El huracán de realidades de los Náayeris

Marcos M., quien vivió en carne propia la discriminación, logró obtener sus 2 carreras universitarias como licenciado en Educación Primaria y Educación Preescolar en el Medio Indígena y como licenciado en Administración. Crédito de la fotografía: Jazmín Ivonne Mortera Álvarez.

Por Jazmín Ivonne Mortera Álvarez

Los Náayeris son un pueblo que viven en las montañas y abarcan parte del Municipio del Nayar, en el Estado de Nayarit, México. Su historia va acompañada de resistencia revolucionaria, en el siglo XVII, fueron evangelizados por los jesuitas y luego por los franciscanos. Además, este pueblo se divide en Cora Alta y Cora Baja. El primero, refleja una realidad de pobreza extrema con caminos de terracería de difícil acceso, obstáculos para conseguir apoyos laborales y obtener comida o asistir a una clínica médica. La forma de vestir en las mujeres es falda larga y blusa de manga larga. El segundo, se caracteriza por el cambio de variante de su lengua y vestimenta[1]; sin embargo, cuentan con situaciones de pobreza en menor medida, pues la diferencia radica en que tienen más acceso al mundo laboral acercándose a municipios como Ruiz o migrando a la ciudad de Tepic. Asimismo, hay carreteras de fácil acceso y la facilidad de estudiar en la Universidad Tecnológica de la Sierra, que se ubica en la mesa del Nayar. En las siguientes líneas se relatará las formas de vivir, miradas y retos actuales del pueblo Náayeri.

Las realidades de los Náayeris de la Cora Alta

Las comunidades que forman parte de la Cora Alta son: Ciénega de los Gervacios, Huizaches, Minitas,  Rancho Viejo, Santa Teresa, Cabezas, Carrizo, El Cangrejo, Linda Vista,  Las Mesitas, las Guacamayas, Santa Anita, Ojo de Agua, la Cieneguita, entre otras.  Si bien, algo que los caracterizan a estos pueblos originarios, es la idea de que su personalidad tiene como resultado de las etapas históricas que vivieron sus antepasados y eso afectó su manera mental, psicológica, emocional y espiritual. En la actualidad, tratan de cuidar sus tradiciones orales de filosofías ajenas a su cosmovisión.

En los últimos años y con la presencia de la pandemia provocada por el  SARS-CoV-2 (Covid 19), se disparó aún más la hambruna[2], cuentan con poco maíz sembrado ya que gran parte de los cultivos han caído en manos de propiedad privada que se dedican al cultivo de la amapola[3]. A pesar de dicha situación, hay comunidades como la Ciénega de los Gervacios que buscan maneras de alimentarse y una de ellas es el caldo de huesos viejos que reciclan, maruchan, tortillas, queso que ellos mismo elaboran y de vez en cuando frijoles y carne seca. Los que tienen más posibilidades económicas comen huevo, arroz y carne, lo mismo aplica para toda la Cora Alta. Por su parte, se puede observar que algunos  náayeris para salir de su realidad son adictos a la Coca-Cola, alcohol, solventes y toncho.

Otra realidad de estos pueblos originarios, es el manejo de políticas públicas diseñadas a partir de creencias para respetar sus usos y costumbres. En un caso específico, la campaña de «Techos de cartón» para la población se creó para que tuvieran una vivienda “digna” la cual se llevó a cabo en todo el municipio del Nayar, a partir de los últimos gobiernos. Sin embargo, dichas formas de pensar hacen creer que los gobiernos aún no se han involucrado de lleno para co-crear en conjunto nuevas estrategias y diseños para que los originarios vivan con la parte tradicional y moderna, buscando el balance y equilibrio que no interfiera en su modo de vivir; por ejemplo, crear reuniones para explicar los beneficios y consecuencias de seguir cocinando con leña dentro de los hogares en donde no hay ventilación.

En su cotidianidad, la mayoría de los habitantes de la Cora Alta no cuentan con baño, existe un sitio especial al aire libre en donde hacen sus necesidades, van al río a ducharse y a lavar su ropa, para llegar a él caminan alrededor de 2 a 3 kilómetros. Es preciso comentar que muchas de las casas de esta comunidad son de madera de 4 metros de largo por 3 de ancho aproximadamente; según ellos, son de ese tamaño porque así están más calientitas. Recordemos que viven entre las montañas en donde el clima es extremadamente frío, llegando a caer nieve en partes como Santa Teresa y rancherías cercanas, por mencionar algunos sitios.

Los nuevos Náayeris

Cabe resaltar que muchas personas de la Cora Alta, se encuentran en modo de supervivencia, es decir, que no tienen el tiempo para cuestionarse la realidad que viven, pues están en la búsqueda continua de “tener para comer”. Sin embargo, existen aquellos llamados «rebeldes» como Jacinto Canek y Rey Nayar, que van alentando a sus comunidades a hacer las cosas diferentes, retomando sus saberes y cuestionando su realidad. El mayor reto es que aprendan a pescar, que salgan del victimismo, y se den cuenta que tienen una herencia y legado ancestral para re-aprender a vivir en armonía tanto con la Madre Tierra y los nativos y no nativos.

Varios adolescentes deciden bajar de las montañas al bosque de cemento para cumplir un sueño universitario, como ejemplo tenemos el caso de Marcos M., quien vivió en carne propia la discriminación, la incomprensión por parte de algunas personas que no son nativas y que no conciben el mundo como ellos lo hacen; a pesar de esas situaciones, logró obtener sus 2 carreras universitarias como licenciado en Educación Primaria y Educación Preescolar en el Medio Indígena y como licenciado en Administración. Además, es el creador de su propia marca de ropa “Chim+iri”, que hace alusión a los bordados y colores de su pueblo. Este joven eligió innovar buscando el balance entre lo tradicional y moderno, pues sabe que estamos en una constante evolución. Es importante resaltar que él es uno de los primeros del pueblo Náayeri de la Cora baja en sacar su propia marca. Más jóvenes como Marcos, han bajado de su lugar de origen para estudiar la Universidad, como lo es Cosme y Edisa, la mayoría de ellos estudian en la Universidad Autónoma de Nayarit, Campus Tepic y en la Universidad Pedagógica Nacional, Campus Tepic. Sin embargo, mucho de los retos que ellos viven son el hambre, desnutrición y discriminación. A pesar de todo esto, salieron adelante y están superando esas terribles situaciones, gracias a que se van tejiendo redes de apoyos para estudiantes de pueblos originarios.

Finalmente, el reto para los Náayeris y todo el pueblo ancestral, consiste en abrazar la historia que les han contado de generación en generación para cargarla de nuevos sentidos y significados, cuestionarse con una nueva mirada y recuperar las memorias de los ancestros para volver a trabajar en su comunidad. En definitiva, las nuevas generaciones juegan un papel muy importante y decisivo, pues en sus manos está el seguir con el pensamiento de sus abuelos o re-significar todo lo que les han dicho para co-crear una comunidad en donde todos salgan beneficiados, teniendo como pilares sus raíces bien definidas y valores, ya que ha llegado la hora de trascender e ir más allá; así como Marcos lo está haciendo, que sin darse cuenta motiva a su comunidad a que se puede estudiar una carrera universitaria y que también se puede emprender un negocio propio, llevando por doquier el alma de sus raíces ancestrales.[4]


  • Jazmín Ivonne Mortera Álvarez es licenciada en Historia por la Universidad de Guanajuato, México.

Referencias:

[1] Para las mujeres de la Cora Baja su falda es corta de tablones y ligera con una blusa de manga larga, esto es debido al clima caluroso.

[2]Para comprender mejor lo expuesto con esto queremos explicar que antes de la pandemia, las personas de la Cora Alta bajaban a la costa para trabajar, y a raíz de dicho suceso mundial, esto ya no ocurrió más, dado que la población comenzó a tener  miedo a contagiarse. Además, hubo despidos masivos por dicha situación y es por eso que se vuelve parte de una de sus realidades extremas.

[3] Con esto nos referimos a que parte de terrenos náayeris se han vuelto  propiedad de personas interesadas y algunos pobladores han llegado a expresar que dichos terrenos son los de las barrancas, dado que por el clima del lugar es propicio para la siembra de amapola; esto último, no nos consta ya que en ningún viaje se dio acceso para llegar a esos terrenos, lo que sí sabemos es parte de los  testimonio de pobladores que expresan temor por el trabajo de “rayar la amapola”, pues según las personas llevan a trabajar a los niños para dicha actividad. Es necesario recalcar que es lo que la gente cuenta; por lo tanto, forma parte de una de tantas realidades del pueblo náayeri.

[4]Este artículo es el resultado de una  investigación con base de una expedición personal en el Nayar que comenzó en el 2018 y culminó en el 2020.

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