“Él”, obsesión y detalle

La película “Él” relata la historia de Francisco Galván de Montemayor (Arturo de Córdova), un hombre religioso con unos principios morales muy estrictos que se enamora de Gloria Milalta (Delia Garcés); con el matrimonio se revelarán los celos compulsivos de Francisco que lo orillan a la paranoia. Imagen: “Él”. Dir. Luis Buñuel, México, 1953.

Por Karina Solórzano

En el primer manifiesto surrealista de 1924 André Bretón se pregunta “¿no cabe acaso emplear también el sueño para resolver los problemas fundamentales de la vida?”[1], la incorporación del material onírico en el arte y la desconfianza en la lógica de la razón fueron algunos de los elementos principales que engendraron el surrealismo.

Como Bretón en la literatura, en el cine el interés del Luis Buñuel por el surrealismo le hizo tomar ciertos elementos simbólicos para simular la realidad –y no representarla tal cual debería ser– en su cine hay imágenes que aluden al sueño, a lo irracional y a la pulsión erótica como medio de crítica a los valores de la burguesía.

La película “Él” (1953) es un buen ejemplo de esto. Relata la historia de Francisco Galván de Montemayor (Arturo de Córdova), un hombre religioso con unos principios morales muy estrictos que se enamora de Gloria Milalta (Delia Garcés); con el matrimonio se revelarán los celos compulsivos de Francisco que lo orillan a la paranoia.

El primer encuentro es importante porque en él se le da importancia al detalle y, en este caso, al fetiche, que funciona como un representante de otra cosa. En la antigüedad se le rindió culto a objetos como máscaras, vasijas, piedras que eran considerados como parte de un poder superior, tomándolos como una parte de un todo: una metonimia. Así, el fetiche también es una metonimia.

La primera escena de la película ocurre durante la ceremonia del lavado de pies del Viernes Santo, Francisco observa como el Padre (Carlos Martínez Baena) besa los pies de un monaguillo; de ahí, su mirada se traslada a los zapatos de una mujer, la cámara sube y descubrimos el rostro de Gloria. A lo largo del matrimonio y entre las crisis de celos, los zapatos de Gloria (el fetiche) serán recuerdo de ese momento. 

El surrealismo también exploró la representación del detalle en su relación con la lógica, porque la parte por el todo puede llevarnos a establecer conexiones alejadas de la razón, así se escribe un cadáver exquisito[2], por ejemplo. En su libro de memorias Buñuel escribe:los paranoicos son como los poetas. Nacen así. Interpretan siempre la realidad en el sentido de la obsesión[3].

Una de las escenas más importantes de la película ilustra magistralmente la paranoia: Francisco cita a Gloria en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México y juntos suben al campanario, desde ahí, Francisco, megalómano, contempla a la gente. Esta escena inspiró otra muy similar en “Vértigo” (1958) de Alfred Hitchcock, película que también relata la obsesión de un hombre por la imagen de una mujer que lo cautivó.

Hay una conexión interesante entre el surrealismo y la locura en su interpretación del mundo y, en el caso del cine de Buñuel, dicha interpretación muchas veces funciona para cuestionar el orden normativo representado por la burguesía o la iglesia. El personaje de Francisco es un miembro de la clase alta que se relaciona con Gloria a través del delirio, el afán de pertenencia y la obsesión. 

Por eso cobra sentido la manera en la que el protagonista va perdiendo poco a poco la razón, al contrario de lo que sucede en otras películas como “Bella de día” (1967) en la que la relación de la protagonista (Catherine Denueve) con el fetiche es subversiva; Francisco cegado por su moral conservadora, no es capaz de cuestionarse sus principios.  

Para Buñuel, el sueño, la fantasía y el delirio tienen un potencial transgresor y a menudo, los personajes de sus películas se enfrentan a esta triada. Lejos de ser moralizante, los que optan por cuestionar sus propios valores encuentran una vía de conocimiento más interesante. Ante una moral prescriptiva, en el cine de Buñuel se elogia la libertad de pensar.


Bibliografía

[1] Bretón, André “Primer manifiesto surrealista” en Manifiestos del surrealismo”, Terramar Ediciones, España, 2007.

[2] Un texto formado con varios fragmentos escogidos “al azar”.

[3] Buñuel, Luis “Mi último suspiro”, De bolsillo, México, 2012.


  • Karina Solórzano es Licenciada en Letras españolas por la Universidad de Guanajuato. Ha trabajado como editora y colaborado en diversos medios impresos y digitales en México. Actualmente escribe reseñas sobre cine en diversos sitios de Latinoamérica y España. Tiene un blog propio donde habla sobre cine, filosofía y sexo.

Acerca de The Mexican Cultural Centre (MCC), United Kingdom.

The Mexican Cultural Centre (MCC) is the first virtual non-profit cultural centre registered in the United Kingdom. The MCC promotes and divulges Mexican culture in international collaboration with academic, artistic, and cultural projects.
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