¿Español mexicano o español argentino?

Pita Escalona*

Al llegar a Argentina descubrieron mi nacionalidad porque me escucharon decir: “órale”, “ahorita”, “qué padre”, “de nada”, y otras palabras que, a los oídos de los oriundos, suenan con diferente musicalidad y con un toque amistoso.

Pita Escalona. Foto Bicaalú.

Pita Escalona. Foto Bicaalú.

Cuando visité por primera vez la ciudad de Buenos Aires, me topé con muchas contradicciones: como que a Buenos Aires la llaman Capital Federal y que los nativos no son bonaerenses, sino porteños. En el aeropuerto de Ezeiza necesité un transporte para llegar a la ciudad, que queda como a sesenta kilómetros. Al taxi le dicen remís, y a los camiones de pasajeros, colectivos. Los camiones allá son sólo para carga. Al subirme al remís, lo primero que me preguntó el conductor, luego de la dirección, fue: “¿De qué cuadro sos hincha?” De momento quedé paralizada sin saber qué responder. La frase podría sorprender a cualquiera, pero más vale decir el nombre de un equipo extranjero, ya que los aficionados a los equipos locales viven en perpetua pugna y no vaya a ser la de malas que el taxista le vaya al rival. 

Para los mexicanos, ir de compras en Buenos Aires resulta divertido. Al dinero lo llaman plata, guita o mango. En las tiendas de ropa, a las tallas les dicen talles. La falda es pollera; la playera, remera; las mallas, calzas; la sudadera, buzo; la sudadera de invierno, pólar; la playera con cuello, chomba, y la chamarra, campera. A los colores los nombran distinto: el café es marrón; el azul claro, celeste, y el rosa mexicano, fucsia. En las tiendas de zapatos, a los tacones les llaman tacos; a los tenis, zapatillas, y a las chanclas de pata de gallo, ojotas. Descubrí el nuevo lenguaje al pedir que me mostraran una falda del aparador, al que llaman vidriera; de ahí comencé a preguntar hasta salir del probador con un vestido que compré porque las empleadas decidieron que se me veía “re lindo”.

A la hora de la comida quise comer algo ligero, así que en el centro comercial me acerqué a una barra de ensaladas. Pagué una de seis ingredientes a escoger. La empleada tomó el plato tras el mostrador mientras yo miraba los recipientes con verduras. Pedí lechuga, tomate, elote al que llaman choclo—, ejotes que son chauchas—, pequeños frijoles a los que nombran porotos— y aguacate, al que le dicen palta. Ordené un aderezo de jocoque, que para ellos es labán.

Por la tarde fui al cine y, antes de entrar a ver la película, descubrí que las palomitas se llaman pochocho y los hot dogs, panchos. En la noche me llamaron unos amigos porteños para invitarme a un boliche. “No soy muy buena y hace mucho que no juego”, respondí. Rieron. Para ellos el boliche es un antro, y al juego de boliche lo llaman, simplemente, bolos.

Fuimos a “lo de Roberto” así dicen cuando se refieren a ir a casa de alguien o a su negocioa escuchar tango en vivo. Los tangos fueron escritos con un lenguaje muy particular. Al principio cuesta trabajo entenderlos, ya que muchos de ellos incluyen el lunfardo, que es una jerga originalmente adoptada por los delincuentes para planear fechorías o escapes de las prisiones, con el fin de no ser entendidos por los guardias. Se dice que ese léxico se formó con la llegada de los inmigrantes, a finales del siglo xix, gracias a la mezcla de idiomas: italiano, español, lenguas africanas y nativas como el quechua, entre otros. La palabra lunfardo se cree que viene de Lombardía, una región al norte de Italia, donde llamaban lombardos a los ladrones. En la actualidad, lo que comenzó siendo exclusivo de la clase baja, ha sido adoptado por todos los porteños y por los habitantes de las ciudades y países cercanos.

Las letras de los tangos hablan mucho del bacán, personaje adinerado, bien vestido, al que le gusta disfrutar de la buena vida: un patrón; el bulín es un departamento de soltero; la mina es la novia; atorrante, vago, malviviente; pibe, niño; gil, tonto; curda, borrachera, y quilombo, desorden o desmán. Al calor de las copas de vino argentino, mi voz acompañaba los coros de algunos tangos conocidos, como ‟Volver” de Carlos Gardel.

De lo de Roberto nos cambiamos a otro boliche donde cantaban rock en español. Descubrí que sus letras también contienen lunfardo. A las tres de la mañana, afónicos y con un zumbido en los oídos, nos despedimos porque unos de mis amigos querían dormir un poco antes de ir al laburo, que es el trabajo; otro dijo que tenía que llegar antes del amanecer, si no, su vieja lo iba a matar. “¿Eres casado?”, pregunté. “No”, respondió, “mi vieja es mi mamá”.

A media mañana desperté con hambre. El olor a pan recién horneado me guió hasta la acera de enfrente, donde una cafetería afrancesada ofrecía desayunos. Las pequeñas piezas de pan, tras el mostrador, invitaban a probarlas. La mesera, una morocha con rulos, se acercó a tomar la orden.

Se me antojó un café con leche, un plato de fresas con yogur y unos panecillos. La señorita me dijo que las fresas eran frutillas; el café con leche, lágrima, y los panecillos, facturas. Pedí unos cuernitos, que allá les dicen medialunas. Sí, dije: “Quiero dos medialunas”. La chica me preguntó que si las quería de grasa o de manteca. La diferencia es que las de grasa son más crujientes porque están hechas a base de manteca y las de manteca más suaves, porque se elaboran con mantequilla. En la mesa no podía faltar el dulce de leche, que para nosotros es la cajeta para los argentinos cajeta es una mala palabra, al igual que concha. Cuando la mesera trajo los platillos a la mesa, dije: “Gracias”, y ella respondió: “No, por favor”, en vez de “De nada”.

Es gracioso, pero a la hora de la comida, de tres a seis de la tarde, los restaurantes cierran. Sólo se consiguen platillos fríos no muy elaborados, como sándwiches. Un sándwich de miga para los argentinos es un deleite, porque es artesanal y se ofrece también como bocadillo en reuniones formales. Se trata de un sándwich del ingrediente que se prefiera entre capas y capas de pan Bimbo sin orillas, que se cubre con un trapo húmedo con el fin de que se conserve fresco. A nuestras tortas las llaman sándwiches con pan francés o hechas con una especie de medianoche, pebete. El choripán es una riquísima torta de chorizo argentino. Para ellos las tortas son pasteles y al pan de los pasteles le llaman bizcochuelo. A nuestras tortillas les dicen crepas y sus tortillas son como la tortilla española de huevo revuelto con papa y cebolla.

Y qué decir de la conjugación de los verbos, ¿qué más querés vos?

Nota del editor: Este artículo fue publicado en la revista impresa Bicaalú, número 44, enero de 2014, que está a la venta en Sanborns y tiendas Duty Free de toda la República Mexicana. Se reproduce con la autorización de la autora y con el convenio firmado entre el Mexican Cultural Centre y la revista cultural Bicaalú. Para más información, visitar: http://bicaalu.com/

*Pita Escalona, mexicana, es maestra en Creación Literaria por el Centro de Cultura Casa Lamm en México.

Acerca de The Mexican Cultural Centre (MCC), Nottingham, United Kingdom.

The Mexican Cultural Centre (MCC) is the first virtual non-profit cultural centre registered in the United Kingdom. The MCC promotes and divulges Mexican culture in international collaboration with academic, artistic, and cultural projects.
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2 respuestas a ¿Español mexicano o español argentino?

  1. LaLa dijo:

    Hola, es lindo saber lo que sienten y con qué se encuentran los turistas al llegar a Baires sólo comento que las palomitas de maíz con pochoclos, que los taxis existen y son los que cobran por metros recorridos, con tarifas fijas (en capital negros con techo amarillo), los remises son los autos de alquiler que cobran por viajes de punto a punto, son autos particulares con licencia que usualmente unen localidades del Gran Buenos Aires con la Ciudad Autónoma, como es el caso de Ezeiza-BsAs. El café con leche es tal cual, mitad y mitad o menos leche, la lágrima es un corte suave de leche sobre el café, una especie de “lagrima” de leche, por eso su nombre.
    Ah! decimos “de nada” ante un gracias, también decimos: “no tiene por qué” “no hay por qué” “no, por favor” “gracias a usted” y otras lindas amabilidades :).
    Abrazo argento!!!
    LaLa

    • Pita Escalona dijo:

      Hola, LaLa:
      Agradezco tu comentario. Sé que son muy amables, los quiero y los admiro. Es un pequeño homenaje. Faltan miles de palabras, lo sé, pero mi colaboración debía abarcar sólo tres cuartillas.
      Un abrazo,
      Pita Escalona

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