Francisco Serratos*

Edgar y Diego Rincón armando los cuadernillos de la Antología de Poesía Fronteriza, editado en colaboración con la exposición Espacios Comunes en el Museo de Arte del INBA en Ciudad Juárez. Foto: Verónica Martinez.
En Ciudad Juárez al transporte colectivo se le llama “rutera” debido a que cada una de las líneas que cruzan la ciudad tiene una ruta designada, ya sea por la zona geográfica o la colonia a la cual se dirigen. Es uno de los peores servicios de transporte de México. Los camiones son desechos y descontinuados, baratamente importados de Estados Unidos. Son grandes —llenan cualquier calle donde circulan—, ineficientes, incómodos y caros. El 25% —tal vez me quede corto— del sueldo de un trabajador de maquila es destinado a la transportación de ruteras. En una ciudad como Juárez, de climas extremos, subirse a una rutera a horas pico es un infierno: en verano, el calor asfixia a los pasajeros; en invierno, los contagios de enfermedades son comunes.
Pero, a pesar de los inconvenientes de la infraestructura, un grupo de poetas y escritores jóvenes vio la posibilidad de divulgar la literatura a través de lecturas en voz alta y con material impreso, unos cuadernillos fotocopiados que ellos han bautizado como “Hoja de Ruta”. Dos domingos al mes, salen a la ciudad y hacen recorridos en ruteras con un solo propósito: buscar lectores, demostrar que en cualquier cambio social la literatura puede tener un papel relevante y, por qué no, dar esperanza a la gente en un ambiente violento y en un país condenado a la ignorancia. En la reciente Encuesta Nacional de la Lectura, México ocupa el penúltimo lugar, de una lista de 108 países, en lectura; existe sólo una biblioteca por cada 15 mil habitantes y una librería por cada 200 mil. Casi 50% de la población prefiere ver televisión en vez de leer; los jóvenes de entre 12 y 17 años dicen que los libros son aburridos; 61% de la población dice no tener tiempo para leer y 48% nunca ha visitado una biblioteca o una librería. Sigue leyendo








