Héctor Gómez Vargas*
El pensar nos hace presentes a nosotros mismos.
George Steiner, Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento.
–Quiero ser un vanguardista a todas horas– dijo.
Hanif Kureishi, El regalo de Gabriel.

Ilustración: JOSE SANTOS / Guantanamo
Hace pocos años supe de Hanif Kureishi. Uno de mis mejores amigos, un gran conocedor de libros y voraz lector de novelas, me recomendó El buda de los suburbios. Me dijo que si quería tener una idea de lo que nos deparaba la tarea de educar a nuestros hijos adolescentes y post adolescentes. Así como, en mi caso, a mis estudiantes universitarios, la historia de Karim me podría ser muy útil para entender cosas que deben estar sucediendo con ellos.
A los pocos días de la recomendación, compré el libro y lo leí en una sentada. Pero más que entender a mis hijos post adolescentes y a mis estudiantes, el libro me llevó a otro lado: a entender lo que había sido el tránsito de mi infancia a la adolescencia hasta los momentos previos antes de irme a estudiar a la universidad en la ciudad de México. Si en un segundo momento, cuando mi sensibilidad se había despertado, y dirigido a ciertos rincones de mi propia introspección para revelarme un ángulo hasta ese momento inédito para acceder y comprender mi propia experiencia de vida, pude comenzar a sentir a mis hijos y a muchos de mis alumnos y ex alumnos de una manera que me pareció más cercana, y por tanto más real, de lo que para ellos ha sido dejar de ser niños y comenzar una vida encaminada a convertirse en adultos.
Por decirlo de alguna manera, lo que encontré en la historia de Karim fue un reflejo de mi experiencia de crecer, mi ingreso a la adolescencia, la importancia que tuvo para mí encontrar historias que me dijeran quién era, qué se sentía ser un adolescente en una provincia de México a principios de la década de los setenta, y de todo aquello que para mí era importante a partir de las historias que buscaban y me revelaban más sentidos de mí mismo, de lo que sería mi vida en el futuro, un futuro que me confrontaba porque se corría el riesgo de madurar y ser adulto. Sigue leyendo →