Crítica cultural en México

Sebastián Pineda Buitrago

El mexicano-dominicano Pedro Henríquez Ureña dijo una cosa genial con respecto a la influencia de México en Latinoamérica. El 5 de septiembre de 1923 escribió para el periódico El Mundo del Distrito Federal un artículo que tituló “El hermano definidor”. Se refería, por supuesto, a México. Lo escribía después de su peregrinar académico por universidades de Nueva York, Minnesota y California, a lo mejor cansado de impartir cátedra sobre literatura latinoamericana y mexicana en un país de otra lengua y otro tiempo histórico.

“El hermano definidor”

Sebastián Pineda Buitrago. Foto de Diana Hernández Suárez.

Sebastián Pineda Buitrago. Foto de Diana Hernández Suárez.

Hasta hace poco, el eterno problema entre la América inglesa y la América Latina, la iniciativa, y hasta el derecho de iniciar, parecía monopolio de los Estados Unidos. [Algo parecido sigue sucediendo incluso con los propios estudios latinoamericanos, inmersos en la academia norteamericana]. Nuestro papel era, políticamente, pasivo, por lo menos después de Bolívar; a través del periódico y del libro discutíamos mucho –y discutimos todavía– “el peligro norteamericano”; a veces, los escritores proponían caminos eficaces de acción internacional, los juristas proponían principios, pero, en el momentos de obrar, con rarísimas excepciones, los países latinos se cruzaban los brazos ante los Estados Unidos. Las naciones que comenzaban a tener gran significación internacional –como Brasil, la Argentina y Chile– se limitaban egoístamente a defender sus intereses políticos inmediatos. Así en 1897, ningún gobierno prestó oídos a la proposición de Hostos, residente entonces en Chile, de que las tras potencias meridionales declarasen la independencia de Cuba en su lucha contra España: con esta intervención tal vez se habría disminuido la excesiva y exclusiva tutela que los Estados Unidos asumieran sobre la isla […] México está asumiendo, desde la Revolución, el “hermano definidor”. México está indicando a los pueblos de su estirpe, que hemos de confiar en nosotros mismos y solo en nosotros; que si nuestro poder material es escaso por ahora, y no bastaría para oponerse al ataque de los extraños, la fe en nuestro porvenir, la conciencia de que tenemos personalidad original que desarrollar y defender, nos dará fuerza para resistir, no solamente a la presión política del norte, sino a la presión diaria, incesante, del ejemplo y del éxito; sabremos oponernos a la conquista moral que sobre nosotros pretende ejercer una civilización incompleta e imperfecta, y que, si se realizara, nos tornaría pasivos ante la conquista militar[1].

No se puede entender la política cultural en México sin esta oposición –sin esta política de Estado– en oposición al Norte. Pero también del Norte han llegado las mejores renovaciones –influencias– de la literatura mexicana y colombiana. Creo que uno de los mejores críticos de la cultura mexicana ha sido un extranjero, o mejor, un chileno-mexicano que llegó aquí muy joven, a vivir en el DF con dieciséis años y a hacerse escritor. Hablo de Roberto Bolaño y, en especial, de un fragmento de su delirante y extenso y vastísima novela 2666 (póstuma, publicada después de su muerte). La cultura en México como política de Estado, por ejemplo, mediante una digresión sobre el Cerdo (Almendro), un poderoso editor con ínfulas de escritor que recibe al misterioso escritor alemán en Ciudad de México y lo pasea por el Zócalo, por la Catedral y por las antiguas ruinas de piedra del imperio azteca. En esta parte, Bolaño rinde un homenaje a «Visión de Anáhuac» de Alfonso Reyes:

«…se fueron a dar una vuelta por los alrededores del Zócalo, en donde visitaron la plaza y los yacimientos aztecas que surgían como lilas en una tierra baldía, según expresión del Cerdo, flores de piedra en medio de otras flores de piedra…» (p. 140).

Esas flores de piedra vienen de «Visión de Anáhuac», donde Reyes precisa:

“En mitad de la laguna salada se asienta la metrópoli, como una inmensa flor de piedra, comunicada a tierra firme por cuatro puertas y tres calzadas, anchas de dos lanzas jinetas”.

Bolaño, a través de la voz del exiliado chileno Amalfitano, devela cómo el Estado controla el «librepensamiento» de los escritores:

El intelectual puede ser un fervoroso defensor del estado o un crítico del Estado. Al Estado no le importa. El estado lo alimenta y lo observa en silencio. Con su enorme cohorte de escritores más bien inútiles, el Estado hace algo. ¿Qué? Exorciza demonios, cambia o al menos intenta influir en el tiempo mexicano. […] Esta mecánica, de alguna manera, desoreja a los escritores mexicanos. Los vuelve locos. […] La literatura en México es como un jardín de infancia, una guardería, un kindergarten, un parvulario, no sé si lo podéis entender. (p. 161).

2666 está llena de humor. Así desacraliza todo mejor. Desmitifica el patriotismo, refugio de canallas y una de las causas de mayor mortandad. Da a entender, al narrar la vida del raro escritor Benno von Archimboldi, cómo la historia europea se partió en dos pedazos con el nazismo alemán. O en tres. El editor Bubis, que publica las novelas de Archimboldi, lo sabe. Ha regresado a Hamburgo tras Hitler, pese a que todos sus parientes han sido quemados en campos de concentración. «Germania, triste de habitar y contemplar». Se lamenta de que no volverán a su editorial manuscritos de un nuevo Musil, de un nuevo Kafka «(aunque si apareciera un nuevo Kafka, decía el señor Bubis riéndose pero con los ojos profundamente entristecidos, yo me echaría a temblar), de un nuevo Thomas Mann». (p. 1011). Las descripciones descarnadas, a ratos de una violencia extrema, no están despojadas de belleza. Ni de ironía, cosa que le faltó a Kafka.

Pero ante todo, yo puedo hablar mejor del caso colombiano. Alguna vez reflexioné que también el intelectual debería contenerse en sus críticas. Ser ante todo auto-crítico. Desde la antigüedad ha habido dos modos de acercarse a la verdad: 1) con afán de poseerla para uno mismo y por medio de pruebas, ratificarla hasta llegar a la categoría de rey-sabio de Platón, y 2) sin afán de poseerla sino sólo de buscarla, que vendría a ser el ideal socrático de la sabiduría relativista, siempre en constantes precisiones y perfeccionamientos. Por desdicha, lo primero que aprenden muchos intelectuales es la arrogancia. Los errores pueden estar ocultos aun en el conocimiento de las teorías mejor comprobadas. En otras palabras, el papel de los intelectuales debería residir en la búsqueda de lo relativo a todo lo que pretenda erguirse como autoritario.

En su libro La responsabilidad de vivir (1995), Karl Pöppel se pregunta si los intelectuales pueden hacer algo para evitar el nacionalismo, el racismo y la violencia a que conlleva la aplicación de muchas políticas e ideologías. “Los intelectuales – dice Pöpper – hemos ocasionado desde hace siglos los daños más atroces. Las matanzas en masa en nombre de una idea, de una doctrina, de una teoría. Esta es nuestra obra, nuestra creación: el invento de los intelectuales. Solamente con que dejáramos de azuzar a unos seres humanos contra otros – a menudo con las mejores intenciones –, únicamente con esto ya se habría ganado mucho”[2]. Que Pöppel culpe a los intelectuales de muchas de las desgracias del mundo sin duda rompe con muchos patrones que se tienen estigmatizados desde la educación. ¿Quiere decir acaso cómo detrás de toda lucha armada hay una ideología anteriormente creada por algún intelectual y que después, por la fuerza de los fanatismos, un grupo de hombres busque llevarla a cabo a través de las armas?  La gente suele mirar a los intelectuales como seres inofensivos que se dedican a opinar sobre todas las cosas sin ser ellos mismos los directos operadores de esas cosas. Pero qué pasa cuándo lo que los intelectuales proponen se quiere llevar a la práctica. Muchos hablan de justicia social y equidad para todos, pero en la práctica es sumamente difícil. Aunque en el papel esté aparentemente probado,  existe una brecha entre lo que opina el intelectual desde un punto de vista contemplativo y lo que ejecuta el político desde los hechos mismos. Lo que en últimas pide Pöpper en su ensayo El conocimiento de la ignorancia consiste precisamente en volver consciente al lector de la dificultad que esta dicotomía encierra y de que nadie, en dado caso, lograra evitar ciertos errores.

No se puede pensar en hablar en un trabajo actual sobre los intelectuales y el poder sin remitirse a Platón y su teoría del rey filósofo (entiéndase por filósofo, “intelectual”). El académico colombiano Danilo Cruz Vélez escribió El mito del rey filósofo: Platón, Marx, Heidegger (1989) en cuya introducción aclaró lo siguiente.

La filosofía y la política pertenecen a dimensiones de la existencia humana totalmente heterogéneas. No hay, pues, entre sus formas de saber peculiares ningún punto de afinidad que motive el desliz de la una en el campo de la otra. Sobre todo, no tienen en común la vocación pantonómica, esto es, la tendencia de abarcar la totalidad de lo que hay. A la política, como es obvio, solo le interesa la realidad política – la coexistencia de los hombres en la polis. Además, la actitud primordial del filósofo frente a las cosas es distinta a la del político. La actitud del filósofo es solo contemplativa. Lo que él pretende es reflejar en la dimensión de la teoría las estructuras ontológicas del orbe político y de las leyes que lo rigen. La actitud del político, en cambio, es predominantemente operativa. Está gobernada por el anhelo de obrar sobre la realidad política (sobre el gobierno establecido, sobre las relaciones entre las clases sociales, sobre los partidos políticos y las ideologías reinantes, sobre los grupos de interés y de presión, sobre las libertades existentes o deseadas, sobre los modos cómo se está impartiendo la justicia…), para organizarla y administrarla, para conservarla o modificarla, o para destruirla y construir una nueva. Todo esto es de sobra evidente. ¿En qué se funda entonces la obstinada y persistente confusión de la filosofía con la política? El fundamento hay que buscarlo en el hecho de que tanto el saber filosófico sobre lo político como el saber que guía al político en su actividad se refieren a lo mismo. Pero también aquí cabe recordar el dicho de Terencio: “Cuando dos hacen lo mismo, no por ello es lo mismo”. Ambos tienen a la vista la misma realidad, pero apuntando cada uno a un blanco diferente dentro de ella. Esto es lo que da origen al campo de ambigüedades en que se mueve la confusión de la filosofía con la política. De suerte que, si se quiere resolverla, es necesario trazar una línea divisoria entre estos dos campos de la actividad humana”.[3]

Platón fue el primero en recomendar que para alcanzar la justicia los gobernantes debían convertirse en filósofos y éstos, a su turno, en políticos. Lo quiso aplicar dos veces en Siracusa (hoy Sicilia) pero fracasó aparatosamente con el rey Dionisio.  Para encontrar este problema en los tiempos modernos se ha consultado otro libro titulado Pensadores temerarios: los intelectuales en la política (2004), del académico estadounidense Mark Lilla. Allí, Lilla habla de las nuevos gobernantes filósofos que han dominado países enteros durante el siglo XX. La nueva Siracusa persiste en La Habana, apoyada por varios  intelectuales a quienes Lilla llama filotiránicos. “¿Cómo la tradición del pensamiento político occidental – iniciada con la crítica de la tiranía que hace Platón en La república y con sus fracasados viajes a Siracusa – ha llegado a este punto en que se ha vuelto aceptable argumentar que la tiranía es algo bueno, incluso hermoso?”[4]

La figura del político-intelectual ha causado nefastos resultados a los países que han tenido que soportarlos. No hay que ir hasta Cuba para observarlo. En Colombia, a pesar de no haber tenido dictadores, también se ha visto en los presidentes o políticos muy intelectuales. Algunos creyeron por muchos años, por un lado, que solamente a través de las columnas de opinión y el periodismo se podrían dirigir los destinos de los colombianos y solucionar los atrasos del país. Mientras otros creyeron que sólo mediante el uso de las armas se podría conquistar el poder para aplicar ciertas utopías, como la guerrilla marxista o la derecha paramilitar. Danilo Cruz Vélez explica este caso cómo una reaparición del mito del rey filósofo dos mil años después y se pregunta: “¿Cómo se produce esta transformación de la crítica? ¿Cómo logra la teoría salir de la cabeza de los filósofos para convertirse en instrumento de destrucción con la ayuda de las armas? Lo consigue, dice, cuando logra apoderarse de las masas. Y esto lo logra cuando comienza a argumentar ad hominem, cuando olvida su ley suprema, la cual le ordena argumentar siempre ad rem, es decir, ateniéndose exclusivamente a la cosa que trata de explicar. Este olvido se produce cuando se hace radical. Entonces agarra el problema por la raíz, la cual no son teorías ni ideologías, sino el hombre mismo. Aquí el hombre es el hombre de las masas, que cuando reciben la teoría la aplica explosivamente sobre la realidad por medio de las armas”. [5]

Por eso Popper advirtió que una de las raíces del autoritarismo es la soberbia a la que son susceptibles algunos intelectuales; son ellos quienes guían las mentes de los jóvenes y los conducen a un furor o a una violencia política que degrada la democracia. Popper sospecha que hay un tirano agazapado en todos nosotros y que el mejor remedio para extirparlo de nuestro ser, según sus propias palabras, radica en la autocrítica


[1] Tomado de Alfredo A. Roggiano, Pedro Henríquez Ureña en México, UNAM, México, 1989, p. 200.

[2] Pöppel, La responsabilidad de vivir, Barcelona, 1995.

[3] Danilo Cruz Vélez, El mito del rey filósofo. Planeta, Bogotá, 1989, Pág. 13.

[4] Mark Lilla, Pensadores temerarios: los intelectuales en la política. Mondadori, Barcelona, 2004. Pág., 169.

[5] Cruz Vélez…., 215. 


Nota del editor: Texto leído en la Mesa Crítica Cultural en México, Feria Nacional del Libro de León, FeNaL, México, 28 de abril de 2013. Se publica en el Mexican Cultural Centre con la autorización del autor. 


Sebastián Pineda Buitrago, investigador colombiano doctorando en Literatura Hispánica por El Colegio de México, estudió Literatura en la Universidad de los Andes, y en 2007 su tesis, La musa crítica: teoría y ciencia literaria de Alfonso Reyes, fue publicada en México por El Colegio Nacional. Investigador del Instituto Caro y Cuervo en 2010 fue becado por la Fundación Carolina para cursar el master de Filología Hispánica en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid, España. Recientemente, además de artículos en importantes revistas internacionales, publicó una Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XX. 

El paso firme de «Son de América»

E. Lizz Cedillo*

Son de América es un grupo de danza folclórica latinoamericana. Un proyecto que inició en Sheffield, Inglaterra, hace más de una década por iniciativa de Silvia Pimentel y un grupo de entusiastas colaboradores de diferentes nacionalidades y ocupaciones. La pasión de Janette García y la tenacidad de Coralie Hopwood han sido cruciales para la continuidad del grupo.   

Grupo de danza folclórica "Son de América" de Sheffield, Inglaterra . Foto de Aldo Berrios.

Grupo de danza folclórica «Son de América» de Sheffield, Inglaterra . Foto de Aldo Berrios.

Es injusto mencionar sólo a algunos nombres, ya que la sobrevivencia del grupo se debe a decenas de participantes. El artículo de Daniela Morales titulado Son de América, una ventana al folclore latinoamericano a través del baile, publicado en el 2010, menciona que la primera aparición del grupo fue en la noche cultural (International Cultural Evening, 2002) de la Universidad de Sheffield, y resalta el impacto que tuvo en el auditorio la danza de los viejitos proveniente de Michoacán, México. 

La mayoría de los integrantes del grupo son estudiantes, debido a la muy cercana relación con la sociedad de estudiantes latinoamericanos de la Universidad de Sheffield, por lo que el carácter del grupo es muy dinámico. No obstante, la columna vertebral en recientes años, es de los residentes en Sheffield, que ciclo tras ciclo mantienen la esencia del grupo. Cada bailarín con su perfil singular y los diferentes motivos de pertenecer al grupo, aportan invaluables características que hacen a Son de América novedoso y único.   

Estoy convencida que como extranjeros podemos contribuir al intercambio cultural  en el país anfitrión, independientemente de nuestras habilidades artísticas. Esto es lo que hace Son de América, sumarse al esfuerzo de promoción cultural.

Hay que destacar el involucramiento de los integrantes, pues es común verlos por mercados de México comprando telas e incluir a familiares y amigos en la confección de vestuario. Recientemente se logró la intervención de la Embajada Chilena en Londres, para el traslado de vestidos de cueca a Sheffield. También los miembros del grupo son los que se encargan de renovar y agregar coreografías al repertorio.  

El éxito del grupo, considero, esta basado en el objetivo claro que mantiene desde sus inicios, el mostrar la riqueza y diversidad  del folclore latinoamericano más allá del estereotipo. Sentimos la responsabilidad de dar una presentación de calidad así como entender el contexto de cada uno de los bailes. El compromiso y satisfacción es evidente en cada escenificación, la disciplina y dedicación de los integrantes se refleja en cada coreografía donde se puede llegar a saciar nostalgia e inspirar hasta el más apático entre el público.

Es difícil de explicar lo que siente el bailarín de folclore, quizá pueda compararse al sentimiento de escuchar una melodía regional en el extranjero y ser transportado hasta las calles de tu pueblo para ver la sonrisa del paisano; el gusto de bailar una cueca, cumbia o el jarabe tapatío, es comparable a ese sentimiento y se comulga entre los miembros del grupo. Para propiciar el intercambio cultural el grupo también ha organizado talleres de danza griega, hindú y otros más, abiertos al público.    

El grupo está consciente de lo enriquecedor que son las colaboraciones, basta ver el resultado del Festival del Día de Muertos organizado por Son de América en el 2012 y 2013, donde Mestisa y Los Paisas tocaron en vivo durante el espectáculo. Otras colaboraciones consistieron en asistir a eventos organizados por sociedades de estudiantes en las universidades de Sheffield, York, Cambridge y Huddersfield.   

También parte de nuestro historial comprende la asistencia a un evento cultural en la Embajada de Venezuela en el Reino Unido en 2012. Desde hace unos meses el grupo es patrocinado por el restaurante de comida mexicana “Street Food Chef”, resultado de la convocatoria que tiene el grupo y el compromiso social de la cadena.

Son de América ha representado el folclore latinoamericano cada año alrededor del Reino Unido. Por ejemplo, ha participado en el Festival de Música Folclórica en Holmfirth, donde se baila con música en vivo, y asistido al Carnaval del Pueblo en Londres, un par de veces. Asimismo está presentándose durante todo el año en festivales locales. En agosto de 2013, acudió a talleres donde dos grupos profesionales, Perú Multicolor y los Decanos de Guadalajara, enseñaron a una decena de bailarines el significado y la coreografía de algunas danzas Cuzqueñas y Guerrerenses.    

Una de las inquietudes del grupo es involucrarse con localidades latinoamericanas para apoyar a personas en situaciones difíciles. En el 2012, Alberto “Beto” Vela, músico nicaragüense visitó Sheffield, auspiciado por la hermandad entre ésta ciudad y la de Estelí, Nicaragua. Este encuentro propició la oportunidad de hacer presentaciones con “Beto” e incluso recaudar fondos que se enviaron a nuestras colegas “Compañía del Son” en Estelí para la confección de vestuario. Proyectos con otros grupos en Latinoamérica están por venir.    

Son de América está en un gran momento, cuenta con un buen número de miembros entregados y con una misión clara. El grupo tiene toda la disposición de recibir integrantes sin distinción de cultura,  profesión o edad, con el único requisito de tener disposición y compromiso de participar.

Los ensayos se llevan a cabo en las instalaciones de la Universidad de Sheffield dos veces por semana. Invitamos a todo aquel que quiera involucrarse ya sea como bailarín, músico, fotógrafo y ayudantes de vestuario. ¡Hay muchas maneras más de involucrarse! 

Son de América desea agradecer a todos los que de alguna forma han participado para ayudar al grupo y, en especial, a los asistentes a nuestras presentaciones.

Para más información, visitar: 

http://sondeamerica.wordpress.com

https://www.facebook.com/pages/Son-de-América

Contacto: sondeamerica@yahoo.co.uk

*E. Lizz Cedillo, mexicana, estudiante de doctorado en Ciencia e Ingeniería de Materiales en la Universidad de Sheffield, Inglaterra, con especialidad en Microscopia Electrónica y Defectos en Estructuras Cristalinas. Ingeniera por la Universidad Autónoma de Nuevo León, México. Ingeniera en Investigación y Desarrollo en Nemak, Monterrey, México. Ex presidenta de la MexSoc UK y co-organizadora del simposio de estudiantes mexicanos en el Reino Unido en el 2013. Miembro activo del grupo «Son de América» y voluntaria del proyecto «Abundance» en Sheffield.  

Mitos laborales sobre el desarrollo del «burnout»

Luis Felipe Elsahili*

El burnout o Síndrome de Desgaste Profesional es visto actualmente por muchas personas (inclusive administrativos conocedores del término) como un problema exclusivo de la personalidad del empleado, lo cual está en discrepancia con las principales teorías actuales, así como los postulados más recientes de los estudiosos sobre este problema, como Christina Maslach o Wilmar Schauffeli.  

Luis Felipe Elsahili. Foto cortesía.

Luis Felipe Elsahili. Foto cortesía.

A continuación expreso varias de estas visiones erróneas, las cuales obtuve conforme realicé mi tesis doctoral en Psicología, en la Universidad Autónoma de Querétaro. Estos enfoques equivocados se pueden reducir a seis grandes “causas” individuales:

  • Como producto de problemas en el hogar.
  • Derivado de que al empleado no le gusta su labor.
  • Incapacidad para el trabajo.
  • Neuroticismo.
  • Personalidades tipo A.
  • Workaholiks.

Como producto de problemas en el hogar. Los problemas matrimoniales constantes por los que pasa el empleado, como las discusiones con los hijos o el cónyuge, situaciones económicas adversas o estar pasando por un proceso de divorcio, se considera la “verdadera” causa de este síndrome.

Derivado de que al empleado no le gusta su labor. Esta idea pone de relieve la falta de vocación del trabajador y pretende explicar que la persona no rinde porque se desempeña en el lugar equivocado, su desmotivación es anterior al síndrome y con el tiempo lo desarrollará porque no le agrada su ocupación actual. Esta concepción del burnout sugiere la necesidad de reubicarlo o expulsarlo de la empresa.

Incapacidad para el trabajo. Algunas personas son incapaces para realizar determinadas tareas en el trabajo a pesar de que les resulten atractivas; como consecuencia de esforzarse para realizarlas, se desgastan paulatinamente hasta llegar al síndrome. Si estuvieran capacitadas o realizaran algo más acorde con su naturaleza no hubieran caído tan pronto en la desilusión y en el desgaste profesional.

Neuroticismo. Esta visión atribuye el burnout a las personas neuróticas que se caracterizan por ser hipersensibles y muy exigentes; en virtud de que establecen relaciones conflictivas con los demás, gastan mayores energías al preocuparse por asuntos banales y sufrir por la más mínima simpleza que viven, los constantes emergencias que experimentan en las relaciones cotidianas los erosionan y, en vez de recoger apoyo de las personas que los rodean, reciben recriminaciones.

Personalidades tipo A. También las personalidades Tipo “A” han sido vistas como proclives al burnout porque están todo el día haciendo muchas cosas y su extraordinario gasto de combustible las lleva a un desgaste lógico, su problema se origina en ellas mismas, porque su cuerpo se encuentra permanentemente excitado, como si sus manos no dejaran de apretar un par de cables de alta tensión.

Workaholiks. Para algunas personas el trabajo equivale a consumir una droga ya que experimentan dependencia psicológica y cierto bienestar al realizarlo; por lo mismo tienen dificultadas pera ponerse límites y saber descansar, lo que los lleva a un desgaste anticipado (los adictos al trabajo no deben confundirse con las personas que tienen sobrecarga de trabajo, pues ésta se debe a la organización; por el contrario, aquellos sacrifican su descanso por factores personales).

En una entrevista que le hicieron a Christina Maslach (una de las principales estudiosas del burnout en el mundo), al preguntarle sobre las causas del desgaste profesional expresó: “Tráeme a la peor personalidad del mundo y colócala en un ambiente laboral ideal, ¡jamás desarrollará el burnout!  Por el contrario, tráeme a la personalidad más sana y colócala en el ambiente laboral más deficiente, y no deberemos esperar muchos años para que llegue el Síndrome”.

Desafortunadamente muchas instituciones que conocen esta enfermedad laboral siguen situando el problema en el individuo, permaneciendo congeladas en la inacción. 

*Luis Felipe Elsahili, mexicano, es doctor en Psicología y Educación por la UAQ en México; también doctor en Pedagogía por CEPOB. Es autor de varios libros como “Burnout y docencia”. 

Leer o no leer: el dilema de la lectura en los tiempos digitales

Tarik Torres Mojica 

Leer o no leer; ¿ese es el dilema? Una característica del mundo contemporáneo del libro y la lectura, así como el del entretenimiento y el del acceso y procesamiento de la información, es su diversidad de medios para difundirse, la profusión de los productos disponibles y las posibilidades de acceso, así como su valor comercial y humano.

La lectura en los tiempos digitales. Foto cortesía.

La lectura en los tiempos digitales. Foto cortesía.

El libro siempre ha “convivido” -y en ocasiones “competido”- con otras formas de adquisición del conocimiento y de entretenimiento como el teatro, las artes visuales, la música; los diálogos y charlas y los rituales. No obstante, en nuestros días el abanico es muy amplio: ahí están el cine, la televisión, los videojuegos, el Internet, los conciertos, y más. Y no únicamente los medios han cambiado; también las circunstancias sociales y nosotros mismos nos hemos transformado. 

El ámbito del por qué leer y la importancia del libro en nuestro mundo “digitalizado” es muy amplio: toca aspectos económicos, educativos, éticos, políticos, tecnológicos, de poder. La lectura y la producción del libro, como otras actividades humanas, no es unidimensional. Con el fin de hallar una figura que me permita ser claro al respecto, voy a permitirme comparar el tema del libro y su consumo con otro ámbito también importante para nuestras vidas: el de la producción de alimentos y su consumo: es sólo cuestión de entrar a un supermercado, o a un tianguis, para descubrir un universo amplio de posibilidades: lácteos, carnes, frutas, legumbres; alimentos procesados y sin procesar provenientes de diferentes lugares y a un costo razonablemente bajo. Hoy por hoy podemos incorporar en nuestra alimentación una vasta gama de opciones, y, en teoría, estamos ante un mundo en el que podríamos acabar con el problema del hambre, no solo en nuestro hogar, sino en el resto del mundo. El problema inicia cuando miramos de cerca el modo como se han producido los alimentos y el cómo como nos alimentamos: por una parte, en pos de una mayor eficiencia en la producción alimentaria, hemos recurrido al uso de la modificación genéticas de plantas y animales; empleado abusivamente pesticidas y abonos; hormonas y sustancias químicas con el fin de lograr un volumen mayor de alimentos en un tiempo mínimo.

Por lo que respecta al los hábitos de alimentación, más que lograr dietas balanceadas, el problema lo conforma el desequilibrio: hay comunidades enteras que mueren no por la falta de comida, sino por el exceso de alimentos… o hay quien muere voluntariamente de inanición y no por fines religiosos ni rituales, sino porque en un mundo de abundantes alimentos se tiene la falsa imagen de ser obeso.

Pero el problema no queda ahí; también está el asunto de la distribución de los productos alimentarios: hay países donde se tira la comida, y hay otros donde escasea; hay regiones completas que tienen el potencial de producir alimentos, pero cuyos habitantes se han visto en la necesidad de abandonar las actividades agrícolas debido a que producir alimentos no es económicamente sostenible, y, no obstante, la industria de la producción de alimentos procesados y refinados son de los más rentables.

En resumen, el panorama alimentario a nivel global está lleno de paradojas: Existen suficientes alimentos para terminar con el hambre y, empero, morimos por alimentarnos con productos tóxicos, por nuestros excesos y malos hábitos alimenticios; padecemos la mala distribución de los alimentos, su desperdicio y, además, las leyes del mercado han favorecido el desarrollo nada armónico entre la producción agrícola y su procesamiento industrial.

En el mundo del libro sucede algo semejante al que acabo de describir: al igual que nuestros supermercados, nunca antes en la historia de la humanidad los libros habían estado tan, potencialmente, al alcance de nosotros, no solo por su costo relativo, sino, además, por su disponibilidad y variedad. Basta con darse una vuelta en esta Feria del Libro [Feria Nacional del Libro de León, Guanajuato, México] que si bien no es la más grande ni la que ofrece la mayor variedad de productos de lectura, no obstante, es un universo rico en posibilidades. Ahora, también el libro puede producirse, actualmente, a costos ínfimos en comparación con lo que fue el mercado del libro en otras épocas: en la Edad Media europea, era necesario que un monje pasara prácticamente toda su vida copiando un texto, en un material escaso y caro como el pergamino; simplemente, el esfuerzo, el tiempo y los materiales empleados para la factura de un escrito, volvían a los libros objetos suntuarios, de circulación limitada. Ahora, con las nuevas técnicas de impresión, con los materiales y medios de distribución disponibles, el libro se ha vuelto accesible, lo que ha facilitado no únicamente su elaboración y diversificación. Por lo que respecta a la disponibilidad del libro, no únicamente existen ferias, mercados, tiendas especializadas a los que podemos recurrir para adquirir material bibliográfico, también existen bibliotecas, salas de lectura, cafés o colecciones personales a los que el interesado podría acercarse, sin que ello signifique un gasto importante. Empero, estamos ante un panorama de lectores “obesos”, cuando no “famélicos”: de acuerdo con las cifras reflejadas por la Encuesta Nacional de Lectura 2012 (Caniem, 2012), en nuestro país se leen 2.94 libros al mes.

Así como un alimento actualmente puede ser potencialmente tóxico por la cantidad de químicos y hormonas que son empleados para su elaboración, algo semejante sucede con nuestros libros. Juan José Salazar, en su libro Leer o no leer: libros, lectores y lectura en México (2011) señala que en el mercado del libro priman las novedades que pertenecen a grandes conglomerados de empresas multinacionales que han pugnado por colocar en el mercado productos de pronto consumo y de bajo contenido cultural -¿algo así como la comida chatarra?-. Salazar señala que la tendencia de los grandes conglomerados editoriales ha ido en el sentido promover los bestsellers y los libros de autoayuda, y se ha dejado de lado la apuesta a la promoción de nuevos autores, de ciertos géneros como el cuento y la poesía, por considerárseles poco rentables y económicamente riesgosos.

En cuanto al empobrecimiento del mercado editorial, Salazar rescata la siguiente información:

Novedades Editores lanzaba [en el año 2001] 800 mil ejemplares tanto de El libro vaquero como de El libro semanal […] Se calcula que cada una de estas revistas tiene entre tres y cuatro lectores [y su] porcentaje promedio de  devolución para cada una de ella se ubica entre el 10 y 15% del tiraje total. [Por lo que respecta al ámbito de las revistas de entretenimiento familiar], Grupo Editorial Televisa se alza como líder en el subsector [en México y en América Latina; en 1997 logró publicar, solo de sus dos revistas más rentables,] Tv y novelas, Tv guía y Vanidades, un tiraje mensual de dos millones 280 mil ejemplares, un millón 500 mil y un millón 550 mil ejemplares respectivamente. En cambio, el tiraje estándar de un libro en México es de apenas 2000 mil ejemplares, cuya vida comercial se ubica entre seis y 12 meses. (Salazar, p. 28)

Por lo que respecta a los hábitos de lectura, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Lectura 2012,  40% de la población encuestada contestó que no había leído un solo libro durante los últimos seis meses, 22% ha leído uno, 13% ha leído dos, 10% ha leído tres, 6% ha leído 4 y el 9% ha leído cuatro o más. En cuanto a las preferencias de lectura, este estudio confirma la tendencia mostrada por Salazar: de la población estudiada, el 18.7% prefiere leer periódicos, 17.4 % prefiere las revistas, 26.2% prefiere leer libros y el 33.3% no tiene preferencias. Y, finalmente, la mayoría de los hogares -56.2%- tiene sólo de 1 a 10 libros. 21.6% tiene de 11 a 20 y sólo el 2.7% tiene más de 101 libros. Así, el 87% de los hogares mexicanos tiene menos de 30 libros.

En cuanto al libro digital, no hay cifras claras en cuanto a los usos y las costumbres de los lectores y el estado de la cuestión de su mercado e impacto. Es verdad que el mundo digital tiene el potencial de acortar la distancia entre el autor y el lector, amén de la virtud de no requerir de un gran aparato industrial para producir y distribuir sus productos: un libro electrónico, para existir, solo requiere de una plataforma física para producirse y leerse –hardware-, y de un programa que ayude a su decodificación –software-. No obstante, en los alcances del libro digital también están sus limitantes: la facilidad y bajos costos de producción del libro digital ponen al alcance de cualquiera la posibilidad de producir y circular un texto sin necesidad de un intermediario –llámese editor, empresa editorial o librero-; esto implica que no siempre el libro tiene un actor que se haga responsable por la calidad de los contenidos. También los lectores nos hallamos en un mundo en el que la profusión de textos es abrumadora: cada usuario de una computadora con un word instalado es un potencial autor de escritos; esto nos lleva a millones de textos producidos en un corto periodo de tiempo, y un número limitado de lectores, con tiempos acotados para leer. 

De igual manera, está el problema de la plataforma de la lectura: para acceder a los contenidos digitales, se necesita de un hardware y del software adecuado; en países como el nuestro, no toda la población tiene los recursos suficientes para adquirir una terminal que le facilite la adquisición y/o consulta de los textos, y las bibliotecas públicas usualmente carecen de la infraestructura necesaria para facilitar el acceso al público a los contenidos digitales. Y, finalmente, está el embrollo legal: aún no están completamente claras las reglas del juego sobre la producción, circulación y tenencia de los productos digitales. El Periódico El País, en una nota titulada “Su biblioteca digital morirá con usted”, publicada el 10 de septiembre del 2012, asentaba que bajo el actual régimen legal, los consumidores de productos digitales –películas, música y libros- eran considerados como usuarios, mas no como dueños de los mismos; de manera que se planteaba que, bajo las actuales circunstancias, no podríamos heredar nuestras bibliotecas digitales.

Y entonces, ¿leer o no leer? Me parece que la respuesta obvia no va en el sentido de dejar de leer sólo porque los datos y las cifras nos hablan de una realidad complicada y porque hay cada vez más libros que nunca habremos de leer. Sería como plantearse dejar de comer o solo comer para tener la panza en paz. La lectura es una actividad nutricia e importante, tanto como lo es entretenerse con videojuegos, ir al cine, ir al teatro, ver la televisión o andar en bicicleta. El consumo de productos de lectura es una actividad vital para el desarrollo de una sociedad, en tanto que por medio del libro, ya sea digital o en papel, las personas aprendemos a dialogar con los demás y con el mundo. 

Un libro técnico ayuda a resolver ciertos problemas y enigmas de la vida diaria, tanto como una buena novela. Es verdad que por medio del libro técnico y de texto, la persona tiene acceso a conocimientos concretos que le ayudarán a desarrollar sus capacidades como ciudadano o como profesionista; pero también en el libro de ficción, en lo literario, se tiene la oportunidad de preguntar otras cosas que también son parte de su vida cívica, familiar, individual y profesional. Por medio de los libros aprendemos a discutir, a desarrollar el pensamiento crítico, a tomar una postura con respecto de la realidad; por medio de ellos rompemos las barreras del tiempo y la distancia. Pero para lograr este fin, es necesario formar lectores. 

Así como es importante aprender a comer bien y balanceado, es importante aprender a leer bien y balanceado. Eso es responsabilidad tanto de las instituciones de cultura y educativas como de las familias y de cada individuo. En la medida que seamos capaces de aprender a leer, en que desarrollemos nuestra capacidad de sorpresa y audacia, en que formemos grupos dialogantes que tengan la lectura como eje de su formación y discusión, en esa medida lograremos que los libros se conviertan en algo más que un adorno en nuestras bibliotecas, en nuestras casas, las lecturas se incorporarán a nuestra vidas y serán un incentivo por el que nuestra realidad se transformará; en la medida en que seamos lectores cada vez más aguzados y exigentes, la industria editorial se verá obligada a proporcionar mejores productos. En la medida en que logremos mejorar nuestras sociedades y nuestras condiciones de vida, existirán ambientes propicios para que más personas tengan acceso a la comida, a la lectura, a la vida laboral, a la política, al arte, a la cultura…

Obra citada:

Caniem (2012). Encuesta Nacional de lectura 2012. México: Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana. Obtenido el 5 de febrero de 2013 de http://www.caniem.org/Archivos//funlectura/EncuestaNacionaldeLectura2012/EncuestaNacionaldeLectura2012.html

Salazar Embarcadero, Juan José (2011). Leer o no leer: libros, lectores y lectura en México. México: Celta Amaquemecan Infantil.

Verdú Palay, Daniel (2012, septiembre). Su biblioteca digital morirá con usted. El País. Obtenido el 29 de abril de 2013 de http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/10/actualidad/1347304690_488599.html

Nota del editor: Este texto fue leído el 4 de mayo, dentro de las actividades de la Feria Nacional del Libro de León, FeNaL, México, 2013. Se publica en el Mexican Cultural Centre con la autorización del autor.  

Tarik Torres Mojica, mexicano, es doctor en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana de México. Trabaja como profesor de tiempo completo en el Departamento de Estudios Culturales de la División de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad de Guanajuato, Campus León, México.

El Mexican Cultural Centre referente sobre temas mexicanos en Europa

Eduardo Estala Rojas*

Con el objetivo de promover y difundir a México, el pasado 16 de septiembre de 2013, entró en funciones el Mexican Cultural Centre, primer organismo itinerante registrado legalmente en el Reino Unido. En los últimos tres meses, el MCC ha publicado contenidos de calidad con el apoyo de expertos mexicanos, quienes se han sumado a la lista de colaboradores permanentes en sus respectivas áreas de estudio.

Carta de la senadora mexicana Marcela Guerra Castillo al Mexican Cultural Centre.

Carta de la senadora mexicana Marcela Guerra Castillo al Mexican Cultural Centre.

El inicio de las actividades del Mexican Cultural Centre, comenzó con la publicación de dos dossiers: en septiembre-octubre y noviembre-diciembre 2013, y logró reunir voces desde Inglaterra, Estados Unidos, México y España, invitándonos a reflexionar y dialogar sobre La importancia de apoyar la cultura y el arte en México desde el extranjero, además de otros temas relacionados a este país.

En el primer dossier, cada uno de los ensayos y artículos fueron acompañados por ilustraciones de José Santos, artista mexicano, quien trabaja como restaurador en el reconocido Museum of Royal Worcester de Inglaterra.

Para noviembre, se patrocinó y presentó el documental mexicano “Miradas a la muerte”, de Cynthia Calderón y Rafael Gutiérrez, en el Nottingham Contemporary y Nottingham Trent University, como parte de la celebración del Día de Muertos.

Actualmente, el MCC mantiene contacto permanente con las 18 sociedades de estudiantes mexicanos en el Reino Unido, la Embajada de México en el Reino Unido, la Red de Talentos Mexicanos en UK, The Mexican Chamber of Commerce in Great Britain, CONACyT, la Academia Mexicana de la Lengua, la Academia Norteamericana de la Lengua Española, medios de prensa de México, Estados Unidos, Reino Unido y Europa. Asimismo, con escritores, periodistas, académicos, estudiantes de posgrado y público en general de los cinco continentes; a quienes cada semana se envían por correo electrónico las publicaciones más recientes del portal oficial.

Uno de los logros más notables del MCC fue su inclusión en la Academia Mexicana de la Lengua, dentro de los “Portales Electrónicos para la Difusión de la Lengua Española”, junto con la Biblioteca Virtual Cervantes, el Centro Virtual Cervantes y el Portal del Hispanismo.

El MCC diariamente difunde en su página de Facebook noticias y acontecimientos culturales, sociales, académicos referentes a México y la actividad de los mexicanos en el extranjero. Para el 2014, tiene contemplada la publicación de dos ejemplares digitales y diversas actividades sobre México en colaboración con el New College Nottingham, Nottingham Trent University, University of Nottingham, Nottingham Contemporary.

La primera publicación se realiza en coedición con el Instituto Cultural de León (ICL) a través de la Feria Nacional del Libro de León (FeNaL), con la finalidad de promover la cultura mexicana en el extranjero. La segunda consiste en una antología de las aportaciones al MCC durante todo el año. De esta forma se logra preservar la memoria y el trabajo de todos nuestros colaboradores, siendo este un trabajo intelectual sin precedentes en la historia entre México y Reino Unido.

¡Felices fiestas y próspero año nuevo 2014!    

*Eduardo Estala Rojas, mexicano, es director y fundador del Mexican Cultural Centre en Nottingham, Inglaterra. 

Paradojas de la cultura

Gabriel Zaid*

El ensayista mexicano Gabriel Zaid realiza un balance de las últimas dos décadas de actividad cultural en México, la cual ha avanzado a pesar de los avatares.

Portada del libro “Dinero para la cultura” de Gabriel Zaid.

Portada del libro “Dinero para la cultura” de Gabriel Zaid.

En 1993, Canadá, los Estados Unidos y México negociaban el Tratado de Libre Comercio. Los canadienses, conociendo la tradición cultural de México, buscaron a los mexicanos para dar trato aparte a la cultura, frente a la oposición de los Estados Unidos, que no quería. Se llevaron la sorpresa de un rechazo tajante: «La cultura no nos importa».

Fue una declaración llamativa. México había tenido gobiernos sin interés por la cultura, pero ninguno que lo proclamara. Por el contrario, la tradición era usar la cultura como bandera. Desde el porfiriato, la monocracia se legitimaba de muchas maneras, y la más alta era la singularidad nacional frente al poder externo, en el marco de una historia, una cultura y un territorio propios, que justificaban la autonomía del País (y, de paso, la hegemonía interna).

A diferencia de los criollos, que se creían con derecho al poder por haber nacido aquí (no por tener una cultura distinta a los nacidos en España), los mestizos inventaron la afirmación nacional basada en la cultura propia, de raíces indígenas y españolas. En el siglo XIX, las intervenciones militares de los Estados Unidos y Francia, y el despojo de una gran parte del territorio nacional, reforzaron el nacionalismo cultural. En el siglo XX, el nacionalismo revolucionario del Estado justificó su independencia, no sólo por su capacidad de imponer la violencia legítima internamente y frente a los invasores, sino por encarnar una cultura nacional. Sigue leyendo

La claridad del reflejo oblicuo

Rodrigo Jardón Herrera*

Jorge Cuesta. Ilustración especial.

Jorge Cuesta. Ilustración especial.

“En otras palabras, la literatura mexicanista no ha sido una literatura mexicana, sino el exotismo de una literatura extranjera.”[1] He querido comenzar este texto con esta cita de Jorge Cuesta, porque considero que aún hoy es vigente.

En la época en que nuestro poeta expresaba estas ideas, México atravesaba  un momento decisivo. La gran Revolución había terminado y había que construir las bases de la Nación. El fervor recorría el paisaje. Era inminente definir, ahora sí, los rasgos precisos de un territorio que siempre fue tránsito constante de ideas, nunca estatismo. De ahí el problema de fondo, el detonante de la crisis. La generación anterior a la de los Contemporáneos vio la revuelta a la lejanía y con ímpetu inauguraba un pueblo a Europa. No por nada el epígrafe inicial de Visión de Anáhuac, segura invención del propio Alfonso Reyes, era una invitación a explorar un espacio ignoto: “Viajero: has llegado a la región más transparente del aire.” Sigue leyendo