueva", Elena Ortiz Muñiz. Harmonía Editores Inc. Colección Libélula.  República Dominicana, 2014.  ISBN: 978-9945-8933-3-5.

«Luna Nueva», Elena Ortiz Muñiz. Harmonía Editores Inc. Colección Libélula. República Dominicana, 2014. ISBN: 978-9945-8933-3-5.

Así como Almafuerte, Elena Ortiz Muñiz saca fruto de las palabras:

Para mí las palabras siempre son bellas.
Y siempre de cualquiera se saca fruto,
La más vil, la más vana de todas ellas
Contiene la presencia de lo absoluto…

Almafuerte

El poeta ha sabido encontrar en las palabras de su poesía, como encontró Almafuerte en sus «Siete sonetos medicinales», la medicina, en este caso, para la noche oscura del alma. Como decía Octavio Paz, “cada poema es una lección práctica de armonía y de concordia, aunque su tema sea la cólera del héroe, la soledad de la muchacha abandonada o el hundirse de la conciencia en el agua quieta del espejo. La poesía es el antídoto de la técnica y del mercado”. A eso se reduce lo que podría ser, en nuestro tiempo y en el que llega, la función de la poesía ¿Nada más? Nada menos.

Como Almafuerte, Elena Ortiz Muñiz no se sometió en estos poemas a la tiranía de la forma, sino que como el poeta-profeta, prescindió de todo lo que no fuera la expresión directa y vibrante de su profecía. Leamos entonces estos poemas como una iluminación de la noche oscura y como un antídoto entre tantas banalidades.


Elena Ortiz Muñiz, mexicana-española, comenzó su carrera como escritora en 1998, ha escrito cuentos para niños, relatos cortos, monólogos, narrativa y poesía. Entre sus logros destaca su monólogo “El Loco”, por el cual obtuvo el tercer lugar en el Festival de Monólogos en Mérida, Venezuela. Con la novela “Corazón en Clave de Sol”, participó en el Concurso Internacional de Literatura Juvenil Libresa 2010, obtuvo la recomendación por parte del jurado para que fuera publicada. Ha publicado en revistas y espacios literarios de Canadá, México, Colombia, Argentina, España, Chile, Reino Unido. Autora del libro de relatos “La librería del Centro”. Edición de autor. Bubok México, 2012; 123 pp. http://www.elenaortizm.com/

Entrevista con Elena Garro: “Estoy absolutamente sola, ya no tengo amigos”

Miguel Ángel Muñoz

Exiliada en Cuernavaca desde hace casi cinco años, Elena Garro (Puebla, 1920-Cuernavaca 1998) frágil, triste, desgarrada en todos los sentidos, refleja una soledad inmensa, además de estar delgadísima por no comer según palabras de su hija Helena Paz. Pero la Garro la contradice: “Sí como, pero Helena que es necia quiere que coma como pelón de hospicio y no puedo, no me da hambre”.

Elena Garro. Fotografía del periódico mexicano Excelsior.

Elena Garro. Fotografía:  Excélsior.

En su novela Inés (Editorial Grijalbo, 1995), Elena Garro nos presenta la vida de una muchacha que sale del convento para trabajar como sirvienta en una casa de París. Ahí ocurren sucesos inauditos; tal vez el más extraño: la visita de una mujer que se hace llamar María Sabina. Autora de libros claves en la literatura mexicana, como sus novelas: Los recuerdos del porvenir, (1963), Testimonios sobre Mariana, (1981), Y matarazo no llamó… (1991); sus obras de teatro: Felipe Ángeles (1979), Un hogar sólido (1958), Sócrates y los gatos (2003); sus cuentos memorables: Andamos huyendo Lola (1980), La culpa es de los tlaxcaltecas (1987) y El accidente y otros cuentos inéditos (1997) y su inolvidable testimonio: Memorias de España 1937 (1982). En entrevista, la Garro habla de Inés de sus fantasmas y demonios, del insólito ritual que se desarrolla a través de las páginas de su más reciente novela.

¿Cómo se siente Elena Garro viviendo en Cuernavaca y con la aparición de su novela Inés?

Feliz con el libro, pero también muy triste y sola. Ahora es todo tan feo, hay que salir a la calle con una máscara anti-gas, todo está horrible, antes se podía ver el cielo libremente, era un país bonito, pero ahora, ¿qué le han hecho? Hoy es otro país, Cuernavaca es otra ciudad que yo no conozco, toda harapienta y mugrosa, con todas sus calles pintadas y descarapeladas, ese toque poético se perdió. Será que entré en una dimensión desconocida. A la gente que observo triste, destrozada y apachurrada, nadie es feliz en medio del desastre en que vivimos.

¿Por qué Inés se mantuvo inédita tantos años?

No tenía ganas de publicarla. Además no me acordaba que la novela estaba en manos de la Editorial Grijalbo y que se encontraba desde hace años ahí. Entonces, hablé con el editor y le di permiso de publicarla. Por otro lado, no tengo dinero y de lo único que vivo es de mis libros, así que tuve que publicar. Inés la escribí allá por los años setenta, pero se presentaron algunos viajes y es ahí donde conozco a diversos personajes entre ellos a la protagonista: una monja buena, que se enfrenta al ateísmo y la crueldad de los seres humanos.

La novela refleja en momentos un fuerte fervor religioso al presentar al personaje de Inés como una monja inocente ante el mundo, ¿cree que sea igual al fervor religioso de usted?

La idea de Inés es la de una chica inocente, pura, que viene de un convento y acaba en manos de un grupo de degenerados y verdugos humanos. Pierde su fervor cuando le pasan esas cosas horribles, además nadie le ayuda, ni Dios y mucho menos sus amigos, algo muy parecido me pasa hoy día. La gente es mala. Recuerdo cuando alojaba a líderes campesinos en casa de Octavio Paz, allá por los años setenta. Siempre ayudé en lo que pude; en momentos alojé hasta cien personas en la casa, dormían en el salón o en la biblioteca y comíamos juntos. Hacían cosas horribles con los campesinos y lo siguen haciendo. Ahora lo veo aquí cerca en Ahuatepec y los siento igual de dolidos, es por eso que Inés tiene miedo del mundo y de los seres que están en la novela por malos.

¿Cree que el fervor religioso de Inés en nuestra sociedad actual se pierde totalmente por la maldad del mundo?

Ahora el amor es tecnológico, por ejemplo, el erotismo es la técnica del amor. También hay un grupo de hombres progresistas y yo los odio; esos seres que se empeñan en destrozar al planeta para darnos un mundo horribles sin amor, caridad, pasión, hasta sin Dios, lo cual es cosa de ellos, que han terminado con ese mundo poético y bello que algún día conocí.

¿Quiénes son esos hombres?

No quiero hablar de eso, están ahí nada más y hay que tener mucho cuidado con ellos.

¿Cómo era ese mundo de aquellos años y que no presenta en Inés? 

Lleno de amor, bondad, pasión por el amor; además, había un respeto por la iglesia y no teníamos tantos curalocos o psiquiatras como hoy día. Es por eso que Inés pierde ese amor por Dios, por la vida misma, pues descubre que vive en un mundo de terror, lleno de odio, descompuesto por todos lados. Ahora me pongo muy triste pensando en esas cosas, pero quién es el culpable de todo esto Dios de los Cielos, para colgarlo o fusilarlo por lo menos ¿no?…

¿Con la publicación de Inés sigue siendo su novela preferida Y matarazo no llamó… o ya cambió de opinión?

No, la única que me gusta es Y matarazo no llamó… ¿no te parece? Es una novela diferente. Inés la publiqué por dinero, porque no tengo casi ni muebles, no hay sillas, tampoco tengo una cama y mucho menos una mesa donde escribir. Antes escribía en el suelo, pero ahora me dan asco las cucarachas y todos los demás animales que rondan la casa.

¿Cree que Inés es parte del realismo mágico o de esa literatura fantástica de sus novelas anteriores como Los recuerdos del porvenir?

No me gustan los inventos literarios. Alejo Carpentier definió de maravilloso el realismo mágico de algunos de mis cuentos, pero él no me gusta, no sabía escribir en español, sabía escribir en francés. Y bien, él y yo nos conocimos en España en 1937 y se portó atento sólo que como escritor no me interesa.

¿Quiénes son sus escritores preferidos?

Me gusta Martín Luis Guzmán por su español perfecto, al igual que Vasconcelos y Rulfo. Pero todos ellos ya están muertos. Ahora queda simplemente el recuerdo de esa gran literatura.

Y de los nuevos escritores, ¿qué piensa, los lee?

No conozco nada, no me dan ganas de leerlos. Sólo me he dado cuenta de que a los jóvenes ya no les interesa leer a los clásicos españoles. Recuerdo que en la universidad leíamos a los ingleses en inglés, a los latinos en latín, pero era otra época, otros tiempos, ahora con esos seres malvados que quieren acabar con toda la literatura hermosa. Hoy estoy absolutamente sola, no tengo amigos y nadie me visita.

Pero usted tiene muchos amigos, gente que la quiere y algunos de ellos la han ayudado desde su regreso de París. ¿Por qué se siente sola, es la misma soledad de Inés?

No tengo amigos, cuáles amigos. Además, me están jodiendo esas personas que escriben que Elena Garro es la maestra, la genio, la mejor escritora de nuestro país y de América Latina. Por eso nos tienen muertas de hambre. Todo eso lo utilizan para hacerse de puestos en el gobierno y sacarle dinero. Dicen que Elena Garro tiene muchos amigos, y que se le da apoyo, que pronto nos darán una casa, un trabajo magnífico a la hija, todo lo que quiera… ahora tengo que escribir libros para no morirme de hambre. Emilio Carballido habló para traerme y para qué, para morirme de hambre solamente. En París, éramos de la clase media francesa, aquí no somos nada.

¿Qué hay de sus textos inéditos, qué espera de Elena Garro para los años que le faltan por vivir?

Estoy por sacar Un corazón en un bote de basura. Se editará en Grijalbo pues necesito dinero, y de lo único que vivo es de ellos. Tengo que escribir, aunque en las noches me entra una depresión horrible y no puedo hacerlo; pienso en historias y no duermo, pero luego aunque no quiera me duermo.

¿Cuáles son las preocupaciones hoy día de Elena Garro?

Mis gatos, que no me gusta dejarlos con nadie porque no los tratan bien. En México, les ha pasado desgracia tras desgracia; además, en nuestro país la gente no tiene ningún respeto por los animales, dicen que no tienen alma, que no sufren. No me gustan los toros y tampoco los rastros, es mejor ser vegetariano, ¿no?…


Nota del editor: Esta entrevista pertenece al libro Cronicas de la memoria, de Miguel Ángel Muñoz, de próxima aparición.

Miguel Ángel Muñoz, mexicano, es poeta, historiador y crítico de arte. Su dedicación a la creación artística actual es absoluta; compagina su labor en El Financiero, La Jornada Semanal y en la revista Casa del Tiempo, con la de comisario de exposiciones. Ha trabajado personalmente con muchos artistas; entre ellos, Eduardo Chillida, Rafael Canogar, José Luis Cuevas, Josep Guinovart, Roberto Matta, Antoni Tàpies, Richard Serra, María Girona, Vicente Gandía, Ricardo Martínez, Chema Madoz, Luis Feito, Xavier Grau, Charo Pradas, Ignacio Iturria, Albert Ràfols-Casamada, Robert Rauschenberg y Luoise Bourgeois. Es autor de los libros de ensayo: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos (Editorial Praxis, 1999), Ricardo Martínez: una poética de la figura (CONACULTA, 2001), La imaginación del instante: signos de José Luis Cuevas (Editorial Praxis, 2001), El espacio invisible. Una vuelta al arte contemporáneo (Ediciones Batarro, Málaga, España, 2004), Convergencia y contratiempo (Plan C Editores- CONACULTA, 2008), Espacio, superficie y sustancia. La obra de Ricardo Martínez (Siglo XXI Editores, 2009) El espacio vacío, (CONACULTA, 2009), Gutiierre Tibón. Lo extraño y lo maravilloso (CONACULTA, 2009). Asimismo ha editado y comentado los libros El asombro de la mirada. Convergencia de textos. (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2010) Espejismo y realidad. Divergencias estéticas de Rafael Canogar (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2011) y Elogio del espacio. Apreciaciones sobre arte de Rubén Bonifaz Nuño (UNAM, El Colegio Nacional y UAM, México 2012). Además, es autor de los libros de poesía El origen de la niebla (CONACULTA, 2005), Espacio y luz (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) con serigrafías originales de Albert Ràfols-Casamada, Convergencia (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) y Travesías (Centro de Producción Gráfica, México,2004) con serigrafías originales de José Luis Cuevas, Cinco espacios para Rafael Canogar (Ediciones El Taller, Madrid, España, 2004), con grabados originales de Rafael Canogar y Fuego de círculos (Editorial Praxis, México 2012). Sus textos se publican en diversas publicaciones de México, España y América Latina. Es director de la revista literaria Tinta Seca. Es colaborador, asimismo, de las revistas Metérika (Costa Rica), Banda Hispánica y Agulha (Brasil). Actualmente se está capacitando como doctor en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Miembro Asociado del Seminario de Cultura Mexicana. En 2009, fue reconocido por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana y la Facultad de Artes por su “contribución al estudio del Arte Contemporáneo”.

Entrevista con Fernando del Paso: “Contra el prejuicio a la novela policial mexicana”

Miguel Ángel Muñoz

Bajo el sello de Plaza y Janés, apareció Linda 67, historia de un crimen (1995), que es la novela policial que Fernando del Paso decidió escribir allá por 1965. Del Paso empezó publicando José Trigo (1966), historia sobre un ferrocarrilero de Nonoalco- Tlatelolco; en 1976, publicó Palinuro de México y en 1987, Noticias del imperio, historia magistral sobre Maximiliano, Carlota y Juárez. Estos tres libros lo establecen, sin duda, como uno de los mejores narradores de nuestro país. 

Fernando del Paso. Fotografía del Semanario Zeta de Tijuana, México.

Fernando del Paso. Fotografía: Semanario Zeta de Tijuana, México.

Linda 67, es la historia de David Srorense, un mexicano cosmopolita que asesina a su esposa gringa, Linda Laggrange –nacida en 1967 para poder cobrar un rescate de 15 millones de dólares y desaparecer con su amante Olivia. Del Paso plática cómo acabó con el prejuicio contra la novela policial mexicana y cómo se desarrollan sus personajes.

Usted tuvo la inquietud de escribir una novela policial allá por 1965, y la publica apenas a fines de 1995, ¿cree que se haya demorado un poco en participar en el género criminal de la literatura?

Mi inquietud por escribir una novela policial nació hace más de 30 años, antes de que me fuera a Inglaterra, porque era un buen lector de la colección El séptimo círculo y de otras novelitas que no figuraban en esa serie. Seguí el consejo de llevarme de vacaciones novelas del género porque me transformaban en un lector inocente. Ya tenía la deformación profesional de novelista, que le impide a uno disfrutar de una novela como un lector común y corriente. La novela policiaca si me daba esa posibilidad. Y siempre pensé que sería un reto interesante para un novelista de los que se llaman serios, o para un novelista como todos, o para uno tan común y no tan corriente, el hacer una novela policial. En Londres seguí leyendo libros con este tema de vez en cuando. No soy del todo un lector contante del género, es algo que me atrae por temporadas.

El ambiente de Londres e Inglaterra es el que ha prevalecido en las novelas de este tipo. La mayor parte de los grandes autores de la novela política son ingleses o norteamericanos. Casi todos pertenecen a las letras anglosajonas con excepciones que ponen a prueba la regla como Simenon, o Eco con su maravillosa policial que es El nombre de la rosa. Creo que mi estancia en Londres influyó para que situara la novela en un ambiente anglosajón. Pero no pude escapar a la casi necesidad de que el protagonista de la novela, David Sorense, fuera mexicano y cosmopolita.

Antes de concluir el texto original, ¿cuántos cambios de historia y estructura tuvo la novela?

En realidad hace sólo diez años me llegó, como caída del cielo, la idea de la trama, la esencia de ésta. Pero necesitaba mucho desarrollo, y entretenido como estaba con Noticias del imperio, tuve que suspender el proyecto de la novela en forma definitiva. De hecho después de Noticias del imperio, pasó por un largo periodo de silencio hasta que volvió esa inquietud y me dije: “Bueno, ¿Soy capaz o no lo soy? Lo intento y no”. Si mi respuesta era afirmativa había que hacerlo ya de una vez y no posponerlo más. Entonces, empecé a desarrollar la trama pero básicamente en la cabeza. Hasta hace un año que me senté a escribirla y me enfrenté a una serie de dificultades con las que no contaba y que se fueron solucionando en el camino.

La novela se desarrolla en San Francisco, ¿qué tanto investigó el medio ambiente de esa ciudad para escribir este libro?

Lo hice, aunque superficialmente. Pasé por algunos sitios que relato en el texto, hay unos por supuesto muy duros, a los que uno entra para hacer determinada actividad… Creo que era indispensable reflejar ese mundo, no se puede prescindir de este aspecto de San Francisco como la ciudad misma: los gays, travestís, prostitutas, etc. Creo que en la novela hay más imaginación que otra cosa. El lector se dará cuenta de por qué digo esto. El enigma, para resolverse, no necesita de mucha perspicacia, por parte del detective de la novela, ni tampoco el lector. Lo que sucede es que si hubo investigación, fue en torno a San Francisco como ciudad. En aquel entonces el cónsul mexicano era Javier Aguilar. Él me proporcionó una información muy amplia sobre detalles que eran necesarios para la obra. Por ejemplo: ¿cuál es la ley que en California rige para arrastrar a alguien durante determinado tiempo? Yo no sabía si se aplicaba la cámara de gas o la silla eléctrica. Detalles que eran indispensables para aplicarlos dentro de cualquier texto literario bien fundamentado. En California resulta que los condenados a muerte pueden escoger entre una inyección letal o la cámara de gas. También me interesaba conocer información sobre periódicos, estaciones de televisión y de radio de San Francisco. Hice dos viajes a la ciudad, primero uno de tres días y luego otro de tres semanas. Al inicio había trabajado sobre un plano, que como su nombre lo indica, es plano. Tuve la necesidad de ir allá a ver qué calles subían y qué calles bajaban. Así como digo que el coche del inspector daba vuelta a la derecha, tengo que decir también que subía por la calle, etc. Todos esos elementos en la novela son enriquecedores, ayudan a crear la atmósfera y el ambiente, lo que le proporcionan carne a ese esqueleto de la trama, que en la novela policiaca es inflexible, pues está predeterminado, y uno no se puede salir de él. Hay que darle al lector, en todo caso, la idea de que no existe tal fisura. En cambio en la novela en general todos los escritores sabemos que la obra se va por rumbos que no nos imaginamos nunca. He conocido escritores muy pocos escritores que hagan un plano de la novela y lo siguen al pie de la letra. Uno de ellos era Sergio Galindo, y me parece que esa fue una falla, no se salía de lo establecido.

¿Cuál fue el propósito al enterar al lector desde la primera página que David ha asesinado a su esposa Linda?

En este caso, mi primer antecedente es Un condamné Sâchappe, la película de Bresson, de los años cincuenta. El título mismo anuncia todo: el condenado a muerte se va a escapar. Pero no por eso se pierde el interés. El supuesto está tan logrado que estamos sobre las uñas todo el tiempo viendo esa cinta. En el thriller –a diferencia de la novela policiaca se sabe quién es el asesino desde el principio. El problema es crear un suspenso que atraiga al lector hasta la última letra del texto.

Retomando un poco la estructura del texto, ¿cómo diseño el plano a seguir para no dejar caer la historia?

Empecé por el principio, cosa muy rara en mí. Lo que hice fue el primer capítulo y posteriormente lo tuve que modificar varias veces a medida que se desarrollaba la novela, que se complicara la trama y que ponía pequeñas trampas para el lector o agregaba dosis de suspenso para que él creyera una cosa distinta a lo que al final de cuando le sucede al protagonista. Siempre lo tuve claro, aunque surgieron nuevos elementos que como ya lo dije modificaron la novela.

¿Por qué no desarrollo Linda 67 en nuestro país como sus anteriores novelas?

Requería una ciudad con un centro pequeño, como se ve casi al final del libro. Pero además, a mí no me funciona mucho mejor la novela policial en un ambiente anglosajón. Será porque la mayor parte de ellas se desarrollan en sitios de esa especie. Y por lo demás, tal vez fue un capricho personal. San Francisco es una ciudad que a mí me encanta, es maravillosa, y es por eso que su escenario me pareció adecuado para el texto. 

¿Siguió determinados cánones estéticos para desarrollar cada uno de los capítulos de la novela?

No. Solamente recordaba una de las 28 reglas de Van Dyne que me parecen indispensables para escribir una novela de este tipo, pero siempre quise tener libertad para escribir el libro. De todos modos, aun así, el personaje de alguna manera impuso la forma de renovelar su tragedia, porque yo quería hacer una novela policial y me salió un thriller. Creo que una novela policiaca al estilo clásico es ingenua. Y regreso con Eco en su novela El nombre de la rosa, donde demostró que siempre es posible hacer un soneto sobre la rosa y que los temas son inagotables.

¿Considera usted que Linda 67 se pueda ver en el cine?

A mí me parece muy difícil que eso ocurra porque juego con muchos planos y muchos tiempos; además, no cuento con una mentalidad cinematográfica. No es mi oficio hacer guiones, nunca los he hecho y no quiero meterme en camisa de once varas. Sin embargo, la opinión de otros es diferente: varias personas que leyeron el texto antes de ser publicado, incluyendo a mi editor, creen que esta historia bien podría llevarse al cine.


Nota del editor: Esta entrevista pertenece al libro Crónicas de la memoria de Miguel Ángel Muñoz, de próxima aparición.

Miguel Ángel Muñozmexicano, es poeta, historiador y crítico de arte. Su dedicación a la creación artística actual es absoluta; compagina su labor en El Financiero, La Jornada Semanal y en la revista Casa del Tiempo, con la de comisario de exposiciones. Ha trabajado personalmente con muchos artistas; entre ellos, Eduardo Chillida, Rafael Canogar, José Luis Cuevas, Josep Guinovart, Roberto Matta, Antoni Tàpies, Richard Serra, María Girona, Vicente Gandía, Ricardo Martínez, Chema Madoz, Luis Feito, Xavier Grau, Charo Pradas, Ignacio Iturria, Albert Ràfols-Casamada, Robert Rauschenberg y Luoise Bourgeois. Es autor de los libros de ensayo: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos (Editorial Praxis, 1999), Ricardo Martínez: una poética de la figura (CONACULTA, 2001), La imaginación del instante: signos de José Luis Cuevas (Editorial Praxis, 2001), El espacio invisible. Una vuelta al arte contemporáneo (Ediciones Batarro, Málaga, España, 2004), Convergencia y contratiempo (Plan C Editores- CONACULTA, 2008), Espacio, superficie y sustancia. La obra de Ricardo Martínez (Siglo XXI Editores, 2009) El espacio vacío, (CONACULTA, 2009), Gutiierre Tibón. Lo extraño y lo maravilloso (CONACULTA, 2009). Asimismo ha editado y comentado los libros El asombro de la mirada. Convergencia de textos. (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2010) Espejismo y realidad. Divergencias estéticas de Rafael Canogar (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2011) y Elogio del espacio. Apreciaciones sobre arte de Rubén Bonifaz Nuño (UNAM, El Colegio Nacional y UAM, México 2012). Además, es autor de los libros de poesía El origen de la niebla (CONACULTA, 2005), Espacio y luz (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) con serigrafías originales de Albert Ràfols-Casamada, Convergencia (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) y Travesías (Centro de Producción Gráfica, México,2004) con serigrafías originales de José Luis Cuevas, Cinco espacios para Rafael Canogar (Ediciones El Taller, Madrid, España, 2004), con grabados originales de Rafael Canogar y Fuego de círculos (Editorial Praxis, México 2012). Sus textos se publican en diversas publicaciones de México, España y América Latina. Es director de la revista literaria Tinta Seca. Es colaborador, asimismo, de las revistas Metérika (Costa Rica), Banda Hispánica y Agulha (Brasil). Actualmente se está capacitando como doctor en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Miembro Asociado del Seminario de Cultura Mexicana. En 2009, fue reconocido por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana y la Facultad de Artes por su “contribución al estudio del Arte Contemporáneo”.

The Mexican Gentleman

José Santos

El año 2011, fue de grandes cambios en mi carrera como artista: recibí mi título en Artes con mención honorifica por la University Worcester en Inglaterra.

‘Adventures with Copper Plate Prints’  By José Santos (BA Hons in Fine Art).  The Museum of Royal Worcester, UK.

‘Adventures with Copper Plate Prints’
By José Santos (BA Hons in Fine Art). The Museum of Royal Worcester, UK.

Cuando decidí ser artista de tiempo completo, busqué vivir económicamente de mis obras de arte. Sin embargo, gané y perdí experiencia en el arte de negociar, valuar y ser un profesional en un mundo feroz de competencia. En mi experiencia, el arte ya no es sólo de producirlo, si no de promoverlo con una mano y crearlo con la otra.

He participado en juntas con galerías, museos, competencias, publicaciones en libros, viendo mi trabajo en espacios como Selfridges en Londres, el MAC de Birmingham, artículos en la Bazar Magazine. Asimismo, he tenido el honor de ser invitado para exhibir mi obra en un momento histórico durante la inauguración de la biblioteca The Hive en Worcester, en presencia de su majestad la reina Elizabeth II y el príncipe Phillip de Inglaterra.

Existe una pasión personal por lo histórico y cultural de un país, el arte y sus influencias. Durante esta etapa de mi vida en el Reino Unido, lugar donde resido desde 1997, uno de tantos lugares que me llena de inspiración es el Museum of Royal Worcester. Tiene una colección selecta de porcelana, archivos históricos con diseños referenciales de Asia, América, África, Europa,  desde el siglo XVI.

En esta gema de museo donde he trabajado con la curadora, descubrí alrededor de 110 placas de cobre con grabados exquisitos y una variedad sutil de diseños. Todos para la aplicación de la fina porcelana de mesa, donde una vez fue producida y finamente trabajada en la gran fábrica Royal Worcester, que actualmente funciona de museo. Como artista y grabador, después de más de dos años de tener el privilegio de empezar a limpiar, restaurar, imprimir, seleccionar y curar las primeras 12 obras sobre cobre; por fin, estamos llevado acabo la primera exhibición de estos históricos y magníficos grabados.

Cabe señalar que llevan mi influencia como mexicano, ya que algunas obras fueron impresas en papel ámate. Este proyecto único en su tipo, es posible a la valiosa confianza y colaboración de la directora del museo Amanda Savidge, a la asistente comercial Caroline Engevi, y al experto en antigüedades Henry Sandon MBE, así como a todo el equipo del Museum of Royal Worcester. De parte de este oaxaqueño, su humilde artista y servidor, les estoy honorablemente agradecido.

Para más información, visitar:

http://www.museumofroyalworcester.org/product-category/prints/

 

Patrocina el MCC al Festival Musical Xilik Kilix en México

Se llevó a cabo con éxito el Festival Musical Xilik Kilix, en Guanajuato, México. Durante los días 21 de julio al 1 de agosto de 2014, el festival tuvo como objetivo la creación de una orquesta infantil y juvenil. Más de cien niños y jóvenes mexicanos fueron beneficiados gratuitamente con los talleres educativos. Organizadores: Mtro. Ángel Herdz y Mtra. Elena Ortiz.

Director Artístico

Ángel Herdz inició sus estudios de violín con el profesor Herminio Helena, continuando más tarde sus estudios superiores en el Conservatorio de Música. Posee un Bachillerato en Composición Musical del Conservatorio de Música de Puerto Rico y una distinción como Director de Coro de la misma institución.

Ángel Herdz. Fotografía de José María Melgar.

Ángel Herdz. Fotografía de José María Melgar.

Resultó electo por concurso entre 153 Directores Jóvenes de toda Latinoamérica para una beca de tres años (1993-94-95) con el maestro Mario Benzecry, para el IV, V, y VI curso de Jóvenes Directores de Orquesta de Latinoamérica, auspiciado por la Organización de los Estados Unidos (OEA), Inter American Music Friends, y el Proyecto Multinacional de Orquestas Sinfónicas en Venezuela. Obteniendo los tres diplomas otorgados a los finalistas del curso. En 1994, fue invitado por el Conservatorio de Música de Santo Domingo, en la República Dominicana para dirigir la Orquesta del Conservatorio en un taller de repertorio de dos semanas. Ha dirigido la Sinfónica Juvenil del Estado de Portuguesa en Venezuela, la Orquesta Sinfónica de Barquisimeto, y la Orquesta del Conservatorio de Puerto Rico junto al Taller de Opera del mismo, realizando óperas como Gianni Schichi y Orfeo ed Euridice (1998-1999).  

En el 2000, fue invitado a participar al Primer Curso de Directores del Caribe, realizado en Rep. Dominicana, siendo seleccionado “Director más Destacado”. Ha sido notable su participación como director de diferentes agrupaciones corales como el Coro de la Iglesia Bautista de Carolina, Coro de Bacardi Corporation, Second Union Church, Universidad Central de Bayamón, Coral UCB, Coro de Cámara de la UNE. Realizó una labor conjunta como maestro de Viola, en el Proyecto Orquesta Sinfónica Juvenil (POSJU) de la Corporación las Artes Musicales (CAM) (1995-1999) en el Residencial Luis Llorens Torres. En 2001, fue invitado a dirigir un taller de Dirección de Orquesta de la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez en México.

Con la Universidad de Puerto Rico, recinto de Carolina, fue Director Artístico del Festival Coral de Puerto Rico, al cual llevó su segunda edición con gran éxito en abril de 2006.  El profesor Herdz ha terminado la recopilación de su Música Coral titulada “Cantos”, así como 30 canciones infantiles a varias voces en una recopilación llamada “Canta I» y «Canta 2”. Ha desarrollado y publicado, a través del grupo editorial Harmonia Editores un innovador Método de Flauta Dulce en tres volúmenes, llamado “Cuenta y Toca”.

Actualmente es Director del Departamento de Música de Cupeyville School, donde ha formado el Cupeyville Choir de la Escuela Superior y la Elemental, presentándose en Bellas Artes con gran éxito en el IV Festival de la Danza Puertorriqueña, así como también en los conciertos de Encendido del Árbol de la Navidad, en el Museo de Arte de Puerto Rico, desde el 2005. En conjunto con un grupo de amigos educadores de la música ha creado la organización sin fines de lucro CANTEMOS, la cual busca reunir los coros de diferentes organizaciones educativas y denominaciones religiosas, para realizar en conjunto el Festival Coral Juvenil de gran impacto en la comunidad musical de Puerto Rico.

Con información de Xilik Kilix: http://xilik2.wix.com/xilik

V Festival de Poesía “PoeTi-Sa Fest» México / Estados Unidos

Con el apoyo del Mexican Cultural Centre, se presentará el 18 de julio de 2014, en el V Festival de Poesía “PoeTi-Sa Fest», Tijuana, Baja California, México / San Diego, California, Estados Unidos: “Tormenta perfecta”, primer lugar del Concurso Internacional de Videopoesía, DePaul University / revista Contratiempo, Estados Unidos, 2014. Evento organizado por el Centro Cultural Tijuana, Baja California, México. 

Ángel Zárraga: del cubismo a la figuración

Miguel Ángel Muñoz

El Museo del Palacio de Bellas Artes, México, presenta una exposición del mexicano Ángel Zárraga (1886-1946), quien vivió 37 años en Europa, en particular, París, Francia. Ángel Zárraga. El sentido de la creación, es la exposición de 85 piezas, entre pintura, dibujo y obra mural, que permanecerá en el recinto hasta el próximo 20 de julio de 2014. 

“Escribí  el silencio y escribí la noche”

Arthur Rimbaud

“La dádiva”, 1910, de Ángel Zárraga. Esta obra está ubicada en el Museo Nacional de Arte (MUNAL), México.

“La dádiva”, 1910, de Ángel Zárraga. Esta obra está ubicada en el Museo Nacional de Arte (MUNAL), México.

La polémica sobre los orígenes del cubismo siguen todavía inciertas. El galerista  Kahnweiler  propuso hace ya varios años una lectura rectilínea del movimiento, conjuntando a tres artistas claves: Pablo Picasso, Juan Gris y George Braque. La historiografía ha insistido en el tópico que comparten Douglas Cooper: “cubismo esencial”, lo definió, el historiador Robert Rosenblum. Cabe señalar que el idioma figurativo cubista penetra con distinta intensidad en todas las propuestas artísticas radicales que medían entre 1909 –Téte de Fernande–y 1914 –primeras experiencias del collage y del cubismo sintético u objetual–. En estos años se multiplican los salones pictóricos alternativos que había espoleado la disparidad vanguardista: Salon des Indèpendents, Salon d’Automme, la Section d’or –por mencionar sólo algunos–. Fue Kahnweiler quien calificó a esos artistas de “cubistas de salón” y  “epígonos”, con escaso percepción para los matices. Geizes, Metzinger e incluso en momentos André Lothe y Maurice Denis fueron didácticos sintetizadores de esa estética cubista que destila un repertorio de soluciones sabidas para representar en cubiste los géneros artísticos tradicionales, el paisaje y el retrato.  Pero sin duda, tres son los nombres claves de la invención cubista: Picasso, Braque y Gris. Los tres llenan lo que Octavio Paz llamó “ el cambio y la permanenciam, el movimiento y la quietud”. ¿La  eternelle  tradición pictórica francesa que irrumpió con brío en la escena artística en los años del retorno al orden? Los demás: buenos pintores…

La muestra de Ángel Zárraga (Durango, 1886 – México, 1946), que se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes, México, tiene la intención de no ser sólo, una retrospectiva del artista, sino vincularlo al cubismo y a otras vanguardias europeas. Casi cien obras pictóricas con una pequeña secuencia de dibujos intercalados que suponen un homenaje a la capacidad creativa del pintor y demuestra que la curaduría tiene la tarea de recuperar a un creador no siempre bien entendido y a menudo difuminado en un estrato secundario por la potente imaginación, ya no digo de los genios del cubismo, sino también por los muralistas mexicanos. La exposición cumple con mostrar a un Zárraga “casi total”, pero a su vez se insiste en uno de los puntos más críticos de su recepción: el inexorable, al parecer, amaneramiento de su obra tardía y la repetición durante las últimas décadas de su vida de la consabida iconografía religiosa sin apenas variaciones formales. Y no digamos ya de su “cubismo”  tardío, que no tiene equiparación con los grandes maestros del movimiento. Aunque encuentro en su estética un cierto acercamiento al grupo de Puteaux y las propuestas decorativas de André Mare, que llevó a los galeristas Guillaume y Leónce Rosenberg, comprometidos en una didáctica artística cubista,  que debía orientar el caótico mercado, cuajado todavía de prestaciones postimpresionistas, fauvistas e incluso  neoconstructivistas. El cubismo como marca comercial, dicho duramente, y con criterio orientativo.

Ángel Zárraga es un artista poco conocido en México. Se fue muy joven a Europa a buscar “fortuna”, aunque a su regreso a su país se arrepiente de permanecer tanto tiempo fuera. Un tema sin duda interesante  que ayuda a comprender el arte inacabado, esencialmente decorativista y suntuario, de un personaje complejo y sumamente católico. A los 18 años de edad –en 1904– inicia su estancia en París y se refugia en el acervo clásico del Museo del Louvre, protegiéndose del desconcierto que le causan el impresionismo y las nuevas corrientes, aunque manifiesta su reconocimiento por Renoir, Gauguin, Degas y Cézanne.

Al no estar muy de acuerdo con lo que se enseña en la Escuela de Bellas Artes de París decide estudiar en la Real Academia de Bruselas, y posteriormente se instala en España (Toledo, Segovia, Zamarramala e Illescas), que representa para él una modernidad menos agresiva, que la de París. Su primer maestro en estas tierras es Joaquín Sorolla, quien lo ayuda a ser incluido en una muestra colectiva en el Museo del Prado en Madrid. De ahí viaja a Italia (Toscana y Umbría) y expone en Florencia y Venecia. Regresa a París en 1911 para presentar su obra por primera vez en el Salón de Otoño;  dos cuadros La Dádiva, 1910 y San Sebastián,  le valen un cierto  reconocimiento, que como cuenta Paz: “Zárraga vivió muchos años en París. Fue amigo de casi todos los pintores de esa época. Aquí pintó y obtuvo  un modesto renombre, un sitio decoroso… Lo  incomprensible es que los mexicanos lo hayamos olvidado”. [1]  En esos años se deja influir por el cubismo y después se dedica a pintar temas deportivos, cuya  etapa creativa es más importante. El movimiento de los corredores, el equilibrio de los lanzadores de discos, la plasticidad de los nadadores, etcétera, lo apasionan intensamente. Cuadros como: Domingo, 1931; El futbolista, 1925; Las futbolistas, 1922, Jugada de fútbol, 1924; La futbolista morena, 1926, logran más una voz propia, aunque asentado en la tradición francesa y española. Los retratos se convierten en abreviadas composiciones sintéticas, tocados por el clasicismo picassiano y las etéreas ensoñaciones narrativas de  Joaquín Sorrolla y Romero de Torres. Todo arte es imaginación formal porque actúa con pigmentos – materia moldeable- y fantasea a través de imágenes y geometrías ilusorias nuevos mundos. Entre  su época cubista pájaros núm, 4, 1916; Mujer con guitarra, 1916  y carnaval, 1917,  hasta  sus últimas pinturas: San Jorge aniquilando al dragón,1932, entre otras, se define  la pensada apreciación estética  propuesta por Zárraga. Un camino inverso a la pintura mexicana en su tiempo. Quizá eso le valió el “reconocimiento” del que habla Octavio Paz en París. Lo cierto es que hoy, gracias a la exposición en Bellas Artes, podremos lograr revalorarlo en el arte mexicano.


[1] Octavio Paz Al margen: Picasso, Rivera y Zárraga, publicado en Sombras de obras,  Seix Barral, Barcelona, España, 1983.

Miguel Ángel Muñozmexicano, es poeta, historiador y crítico de arte. Su dedicación a la creación artística actual es absoluta; compagina su labor en El Financiero, La Jornada Semanal y en la revista Casa del Tiempo, con la de comisario de exposiciones. Ha trabajado personalmente con muchos artistas; entre ellos, Eduardo Chillida, Rafael Canogar, José Luis Cuevas, Josep Guinovart, Roberto Matta, Antoni Tàpies, Richard Serra, María Girona, Vicente Gandía, Ricardo Martínez, Chema Madoz, Luis Feito, Xavier Grau, Charo Pradas, Ignacio Iturria, Albert Ràfols-Casamada, Robert Rauschenberg y Luoise Bourgeois. Es autor de los libros de ensayo: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos (Editorial Praxis, 1999), Ricardo Martínez: una poética de la figura (CONACULTA, 2001), La imaginación del instante: signos de José Luis Cuevas (Editorial Praxis, 2001), El espacio invisible. Una vuelta al arte contemporáneo (Ediciones Batarro, Málaga, España, 2004), Convergencia y contratiempo (Plan C Editores- CONACULTA, 2008), Espacio, superficie y sustancia. La obra de Ricardo Martínez (Siglo XXI Editores, 2009) El espacio vacío, (CONACULTA, 2009), Gutiierre Tibón. Lo extraño y lo maravilloso (CONACULTA, 2009). Asimismo ha editado y comentado los libros El asombro de la mirada. Convergencia de textos. (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2010) Espejismo y realidad. Divergencias estéticas de Rafael Canogar (Editorial Síntesis, Madrid, España, 2011) y Elogio del espacio. Apreciaciones sobre arte de Rubén Bonifaz Nuño (UNAM, El Colegio Nacional y UAM, México 2012). Además, es autor de los libros de poesía El origen de la niebla (CONACULTA, 2005), Espacio y luz (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) con serigrafías originales de Albert Ràfols-Casamada, Convergencia (Centro de Producción Gráfica, México, 2003) y Travesías (Centro de Producción Gráfica, México,2004) con serigrafías originales de José Luis Cuevas, Cinco espacios para Rafael Canogar (Ediciones El Taller, Madrid, España, 2004), con grabados originales de Rafael Canogar y Fuego de círculos (Editorial Praxis, México 2012). Sus textos se publican en diversas publicaciones de México, España y América Latina. Es director de la revista literaria Tinta Seca. Es colaborador, asimismo, de las revistas Metérika (Costa Rica), Banda Hispánica y Agulha (Brasil). Actualmente se está capacitando como doctor en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Miembro Asociado del Seminario de Cultura Mexicana. En 2009, fue reconocido por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana y la Facultad de Artes por su “contribución al estudio del Arte Contemporáneo”.

Ver y vagar, o de la fugaz postal callejera

Benjamín Pacheco López

–Foto, foto.
–¿Quieres tomar una foto?
–Sí. ¿Dónde le pico?
–Aquí, mira…
Y sus manos temblaron al tomar la cámara.

Colonia Indígena Todos Santos

Colonia Indígena Todos Santos, Baja California, México. Fotografía de Benjamín Pacheco López.

Colonia Indígena Todos Santos, Baja California, México. Fotografía de Benjamín Pacheco López.

Sales de la oficina, con las órdenes de trabajo apuntadas aprisa en la libreta. A veces en cualquier pedazo de papel. Avanzas porque traes prisa, porque desde hace más de una década tienes claro que debes andar en movimiento, porque allá afuera hay historias que merecen ser contadas; porque deseas conocer –y documentar para presentar a los lectores– ese reporte de vidas cruzadas, de gente desplazada del aparente anonimato para figurar en una noticia, crónica, artículo o reportaje.

El día se irá en elaborar resúmenes de hechos: dramáticos por un lado, emocionantes desde otro ángulo, e incluso tediosos, aburridos y repetitivos. También estará repleto de aquella numeración, estadística y frase hueca que tanto fascina a la clase política. Con suerte, porque la suerte también forma parte de la jornada, darás con una buena narrativa, una serie de situaciones inusuales que coincidirán con tu presencia y serás testigo de algún hecho heróico o muestras de solidaridad; una declaración absurda; el caos nacido en el accidente vial; los primeros instantes de muerte, de vida interrumpida, de algún destino adelantado; o el mosaico de recuerdos que te entregará un anciano cuando le preguntes por el desarrollo de alguna comunidad.

Lo anterior es apenas una idea, pues lo único cierto es que tienes frente a ti una ciudad desdoblándose en calles y avenidas; escaleras y callejones escondidos; muros deslavados y ventanas agrietadas. El campo es distante y también poblado de misterios. Lo que no debes olvidar es que en todo ese concreto habrá gente desplazándose en todas direcciones: con asuntos claros y otros absurdos como los tuyos; perdidos y vueltos a encontrar en un enmarañado de direcciones; con prisa para cumplir sus asuntos laborales o tirados en alguna banqueta soportando la resaca, el clima, o alguna decepción. Las personas estarán rodeadas de fama, sumidos en la indiferencia o simplemente intentado respirar desde los márgenes que penosamente tiene cualquier sociedad.

Colonia Indígena Todos Santos, Baja California, México. Fotografía de Benjamín Pacheco López.

Colonia Indígena Todos Santos, Baja California, México. Fotografía de Benjamín Pacheco López.

Catarino sale al paso mientras intento acomodar en una toma a dos guajolotes y un par de tambos. Sus pies dialogan directamente con el polvo y las rocas porque no hay algún calzado que sirva de intermediario. Aquí, en la Colonia Indígena Todos Santos (Baja California, México), el paisaje es tan virginal que parece que está naciendo el mundo y es necesario forjarlo a punta de palazos para arrancarle las piedras a los cerros antes de emparejar los predios. Hasta los niños ayudan porque no hay manos que sobren. Tampoco hay electricidad, así que el silencio es constante hasta que ladran los perros o surge una disputa entre gallinas por la sombra que proporciona la parte baja de un automóvil estacionado en los senderos, que los habitantes de 11 viviendas esperan que algún día se vuelvan calles. Ya tienen apartados los nombres: Guadalupe Victoria y El Rosal son algunos, pero en este momento son una mera invocación de la voluntad y la memoria. Catarino dispara y ríe porque ha congelado a un hombre al otro lado de la reja. Unas señoras descienden por una loma y es necesario visitar otras casas. Y me despido de Catarino, quien regresa a su diálogo con el sol y el barro.

Y te sumergirás en ese cosmos urbano y rural compuesto por niños traviesos, niños brincando charcos, niños cazando su reflejo; niños de mirada dura, niños saliendo de una cuartería, niños con perros y sin perros; de perros envueltos en luz y en la luz terminal que encontrarás en su mirada de abandonados. Hallarás vendedoras cuyas rosas florecen en cantinas; tatuadores con la Virgen y la muerte disputándose cada centímetro de piel de su cráneo; obreros sentados en un escenario incomprensible de colchones; jugadores de dominó en un taller de lavadoras; migrantes envueltos en la soledad y la adrenalina que siempre traen los desplazamientos geográficos; verás sombras de bailarinas, sombras de músicos, sombras de postes, y hasta sombras de botas dibujadas en el desierto. El camino te llevará hasta jinetes dueños de un valle, jinetes surfeadores de rodeo, y adelitas desbocadas en pleno mediodía. La noche te traerá el policía en el abandono y el abandono en el que nos dejan los policías. De repente caminarás por jardines de piedra con más vida que muchos funcionarios un lunes por la mañana.Y empezarás a hacerte preguntas. Y de paso sacarás la cámara porque has aprendido que hay imágenes para las que –aunque suene contradictorio si lo dice un reportero– no te alcanzará el vocabulario para describirlas; porque estarás ante atmósferas de sombra, luz y gestos que son fugaces y lo más probable es que no las vuelvas a ver en tu vida.

Pero antes de eso: los recuerdos, la acumulación de nombres y trayectorias: Henri Cartier-Bresson, Sebastián Salgado, Manuel Álvarez Bravo, Héctor García, Nacho López y hasta Juan Rulfo en su etapa de fotógrafo. ¿Qué dijeron y enseñaron? ¿Por qué confundes en ocasiones sus imágenes en tu cabeza? De esa maraña compuesta por distintas lecturas, aparecerá una frase que desde hace años has seguido: “El momento decisivo”, título en inglés de un libro de Cartier-Bresson publicado en 1952. Recordarás que el maestro definía dicho momento en “el reconocimiento simultáneo en una fracción de segundo de la significación de un evento, así como la organización precisa de formas que le darán su adecuada expresión”.

¿Qué significa eso? Mientras intentas reflexionarlo, aparecen ecos de Sebastián Salgado: “Los niños son fuentes de energía: cuando ven una cámara fotográfica suelen alegrarse todavía más con la esperanza de ser retratados. ¿Cómo es posible que una niña sonriente pueda representar el infortunio más profundo? ¿Estamos condenados a ser espectadores en gran medida? ¿Podemos cambiar el curso de los acontecimientos?”. En lo que descifras esas reflexiones escuchas el grito de Robert Capa: “si una foto no es suficientemente buena es porque no estabas suficientemente cerca”. Y te desconciertas, pero Manuel Álvarez Bravo llega a poner orden: “La palabra arte es muy resbaladiza. Realmente no tiene importancia en relación con el trabajo de alguien. Yo trabajo por placer, por el placer del trabajo, y todo lo demás es asunto de los críticos”.

Colonia Indígena Todos Santos, Baja California, México. Fotografía de Benjamín Pacheco López.

Colonia Indígena Todos Santos, Baja California, México. Fotografía de Benjamín Pacheco López.

Te calmas un poco y sigues avanzando por la ciudad, dispuesto a cumplir tus órdenes de trabajo. Y de repente encuentras aquella fugaz postal callejera, sale al paso, gira en una esquina, va cómodamente sentada a bordo de un automóvil o en bicicleta, cruza un umbral, está detenida en la banqueta o recargada en la pared. Se asoma por una alguna ventana.Y como deseas recordar y contar lo que has visto, te apresuras en encender aquel aparato, aprietas los dientes porque se te está yendo ese mundo en movimiento y tú apenas calibrando velocidades y aperturas, y ruegas que no se te haya olvidado ni la pila ni la memoria, ni que se cruce algún curioso, algún automóvil, paloma, perro, o acreedor que ese día te esté persiguiendo, ni que suene el teléfono, ni que aquella postal cambie la dirección de su paso. Te asomas por el lente con la esperanza de alcanzar a congelar ese escenario bellamente equilibrado, y enfocas y desenfocas, mides distancias y sientes como todos los músculos y huesos se concentran en el dedo índice derecho, y entras en una zona de urgencia, dilatación de pupila y tensión corporal, donde lo único que importa es el sonido de un “click” y su promesa de escenarios ordenados y bien expuestos, con relieve, detalle y textura.

Y tiras una ráfaga, tantas como la cámara lo permita; te dejas ir, incluso ladeando un poco el horizonte, confiado en que habrá profundidad de campo y el gesto anhelado. Bajas la cámara y te das cuenta que el instante se ha ido, que has presenciado una vez más las postales fugaces que la ciudad entregará a quienes estén dispuestos a ir por ellas. Respiras.

Solamente un poco porque llega la urgencia de revisar la imagen. Y vuelves a mirar, y lo que ocurre es que levantas el puño, zapateas en la banqueta y maldices porque no revisaste bien el ISO y lo único que tiene guardada la cámara es una serie de barridos espantosos, imágenes voladas y que nunca podrás justificar ni siquiera como experimentales. Pruebas una vez más la derrota a nivel calle y escuchas un murmullo que se va convirtiendo en una carcajada: la ciudad ríe, el tiempo ríe, y todos tus dioses ríen de tu desventura. Ya no hay nada que hacer ahí, salvo caminar nuevamente. Resignado, te adentras nuevamente en la ciudad. Solamente te detienes para arreglar el desajuste en la cámara y sigues tu camino. Vas triste hasta que algo, alguien, llama nuevamente tu atención.Y como deseas recordar y contar lo que has visto, te apresuras en tomar nuevamente la cámara, porque has aprendido que hay imágenes para las que no te alcanzará el vocabulario, porque vale la pena documentar lo que encuentras al paso, cuando te animas a recorrer la ciudad para ver y vagar.

Benjamín Pacheco Lópezmexicano, es reportero y fotógrafo. Ganador del XXVIII Premio Nacional de Ensayo “Enriqueta Ochoa”, otorgado por la Universidad Autónoma de Coahuila, México, 2012, por el ensayo: “Los dominios del Príncipe Paradoja (Dioses griegos y aforismos) en El retrato de Dorian Gray de Óscar Wilde”. Primer lugar en la categoría de Ensayo, en el Foro Cultural Universitario “Espiral”, organizado por la Universidad de Guanajuato, México, 2011. Primer lugar en poesía en los Juegos Florales “Profesor Luis Pavía López”, edición 2007, en Ensenada, Baja California, México.