La gestión cultural en Guanajuato: entre la garantía de derechos y la persistencia de la precariedad

Inauguración de la exposición fotográfica: «Dibujantes de plata», en El Kino, 2025. Crédito de la fotografía: Christian Vilches-Lizardi.

Christian Vilches-Lizardi

La gestión cultural en el Estado de Guanajuato, México, atraviesa una etapa de transformación institucional importante. La creación de la Secretaría de Cultura y la puesta en marcha del Programa Estatal de Fomento y Difusión de la Cultura 2025–2030, Cultura de la Gente, plantean un cambio de perspectiva: la cultura deja de entenderse únicamente como una oferta de actividades para comenzar a abordarse desde los derechos culturales, la participación y la sostenibilidad del trabajo cultural. Sin embargo, este nuevo marco convive con problemas estructurales que afectan a quienes producen, gestionan, enseñan, circulan y sostienen la vida cultural del Estado. Este ensayo reflexiona sobre esa tensión a partir de tres asuntos relacionados: el tránsito hacia una política cultural basada en derechos, las condiciones laborales y territoriales que aún limitan su ejercicio y el potencial de las industrias culturales y creativas como parte del desarrollo económico y social. La discusión parte también de una experiencia concreta de gestión independiente en Guanajuato: El Kino y la metodología #ConspiremosCultura.


Palabras clave: gestión cultural, derechos culturales, Guanajuato, industrias culturales y creativas, precariedad laboral, política cultural.


La contradicción que permanece

Hablar de gestión cultural en Guanajuato en el 2026, implica reconocer que algo ha cambiado. La creación de una Secretaría de Cultura y la elaboración del Programa Estatal de Fomento y Difusión de la Cultura 2025–2030, Cultura de la Gente, representan una modificación institucional que no debería mirarse solamente como un cambio administrativo. El propio Programa plantea cinco líneas estratégicas relacionadas con participación y mediación cultural; educación artística y profesionalización; creación y circulación; patrimonio, memoria y espacios culturales; y empleo cultural y economía creativa (Gobierno del Estado de Guanajuato, 2025a).

Lo interesante de este momento no está únicamente en la existencia de un nuevo programa, sino en el lenguaje con el que se formula la política cultural. La cultura comienza a plantearse desde la idea de derechos y desde la corresponsabilidad entre gobierno, ciudadanía, academia, sector privado y comunidad cultural. Para su elaboración participaron más de 2,200 personas, mediante foros regionales, encuestas, mesas y grupos focales en distintas partes del estado (Gobierno del Estado de Guanajuato, 2025b).

En México, además, este enfoque no parte de una simple intención administrativa. La Ley General de Cultura y Derechos Culturales reconoce el derecho a la cultura y establece mecanismos de acceso y participación de las personas y comunidades en las manifestaciones culturales (Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2026). Desde una perspectiva internacional, la UNESCO ha señalado que los derechos culturales forman parte de los derechos humanos y que la diversidad cultural requiere condiciones para que las personas puedan expresarse, crear, difundir sus obras y participar en la vida cultural que elijan (UNESCO, 2001).

El asunto, por lo tanto, parece estar suficientemente establecido en el discurso jurídico y político. La pregunta comienza en otro lugar: ¿qué condiciones hacen posible ejercer realmente ese derecho? Ahí aparece la contradicción que, desde mi perspectiva, sigue definiendo buena parte de la gestión cultural en Guanajuato. Tenemos un lenguaje institucional más avanzado, pero las condiciones materiales del sector todavía presentan muchas de las dificultades que han acompañado históricamente al trabajo cultural.

El derecho a la cultura también necesita condiciones para existir

El diagnóstico estatal elaborado para el Programa Cultura de la Gente resulta revelador porque pone cifras a una realidad que quienes trabajamos en el sector conocemos desde hace años. La oferta cultural continúa concentrándose territorialmente en León y Guanajuato capital; además, se identificó que 37 municipios no registraron actividades culturales en 2018. Aunque durante 2024 se reportaron 17,052 actividades y 2.1 millones de participantes, el propio diagnóstico señala que 70% de los municipios rurales presenta una baja oferta cultural comunitaria y que aproximadamente 40% de la población no dispone de medios digitales (Iplaneg, 2025).

Los números son importantes porque permiten observar algo que a veces se pierde cuando hablamos de políticas culturales desde los grandes equipamientos o desde las capitales culturales. Una actividad realizada en un teatro, un museo o un centro cultural no necesariamente significa que el derecho cultural esté garantizado para todo el territorio.

La descentralización, entonces, no debería entenderse solamente como llevar una programación de un municipio a otro. Implica generar condiciones para que las comunidades tengan capacidad de producir cultura, organizarse, proponer, acceder a recursos, utilizar espacios y construir sus propias dinámicas. La participación cultural es distinta cuando una comunidad solamente recibe una actividad y cuando puede intervenir en su diseño, producción y continuidad.

Aquí la gestión cultural adquiere una dimensión particularmente relevante. Gestionar cultura no es solamente programar eventos o administrar presupuestos; también significa reconocer las condiciones en las que las personas producen sentido, conocimiento, patrimonio y creatividad. En ese sentido, profesionalizar la gestión no tendría que servir únicamente para hacer más eficientes las instituciones, sino para hacer más sostenible el ecosistema cultural.

La precariedad no es un accidente

La parte más incómoda del diagnóstico tiene que ver con el trabajo cultural. Las personas consultadas identifican condiciones laborales precarias, falta de reconocimiento de su función pedagógica, social y escasos mecanismos para profesionalizar su actividad. El ingreso mensual referido en el diagnóstico oscila entre 1,000 y 10,000 pesos, mientras que para 60% de las personas encuestadas las industrias culturales y creativas constituyen su principal fuente de ingresos (Iplaneg, 2025).

No es menor la diferencia entre reconocer la existencia de artistas y gestores culturales que reconocerlos como trabajadores. Cuando una política cultural habla de creación, circulación, festivales, formación o mediación, detrás de cada una de esas palabras existen personas que deben resolver transporte, renta, equipo, honorarios, producción, seguros, derechos de autor y, en muchos casos, su propia seguridad social.

Durante años una parte del sector cultural mexicano se acostumbró a trabajar bajo la lógica de la vocación. Como si la vocación justificara aceptar honorarios insuficientes, trabajar gratuitamente o asumir riesgos que en otros sectores serían considerados costos laborales. Pero una política cultural basada en derechos tendría que preguntarse también por el derecho de quienes trabajan en la cultura a desarrollar su oficio en condiciones dignas y sostenibles.

Por eso la discusión sobre tabuladores, contratos justos, profesionalización y seguridad social no debería verse como una petición secundaria frente a la producción artística. Es parte del problema central. Si la cultura es un derecho, también necesitamos preguntarnos bajo qué condiciones se sostiene la infraestructura humana que permite ejercerlo.

Crear cultura también es construir economía

En este punto aparece otro debate que en Guanajuato sigue siendo necesario: el vínculo entre cultura, creatividad y desarrollo económico. Prefiero hablar de industrias culturales y creativas —ICC— y no asumir automáticamente el concepto de “economía naranja”. La diferencia para mí es importante porque las ICC permiten reconocer simultáneamente una dimensión cultural y una dimensión económica, sin reducir la producción simbólica a una mercancía.

El diagnóstico estatal registra 491 empresas del sector artístico y cultural y señala un crecimiento promedio anual de 3.4% entre 2008 y 2021. Dentro de este conjunto destacan música y conciertos, artes escénicas y artesanías (Iplaneg, 2025). Son datos que muestran que existe un sector económico real, aunque todavía con una cadena de valor incompleta.

Una de las dificultades más importantes está precisamente allí. Guanajuato produce, pero no siempre distribuye; crea, pero no necesariamente escala; genera proyectos, pero no siempre consigue mecanismos de permanencia. El grupo focal de economías creativas incluido en el diagnóstico estatal, identificó problemas relacionados con financiamiento insuficiente, profesionalización administrativa y comercial, infraestructura débil y políticas públicas que requieren actualización (Iplaneg, 2025). Esto obliga a cambiar una idea bastante común: que basta con apoyar la creación para que exista una industria cultural. No basta.

Un proyecto cultural necesita también administración, comunicación, comercialización, circulación, derechos de autor, públicos, alianzas y capacidad de construir ingresos diversos. En mis años de trabajo en El Kino, he observado que muchas iniciativas no fracasan porque carezcan de talento, sino porque no alcanzan a construir una estructura capaz de sostener ese talento. Por eso una política cultural que quiera relacionarse seriamente con el desarrollo económico debe invertir también en capacidades de gestión.

Una experiencia desde la gestión independiente

Mi experiencia en El Kino, me ha llevado justamente a pensar en esa relación entre creación, gestión y sostenibilidad. El proyecto nació como un centro cultural y, con los años, terminó convirtiéndose en una plataforma de colaboración y desarrollo de comunidades creativas. A partir de las experiencias de Lab//KinoRoom, DEXEA, Laboratorio de Guion y otros proyectos fue tomando forma la metodología #ConspiremosCultura, que buscó sistematizar aprendizajes surgidos de la práctica y convertirlos en herramientas para diseñar y desarrollar proyectos culturales.

No pretendo presentar esta experiencia como una solución general. Más bien la entiendo como evidencia de algo que me parece relevante para la discusión: los proyectos independientes también producen conocimiento sobre cómo hacer gestión cultural. En nuestro caso, muchas de las herramientas surgieron porque no había otra opción. Había que resolver cómo convocar personas, cómo generar comunidades, cómo trabajar con sedes distintas, cómo producir contenidos en tiempos limitados, cómo vincular artistas de diferentes disciplinas y cómo conseguir que un laboratorio pudiera continuar después de terminado el evento. Primero estuvo la necesidad y después vino la sistematización.

Esto puede parecer un detalle, pero no lo es. Una parte del conocimiento de la gestión cultural está distribuida en cientos de proyectos pequeños que han aprendido a sobrevivir, colaborar y adaptarse en contextos donde los recursos institucionales son limitados. Por eso creo que la política cultural no debería limitarse a financiar actividades. También tendría que generar condiciones para compartir aprendizajes, fortalecer redes y profesionalizar a quienes ya están haciendo gestión en el territorio.

Del apoyo ocasional a una política sostenible

La creación del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, representa un paso relevante dentro de este nuevo escenario institucional. En su primera emisión, se destinó una bolsa de 5.5 millones de pesos y fueron reconocidos 41 proyectos de creadoras, creadores, gestoras, gestores y colectivos culturales. Para septiembre de 2026, el propio Gobierno del Estado reportaba ya la continuidad de este instrumento y una nueva convocatoria, con modalidades que incluyen creación, producción, movilidad, festivales y espacios culturales autogestivos (Gobierno del Estado de Guanajuato, 2026).

El hecho de que exista el Fondo es importante. Pero la pregunta de fondo sigue siendo cómo hacer que este tipo de instrumentos pasen de ser oportunidades aisladas a convertirse en componentes de una política cultural sostenible. Cinco millones y medio de pesos pueden poner en movimiento decenas de proyectos; no pueden, por sí mismos, resolver la precariedad de todo un sector. Para eso se requiere continuidad, descentralización, profesionalización, infraestructura y articulación con otros sectores.

También es necesario que la iniciativa privada encuentre una manera más natural de relacionarse con las ICC. No solamente mediante patrocinios de eventos, sino integrando servicios, contenidos y capacidades creativas a sus propias cadenas de valor. Y del lado de quienes hacemos cultura también existe una responsabilidad: aprender a administrar mejor, conocer nuestros derechos, formalizar procesos, cuidar la propiedad intelectual y desarrollar modelos de sostenibilidad que no dependan exclusivamente del recurso público.

Consideraciones finales

La gestión cultural en Guanajuato se encuentra, a mi parecer, en un punto interesante pero todavía incompleto. Existe un cambio institucional, existe un lenguaje de derechos culturales y existen nuevos instrumentos de política pública. Al mismo tiempo, persisten la desigualdad territorial, la precariedad laboral, la concentración de infraestructura y las dificultades para acceder a financiamiento y sostener proyectos en el tiempo.

La contradicción no está necesariamente entre derechos culturales y economía creativa. Tampoco entre gobierno y comunidad cultural. El problema está en que todavía no hemos conseguido construir un ecosistema donde estas dimensiones se fortalezcan mutuamente.

Garantizar el derecho a la cultura significa garantizar que más personas puedan participar de la vida cultural, pero también que quienes producen esa vida cultural tengan condiciones para hacerlo. Significa descentralizar no solamente la programación, sino también las capacidades. Significa entender que una comunidad cultural no empieza y termina en una institución, y que la innovación cultural también puede surgir de espacios independientes, colectivos, artistas y gestores que durante años han aprendido haciendo.

Después de muchos años de trabajo en este sector, sigo pensando que una de las tareas más importantes de la gestión cultural consiste precisamente en convertir la experiencia en conocimiento compartido. Los aciertos y los fracasos de los proyectos también forman parte del patrimonio de una comunidad.

Guanajuato tiene ahora la oportunidad de avanzar en esa dirección. El reto no es únicamente producir más actividades culturales, sino construir las condiciones para que la cultura pueda sostenerse, circular, generar trabajo, formar comunidades y permanecer viva en el territorio.

Los derechos culturales no deberían quedarse en el lenguaje de los programas públicos. Tampoco la creatividad debería quedarse en el lenguaje de las convocatorias. Entre ambos existe un campo enorme de trabajo para quienes gestionamos cultura: hacer que esos derechos y esas capacidades puedan convertirse en experiencias reales, cotidianas y sostenibles.

Y quizá ahí se encuentre una de las tareas más urgentes de nuestra profesión: que gestionar cultura no signifique solamente hacer que las cosas sucedan, sino crear las condiciones para que puedan seguir sucediendo.


  • Christian Vilches-Lizardi es gestor cultural, ensayista, profesor de arte y cineasta, originario de León, Guanajuato, México. Es fundador de CINAUTOR y participa en el desarrollo de El Kino: Plataforma de Innovación en Gestión Cultural, desde donde ha impulsado laboratorios, encuentros, proyectos de formación y experiencias de colaboración entre artistas, gestores, instituciones y comunidades. 

Referencias:

-Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. (2026). Ley General de Cultura y Derechos Culturales (última reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 15 de enero de 2026). https://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGCDC.pdf
-Gobierno del Estado de Guanajuato. (2025a, 30 de octubre). Guanajuato presenta el nuevo Programa Estatal de Cultura 2025–2030: la cultura como motor de transformación social y prosperidad. Boletines Dependencias. https://boletines.guanajuato.gob.mx/2025/10/30/guanajuato-presenta-el-nuevo-programa-estatal-de-cultura-2025-2030-la-cultura-como-motor-de-transformacion-social-y-prosperidad/
-Gobierno del Estado de Guanajuato. (2025b, 1 de diciembre). El Programa Estatal de Cultura se construyó con la voz de la gente: Gobernadora. Boletines Dependencias. https://boletines.guanajuato.gob.mx/2025/12/01/el-programa-estatal-de-cultura-se-construyo-con-la-voz-de-la-gente-gobernadora/
-Gobierno del Estado de Guanajuato. (2026, 23 de septiembre). Más oportunidades para crear: el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes abre nuevas rutas para el talento de Guanajuato. Boletines Dependencias.https://boletines.guanajuato.gob.mx/2026/09/23/mas-oportunidades-para-crear-el-fondo-estatal-para-la-cultura-y-las-artes-abre-nuevas-rutas-para-el-talento-de-guanajuato/
-Instituto de Planeación, Estadística y Geografía de Guanajuato. (2025). Programa Estatal de Fomento y Difusión de la Cultura 2025–2030: Diagnóstico estatal. Gobierno del Estado de Guanajuato. https://iplaneg.guanajuato.gob.mx/seieg/wp-content/uploads/2025/11/PE-Fomento-y-Difusion-Cultura-2025_2030.pdf
-UNESCO. (2001, 2 de noviembre). Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural. https://www.unesco.org/es/legal-affairs/unesco-universal-declaration-cultural-diversity

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